Marruecos no va a desaparecer del futuro de Ceuta, y tampoco debería hacerlo. Es nuestro vecino, una potencia regional siempre relevante, un socio fundamental de España y de Europa y uno de los actores llamados a desempeñar un papel importante en el futuro del Mediterráneo occidental.
Pretender construir el futuro de Ceuta ignorando esa realidad sería tan equivocado como construirlo dependiendo completamente de ella, porque cooperación y dependencia no significan lo mismo.
Cooperamos cuando dos partes mantienen una relación porque ambas obtienen algo de ella. Dependemos cuando una decisión unilateral de la otra puede condicionar nuestra prosperidad.
Y precisamente porque Marruecos será siempre importante para Ceuta, Ceuta debe procurar que Marruecos nunca sea imprescindible para su prosperidad. Eso no debería interpretarse como una posición contra nuestro vecino, sino todo lo contrario.
Una Ceuta económicamente fuerte, profundamente europea, tecnológicamente avanzada y conectada internacionalmente estaría en mejores condiciones para cooperar con Marruecos que una ciudad permanentemente preocupada por las consecuencias que cualquier cambio en la frontera pueda producir sobre su economía.
La dependencia genera miedo. La autonomía permite cooperación.
Durante demasiado tiempo hemos interpretado nuestra relación con Marruecos fundamentalmente alrededor de la frontera. Quizá haya llegado el momento de empezar a imaginarla también alrededor del mar que compartimos.
El Mediterráneo no entiende demasiado de fronteras y la contaminación que aparece en una costa puede terminar en la otra. Los bancos de peces se desplazan. Las corrientes atraviesan jurisdicciones. El cambio climático no solicita permiso en una aduana.
Ahí existe un extraordinario espacio para cooperar.
Oceanografía, economía azul, investigación marina, universidades, protección ambiental, tecnologías portuarias, observación del Estrecho o conocimiento compartido del Mediterráneo pueden convertirse en ámbitos donde Ceuta, España, Europa y Marruecos encuentren intereses comunes.
¿Por qué no explorarlos?
Una Ceuta más europea no tiene por qué estar más lejos de Marruecos. Puede simplemente colocarse en mejores condiciones para cooperar con él.
Y esa cooperación tampoco tiene que limitarse al mar.
Ceuta puede convertirse en punto de encuentro empresarial entre Europa y África, facilitar relaciones económicas, atraer tecnología y conocimiento y construir conexiones con universidades e instituciones de ambas orillas. Pero debemos abanderarlo desde un principio…. la cooperación debe multiplicar nuestras oportunidades, nunca condicionar nuestra capacidad para prosperar sin ellas.
Ceuta debe poder desarrollar su economía, sus empresas, su universidad y sus proyectos estratégicos independientemente de las circunstancias políticas que atraviese en cada momento su relación con Marruecos. Después, desde esa posición, tendamos todas las manos que podamos. Cooperemos en investigación. Cooperemos en medio ambiente. Cooperemos en tecnología. Cooperemos en comercio. Cooperemos en el conocimiento del Mediterráneo. Cooperemos en el flujo fronterizo.
Y hagámoslo porque interesa a ambas partes, no porque alguna de ellas no pueda permitirse que la otra deje de hacerlo.
El futuro del Estrecho probablemente no debería construirse levantando nuevas fronteras entre sus dos orillas, sino creando intereses compartidos que hagan cada vez menos razonable utilizarlas como instrumentos de presión. Y Ceuta puede desempeñar un papel extraordinario en ese proceso precisamente por lo que es: española, europea y africana por geografía.
No necesitamos elegir entre Europa y Marruecos, sino estar sólidamente anclados en Europa para poder construir con Marruecos una relación más equilibrada.
Porque quizá la mejor relación entre vecinos no sea aquella en la que uno necesita al otro…. sino aquella en la que ninguno se necesita, pero ambos prefieren cooperar.






Sr. Baselga, le entiendo pero veo poco probable lo que usted propone porque el Sr. Vivas, que ahora parece el mejor gestor del mundo, se encargó de que el sector privado prácticamente desapareciera.
¿Sabe usted que, por ejemplo, no se pueden vender volaores en la Península? (Reglamento de la U E. Lo prohíbe)
Pero Marruecos sí puede. Es solo un ejemplo anecdótico. Se ha acomodado a vivir de los presupuestos de papá Madrid.
Le reto a que busque usted un autónomo ceutí que esté contento con la política económica de la ciudad.
Y encuentre a un trabajador descontento de la administración local.
