El Gobierno español ha trasladado este viernes a Marruecos su «rechazo tajante» a las pretensiones de ese país sobre las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla que, recuerda, son parte de la integridad territorial y de la soberanía de España y parte integrante del territorio de la UE.
Así lo han asegurado fuentes del Ministerio de Asuntos Exteriores horas después de que el ministro marroquí de Justicia, Abdellatif Ouahbi, haya reafirmado que Ceuta y Melilla constituyen un «derecho histórico y geográfico» de Marruecos y haya llamado a crear un mecanismo de diálogo con España para abordar su futuro y lograr su «retorno al seno de la patria».
Abdellatif Ouahbi: «Medios de diálogo» con Madrid
En una entrevista con el canal público marroquí 2M, Ouahbi abogó por establecer «medios de diálogo» con Madrid, incluida la creación de una «comisión de diálogo» sobre este asunto, una idea que, según dijo, «debe mantenerse presente, porque es un tema sobre el que no se puede guardar silencio«.
Tras estas declaraciones, el Ministerio que dirige José Manuel Albares ha señalado en una comunicación enviada a los medios: “Ceuta y Melilla son dos ciudades españolas frontera de España y de la UE. Forman parte de la integridad territorial y de la soberanía de España reconocida internacionalmente y son igualmente parte integrante del territorio de la UE».
«Rechazamos y rechazaremos tajantemente cualquier planteamiento distinto respecto a Ceuta y Melilla«, añade la nota, que concluye asegurando que «esta posición se ha trasladado claramente hoy por los canales diplomáticos”.
Crisis en Ceuta
Ceuta afronta una grave crisis migratoria tras la entrada masiva de personas desde Marruecos a finales de julio. La llegada de miles de imigrantes, entre ellos menores, ha desbordado los recursos de acogida, mientras continúan los asentamientos, la presión sobre los servicios públicos y el dispositivo extraordinario de seguridad.
Es el momento del Alfonso Murube, delaAgrupación Deportiva Ceuta. Es el turno de la segunda jornada la de La Liga Hypermotion. El primer partido del curso que los caballas van a jugar en casa, con su afición.
El equipo, la UD Las Palmas. Uno de los rivales más fuertes de la categoría. Los canarios, candidatos al ascenso, llegan a la ciudad autónoma tras imponerse en el descuento al Albacete BP en su casa.
También, es un partido complicado para los caballas. Este partido, que debería ser una fiesta para celebrar otro más de Agrupación Deportiva en el fútbol profesional, acompañado de su gente y con el ambiente que merece el estadio, tendrá a una afición dispuesta a defender a su ciudad antes que todo. Una fiesta cambiada por una manifestación de dolor y un grito de reivindicación.
Horario y dónde ver el AD Ceuta-UD Las Palmas
La cita de esta jornada 2 dará el pistoletazo de salida este sábado en el Estadio Alfonso Murube a las 19:00.
El duelo liguero cruzará a dos equipos en situaciones dispares y con ánimos distintos. Unos, los locales, con ganas de borrar el infausto debut en Andorra. Otros, con ganas de sumar sus primeros puntos fuera de cara a un futuro en la élite. .
Cadenas y EN DIRECTO de El Faro de Ceuta con el minuto a minuto
El encuentro se retransmitirá a través de diferentes canales: DAZN (Plan Fútbol), Movistar Plus+, Canal LALIGA TV Hypermotion mediante múltiples operarios como Orange, Vodafone, Amazon Prime y DIGI TV con su Pack Deportes, en el que tendrán acceso a todos los partidos en sus canales LALIGA TV HYPERMOTION 1, 2, 3.
Además, podrá seguir el minuto a minuto en el EN DIRECTO que hará El Faro de Ceuta desde las 17:45 horas.
Con ganas de borrar el mal sabor de boca
Ya lo manifestó Romero en la rueda de prensa previa a este choque. Ganar son tres puntos más, también un gran subidón de adrenalina para la plantilla y una alegría para el pueblo ceutí, que tan necesitada está de ellas.
Servirá, además para borrar un partido para el olvido en la historia reciente de la AD Ceuta: “Fuimos muy inferiores, no competimos, no salimos prácticamente a jugar y fue un reinicio prácticamente copiado de la temporada pasada en Valladolid”, explicó Romero del partido.
Un partido que, según describió el propio entrenador, su plantilla jugó como un equipo acomplejado, que en ningún momento compitió, que en ningún momento estuvo en el partido, “para nada mérito del contrario, fue todo demérito del Ceuta”.
Ahora, en frente está un rival de mayor calibre, a priori, que el FC Andorra, pero tanto el Ceuta como el propio entrenador de la UD Las Palmas, Rubén de la Barrera esperan que el equipo caballa no sea el mismo de la jornada pasada.
Por parte canaria, los amarillos sacaron tres punto en su estreno en su casa. El equipo ‘pío pío’ hizo gala de resistencia y se llevó el gato al agua en los últimos minutos. Jesé adelantó a los canarios y San Bartolomé empató para el Albacete. El tanto decisivo lo hizo Sandro Ramírez en el minuto 93, dejando los puntos en las islas.
Partido con un nuevo fichaje, Adrián Lapeña
Este partido llega con una nueva incorporación, Adrián Lapeña. El central procedente del CSKA Sofía estará en convocatoria “pues tampoco hay mucho más dónde elegir”, destacó Romero, ya que apenas lleva dos entrenos con el club. Puede que debute, pero ni mucho menos, según el míster, será titular en la contienda en el Alfonso Murube.
