El Gobierno responde a Marruecos que «Ceuta y Melilla son España»

La portavoz del Gobierno, Elma Saiz, ha reiterado que «Ceuta y Melilla son España» después de que un ministro marroquí evocara la «liberación de las ciudades ocupadas en el Océano Atlántico» durante una ceremonia presidida por el rey Mohamed VI.

«Ceuta y Melilla son España; son nuestra frontera sur y también la de Europa; nada que añadir», ha manifestado Saiz tras ser preguntada por esas declaraciones en la rueda de prensa posterior a la reunión del Consejo de Ministros

En esta ocasión ha sido el ministro de Asuntos Religiosos e Islámicos, Ahmed Tawfiq, quien ha hecho referencia a las «ciudades ocupadas», durante la ceremonia religiosa organizada en el Palacio Real de Rabat con motivo del aniversario del nacimiento del profeta Mahoma, una de las principales celebraciones de la tradición musulmana.

Era la primera vez que Mohamed VI aparecía en público desde la entrada de decenas de miles de personas a Ceuta desde Marruecos.

Un ministro evoca liberación de «ciudades ocupadas» ante Mohamed VI tras cruce masivo a Ceuta


Un influyente ministro marroquí evocó la «liberación de las ciudades ocupadas en el Océano Atlántico» y su vínculo con el patrimonio espiritual de Marruecos durante una ceremonia islámica encabezada por el rey Mohamed VI, en su primera aparición pública tras el cruce masivo hacia Ceuta de finales de julio.

Mohamed VI reapareció públicamente la noche del lunes en el Palacio Real de Rabat para presidir la ceremonia religiosa con motivo del aniversario del nacimiento del profeta Mahoma, una de las principales celebraciones de la tradición musulmana, con la presencia del príncipe heredero Moulay Hassan y el jefe del Gobierno, Aziz Ajanuch, entre otros.

En su presencia, el ministro de Asuntos Religiosos e Islámicos, Ahmed Tawfiq, destacó la relación de Ceuta, una de las dos ciudades españolas en el norte de África, con la tradición religiosa marroquí.

Según la agencia oficial marroquí MAP, recordó que dos destacados autores de obras sobre la figura del profeta Mahoma estuvieron vinculados a la ciudad y mencionó ‘Dalail Al-Khayrat’, del imán Al-Jazouli, como una obra que fue un elemento de referencia para los marroquíes «en su movilización para liberar las ciudades ocupadas en el Océano Atlántico al comienzo de la era moderna».

Primera aparición pública de Mohamed VI tras la invasión de Ceuta

Aunque Tawfiq no vinculó expresamente esta referencia histórica con los recientes acontecimientos en Ceuta, sus palabras se producen en la primera aparición pública del monarca tras el cruce masivo hacia la ciudad española.

Mohamed VI, que ostenta también el título de Comendador de los Creyentes, había aparecido públicamente por última vez el pasado 30 de julio, durante la Fiesta del Trono que presidió en M’diq (El Rincón), localidad situada a unos 30 kilómetros de Ceuta.

Ese mismo día, decenas de miles de personas se lanzaron a cruzar la frontera hacia la ciudad española en una crisis migratoria sin precedentes en la zona. Según organizaciones civiles, al menos 141 personas murieron durante el intento de cruce.

Frente al silencio del presidente del Gobierno y de algunos de los ministros con mayor peso del Gabinete, tras la crisis migratoria ha cobrado especial protagonismo el titular de Justicia, Abdellatif Ouahbi, quien ha reclamado a España la entrega de los menores marroquíes no acompañados que se encuentran en territorio español.

Ouahbi pertenece al Partido Autenticidad y Modernidad (PAM), segunda fuerza del Gobierno marroquí, y participa en la campaña para las legislativas del próximo 23 de septiembre, en las que el candidato de la formación, Fouzi Lekjaa, presidente de la Real Federación Marroquí de Fútbol, se perfila entre los favoritos.

La radiografía del ataque de Marruecos a Ceuta: las 3 fases del mayor desastre

Mucho se ha escrito sobre la entrada masiva del pasado 30 de julio. Una jornada en la que todo cambió, tanto que Ceuta terminó embebida de una crisis que todavía colea.

De lo que pudo pasar ha habido ya varias interpretaciones. Una de ellas la ofreció la ministra de Defensa, Margarita Robles, este martes en el Congreso de los Diputados.

Esta es la radiografía del ataque de Marruecos a Ceuta de un Gobierno que hasta la fecha se ha negado a colocar la autoría de lo sucedido en la actuación del vecino país.

El socio “fiable” sigue intocable. El mayor desastre entre fronteras parece haberse descargado sobre miles y miles de aspirantes a la inmigración capaces de organizarse en cuestión de horas.

Poniendo sobre la mesa un informa del Estado Mayor de la Defensa, Robles enumeró las tres fases que, de acuerdo con esta entidad dependiente de su ministerio, rodearon la crisis del 30 de julio.

La “inmigración concentrada” antes de la tragedia y los avisos de que no había vigilancia


Fueron 3 fases y se corresponden con “situaciones concretas”, explicó la ministra. “La primera fue de una inmigración concentrada”, ya que, desde el dictado de la sentencia del Tribunal Supremo -el 8 de julio- hasta la mañana del 30, se produjo una preparación y ejecución de cruces por mar que “poco a poco fueron incrementándose a miles” de participantes.

En esa primera fase, explicó Robles que se produjo un efecto llamada por la interpretación interesada de esa resolución judicial y de la difusión de una supuesta disminución de efectivos policiales en el lado marroquí por la celebración de la fiesta del trono.

Esos días se habría estado dando información práctica, instrucciones para entrar en Ceuta, indicaciones sobre compra de material…

Los inmigrantes que lograban entrar difundían sus logros en redes sociales.

El día de la entrada masiva

La segunda fase es, a juicio del Estado Mayor de la Defensa, la del asalto masivo. A las 11.30 horas del 30 julio, “varias decenas de miles de personas cruzan la frontera dominados por una sensación de urgencia”, explicó la ministra.

“No estaban preparados, no habían preparado el cruce. Las páginas de Facebook” que se estuvieron manejando días antes “dejan de ser accesibles”, y es entonces cuando buscan otros canales de Facebook y uso de TikTok, “con imágenes de personas pasando sin obstáculos y otras reivindicativas de la marroquinidad de Ceuta y Melilla…”.

Se estuvo poniendo de manifiesto que había una inactividad en la frontera por parte de autoridades trasladando imágenes de vehículos cargados de inmigrantes dirigidos hacia la misma.

El retorno y amenazas de sabotajes ante el fracaso


La tercera fase fue la del retorno a Marruecos. “Un elevado número de personas, el 90% que entró, se marchó” al comprobar que a este lado no había nada.

La situación es en esos momentos insostenible, produciéndose amenazas a musulmanes ceutíes y propuestas de sabotaje contra el sistema eléctrico en Ceuta, así como mensajes contra España.

Mantiene Robles que la realización del asalto masivo el día 30 se había fundamentado en “una autogestión de individuos atraídos por cuestiones de oportunidad y la supuesta falta de obstáculos en el cruce de fronteras”.

