En nuestra ciudad hay mujeres —la mayoría ya mayores— que llevan años entregando su tiempo, su salud y su dinero al cuidado de los gatos callejeros. No reciben sueldo, ni descanso, ni vacaciones, ni siquiera el derecho a ponerse enfermas, porque si ellas fallan, los animales quedan desatendidos. Es una realidad injusta y olvidada que merece una respuesta institucional urgente.
Estos gatos, que viven en la vía pública, no son “de nadie”, pero sí son responsabilidad del Ayuntamiento, como establece la Ley de Bienestar Animal. Sin embargo, quienes se encargan de alimentarles, llevarlos al veterinario, colaborar para que sean esterilizados o simplemente darles cariño, son personas voluntarias, invisibles para la administración.
Tanto los Planes de Empleo del Ayuntamiento como los de la Delegación del Gobierno podrían —y deberían— incluir todos los años plazas destinadas a cuidadores de animales.
Es una medida viable, lógica y socialmente justa. Estas plazas no solo aliviarían la carga de las voluntarias, sino que además permitirían apoyar a la protectora de animales de Ceuta, que se encuentra completamente saturada y desbordada de casos.
Cuidar de los animales también es una forma de cuidar de la ciudad. Hacerlo de forma organizada, con recursos públicos, es una cuestión de responsabilidad y de humanidad.
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