También, en las horas previas al choque, se anunció el fichaje de Mawuli Mensah, que durante la rueda de prensa ya estaba firmado pero que se anunció poco después, por eso mismo Romero no pudo especificar si el ghanés estará o no en la convocatoria.
Aun así, la plantilla necesita flecos por poner, pero llega un equipo que quiere dar todo frente a u afición y brindarle una victoria que es más que importante.
Llamamiento para llenar el Alfonso Murube
La afición sabe que ganar este partido es muy importante, pero más dar voz a la situación de la ciudad autónoma con la invasión. Por eso, aprovechando la magnitud del fútbol y su altavoz, la afición quiere hacer un llamamiento para que el estadio reivindique la españolidad de Ceuta bajo el lema “Ceuta no se vende, Ceuta se defiende”.
La iniciativa de la afición es clara: “inundemos el Murube de banderas de España y de Ceuta, ya que la televisión quiso ocultar la pancarta”. La afición quiere que el estadio luzca como si fuera a jugar la propia Selección Española.
La afición, a través de sus medios, difunde un llamamiento, primero, para llenar el estadio, y segundo, para que quede constancia del sentimiento de una ciudad que no va a parar de reivindicar su indignación, preocupación, dolor y angustia, pero también su amor intenso por su casa, por su Ceuta.
El fútbol, la temporada pasada, fue un digno embajador de la ciudad, cambiando la imagen para muchos peninsulares que no tuvieron el gusto de adentrarse a conocerla antes. Ahora, con una situación distinta, el fútbol debe ser el heraldo de las preocupaciones vitales de un pueblo herido y cada día más abandonado.
La UD Las Palmas, desmarcada de la reivindicación
Según ha podido saber ‘El Faro de Ceuta’, la AD Ceuta saldrá al campo con una camiseta con el lema ‘Ceuta no se vende, Ceuta se defiende’. El rival apalabró salir con las mismas camisetas, pero a última hora se echaron hacia atrás.
La razón de este rechazo es del todo desconocida, aunque la teoría más asentada es por miedo a posibles represalias por parte de Marruecos, teniendo en cuenta que la expedición de la UD Las Palmas viajará de regreso a la isla por vía aeropuerto en Tánger. La misma forma por la que llegará a Ceuta para disputar este partido.
En cualquier caso, esta postura no ha sentado nada bien ni en el entorno de la AD Ceuta ni entre la afición caballa, que ha criticado la falta de solidaridad del equipo canario, incluso ha levantado críticas en el propio equipo canario. Y es que el rechazo de la UD Las Palmas a participar en esta iniciativa no es simplemente cuestión de ponerse o no una camiseta. Es darle la espalda a una oportunidad ideal para visibilizar una situación que afecta directamente a miles de personas.
Mensaje made in Marlaska: “Ninguna persona que pretenda entrar irregularmente en Ceuta se va a quedar, ninguno va a ser regularizado”. El ministro del Interior ha repetido hasta la saciedad esta frase imposible de cumplir si no se ponen los medios suficientes. Y de momento eso no se está haciendo.
Hasta este mismo miércoles y desde que se produjo la entrada masiva del 30 de julio, se han tramitado 252 expedientes de devolución, una media de 18 al día descontando los fines de semana y festivos.
Es un auténtico embudo, un enredo que hace que el sistema no funcione como debe ante la falta de un plan de envergadura con refuerzos para acelerar la maquinaria policial.
Unos números y unas cuentas que están bien alejadas de ese mensaje del ministro del Interior y de esa búsqueda de la normalidad comprometida por el Gobierno en un tiempo más o menos cercano.
Fernando Grande-Marlaska habló también de refuerzos, existió un compromiso público para fortalecer el área de Extranjería, pero la realidad del día a día, lo que se puede contar y enumerar, está bien alejada de lograr una cierta normalidad en un tiempo relativamente corto.
Tiempos imposibles de cumplir
Lo decía el histórico jefe de la UCRIF, Ramón Caudevilla, a este periódico. “Sacar a estas personas de Ceuta va a costar mucho tiempo”. Palabras que van cobrando fuerza conforme pasan los días y el ritmo de tramitación de expedientes es irrisorio.
“Si son 20 al día, 6 días a la semana, vamos a poner que se trabaja los sábados, son 120 a la semana de expedientes expulsión. ¿Cuánto hace falta para hacer 1.000 expedientes de expulsión? ¿Cuántas semanas? Nueve semanas para hacer 1.000 expedientes de expulsión. ¿Cuántos expedientes de expulsión se pueden hacer? 2.000. Subsaharianos dicen que hay 1.500. Pues ya tienes ahí 15 semanas para hacer 1.500 expedientes”, explicaba Caudevilla sin faltarle razón.
“Ceuta no puede aguantar un año en esta situación”, apostillaba esta misma semana el presidente Juan Vivas en una rueda de prensa.
“El Estado tiene capacidades para poner medios suficientes para que esa cifra sea acorde con la exigencia. Ceuta no puede vivir en este permanente estado de angustia, necesita la normalidad, la Ceuta de hace 21 días”, ha recalcado molesto ante los presentes.
El círculo de los recursos
Detrás de cada expediente de devolución hay plazos judiciales que no hacen sino extender en el tiempo la firmeza de la decisión adoptada.