La publicación de la sentencia del Supremo dio pie a publicaciones manipuladas para no corresponderse a lo que se dice. “Se movilizan por las redes y dicen que en ningún caso cuando se entra habrá retorno. Se engaña a los aspirantes a entrar”.

La difusión de fotografías que se hacen los inmigrantes celebrando como un logro su pase tuvieron como consecuencia multitud de mensajes que se fueron viralizando.

Cronología de avisos

Robles recordó que entre el 12 y 26 de julio ya se produce un importante incremento de entradas a nado.

El lunes 27, hay una reunión entre el presidente Juan Vivas y el delegado del Gobierno, en la que se analiza ese incremento de nadadores que llega a diario.

Se alerta del posible colapso de los servicios locales si esto sigue. El presidente y el delegado realizaron un comunicado público en el que recogen la presión extraordinaria.

Las redes se alimentan de contenidos. El 29 de julio se hace una convocatoria en redes en la que se insta a la gente a intentar entrar a nado y saltando la valla, aprovechando grupos con 180.000 usuarios y la celebración de la fiesta del trono.

5.200 inmigrantes llegan por hora a Ceuta

A través de la monitorización, a las 11 de la mañana del día 30 se empieza a ver la llegada de familias hacia Ceuta.

A las 11.30 se aprecia que son 5.200 inmigrantes por hora, un ritmo que no se puede controlar. A las 20.00 había 55.000.

Una hora antes, los comerciantes empiezan a cerrar las puertas y media después se pide el despliegue militar para apoyar a las fuerzas y cuerpos de seguridad.

A las 23.00 horas se inicia el embolsamiento en el polígono y zonas cercanas y de madrugada se observan incendios y actos vandálicos en el lado marroquí.

A las 7:00 horas del 31 de julio, se calcula que han entrado 60.000 personas en Ceuta y se aumenta la vigilancia en calles y establecimientos.

Los retornos voluntarios, la otra cara de lo sucedido, empezaron a ser más ágiles a partir de las 9.30 horas del 1 de agosto, y ya a las 14.30 fueron 25.000.

Para Robles hay que tener en cuenta la magnitud de la situación y las necesidades ante una avalancha que se auto-organiza y se mueve en redes.

“Hay que sacar consecuencias de lo ocurrido, muchas cosas tardarán tiempo en saberse, otras nunca se sabrán. Algo hemos hecho mal, se ha llegado tarde, mis disculpas”, avanzó la ministra quien reiteró la españolidad de Ceuta y Melilla. “Que nadie las cuestione”, dijo.

Ahora, tras días de desprecios, toca escuchar a Ceuta

El Gobierno de la Nación debe estar muy preocupado por Ceuta. Mucho. Ha llegado tarde y mal a una de las mayores crisis registradas. Pero no solo eso, ha llegado tarde, mal y con chulería. La que han demostrado muchos de los altos cargos que se han paseado para contar medias verdades o hablar de xenofobia. Eso delante de ciudadanos hartos, cansados, enfadados y que han sido víctimas de las tropelías en cadena de esta clase política que gobierna el país.

Al menos hay una ministra del equipo de Sánchez a la que le debe dar vergüenza ver lo que ha visto en su reciente visita girada a la ciudad. Se trata de Margarita Robles. Ayer, en su comparecencia en el Congreso, no dudó en reconocer que el Gobierno lo ha hecho mal, ha llegado tarde y por eso pidió perdón.

Que prácticamente la totalidad de los caballas piensen lo mismo es para hacérselo ver. Que toda España esté demostrando el respeto, el cariño y la solidaridad hacia los que vivimos a este lado del Estrecho dice mucho. Todos ven lo que sufre Ceuta, todos menos un Gobierno de la Nación que no ha movido ficha hasta ahora.

Nos trasladan mensajes de apoyo, de ánimo, de entrega. Saldremos de esta y lo haremos porque precisamente lo que ha logrado este Gobierno es que los ceutíes estemos unidos, que sepamos que o esto lo salvamos entre todos o se pierde. Y si algo honra al pueblo caballa es que quiere a su tierra, es que saben que como Ceuta no hay otra.

Que Margarita Robles pida perdón está bien, pero ya no soluciona nada. No se puede permitir este desprecio y olvido a una ciudad que está sufriendo una crisis gravísima de la que se ha percatado el Gobierno central cuando su jefe, Pedro Sánchez, ha vuelto de vacaciones.

Ahora monta un mando único, ahora confirma que se está ante la peor de las crisis y ahora empieza a adoptar medidas. Medidas que, ojo, deben contar con Ceuta, porque ahora hay que escucharla, hay que mimarla y sacarla adelante.

De entrada, no se puede preparar un real decreto en el que, entre otras cosas, se contemple el uso de todos los polideportivos de Ceuta para acoger a los miles de inmigrantes que siguen en la ciudad. Miles de personas que según el ministro Marlaska iban a ser devueltos a su país. Siguen todavía, pero es que además no se sabe ni su número, ni quiénes son, ni por qué permanecen en Ceuta.

El Gobierno de la Nación pretendía usar todos los recursos de Ceuta para acogida. Es decir, pretendía convertir la ciudad en un CETI. Así, en otra vuelta de tuerca a la presión que sufre ya la ciudadanía.

La respuesta social ha sido unánime, la respuesta de todos, también de la propia Ciudad. No se puede presionar tanto a un pueblo español, luchador, unido. No se puede pisotear más las entrañas de una Ceuta afrentada, de una Ceuta que está teniendo demasiada paciencia, de una Ceuta a la que se le debe devolver su libertad.

El Gobierno llega tarde y llega mal. Debe tener respeto a Ceuta y a los ceutíes. Y eso pasa por no llegar con una apisonadora e imponer. No lo puede hacer porque no le avala ni el derecho ni el respeto de este pueblo engañado.

Un Gobierno que ha tomado el pelo a los ceutíes no está en disposición de presionar más a esta tierra, ni de seguir contando mensajes que no pasen por lo que es necesario: la devolución a su país de todos los que entraron a finales de julio, de los que siguen en las calles, de los que no pueden estar por más tiempo en una ciudad que siempre está al límite.
El pueblo caballa está unido. Sánchez solo tiene una salida: arreglar esto de una vez.

Me duele Ceuta invadida

Aunque en julio de 2025 anuncié que dejaba de escribir sobre Ceuta, tras haber venido colaborando durante 25 años todos los lunes en El Faro de Ceuta con más de 1.200 artículos, hoy, retomo el intento por una sola vez, porque me duele y me entristece Ceuta en extremo que hasta 80.000 magrebíes y subsaharianos la hayan invadido, al menos, con la plena aquiescencia de su ministro marroquí de Justicia, Abdelatf Ouahbi, que la reivindica. Ya, en alguna ocasión, también el Presidente de la Cámara del Parlamento de Marruecos, Enaam Mayara, llamaba con vehemencia a recuperar Ceuta y Melilla por Marruecos, pareciendo estar ambos completamente ayunos en la historia de la españolísima ciudad, a pesar de que, el primero, después se vio obligado a disculparse por tan monstruosa irresponsabilidad suya, ante las protestas internacionales que se le vinieron encima.