Entiendo su argumento y, en buena medida, creo que estamos hablando de lo mismo desde perspectivas diferentes.
No pretendo defender la política económica de Vivas ni tampoco determinadas políticas europeas que, hasta ahora, no parecen haber sido capaces de resolver algunos de los problemas estructurales de Ceuta. Pero tampoco creo que el futuro de la ciudad deba depender exclusivamente de quién gobierne, de las ayudas que lleguen de Madrid o de lo que decida Bruselas.
Ceuta necesita descubrir qué fortalezas propias pueden permitir que crezca una verdadera actividad empresarial. No una economía construida alrededor de ayudas para subsistir, sino alrededor de aquello que se pueda hacer especialmente bien precisamente por ser de Ceuta y estar en Ceuta.
Y su ejemplo de los volaores me parece estupendo. Si resulta que Marruecos puede colocar sus peces en nuestro mercado en mejores condiciones que un productor ceutí, no deberíamos resignarnos... habrá que pelear esa anomalía y buscar nuestra propia contraofensiva aquí, en Madrid o en Europa, incluso en Marruecos. Pero no creo que la solución consista -de momento- en cerrar todas las oportunidades de intercambio con Marruecos para evitar aquellas que nos perjudiquen.
Aspiremos a vivir de los volaores, por supuesto, pero también de tecnología, del mar, de servicios, de nuestra posición en el Estrecho y de cualquier actividad en la que la singularidad de Ceuta pueda convertirse en una ventaja que otros no puedan reproducir fácilmente.
Ésa es para mí la cuestión de fondo: que el destino económico de Ceuta y también los términos de nuestra relación con Marruecos empiecen a decidirse en Ceuta.
Y si algún día nuestros intereses aconsejan cerrar la frontera, tendremos que poder hacerlo sin miedo a las consecuencias. Eso sería verdadera autonomía. Pero hoy, cuando todavía dependemos demasiado tanto de lo que sucede al otro lado como de las transferencias del Estado, cerrarla probablemente no sumaría fortaleza sino que la restaría.
No se trata de elegir entre Marruecos o Madrid. Se trata de conseguir que Ceuta pueda elegir cada vez más por sí misma, y no por lo que le marquen..
Seguis siendo el Faro de Tetuan, ¿ qye intereses espurios teneis en Marruecos? Con la que está callendo y blanqueando el Régimen dictador Marroquí. No dejais de enseñar la patita Faro de Tetuan.
Javier, comprendo perfectamente su indignación y creo que, en buena medida, la compartimos. Pero precisamente por eso debemos intentar que la indignación no nos impida pensar en el día después, cuando los titulares pasen.
No podemos engañarnos imaginando que la solución consiste en levantar un muro infranqueable frente a Marruecos. La realidad económica y geográfica de Ceuta hace que una parte importante de nuestra actividad esté vinculada, de una u otra forma, a lo que ocurre al otro lado de la frontera. Romper esa relación tendría consecuencias para ambos lados. Pero tampoco podemos continuar dependiendo de ella hasta el punto de que cualquier decisión de nuestro vecino pueda convertirse en una amenaza para nuestra estabilidad.
Debemos estar indignados con lo que está ocurriendo. Y creo, además, que sus raíces son más profundas que la mera defensa física de una frontera: afectan al propio sistema de garantías jurídicas, llevado en ocasiones hasta sus propias contradicciones, sobre el que Europa está construyendo buena parte de su identidad.
Pero no podemos seguir esperando que todas las soluciones lleguen desde la otra orilla. La ayuda de España y de Europa, por supuesto; las soluciones, debemos empezar también a construirlas nosotros.
Y lo primero es descubrir cuáles son las fortalezas que nacen precisamente de la singularidad de nuestro pequeño territorio. Hacernos fuertes en ellas, reducir nuestras dependencias y convertir Ceuta en un lugar útil y difícilmente sustituible. Entonces podremos mirar a Marruecos de tú a tú, no porque Europa esté detrás de nosotros amenazando a nadie, sino porque Europa forme parte natural de lo que somos y nosotros seamos una parte útil de Europa.
Sé que resulta difícil defender serenidad en momentos como éste. Pero los titulares acabarán desapareciendo y el problema actual terminará parcheándose, mejor o peor. La vulnerabilidad, sin embargo, seguirá ahí si no hacemos algo diferente.
Por eso creo que debemos contener nuestra justificada ira en la mano que sostiene la espada de nuestra resistencia colectiva y utilizar, sobre todo, la inteligencia para construir un mañana en el que lo que estamos viviendo hoy... no pueda volver a ocurrir.