Entra en juego el periodo de los recursos hasta que se llegue al TSJA. El paso del tiempo no hace sino complicar más una situación que solo ha sido enmendada en parte por los retornos voluntarios. Siguen produciéndose, pero en un goteo que transforma la gestión de la crisis en labor complicada.
Por no saber, ni siquiera se tienen datos sobre las personas que realmente entraron, tampoco de quiénes son, hasta el punto de que ha sido gracias a una identificación como se ha sabido, por ejemplo, de la existencia de detenidos con antecedentes por causas graves o con órdenes de expulsión en vigor.
En unos días veremos mochilas por Ceuta, autobuses mañaneros repletos de chicos y chicas hacia los colegios, padres y madres acompañando a sus hijos, colas en las librerías, los nervios de los pequeños que se iniciarán en el universo de la enseñanza, los adolescentes que dejan el cole para empezar en el instituto. Para mí, como para tantos docentes, el año comienza el 1 de septiembre y termina el 30 de junio.
Para que todo empiece a rodar debemos ser conscientes de la cantidad de trabajo invisible, imperceptible por todos los que no trabajan en la enseñanza: matrículas, becas, organización de comedores escolares, destinos de los profesores que se incorporan a sus centros, inspectores, Directores y Jefes de Estudios haciendo encaje de bolillos con horarios, grupos, distribución de alumnos por aula, reuniones con el profesorado, nombrar coordinadores en distintas áreas; en definitiva, esperar a que » comience esta aventura de la educación. Siempre es el reto de dar armas de construcción masiva como la cultura, la libertad, la independencia, el saber y el aprender qué vamos a aportar a la sociedad y cómo nos integraremos en ella. Conozco a Cristóbal Guzmán, Luís Caracena y Arancha ( Delegado provincial, Jefe de programa y Secretaria) y, sé que en este año académico tan incierto y complicado, sus decisiones, la situación a la que se van a enfrentar y con la que tendrán que lidiar por las circunstancia de la migración masiva: cambios de planes según se vayan produciendo los acontecimientos y las órdenes que vengan desde el Ministerio…todo lo que uno se pueda imaginar será poco. Se enfrentarán a un triple salto mortal que se mirará con lupa por partidos políticos, FAMPA, sindicatos medios de comunicación y la sociedad en general.
Habrá que escolarizar a menores no acompañados, buscar espacios, doblar turnos en los centros, nombrar a más profesores, habilitar comedores para que el derecho a la educación sea universal con los chicos y chicas que debemos tutelar.
Llegarán las protestas, los padres que se nieguen en un principio a llevar a sus hijos a los colegios, los que exigirán un cambio de Centro por cualquier motivo, los que pondrán el grito en el cielo si su hijo no se adapta a la nueva situación por los motivos que sean. A las puertas de la Dirección Provincial presenciaremos más de una concentración, más de un grito de protesta, más buscar culpables, más poner las cosas peor de lo que están.
Si los que nos dedicamos a estos menesteres no apoyamos desde la base, todo está perdido y el engranaje dejará de funcionar en cualquier momento.
La primera tarea será que todos: alumnos, profesores, políticos, sindicatos y padres vayamos en la misma dirección y rememos juntos. Es imprescindible diseñar una pedagogía en las aulas para asimilar lo que está sucediendo. El curso 2026/ 2027 tiene que llegar a buen puerto, pese a resistir tormentas, vientos y tempestades. No olvidar que todos vamos en el mismo barco y el naufragio no nos lleva a ninguna parte.
Apoyémonos, trabajemos juntos, demos lo mejor. Es nuestro deber y el derecho fundamental a la educación; lo demás es harina de otro costal.
De todo lo que voy a ir contando ya tiene conocimiento Nabila Benzina, responsable política de la Consejería de Sanidad.
Hace más de un mes, una cuidadora de colonias felinas puso en conocimiento de Sanidad Animal que, por motivos personales, le es imposible seguir cuidando de las colonias que están ubicadas en la parte delantera y trasera del Parque Marítimo del Mediterráneo.
Esta cuidadora, diariamente y desde hace más de 7 años, les pone de comer, limpia la zona, limpia y llena los cacharros de agua, etc., a dichas colonias.
La notificación de que no puede seguir haciéndose cargo de la alimentación y el cuidado de las colonias fue cursada mediante un escrito, presentado en el Registro de la Ciudad y dirigido a Sanidad Animal.
Tanto los técnicos de Sanidad Animal como la consejera, Nabila Benzina, tienen conocimiento de esta situación desde hace más de un mes.
Lo normal, atendiendo a lo que dice la Ley 7/2023, de protección de los animales, es que, al estar los ayuntamientos obligados a gestionar las colonias felinas de su municipio, Sanidad Animal se haga cargo de esta situación.
En el caso de que Sanidad Animal no tenga concertado con ninguna protectora la prestación de este tipo de servicios, lo que debería hacer es llegar a un acuerdo con la única protectora de gatos que tenemos en la ciudad para que se haga cargo de esta labor.
Lógicamente, este servicio tendría que ser compensado económicamente para que la protectora pueda comprar más comida y hacer frente al coste del trabajador o de lo que necesite para llevar a cabo esta tarea.
Hay que tener en cuenta que, entre la colonia que se alimenta en la parte delantera del Parque Marítimo y la de la parte trasera, hay más de 30 gatos.
Esperemos que, en breve, Nabila Benzina, como máxima responsable de Sanidad Animal, dé una solución a esta situación.