Residí en Ceuta 27 años, sumadas las tres veces que fui voluntariamente a ella como funcionario civil del Estado. Pero también la defiendo aquí como admirador perpetuo que soy de la misma, de su buena gente, sencilla, bondadosa, cordial y buena, en la que siempre allí encontré la mano tendida y el gesto generoso en las cuatro culturas, española, musulmana, hebrea e hindú, que siempre han sido ejemplo de la más pacífica convivencia. Por lo que no puedo permanecer en silencio ante la brutal irrupción de más de 80.000 invasores violentando la frontera española, por mujeres, niños y niñas menores de edad no acompañados y algunos adultos, a los que, según los medios marroquíes, se les ha estado alentando a invadir España desde Marruecos, a modo de como aquella famosa “marcha verde” organizada en 1975 para reclamar que el antiguo Sahara Español fuera anexionado a Marruecos, pese a haber estado encomendada su administración a España, bajo la tutela de las Naciones Unidas, con vistas a la celebración allí de un referéndum para que libremente el pueblo saharaui se autodeterminara.

Lo quiera Marruecos, o no, Ceuta, tanto desde el punto de vista jurídico, como por su pasado histórico y por sentimiento de la inmensa mayoría de los ceutíes, ha sido siempre española. Es más, los propios ceutíes se sienten incluso más españoles que los demás de la Península Ibérica, porque fueron ellos mismos los que decidieron serlo, solicitando por escrito al rey español Felipe IV para que se les concediera su carta de naturaleza española, que el monarca les otorgó mediante Real Cédula de 22-04-1645. Incluso los ceutíes se tienen por ser España misma, por haber sido los que, en su día, pidieron ser españoles tras haber pertenecido antes a Portugal.

Lo lógico y razonable hubiese sido que, si Marruecos de verdad cree que Ceuta es suya, lo primero que jurídica y legalmente tendría que hacer es presentar al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas algún título de propiedad que pruebe sus imaginarias elucubraciones que, de ser ciertas, sería la única forma que tendría en Derecho de reclamarla, al ser la O.N.U. el único Organismo internacional competente para dirimir el litigio.

Marruecos ni siquiera llegó a constituirse en Estado libre y soberano, en el mejor de los casos para el país, hasta el año 1632. Anteriormente, sólo había sido un mosaico o conglomerado de cabilas anárquicas que, hasta el reinado de Muley Ismail, nunca acataron la autoridad de un poder central y, después de él, volvieron a caer en el desorden, la anarquía y la lucha por el poder de las distintas dinastías reales que pretendían arrogárselo. Aunque, en realidad, Marruecos, no fue Estado independiente y soberano, de forma plena, para que pudiera ser considerado como sujeto de derecho internacional, hasta que en 1956 España le concedió la independencia total. Aparte de que Ceuta fue española más de mil años antes de que Marruecos existiera como Estado y fuera sujeto de Derecho Internacional, desde la época de la Hispania Transfretana, con capitalidad en Ceuta.

De ningún modo, son formas civilizadas en el siglo XXI pretender anexionarse Ceuta con bravatas, amenazas, chantajes y falsas acusaciones, a base de invadirla ilegalmente, jugando con la inocencia de hasta unos 80.000 niños menores no acompañados que ya hace un año, también se les alentó a invadirla a través de la frontera del Tarajal, a modo de “marcha verde”, como antes hizo Marruecos en el Sahara. ¿No hubieran merecido esos inocentes niños que se les acogiera de forma más humanitaria, con ternura y protección en su país, en vez de tenerlos ahora vagando tanto tiempo en Ceuta, sufriendo abandono a su suerte, muchos de ellos con enfermedades epidémicas infectocontagiosas, más teniendo que malvivir en condiciones infrahumanas que dan pena, buena parte de ellos superviviendo gracias al acogimiento y la caridad ceutí?.
Desde el Derecho Internacional y las instituciones transnacionales, la Declaración sobre los Principios de Derecho Internacional referentes a las relaciones de amistad y a la cooperación entre los Estados, de conformidad con la Carta de las Naciones Unidas, contenida en la Resolución 2625 (XXV) adoptada por la Asamblea General el 24-10-1970, se adoptó el primer principio recogiendo que “los Estados, en sus relaciones internacionales, se abstendrán de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado, cuyo territorio ceutí y español es el que ahora se ha invadido violando sus fronteras.

Además, Marruecos tiene firmado y ratificado, de su propio puño y letra, por numerosos de sus mismos reyes, ministros y consejeros delegados, que Ceuta es española, ya sea en tratados, acuerdos, convenios, arreglos pacíficos, actas, convenciones, paces, etc. otorgando su autorización y pleno consentimiento para que Ceuta fuera plenamente española, que, hoy, en Derecho Internacional, es una cuestión pacífica e indubitada. Aunque, cada vez que a Marruecos le conviene, pretenda crear un clima ridículo enrarecido, de tensión y violencia, intentando llamar la atención internacional bajo la apariencia de la “ocupación ilegal” española, que dicho país se inventa, pero que nunca ha existido, como no sea la suya propia marroquí del Sahara.

Existe el Tratado hispano-marroquí, de 9-09-1609, en el que Marruecos reconoce la soberanía de España sobre Ceuta. También figura en el Tratado de paz y comercio celebrado el 28-05-1767. En el Tratado de amistad y comercio, de 30-05-1780. El siglo XVIII finaliza con la conclusión en Mequínez de los Olivares del nuevo Tratado de paz, amistad y navegación, comercio y pesca, de 1-03-1799, que se renovaron y ratificaron en el tratado del año 1767, en el convenio de 1780, y en el Arreglo de 1785, en cuyo artículo 15, se delimitan los límites de Ceuta a lo largo de toda la frontera. En el Tratado de 1799, igualmente Marruecos reconoce explícitamente la soberanía española sobre Ceuta. En el Acuerdo de 25-08-1844 satisfaciendo varias reclamaciones en lo referente a los límites de Ceuta, al que se anexan tres instrumentos relativos a su ejecución que son los Convenios de Tánger de 25-08 de agosto y 7 de octubre de 1844, así como el Convenio de Larache, de 6-05-1845, conteniendo varias aclaraciones al Convenio de Tánger de 25-08-1844.
En el artículo I del Convenio hispano-marroquí de Tánger de 25-08-1844, se dice: “Que las fronteras de Ceuta se restituyan al estado en que se hallaban hace siete años antes de que los moros se apoderasen de ellas y desposeyeran a los cristianos de Ceuta; cuya petición española recibe la conformidad marroquí al artículo XV del Tratado”, petición que por parte de Marruecos recibe la respuesta de que: “habiéndose verificado tal injusticia, el infrascrito por nuestro Amo, el protegido de Dios, se obliga a que se restituyan dichos límites al mismo estado en que estaban desde el tiempo de Nuestro Amo y desde el tiempo de sus predecesores purificados”, añadiéndose que: “el Sultán conviene también en que se coloquen mojones para marcar las fronteras”.

