Manolo Merlo es un apasionado del teatro cuyo amor por las tablas trasladó a Ceuta en un momento en que este arte había caído en picado en la ciudad.
El director y actor hace un recorrido por sus más de 30 años de afición y dedicación al mundo del teatro.
Autóctono de Valdepeñas y adoptado ceutí desde hace más de treinta años, este manchego puede presumir de haber experimentado este arte en los últimos tres períodos históricos y políticos que han diseñado nuestro panorama nacional. Desde el franquismo, pasando por la Transición hasta nuestra joven democracia. Períodos convulsos con limitación en la libertad de expresión, períodos de experimentación y vanguardismo, y un periodo de nuevas tendencias y quizá una pequeña decadencia del género.
La compañía el ‘Trascacho’ fue la culpable de que Merlo se adentrase en el teatro, esta compañía que se encargaba de organizar cada año un certamen internacional de teatro fichó por el manchego. A raíz de ahí comenzó a experimentar como actor, y a formarse, hasta que un anciano director le puso en bandeja su primera dirección con tan sólo 19 años, y de forma prácticamente autodidacta llega hasta el día de hoy sin soltar la batuta.
“Tengo un gran recuerdo de aquella época, eran tiempos en los que los teatros se llevaban, había mucha cultura por este arte”, explicaba Merlo. “La verdad que en tiempos franquistas nunca tuve ningún problema, al fin y al cabo nosotros representábamos en provincias, hasta ahí no llegaba la prensa del movimiento. Recuerdo que una obra que representamos en Valdepeñas fue muy aplaudida por la crítica, en cambio la misma obra semanas después era representada en Madrid y tuvo que ser retirada”.
Comentaba Merlo que el decaimiento de este arte llegó con la Transición. “En aquella época los que nos dedicábamos al teatro nos lo cargamos, nos sentíamos demasiado artistas y empezamos a hacer un teatro vanguardista que no entendía absolutamente nadie, bueno en ocasiones ni nosotros mismos, y la gente empezó a huir del teatro hasta muchos años después cuando nos dimos cuenta que habíamos dejado el teatro de texto en el olvido y quisimos retrotraerlo”, comentaba.
Por aquella época llegó a Ceuta como funcionario pero su cabeza sólo pensaba en teatro. “Me tiraba casi las 24 horas del día pensando en teatro”. Dos días después de aterrizar en la ciudad ya tenía su propio grupo y una ardua tarea por delante, extenderlo por la ciudad, donde se encontraba de capa caída. Se puso ‘las pilas’ y se dedicó a su pasión, extendió el teatro a las diferentes capas sociales, impartía clases de teatro en centros educativos, a estudiantes de últimos cursos de Magisterio así como en centros penitenciarios. Hasta que propone a la entonces concejala de juventud, la creación del centro dramático que conocemos hoy día. “Creo que su creación ha supuesto un recurso muy importante a nivel cultural, que además es el germen de los otros grupos de teatro que han surgido, y además se creó la afición al mismo”. Recuerda Merlo su trabajo para la Consejería de Cultura donde permaneció dieciséis años como programador. “Me moví muy bien para traer grandes estrenos nacionales una situación que se debió a una interesantísima relación que mantenía con Paco Rabal. Estuvo cinco días en Ceuta, se enamoró de mí y me propició que a partir de entonces obras de pequeño formato, porque todavía no disponíamos de un lugar para actuar, pudieran representarse aquí. Mientras permanecí como programador se estuvieron realizando estas obras, pero es que en ese puesto es muy interesante prestar atención al público, yo me salía a la calle y escuchaba las demandas de las personas, creo que es el gran problema al que se enfrenta la actual demanda cultural de la ciudad”, comentaba, “cada semana hay un evento en el Auditorio, eventos en que la sala se encuentra desnuda ante un público que o desconoce las obras o no muestra el más mínimo interés, si queremos que se mueva la cultura en Ceuta una de las tantísimas cosas que hay que cambiar es esa programación, aunque no creo que sólo sea eso, este año vino una compañía galardonada con varios premios Imax y fue un auténtico fracaso de taquilla, lo que denota una gran falta de interés a la cultura por parte de los ceutíes”.
Asegura Merlo que cerrar el teatro del Siete Colinas, que siempre alcanzaba el lleno fue un error para la oferta teatral de la ciudad, desde la apertura del Auditorio ninguna representación, excepto las funciones de academias de baile, consiguen vender todas las entradas, eso unido a la pésima acústica del Revellín, hace necesario un verdadero teatro en la ciudad “del que creo que tendremos que esperar otros 20 años”.
Merlo se encuentra sumergido en su próxima obra, de la que tiene grandes expectativas. No revela mucho sobre ella, solo “que va a dar mucho que hablar”. Será la primera vez que se represente en España, y su estreno está previsto para el mes de octubre.