Recordemos que en la Península pasó algo parecido y un juez sentenció al Ayuntamiento a hacerse cargo de la colonia.
De todas las imágenes que se han compartido estos días en las redes sociales hay una, en principio insustancial, que me ha hecho pensar. Se trata de una fotografía de los años sesenta en la que aparece un joven legionario, “despecheretado” y apoyado en su arma reglamentaria, que posa delante de las alambradas que sirvieron de frontera entre Ceuta y Marruecos. En el comentario que acompaña a la referida fotografía se dice que hace unas décadas unos pocos y valientes legionarios eran suficientes para proteger el territorio ceutí. En aquellos tiempos, no tan lejanos en términos históricos, nadie se planteaba en Marruecos abandonar su país para entrar de manera ilegal en España. Los habitantes a uno y otro lado de la alambrada entraban y salían en ambas direcciones con relativa permisividad.
El incremento en los flujos migratorios entre África y Europa se hizo patente entre los años 1990 y 2000. Así, a finales de los años noventa se levantó la doble valla perimetral para impedir el paso irregular de inmigrantes que deseaban alcanzar la próspera Europa y en el 2000 se creó e inauguró el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI), que cuenta con una capacidad oficial de 512 plazas. En los primeros años, los intentos de entrada en Ceuta fueron por mar en patera y por tierra por el arroyo de las Bombas. Durante estos años que median entre finales del siglo XX y principios del XXI, los medios desplegados demostraron su eficacia. Sin embargo, pronto se hicieron evidentes los puntos débiles del cierre fronterizo de Ceuta. El más claro era y es el espigón localizado en la playa del Tarajal. Con el paso del tiempo y la acción del oleaje, el espigón quedó en un saliente testimonial que podía fácilmente superarse, incluso andando por el arenal durante la bajamar.
Consciente de la posibilidad de acceder a Ceuta sin gran dificultad, unas doscientas personas de origen subsahariano intentaron entrar a nado en nuestra ciudad. Aquel día 6 de febrero de 2014 fallecieron ahogadas entre catorce y quince personas. Tras esta tragedia se abrió una investigación judicial para determinar la responsabilidad de la Guardia Civil en estas muertes debido al uso de material antidisturbios. El caso se ha abierto y cerrado en varias ocasiones y ahora se encuentra en el Tribunal Constitucional tras admitir un recurso de amparo contra el archivo de la causa abierta contra los guardias civiles que repelieron la entrada de inmigrantes en Ceuta en el año 2014. Desde aquel año, la Asociación Unificada de la Guardia Civil (AUGC) no ha dejado de reclamar la ampliación de los espigones del Tarajal y Benzú, el refuerzo de personal permanente y, sobre todo, el establecimiento de normas claras sobre cómo actuar ante intentos de entrada masivos en el medio acuático. Estas sensatas reclamaciones de la AUGC no se han llegado a atender, a pesar de la entrada masiva de inmigrantes que sufrimos en Ceuta en el año 2021. Desde luego, el gobierno de España debería dar explicaciones de la pasividad que han demostrado en estos años, cuya consecuencia la estamos experimentando en nuestra ciudad desde hace más de veinte días.
Hecha esta breve anotación histórica, quisiéramos exponer en este artículo un análisis más profundo sobre las causas del incremento de la presión migratoria sobre Ceuta. Un primer comentario que conviene hacer es el salto cualitativo que han supuesto las crisis migratorias de 2021 y 2026, esta última aún en curso. Hasta el año 2021, la mayoría de los migrantes eran de origen subsahariano, pero en la del referido año, quienes protagonizaron la entrada masiva en Ceuta fueron marroquíes. Lo hicieron, como quedó acreditado por las declaraciones de altos representantes del gobierno de Marruecos, alentados por máximos responsables de su país en el contexto del conflicto diplomático por el Sáhara Occidental. En esta ocasión que estamos viviendo ahora, todavía no se ha podido acreditar que el gobierno de Marruecos esté detrás de su organización, pero es evidente que no actuaron para impedir la invasión de Ceuta. Aunque nos duela decirlo, lo sucedido entre los días 30 y 31 de julio tiene otro claro responsable, igualmente por omisión: el gobierno de España. Tampoco se enteraron de lo que estaba cociéndose en Marruecos y, si se lo advirtieron los servicios de información, no se lo tomaron en serio, quizá por un exceso de confianza en nuestros vecinos del sur, después de haberles apoyado en sus reivindicaciones territoriales sobre el Sáhara Occidental. Lo peor de todo, y lo que no tiene defensa alguna, es que tras la invasión del 2021 desoyeron las lógicas demandas de la AUGC para proteger las fronteras de Ceuta, entre ellas la reconstrucción del espigón del Tarajal y la dotación de medios humanos suficientes para repeler una nueva entrada masiva en Ceuta.
La falta de unas adecuadas defensas físicas del perímetro fronterizo, y de un marco jurídico adaptado a un nuevo modelo de presión migratoria masiva, nos ha dejado en una situación de vulnerabilidad frente a Marruecos. Ambas medidas requieren tiempo, del que el gobierno de España y la Unión Europea han dispuesto en el último quinquenio, pero que han desaprovechado, dejándonos en una situación de total indefensión. Es hora de ponerse las pilas y no perder ni un minuto en acabar con los puntos vulnerables de las fronteras terrestres y marítimas de Ceuta y Melilla, así como en abordar la revisión, en profundidad, de las leyes relacionadas con la inmigración. Tenemos que estar preparados ante previsibles nuevas embestidas contra la soberanía de ambas ciudades norteafricanas.