En el acta de ejecución del artículo Iº del citado Acuerdo de 7-10-1844, se dice que el mediador colocó la señal para marcar mejor “los mencionados límites (entre Ceuta y Marruecos) como estaban antiguamente…”. Después, en el Convenio de 6-05-1845 se insiste en su artículo. 1º que: “Las fronteras de Ceuta serán restituidas al estado en que se hallaban antiguamente y conforme al artículo XV del Tratado de paz vigente. Esto ha sido ejecutado y cumplido en todas sus partes en 7 de octubre último (23 Ramadan 1260), como se halla mencionado en el expresado Tratado que existe entre Su Majestad la Reina de España y el Sultán marroquí”.

En el Tratado de paz y amistad, hecho en Tetuán, el 26-04-1860, se reconoce por parte de Marruecos la soberanía de España sobre determinados territorios. Conforme al artículo 2 se conviene en ampliar “el territorio jurisdiccional de la plaza española de Ceuta hasta los parajes más convenientes para la completa seguridad y resguardo de su guarnición…”. En el artículo 3º que: “… S. M. el Rey de Marruecos ‘cede’ a S. M. la Reina de las Españas, en ‘pleno dominio y soberanía todo el territorio comprendido desde el mar, partiendo de la punta oriental de la primera bahía de Handg Rahma en la costa Norte de la plaza de Ceuta(…) formando el todo un arco de círculo que muere en la ensenada del Príncipe Alfonso… en la costa Sur de la mencionada plaza de Ceuta, según ya ha sido reconocido y determinado por los Comisionados españoles y marroquíes, con arreglo al Acta levantada y firmada por los mismos en 4 de abril del corriente año”

Con todo lo anterior, queda desvirtuada y desmontada la acusación marroquí de que España “ocupó” ilegalmente Ceuta. Esa es una falacia utilizada sin apoyatura verídica ni jurídica alguna. Nunca España ocupó Ceuta, que fue ya de plena soberanía española bajo la antigua Hispania Transfretana, cuya capital de ésta fue, precisamente, la misma Ceuta. Y antes, había pertenecido a los imperios romano y bizantino. Después, quienes sí la “ocuparon”, fueron los árabes el año 713, aunque luego, el año 931 fuera otro árabe, Abderramán III, quien la incorporara al Califato de Córdoba, justificándolo, porque “Ceuta – decía – nunca antes había pertenecido a ningún poder africano”. Y, por el Tratado de Lisboa de 13-02-1668, por el que definitivamente Portugal se separó definitivamente de España, Ceuta pasó a ser española democráticamente, por haberlo querido y acordado así los propios ceutíes.

Lo que sí se dio, legalmente, fue una “cesión” de Ceuta por Portugal a España; que, de “hecho” se le concedió en 1640 y, luego, se les ratificó, de “derecho”, por el citado Tratado de Lisboa de 13-02-1668, que fue por el que, tras dicha cesión por Portugal a España de sus anteriores derechos de soberanía sobre Ceuta, y la petición de la nacionalidad española de los ceutíes, con expresa renuncia de su derecho originario, se produjo, legítimamente la citada cesión, aunque la renuncia a la posesión no fuera voluntaria por Portugal, sino porque así lo tenían votado, aprobado y exigido los propios ceutíes entonces portugueses en un plebiscito.

Finalizada la II Guerra Mundial, en 1946 la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas elaboró la primera lista de territorios no autónomos, por tanto, sujetos a “descolonización”. Ni Ceuta, ni ningún otro territorio español figuró en la misma. Y lo mismo ocurrió cuando se confeccionó una segunda lista de territorios a descolonizar por las Naciones Unidas, el 15-12-1960. Nunca Ceuta llegó a figurar tampoco como territorio a descolonizar.

Más, ¿para qué Marruecos quiere anexionarse la españolísima Ceuta, que si algún día llegara a poseerla, la gran mayoría de sus habitantes que dejaran de ser españoles para pasar a ser súbdito marroquíes, se seguirían escapando de ella, tal como ahora sucede a diario, que en masa huyen de Marruecos a España, incluso jugándose todos los días la vida cientos y cientos de marroquíes, con tal de poder conseguirlo para poder gozar de libertad, democracia, bienestar social, político y económico de que pueden disfrutar en cuanto abandonan Marruecos y pisan el territorio español ceutí, donde tan complacidos se sienten disfrutando de la ciudadanía ceutí y de la naturaleza española, pero que, en cuanto Ceuta pasara a ser marroquí, su propio país volvería a tener en ella prohibido pasarse sus habitantes al territorio peninsular español, libre y democrático?

Cuando la inmigración se empuña para poner en jaque la soberanía de un país

En el tablero de la geopolítica presente, los migrantes han dejado de ser meramente vidas que exploran un futuro mejorable para erigirse, en no pocos contextos, en chivos expiatorios de presión manejados no solo por actores estatales. Así, el empleo de desplazamientos de población como catalizador estratégico, desenmascara un escenario inextricable: las crisis migratorias no son incesantemente sucesos instintivos. Y detrás de las enseñas de fronteras existen un sinfín de directrices políticas, conjeturas diplomáticas y divergencias globales que convierten la angustia humana en moneda de cambio internacional.

Lo cierto es que en diversos lugares del planeta el tránsito de personas se origina de manera demoledora y en un breve intervalo de tiempo, siendo esgrimidos no tanto para confiscar algún territorio, sino para mandar recados políticos, propiciar aparentes negociaciones forzadas o perturbar al país vecino. A ello hay que añadir, que esta manipulación no es la única leyenda interpretativa, pero al menos ayuda a vislumbrar por qué los límites fronterizos, allende de ser simples líneas divisorias o fronteras, acaban transformándose en marcos de crispación entre Estados.

En esta realidad nada halagüeña, las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla ocupan una parte exclusiva de este entramado, porque son las únicas fronteras terrestres de la Unión Europea (UE) con el continente africano y constituyen enclaves europeos sometidos a un régimen jurídico excepcional. Su disposición específica las hace ser fundamentalmente sensibles a las desavenencias políticas y diplomáticas.
Sin lugar a dudas, me refiero a dos territorios envueltos en algunas de las estructuras de cerramientos más avanzadas y con una inspección diaria de rigor y fronteras físicamente blindadas. Asimismo, en la vertiente jurídica predomina el desconcierto. Y aunque en Marruecos deambula la ilusoria concepción de que pisar Ceuta lleva al pórtico del Viejo Continente, la normativa española y comunitaria al respecto es incuestionable.
Me explico: el acceso irregular en estos enclaves no admite transitar a la Península sin comprobaciones documentales minuciosas. Esta tergiversación por momentos nutrida de cinismo, posibilita que los flujos migratorios se dispongan como palanca de influencia en coyunturas de enfrentamiento bilateral. Con lo cual, los episodios acontecidos en Ceuta en los años 2021 y 2026, respectivamente, estampan esta confabulación tortuosa. Ambas casuísticas prueban cómo la frontera puede convertirse en un arma de amenaza híbrida. Y ni mucho menos el caso de Ceuta es un hecho puntual, porque en múltiples momentos Marruecos se ha valido de estrategias semejantes.

Con estas connotaciones preliminares, este contexto se asienta en un marco europeo punteado por un viraje continuado hacia la securitización. Y es que desde los inicios del siglo actual, España trabaja en un enfoque único de la política migratoria de la Unión. Su naturaleza de frontera exterior, emplazada en el surco geopolítico y geoeconómico que descose el Norte y el Sur global, la instala en el punto de impacto de dos raciocinios. Primero, la securitaria, donde prevalece tanto la vigilancia y el control, como la contención y la externalización; y segundo, la humanitaria, que hace hincapié en que la inmigración es un fenómeno sistémico que requiere de protección y derechos.

El robustecimiento de la Agencia Europea de la Guardia de Fronteras y Costas (Frontex), el organismos de la UE encomendado en salvaguardar sus fronteras exteriores y la expansión de las políticas de externalización, han relegado el centro de gravedad de la labor comunitaria. Ahora, lo prioritario no es la solidaridad interna, sino impedir que las oleadas alcancen superficie europea.

Para España, esto entraña una progresiva subordinación funcional de los sistemas europeos y una coerción política para armonizarse con el relato del seguimiento riguroso, lo que simplifica su libertad de acción. Ceuta y Melilla se mueven en este aspecto como recintos de pequeño nivel de la política fronteriza europea: allí se experimentan y se hacen perceptibles las rigideces entre externalización, control y derechos.

El pronunciamiento de los aliados europeos contribuye de modo categórico en esta álgebra. Los países del Norte y Este procuran vigorizar la securitización, mientras que las naciones del Sur demandan compromiso compartido y métodos de asignación que contemplen el elemento diferencial que padecen los límites externos. Toda vez, que España ocupa una posición intermedia. Es decir, es frontera exterior y por tanto, actor enfocado en la seguridad. Al igual, que es estado mediterráneo y por tanto, partícipe humanitario. También es socio europeo y por tanto, sujeto supeditado y potencia regional. Lo que a fin de cuentas lo convierte en representante negociador.

La zozobra habida entre securitización y solidaridad no es una complejidad transitoria, sino una estructura permanente de la política migratoria europea. En ella, España ha de conformar la misión de la frontera con la preservación de los principios democráticos y humanitarios que propugnan su función exterior, consecuente de que la manera en que atienda a estos retos concretará no solo su conexión con Marruecos, sino igualmente la tendencia de la iniciativa comunitaria en términos generales.

Tanteados sucintamente los contrapesos, la migración compulsiva todavía puede dar la sensación de ser una estrategia que merece la pena continuar. Esto es evidente para los que resisten intentando hacer caer la balanza en la actuación de objetivos latentemente sensibles y pocos propensos a desistir a sus exigencias en entornos conocidos, como las democracias liberales desarrolladas. A todo ello hay que agregar que la inmigración ilegal como recurso político puede ser aún más eficaz, si ésta focaliza sus esfuerzos en los puntos donde las fricciones raciales pueden ser altas.

Sin inmiscuir de lo apuntado, que la distensión del control del gobierno central puede quedar implicado incluso en los momentos álgidos y donde los medios indispensables son reducidos y el consenso sobre la legitimidad del régimen político es quebradizo. En el mejor de las ocasiones, un flujo podría constituir una seria amenaza.

En contrapartida, otro factor de riesgo inconfundible de las democracias liberales reside en el temperamento agresivo de la toma de decisiones políticas dentro de estos países. Este individualismo político se muestra, entre otras fórmulas, en una extensa diversidad de acomodos políticos internos que consagran vías de acceso para que grupos de la sociedad tercien en la política gubernamental.

“Marruecos, ejerciendo este patrón de política migratoria, tal vez, está más próximo de ser el ‘Gran Marruecos’, gracias al automatismo imperante de la inmigración forzosa como herramienta de coerción”


Conjuntamente, las fuerzas políticas de la oposición consiguen avistar en esta crisis una posibilidad para tachar la determinación del Gobierno, adquiriendo un beneficio electoral e influjo político para registrar niveles más elevados de poder. Esta contrariedad se acentúa sobre todo si se hace referencia a la evolución de la toma de decisión de la UE, donde han de coordinarse numerosos actores políticos para ofrecer una declaración apropiada, firme y competente a una cuestión concreta.

Ciñéndome en el Reino de Marruecos y la realidad en la que se decanta, es preciso hacer una llamada a sus socios estratégicos. Dentro de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), Marruecos dispone de importantes respaldos como la República Francesa y Estados Unidos que como es sabido son miembros permanentes del Consejo de Seguridad. El primero, aboga por el país alauí porque es rival de la República Argelina Democrática y Popular y los lazos con Estados Unidos se han ampliado como derivación del cambio de posicionamiento con relación al Estado de Israel, restableciendo sus engarces con el pueblo judío. Esto hace que por momentos Marruecos cuente con el sostén explícito de estos miembros, además de ostentar un papel protagónico en la ONU, o que éstos se mantengan a un lado de los entresijos internacionales hispano-marroquíes.

Pese a las divergencias culturales y sociales visiblemente reales entre Marruecos y el universo occidental, éste es un aliado de Occidente y sobre todo, de Estados Unidos. Recuérdese al respeto, que en plena Guerra de Independencia, Marruecos se convirtió en el primer estado en reconocer a las trece colonias como un país soberano, instituyendo en 1786 un tratado de amistad entre las dos naciones.

En nuestros días, Marruecos hace lobby en Estados Unidos desempeñando su proyección por medio de think-tanks como el Moroccan American Center for Policy (MACP). Y por si fuera poco, Marruecos es la puerta que posee Occidente para ingresar en África y los últimos resultados de su política así lo indican. Obviamente, esto le otorga cierta autonomía y libre albedrío para acechar sus reivindicaciones de expansión en su prisma geopolítico, que saca a colación un Marruecos más amplio del que se estableció en 1956 con su independencia.

Hablamos de la teoría nacionalista e irredentista del ‘Gran Marruecos’, postulando que las fronteras existentes del reino son artificiales e incompletas, por lo que deben ampliarse para rescatar los límites de antiguos imperios medievales. Este caldo de cultivo comenzó a hilvanarse como ideal geopolítico cuando la monarquía y los nacionalistas marroquís encarnados en el partido Istiqlal, implantaron un engranaje inapelable para administrar Marruecos.

De hecho, se denunciaron en El Cairo las ínfulas geográficas a las que aspiraba alcanzar el proyecto ‘Gran Marruecos’. Hasta el punto, que en el mapa se exponía la añadidura a su soberanía de los espacios territoriales españoles en África del Norte de Ceuta, Melilla y los peñones y en África Occidental, Sidi Ifni, la franja de Tarfaya y el Sáhara Occidental. Conforme se han sucedido los trechos, Marruecos ha ido adquiriendo sus propósitos. Un claro ejemplo que deslinda esta confirmación es la invasión y subsiguiente ocupación militar de la entonces provincia española del Sáhara, denominada por el Gobierno de Marruecos la ‘Marcha Verde’ (6/XI/1975).

Hoy, los afanes de Marruecos en el Sáhara Occidental adquirieren mayor acotación de certidumbre, cuando en 2020 Donald Trump (1946-80 años) convino la soberanía de Marruecos sobre este territorio. Indiscutiblemente, esta objeción fortaleció el ensueño de Rabat, induciendo todavía más a Mohamed VI (1963-62 años) a instar sobre las ciudades autónomas.