Ceuta y Melilla se encuentran junto a un polvorín social a punto de explotar. Los primeros estallidos se registraron durante la llamada Primavera Árabe y, en fechas más próximas, en las protestas juveniles lideradas por la denominada Generación Z que tuvieron lugar a finales de septiembre del año 2025. Las movilizaciones fueron coordinadas de forma anónima en las redes sociales con mensajes tan elocuentes como “no queremos mundial, queremos sanidad” y demandas de profundas reformas económicas, políticas y sociales, como la construcción de centros educativos, acceso a la salud pública o acciones decididas del gobierno marroquí para reducir el galopante desempleo juvenil, que ha llegado a rozar el 50% en ciertos trimestres.
Al mismo tiempo que el rey Mohamed VI declaraba -en su tradicional mensaje a la nación durante la Fiesta del Trono-, que era motivo de orgullo y satisfacción la seguridad, estabilidad y eficiencia de las instituciones del Estado marroquí, por lo que era reconocido y admirado por la comunidad internacional, ciento cuarenta y una personas se ahogan en la playa del Tarajal y cerca de ochenta mil de sus súbditos huían de su país para encontrar un futuro en España. La realidad dejaba en evidencia las palabras del monarca alauita. Esto no es óbice para dejar de reconocer el fuerte crecimiento de la economía marroquí y la mejora en sus infraestructuras de transporte. El problema es que la riqueza acumulada en estos años no se ha redistribuido de manera adecuada ni se ha invertido en la mejora de los servicios sanitarios, educativos, en la creación de empleo o en el incremento de la renta de los ciudadanos marroquíes. Puede que con el tiempo estos cambios lleguen a Marruecos y a otros países en vías de desarrollo, pero los integrantes de la generación Z se han cansado de esperar y han pasado a la acción coordinados mediante las redes sociales. Como ha declarado unos jóvenes marroquíes que ha entrado en Ceuta, “o muero en el intento, o me hago rico”.
La desesperación de los jóvenes inmigrantes es más que patente. Quieren tener una oportunidad de alcanzar el sueño de convertirse en personajes ricos y célebres como Lamine Yamal, hijo de un inmigrante marroquí y una guineana. Otros, menos ambiciosos, se conforman con encontrar un trabajo que les permita vivir con dignidad y disfrutar de las prestaciones sanitarias, educativas y sociales de un país avanzado como el nuestro, donde se respetan los derechos humanos y la libertad individual. Admiran a España y a sus logros internacionales, como el reciente mundial de fútbol. Esta admiración lleva a los jóvenes inmigrantes a idealizar a nuestro país, cuando la realidad no es tan boyante.
El paro juvenil en España afecta a cerca de uno de cada cuatro menores de 25 años, con tasas que rondan el 24% y el 25% según registros oficiales del Instituto Nacional de Estadística. España se mantiene de forma reiterada a la cabeza de la Unión Europea y de la OCDE en este indicador de desempleo entre los más jóvenes. En términos generales, la situación de los jóvenes en España es insostenible. Tal y como recoge el Informe Juventud en España 2024, “la edad media de emancipación se sitúa en los 30,4 años; un 56,6 % de los hogares jóvenes reside en régimen de alquiler y más de la mitad se encuentra en situación de sobreesfuerzo económico para poder pagarlo”. Los jóvenes reciben unos salarios “que no se ajustan al nivel de vida y una oferta laboral escasamente adaptada a su alta cualificación”. La precariedad laboral de los jóvenes españoles está repercutiendo en su salud mental. La tasa de problemas psicológicos “en el grupo de 15 a 34 años ha crecido un 590 % en la última década, situándose por encima de la media del resto de la población adulta. Un 41,4 % de las personas jóvenes con riesgo alto de comportamiento suicida nunca ha acudido a un profesional”.
El modo de vida occidental, que tanto atrae a los jóvenes de Marruecos y de otros países africanos, resulta insostenible en términos ambientales, económicos y sociales y, lo que es peor, insatisfactorio y decadente desde el punto de vista humano. Nuestra “exitosa” economía es el resultado de “La Gran Transformación” (título de la obra cumbre de Karl Polanyi) del sistema económico en el siglo XVIII que separó la economía de las relaciones humanas tradicionales. El “desincustramiento” de la actividad económica de las relaciones sociales, religiosas y comunitarias ha trastocado las sociedades tradicionales y mercantilizado elementos fundamentales para el equilibrio social, como el trabajo, la tierra y el dinero.
En Marruecos aún perduran pueblos y grupos humanos enraizados en su tierra, autosuficientes en la provisión de alimentos básicos, con sistemas económicos equilibrados e informales, grupos cohesionados basados en el apoyo mutuo y respetuosos con sus tradiciones religiosas y culturales. Viven de manera frugal y sencilla, con la vista puesta en la naturaleza, de la que dependen, y con agradecimiento a Dios. Este tipo de vida, similar a la que hace un par de generaciones caracterizaba a España, es a la que debemos mirar para superar la crisis multidimensional que amenaza a la humanidad. Por supuesto, esto no implica que renunciemos a los avances educativos, sanitarios y sociales que hemos alcanzado y que han mejorado las condiciones de vida. A lo que tenemos que renunciar es a la destrucción de la naturaleza, a la mercantilización del trabajo y al consumismo. Si no lo hacemos, la degradación del ser humano será cada vez más profunda y no habrá frontera capaz de detener la avalancha de infelices que aspiran a acceder a un infierno existencial disfrazado de paraíso.
Ceuta ha demostrado durante los últimos años que su singularidad fiscal puede convertirse en una extraordinaria ventaja económica.
La transformación experimentada alrededor del juego online es probablemente el mejor ejemplo. Una combinación inteligente de fiscalidad diferencial, adaptación normativa, seguridad jurídica y colaboración entre las instituciones y la iniciativa privada permitió atraer a un sector que apenas tenía presencia en la ciudad y convertirlo, en pocos años, en una parte significativa de su economía. Los resultados hablan por sí solos: más del 55 % de las licencias de juego online que operan en España se han establecido en Ceuta y el sector genera ya más de 1.200 empleos directos en la ciudad.
Es difícil discutir el éxito de esa estrategia.
Pero precisamente su éxito debería servirnos para extraer una enseñanza más amplia: Ceuta puede transformar sus singularidades en ventajas competitivas. La fiscalidad es una de ellas. Sin embargo, tiene un condicionante importante: su ventaja no pertenece exclusivamente a Ceuta. Una ventaja fiscal existe mientras la diferencia respecto de otras jurisdicciones sea suficientemente atractiva. Depende de normas, decisiones políticas, marcos regulatorios nacionales y europeos y, también, de las decisiones que adopten otros territorios competidores.
Es una herramienta extraordinariamente útil para atraer actividad económica. Pero es, por su propia naturaleza, una ventaja relativa.
Existe, sin embargo, otra ventaja mucho más difícil de replicar, modificar o eliminar. No está escrita en ninguna ley ni depende de una bonificación. Basta mirar un mapa. Su geografía.
Ceuta ocupa una posición que ninguna decisión administrativa puede trasladar a otro lugar. Está en África y pertenece a Europa. Se encuentra en una de las dos puertas del Mediterráneo, frente a Gibraltar, junto a Marruecos y en uno de los corredores marítimos más importantes del planeta. Eso no es una bonificación. No caduca. No depende de que otra jurisdicción decida mañana reducir un impuesto.
Está ahí.
Y por eso ha llegado el momento de preguntarnos qué actividades económicas, científicas y tecnológicas pueden desarrollarse alrededor de esa posición de una manera especialmente eficiente desde Ceuta. Hasta ahora hemos demostrado que sabemos responder a una: ¿Qué podemos ofrecer para que una empresa quiera instalarse en Ceuta?
El siguiente paso debería ser más ambicioso: ¿Qué podemos construir para que determinadas empresas necesiten estar en Ceuta?
La diferencia entre ambas preguntas es importante.
El Estrecho y el Mediterráneo ofrecen algunas respuestas ante nuestros ojos: Tecnologías marinas autónomas, observación oceanográfica, comunicaciones submarinas, protección de infraestructuras críticas, inteligencia marítima, robótica, logística, investigación científica, gestión ambiental, nuevos sistemas de navegación o explotación avanzada de datos son actividades en las que la posición geográfica deja de ser una limitación periférica para convertirse precisamente en el principal activo.
Y alrededor de ellas pueden confluir universidad, empresa, Administración, investigación y financiación europea.
No se trataría de abandonar la estrategia que ha funcionado. Todo lo contrario… se trataría de evolucionarla. La fiscalidad puede seguir siendo una magnífica herramienta transversal para facilitar que las empresas se instalen, crezcan y generen empleo. Pero quizá no debería ser siempre la razón fundamental por la que vienen, porque la combinación de ambas singularidades puede resultar mucho más poderosa que cualquiera de ellas por separado.
Si la geografía nos ayuda a identificar aquellas actividades en las que Ceuta posee una ventaja natural y la fiscalidad facilita que las empresas que las desarrollan se establezcan aquí, estaremos convirtiendo un incentivo económico en una verdadera estrategia de especialización.
Porque existe una diferencia enorme entre ofrecer mejores condiciones para desarrollar desde Ceuta una actividad que podría realizarse prácticamente desde cualquier lugar, y construir actividades cuyo valor aumente precisamente porque se desarrollan desde aquí.
El éxito del juego online demostró hasta dónde puede llegar esta ciudad cuando identifica una singularidad y sabe explotarla: el sector representa ya alrededor del 12 % del PIB de Ceuta. No es una cifra menor. Es la demostración de que una decisión estratégica puede transformar una economía.
Ahora podemos dar un paso más.
La fiscalidad puede conseguir que una empresa quiera estar en Ceuta. La geografía puede conseguir que necesite estar en Ceuta.
Y esa segunda singularidad lleva cientos de años esperando delante de nosotros.