Pero regresando al argumento internacional y a criterio de algunos analistas, Marruecos es un socio preferente para la UE en lo que atañe a la lucha contra la inmigración ilegal (vigilancia de la ruta marítima del Estrecho de Gibraltar y el mar de Alborán). Es por ello, que todo lo que sea patrocinar la cooperación con Marruecos, ayuda a la inspección de las fronteras de la Unión. Estas lógicas para atajar este fenómeno hacen que Marruecos sea el tercer país mejor servido por las ayudas financieras europeas.

Como quiera que sea, el posicionamiento de Rabat con respecto a Ceuta y Melilla es irrevocable: carga repetidamente con planes proactivos, insinuando sobre ellas el lastre de “ciudades ocupadas” y a los islotes españoles como “islas expoliadas”. Marruecos en todo momento ha fundamentado que la reclamación territorial de estas ciudades ha de encontrar una salida dialogada.

Y al hilo de lo anterior, Hasan II (1929-1999) planteó a España una “célula de reflexión” para examinar estas materias, pero España no cedió ni un ápice ante la pretensión marroquí y optó por no emprender ningún signo de negociación. Al mismo tiempo, Marruecos y su aparato político han incidido en la representación marroquí de la urbe musulmana que reside en estos territorios.

De este modo, Marruecos actúa sumido en una política estrictamente interna de España, recurriendo al amaño de una minoría o colectivo social. El objetivo que acorrala con resultados favorables para Rabat es forjar un escenario de caos migratorio y así justificar sus reclamaciones. Claro, que así la inmigración puede ser un recurso para tener en vilo y comprometer la soberanía de un país.

Una pericia de acoso y derribo para exigir los territorios de manera selectiva, llegando a la postre a la imposición de Ceuta y Melilla, que no es un simple hecho de elucubración, sino que como ya he apuntado, ha sido expresado por Marruecos ante la ONU.

Considerando la contraparte en este conflicto, los territorios de España, al ser miembro de la OTAN y la UE, en teoría gozan de protección. Y digo en teoría, porque no ha de eludirse que Ceuta y Melilla se hallan más preservadas dentro de la Unión que en la Alianza Atlántica. Y en el Tratado del Atlántico Norte no se engloban expresamente a estos territorios. Matiz que ha dado origen a un cúmulo de réplicas y discusiones y a diversa literatura anotada sobre ellos.

El caso es que en la cima y el colapso de la situación migratoria por momentos, ha trasladado a España a desplegar en cooperación con Marruecos un sistema SAR, pero en numerosas ocasiones este procedimiento se ve atropellado por los conflictos existentes entre los dos estados. Mayormente, por las reclamaciones de Marruecos sobre los territorios de Ceuta y Melilla, generando múltiples inconvenientes a la hora de demarcar las franjas marítimas del otro.

La ruta del Mediterráneo es distinguida por ser una de las regiones donde concurre un mayor número de inmigración en dirección a Europa. Amén, que el movimiento migratorio que transcurre en el Estrecho de Gibraltar no se queda atrás en correlación con el resto de rutas. Es por ello fundamental que ambas partes contribuyan para ofrecer un mínimo resquicio de solución a estos infaustos sucesos que se producen crónicamente en las costas españolas.

Dentro de la cooperación SAR el papel principal lo pone de manifiesto España, debido a que Marruecos no ha contado con los recursos imprescindibles disponibles. Pero en virtud de los fondos proporcionados por la UE y España, Marruecos ha actualizado su equipo generando efectos favorables en el terreno de la cooperación SAR y la lucha contra la inmigración ilegal.

Sin embargo, esta cooperación puede verse gravemente deteriorada por la falta del aporte voluntario marroquí. Resultante de las muchas disonancias que han suscitado los territorios españoles en el Norte de África y el parecer de España con el Sáhara Occidental, estilando la migración como forma de forzar.
Visto lo desmenuzado en estas líneas, la tesis de la inmigración en las ciudades autónomas ha sido históricamente omitida por España, desde la primera migración bereber a Melilla hasta las últimas migraciones ocurridas. La postura de los ejecutivos ha quedado en la apatía o en la incapacidad sin planificación previa.

Más bien, el talente de España y sus líderes podría definirse de reactivo, porque los contactos hispano-marroquíes persisten como un asunto vetado en el tiempo y difícilmente se ha tratado para procurar zanjarlo de una vez por todas y contrarrestar las pretensiones marroquíes. Aunque ha de matizarse que en la Estrategia de Seguridad Nacional del año 2021, salió a la luz un Plan Global de Seguridad dirigido a Ceuta y Melilla.

He de incidir en el aspecto democrático del sistema español y que por ende, lo hace más inconsistente y con un margen de movimientos más reducido que Marruecos. Las máximas como el Estado de Derecho, la transparencia o el cumplimiento de la legalidad internacional, coartan la visión estratégica que posee un estado para encarar sus amenazas. A ello hay que sumar la polarización de las fuerzas políticas conducente a la actividad exterior, ocasionando que España sufra un carácter de oscilación a la hora de cumplir con los objetivos formulados.

No obstante, no resulta chocante oír a diversos expertos señalando a Marruecos como un vecino incógnito. Véanse las relaciones históricas entre ambos países que en no pocas ocasiones han rendido un cúmulo de conflictos y disputas por temas mayoritariamente de calado territorial. Y si cabe, estas discrepancias aumentan por los contrastes sociales, culturales y políticos.

Los asuntos exteriores entre España y Marruecos muestran una vasta inestabilidad y siempre en favor del segundo. Lógicamente, con estímulos detonantes en los enclaves españoles emplazados en el continente africano. Y no es para menos, porque por activa y por pasiva, Marruecos ha declarado en obstinadas veces su soberanía sobre estos territorios.

Trascendiendo de lo empírico y retornando al diagnóstico global de las relaciones, de ningún modo alivia la estabilización de la política exterior hispano-marroquíes, la actitud suspicaz que no hace más que avivar un entorno desfavorable e impreciso. Al igual que se encuentra en la palestra los debates territoriales indirectos, como el contencioso territorial sobre el Sáhara Occidental.

Otro componente producto de las diferencias culturales y sociales y que no ha de soslayarse, es la ignorancia de un pueblo sobre otro. Este desconocimiento en las generaciones más jóvenes produce un claro sentimiento de susceptibilidad, incluso como ya he indicado, en las relaciones internacionales de los dos estados.

Y mirando a Europa, la UE es un actor político primordial para amenizar los nexos bilaterales entre ambos estados. Ahora bien, estas relaciones pueden ser el resultado del descontento. No se quede en el tintero que algunas sentencias del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE), no contemplan el Sáhara Occidental como parte del territorio marroquí y esto posiblemente zarandea las relaciones bilaterales. Aunque fríamente el trato entre ambas instituciones es mucho más amistoso desde que España es miembro de la UE.