En las grandes crisis hay que ser transparente. Hay que dialogar, informar al ciudadano, contarle todo lo que se va a hacer. Más aún si ese ciudadano está enfadado, hundido, cansado y harto. Simplemente porque importa, simplemente porque ahora más que nunca existe la obligación de cumplir con Ceuta y detallar una hoja de ruta clara que todos conozcamos. Es nuestra tierra, qué menos que saber cómo va a obrar el Gobierno ante tamaño despropósito después de producirse una auténtica invasión de la que, por cierto, bien poco sabemos. El Gobierno de la Nación debe tener una única prioridad con Ceuta: lograr que vuelva a estar como antes del 30 de julio. No hay otra. Para ello debe invertir todas sus fuerzas en que Ceuta deje de ser extraña para su propia gente y tiene la obligación de hacerlo respetando a los ciudadanos. No hay pausa, tampoco tiempo que perder, debe hacerlo ya por obligación. No vale que cada ministro escenifique su particular complejo de loro para repetir que Ceuta importa, que están con Ceuta, que van a salvar a Ceuta. Deben actuar, y ya están llegando tarde. Hablar y hablar de nada sirve. Las consecuencias de la inacción pueden ser brutales para la ciudad, para sus gentes, su presente y su futuro. Ceuta se merece un respeto. Y respeto significa información, respeto significa diálogo, no estar permanentemente jugando al gato y al ratón. Respeto significa todo lo contrario a ir avasallando al personal, porque aquí hay que tomar decisiones explicándolas antes, hay que evitar las sorpresas con un pueblo que está hasta las narices de ser pisoteado y ninguneado, hay que comunicarle lo que se va a hacer y por qué. Lo que está sucediendo en Ceuta no es una broma, ni una crisis que se despache nombrando a un ministro coordinador. Que está bien tenerlo, sí, pero, ¿qué va a coordinar si ni siquiera saben cómo van a sacar a esta ciudad del pozo? Uno coordina cuando hay ideas claras, cuando se cuentan verdades y cuando se tiene el firme propósito de sacar a Ceuta de este abismo contando a su ciudadanía qué pasos se van a dar y, lo más importante, por qué se produjo esta auténtica invasión. No valen las calladas como respuesta, no vale seguir paseando ministros como si esto fuera un desfile. El Gobierno tiene todos los recursos para, primero, contar qué es lo que se quebró ese 30 de julio para que en Marruecos ni existiera frontera, ni control, ni ganas de cumplir con su deber. Segundo, para decirnos realmente qué quieren hacer con los miles y miles de marroquíes que están en calles y barrios: ¿expulsarlos?, ¿acogerlos?, ¿de cuánto tiempo estamos hablando cuando se cita la acogida temporal?, ¿cómo es posible que no se hayan acordado los refuerzos suficientes como para que Ceuta empiece a ser un territorio más cerca de lo normal que de lo extraño?, ¿qué está haciendo la Policía?, ¿dónde están los refuerzos para agilizar los trámites de identificación?, ¿sabemos qué personas han entrado, dónde se encuentran?, ¿alguien ha hecho un registro de huellas? Los ciudadanos están cansados de que se les tome el pelo en un momento en el que se debe hablar claro, sin tapujos ni medias tintas. Ceuta necesita escuchar a un Gobierno que le trate con respeto, que no mienta (eso es lo que significa prometer y no cumplir), que coja el toro por los cuernos para que la gente pierda el miedo, para que vuelva a convivir, para que no empiece a ser normal eso de hablar de “los unos y los otros”. Día tras día la población caballa aspira a olvidar esto. La falta de respuesta ágil y efectiva no hace sino provocar más caos y mayor pesar en la gente. Que se hable de nosotros está bien, pero mejor sería que actuaran. Y ya.
Me llamo Lucía Cerdeira Argüelles. Sí, soy la asesora del Grupo Parlamentario Socialista de Ceuta cuyo cese ha merecido estos días algún espacio en prensa.
Y voy a empezar dejando clara una diferencia, yo doy la cara.
Este artículo lleva mi nombre y mis apellidos. Lo escribo, lo firmo y respondo por cada palabra.
No necesito esconderme detrás de esas socorridas “fuentes internas”, ese personaje misterioso que nunca tiene nombre ni apellidos, pero que siempre aparece para contar la versión que a alguien le interesa colocar.
Yo funciono de otra manera.
«Si tengo algo que decir, lo digo yo. Y si tengo algo que decir de alguien, pongo mi nombre debajo.»
Aunque reconozco que quizá yo parto con cierta desventaja. No tengo en mi entorno a nadie con intereses e influencia en medios de comunicación locales. Tendré que conformarme con algo bastante menos sofisticado: escribir yo misma lo que pienso y poner mi nombre debajo.
Ahora sí, hablemos.
Curiosamente, al presentarme parece haberse extraviado algún dato por el camino. Así que aprovecho para completar el currículum: soy graduada en Derecho por la Universidad de Granada, Máster de Acceso a la Abogacía y Procura y actualmente, abogada.
«Si tengo algo que decir, lo digo yo. Y si tengo algo que decir de alguien, pongo mi nombre debajo»
Lo aclaro porque, leyendo determinadas informaciones, cualquiera podría pensar que llegué al Grupo Parlamentario como quien aparece una mañana por la puerta y se sienta en una mesa que estaba libre.
Pero ya que otros han decidido explicar públicamente quién era yo y qué hacía allí, quizá sea buen momento para contar qué encontré cuando llegué.
Cuando llegué me encontré un Grupo profundamente desestructurado. Y cometí, por lo visto, mi primer error: ponerme a trabajar.
Pregunté. Estudié expedientes. Pedí documentación. Preparé solicitudes de información. Analicé contratos. Busqué antecedentes. Redacté propuestas e interpelaciones. Intenté que detrás de cada intervención política hubiera un expediente estudiado y detrás de cada acusación, un documento que pudiera sostenerla.