“Ceuta vuelve a toparse en el punto más crítico de una crisis que es humanitaria en sus efectos, marginal en su desenvolvimiento y sutilmente política en sus fuentes potenciales”


Con anterioridad a los hechos acaecidos en Ceuta (30/VII/2026), había disminuido la tensión proveniente de las pretensiones marroquíes en estos territorios, debido al viraje de posicionamiento del Gobierno de España, quien apoyó el punto de vista escudado por Rabat aclarando literalmente que “España considera que la iniciativa de autonomía es la base más seria, realista y creíble para la resolución de este diferendo”.
Este vaivén de parecer que muchos condenan tajantemente de incomprensible, deja a España todavía más deleznable de cara a los intereses marroquíes. Por ello, es perentorio que tanto la UE como España, se involucren de lleno para apuntalar las posiciones de los territorios españoles, descartando cualquier probable instigación de Marruecos de desplegar presión sobre ellos.

Ha de subrayarse que la participación con Marruecos en la política migratoria no es fructífera y que la situación de tensión y choque constatadas, no genera beneficio a ninguna de las partes. Como del mismo modo, tanto en España como en sus ciudades autónomas, se genera un daño inmediato. De ahí, que deba instaurarse otro marco de cooperación que circunscriba a Ceuta y Melilla y, sobre todo, terminar con la coyuntura diplomática discordante a merced de Marruecos.

Muchas son las voces que a día de hoy interpelan que España ha de hacer uso de su valía en la Unión, para lograr amputar la inercia desbocada de la inmigración ilegal, afianzando las posiciones de Ceuta y Melilla en el marco europeo. Así, como promover comisiones de investigación europeas en los límites fronterizos españoles. Solo de esta manera, la UE se involucrará en el problema para solventarlo. Por el contrario, si el conflicto se retrae internacionalmente, las ayudas necesarias no llegarán para poner fin a un conflicto que en ningún tiempo debería haber ocurrido.

Ante los precedentes desgranados en esta disertación, Ceuta vuelve a toparse en el punto más crítico de una crisis que es humanitaria en sus efectos, marginal en su desenvolvimiento y sutilmente política en sus fuentes potenciales. Por tal motivo, se considera que la manera más conveniente de operar corresponde a incrementar las posiciones reglamentarias de las ciudades autónomas dentro de la UE. Siendo capital elaborar un estatuto definido en consonancia a las singularidades específicas de Ceuta y Melilla, únicos frontispicios exteriores terrestres europeos en África y que sufren a más no poder una presión migratoria persistente.

Ciudades españolísimas como Ceuta y Melilla, en las que entre las diferentes minorías étnicas y religiosas que residen, predomina la riqueza multicultural como crisol de culturas en concordancia con los valores europeos y la convivencia democrática.

Marruecos es un socio estratégico para España en materia comercial, antiterrorista y migratoria. Inexcusablemente, por eso ha de demandársele una colaboración insobornable, no sometida a las discordias bilaterales de cada circunstancia o momento. La buena sintonía entre Estados no radica en sortear cualquier crítica, sino en llevar a término los compromisos asumidos y respetar los límites fronterizos reconocidos internacionalmente.

La penuria fusionado a la falta de expectativas entre los diversos segmentos de la juventud marroquí, ayudan a entender por qué tantos individuos se juegan la vida en milésimas de segundos en las aguas, pero no esclarecen por sí solas una irrupción súbita de similar magnitud. Tampoco resulta concluyente achacarla instintivamente a la sentencia del Tribunal Supremo sobre las devoluciones inmediatas. El Alto Tribunal ha determinado que el calificado rechazo en frontera se emplee a quienes salvan una valla u otro obstáculo material de contención, pero no a los sujetos interceptados en el mar, cuya devolución ha de gestionarse con las garantías previstas por la ley.

Finalmente, a criterio del lector las resoluciones judiciales pueden incitar en las rutas seleccionadas por las redes que emprenden o espolean las partidas, pero es inaudito que miles de jóvenes sepan con exactitud una teoría jurídica prescrita semanas antes. Decir que la sentencia es la raíz subyacente de la crisis, se aprovecharía ingeniosamente para relegar la atención de lo que ciertamente hubo en el lado marroquí de la frontera y por qué fracasaron los dispositivos de vigilancia y prevención.

Y como epílogo y punto y seguido de lo aquí retratado, Marruecos, ejerciendo este patrón de política migratoria, tal vez, está más próximo de ser el ‘Gran Marruecos’, gracias al automatismo imperante de la inmigración forzosa como herramienta de coerción.

La ley o el caos

Ceuta está que no puede más. La vida ha cambiado en un mes y tantas cosas han pasado que la riada de los acontecimientos arrastran los ánimos y la esperanza.

Seguir en pie, juntos, unidos, reivindicando lo que nos pertenece y lo que este pueblo se ha ganado a pulso. Leo en algunas redes sociales llamamientos, movilizaciones y batidas para “ invitar” a los migrantes a salir del Ceuta; los ingredientes de odio, violencia e ira cuando se mezclan con la desesperación detonan una auténtica “crisis humanitaria” para todos de la que no podremos escapar.

No podemos claudicar, no conviene soltar de la mano la idiosincrasia de Ceuta: resistencia, tolerancia, convivencia y pasión por la tierra que pisamos.

Manifestarnos, organizarnos, ayudarnos, inventarnos todos los días para no caer en el pánico ni en el miedo.
El delegado del Gobierno admite que Ceuta sigue “lejos de la normalidad”.

Miguel Ángel Pérez Triano explica que los dos nuevos centros de atención humanitaria siguen siendo insuficientes para atender a todas las personas que permanecen en las calles; faltan recursos de todo tipo para poder canalizar desde la normativa legal lo que un Estado de Derecho puede hacer.

Anunció Triano la puesta en marcha fe un Centro de Atención Temporal de Extranjeros. Se trata de unas instalaciones policiales destinadas a la recepción humanitaria de urgencia, la identificación, la toma de reseñas policiales y la tramitación inicial de los expedientes de quienes llegan al país en situación irregular a través de las costas o fronteras.

Faltan funcionarios, falta el control de la seguridad, faltan recursos médicos.

Por muchísimas críticas que manifestemos, Triano debe ser la voz ante Madrid, mostrar al Gobierno de la Nación la realidad absoluta de Ceuta, las reivindicaciones, las carencias y las demandas.

Pedir que dimita en estos momentos sería desatar una tormenta de consecuencias impensables. Su dimisión no pondría las cosas mejor; todo lo contrario. Estaremos más o menos de acuerdo con su gestión pero tenemos que exigirle que no puede abandonar el barco, no debe irse, claudicar, abandonar; sería lo más fácil.

El Ayuntamiento tiene que trabajar con la delegación del gobierno, entregarse al máximo, coordinarse, plantear soluciones a los problemas que vayan surgiendo.

Somos barrios, asociaciones, comunidades de vecinos, voluntarios, ONGS, plataformas…somos Ceuta y saldremos mejores y más fuertes.

El mundo nos mira y tenemos mucho que contar al mundo.

Aquí todos caminamos en la misma dirección, todos tenemos un objetivo, todos luchamos para salir y encontrar el camino que buscamos.

Darle paso a la venganza nos dividirá definitivamente y las heridas serán muy difíciles de cerrar.

Agustín Herrero Oñate: una persona buena y una buena persona

Agustín era, es y seguirá siendo una persona buena y una buena persona. A mí me sigue llamando la atención, sobre todo, la naturalidad, la sinceridad y la autenticidad con la que él siempre provocaba el encuentro respetuoso e íntimo entre las personas, sin el menor atisbo de exhibicionismo, de vanidad, de autosatisfacción, de pedantería ni de frivolidad.

Tengo la convicción de que la imagen serena que sigue proyectando es la expresión directa de la sosegada aceptación de su propia personalidad que, en ningún momento, sintió la necesidad de mostrarse de manera diferente a como él era. No tenemos más remedio que valorar sus testimonios de sencillez, autenticidad, coherencia y equilibrio que nos siguen proyectando sus trayectorias familiares, profesionales y humanas. Todos apreciamos y agradecemos su generosidad, su trabajo oculto, la comprensión de las conductas ajenas, la paciencia, la sencillez e, incluso, la resignación serena ante la enfermedad y los males irremediables.

A mi juicio, estos hábitos forman el conjunto armónico de virtudes que, a lo largo del dilatado recorrido de su vida familiar y profesional, conocemos por “bondad”, una cualidad de las personas que, como él, son inteligentes, equilibradas y fuertes, y que, para lograr el bienestar personal, familiar y social, han decidido recorrer el empinado camino que conduce al crecimiento de la justicia, al logro de la paz y, sobre todo, a vivir el amor.

Sigo recordando cómo se nos fue con su característica discreción y sigo lamentando la pérdida de este convecino servicial y sencillo, experimentando sentimientos que se agitan, se mezclan y se superponen de manera permanentemente pero que, sin duda alguna, el que prevalece sobre todos es el del agradecimiento por su interés constante para mejorar la calidad de la convivencia. Sus actitudes y sus comportamientos, su sencillez, su servicialidad y su cordialidad lo califican de “estilo intensamente humano”.

Ésta era, quizás, la clave de la admiración, del respeto y del cariño que en sus convecinos despertó su figura: esa modestia secreta y, al mismo tiempo, jubilosa del hombre que mide su felicidad por la gratitud a las personas que le regalaron su apoyo, su estima, su amistad y su amor.

Tener miedo te protege

El Colegio Oficial de Psicología de Ceuta ha difundido varias infografías destinadas a ayudar a la población a afrontar psicológicamente lo que estamos viviendo. Se habla de reducir la exposición a determinadas informaciones, recuperar rutinas, evitar la hipervigilancia y volver progresivamente a la normalidad.

Todo eso puede ser adecuado cuando el problema fundamental es que seguimos sintiendo peligro aunque el peligro haya desaparecido.

Pero ¿es esa actualmente la situación de Ceuta?

El juez Antonio Pastor, titular del Juzgado de Instrucción nº 5 de Ceuta, ha explicado públicamente que antes del 30 de julio podían interponerse unas 20 o 30 denuncias diarias y que ahora se está hablando de 200 o más cada día.

También ha confirmado 16 agresiones sexuales desde el comienzo de esta crisis.

Por tanto, conviene empezar por la realidad: en Ceuta no estamos solamente ante una percepción subjetiva de amenaza. Existe un incremento objetivo del riesgo.

Y ante un peligro real, tener miedo puede protegerte.

El miedo hace que prestemos más atención, que evitemos determinados riesgos, que reconsideremos una salida, que acompañemos a nuestros hijos, que estemos pendientes de nuestro entorno o que tomemos precauciones que, en condiciones normales, quizá serían innecesarias.

Eso no es necesariamente un problema psicológico.

Es adaptación.

Naturalmente, una cosa es tener miedo y otra vivir dominados por él. El pánico, la difusión de rumores, la ira, las conductas impulsivas, portar armas o buscar enfrentamientos pueden convertir una situación peligrosa en otra todavía peor.

Precisamente por eso necesitamos cabeza.

Pero afrontar el miedo con cabeza no significa comportarnos como si nada estuviera ocurriendo.

Si existe una situación excepcional, algunas conductas excepcionales pueden ser razonables.

No salir por determinados lugares a determinadas horas puede ser prudencia. Estar más atento puede ser prudencia. Informarse de lo que sucede puede ser prudencia. Modificar temporalmente algunas rutinas puede ser prudencia.

La psicología debe ayudarnos a distinguir entre prudencia y pánico, no a confundir prudencia con patología.

También llegará el momento de recuperar completamente la normalidad. Y cuando el peligro haya disminuido, si una persona continúa encerrada en casa, permanentemente alerta y comportándose como si la amenaza siguiera siendo la misma, entonces tendremos otro problema que abordar.

Pero primero hay que mirar dónde estamos ahora.

Ceuta atraviesa una situación extraordinaria. Los propios juzgados están pidiendo refuerzos porque el incremento de asuntos es extraordinario.

Por eso el mensaje psicológico que necesita la población no debería ser simplemente «ten menos miedo».

Debería ser mucho más claro:No vivas aterrorizado. No busques enfrentamientos. No difundas rumores. pero tampoco ignores lo que está ocurriendo. Infórmate, toma precauciones y actúa con cabeza.

Porque cuando existe un peligro real, el miedo proporcionado no es nuestro enemigo.

El miedo también nos protege.

El cementerio de Sidi Embarek acoge el entierro de otros 18 inmigrantes

El cementerio de Sidi Embarek ha acogido esta tarde en Ceuta el entierro de otras 18 víctimas de la tragedia del Tarajal. Son ya 78 los cuerpos que han recibido sepultura desde el pasado viernes, siguiendo en todos ellos el mismo protocolo y estando presente personal de la Consejería de Sanidad.

Las tumbas en las que han sido enterrados son las comprendidas entre la número 5469 y la 5486. La Funeraria Al Qdar ha sido la encargada del traslado de los cuerpos desde la morgue del hospital hasta el cementerio de Sidi Embarek.

Los traslados se han hecho de cuatro en cuatro. Los cuerpos pertenecen a jóvenes que no estaban identificados y han recibido sepultura cerca de los demás fallecidos en la mayor tragedia de la inmigración que se conoce en España.

La mayor de las tragedias


De las aguas próximas a ese espigón, los agentes de la Guardia Civil sacaron prácticamente 90 cuerpos sin vida. Al otro lado, en Marruecos, nunca se ha comunicado la cifra. Varias oenegés han cifrado el dato global en más de 140 fallecidos.

Nunca se había asistido a una cadena de actos de este tipo, con jornadas consecutivas en las que se llevan a cabo entierros de personas que no están identificadas y que coinciden en que todas ellas cruzaron el espigón en los días en los que nada se respetó, en los días en los que no hubo fronteras, lo que dio paso a cuantiosas muertes.

Trabajadores del cementerio en la última despedida


Los trabajadores del cementerio han estado presentes en estos rezos que suponen la despedida a jóvenes desconocidos, jóvenes que intentaron el paso a Ceuta por el espigón, pero terminaron falleciendo ahogados y aplastados en una multitud de personas nunca antes vista.

Aunque se entierran sin un nombre, quedan registrados con un número por si en un futuro sus familias los identifican.