En definitiva, hice algo bastante extravagante para determinados usos y costumbres, ejercer el trabajo para el que se me había contratado.
Y ahí empezaron los problemas.
También descubrí una curiosa concepción del trabajo parlamentario. Ser diputado no consiste solamente en firmar artículos de opinión, aparecer en fotografías o ponerse delante de un micrófono. Implica estudiar, fiscalizar, preguntar, proponer y controlar al Gobierno.
Durante estos meses preparé trabajos que posteriormente otros leían públicamente. No tengo ningún problema con ello. Era mi trabajo.
Lo curioso es que ahora quienes se beneficiaron de ese trabajo puedan cuestionar mi profesionalidad mientras olvidan quién elaboraba buena parte de aquello que después defendían como propio.
Trabajar, por ejemplo, fiscalizando lo que hacen las empresas municipales, donde aprendí otra lección.
Curiosamente, quienes no tenían ningún interés en que preguntara y fiscalizara han terminado encontrando un enorme interés en sentarse dentro de sus consejos de administración.
Eso sí, se han preocupado mucho de aclarar que no cobran.
Qué alivio.
Porque, naturalmente, en política lo único que tiene valor es una nómina. La capacidad de votar, influir y participar en las decisiones de una empresa municipal debe de ser completamente irrelevante.
Para fiscalizar desde fuera, desgana. Para tener voz y voto dentro, entusiasmo repentino.
Y sobre el futuro, no voy a hacer acusaciones ni predicciones. Solo espero que, cuando termine la política, ninguna de esas maravillosas casualidades termine convertida también en una maravillosa oportunidad profesional.
Sería una coincidencia extraordinaria. Otra más.
Durante mi etapa en el Grupo se me pidió expresamente que bajara el tono. Que preguntara menos. Que no insistiera tanto. Que determinadas cuestiones había que tratarlas de otra manera.
Y hubo otro hecho, bastante más ilustrativo.
«Primero, se me pidió que bajara el tono y preguntara menos»
Revisando documentación encontré determinadas facturas relacionadas con una conocida entidad empresarial de la ciudad. Hice exactamente lo que se suponía que debía hacer como asesora de un grupo de la oposición: revisarlas, preguntar y plantear que aquello debía sacarse.
Se me indicó que no era oportuno hacerlo.
Casualmente, porque en esta historia las casualidades empiezan a amontonarse, esa entidad está dirigida por una persona que mantiene una estrecha amistad con el Portavoz.
Los dos hechos son muy sencillos:
Primero, se me pidió que bajara el tono y preguntara menos.
Segundo, cuando encontré aquellas facturas, se me indicó que no era oportuno sacarlas.
Extraordinariamente, no iba, pero tuvieron que pedirme que bajara el ritmo. No preguntaba, pero tuvieron que pedirme que preguntara menos. Y no hacía nada, pero cuando encontré determinadas cosas tuvieron que explicarme que era mejor no sacarlas.
Por cierto, desde que llegué asistí a absolutamente todos los Plenos. A todos. No está mal para alguien que, no aparecía por allí. El vicepresidente del Grupo, en cambio, no puede decir lo mismo. Pero supongo que para echarme de menos a mí primero había que estar.
Pero claro, tiene sus ventajas. Si no hablas, no te equivocas. Si no preguntas, no molestas. Y si no fiscalizas, nadie tiene motivos para preocuparse por ti.
Con Sebastián Guerrero sí tuve relación de trabajo. Y precisamente por eso puedo hablar de mi experiencia.
Sebastián ha insistido estos días en recordar que él es el responsable del personal del Grupo Parlamentario.
Debe de ser una de esas responsabilidades que se ejercen por capítulos.
Porque durante todo el tiempo que estuve allí jamás se puso a mi disposición ni siquiera un ordenador. Cada mañana llevaba el mío de casa para poder trabajar.
Además, en la oficina en la que fui ubicada ni siquiera había una mesa por trabajador. Teníamos que turnarnos para poder sentarnos. Lo trasladamos reiteradamente. Lo pedimos y nunca lo soluciono.
Supongo que existen distintas formas de entender qué significa ser responsable de personal. Una consiste en proporcionar a los trabajadores unos medios dignos y mínimos para desempeñar sus funciones.
Otra, bastante más sencilla, consiste en acordarse de que eres el responsable de personal cuando llega el momento de cesarlos.
Mientras tanto, muchas de las propuestas, interpelaciones, solicitudes de información y análisis que pasaron por el Grupo llevaban detrás horas de mi trabajo.
Algunas prosperaron.
Otras, curiosamente, encontraron frenos.
Una cosa es decir que quieres fiscalizar al Gobierno y otra hacerlo cuando empiezan a aparecer expedientes incómodos.
Quizá ese fue mi segundo error.
En política se habla muchísimo de transparencia hasta que alguien abre de verdad los cajones.
Melchor León y Sebastián Guerrero mantienen hoy un enfrentamiento abierto con la dirección del partido. Y, en medio de esa batalla, alguien decidió que yo pertenecía a un equipo y que, por tanto, había dejado de ser persona de confianza.
Una explicación extraordinariamente cómoda.
Mi cese, sin embargo, no borra las preguntas que hice.
Y tampoco convierte de repente en incompetente a quien hasta el día anterior servía perfectamente para elaborar el trabajo parlamentario que otros firmaban, presentaban y defendían públicamente.
«Mi error fue pensar que, si había mierda debajo, querían que la limpiara»
Durante meses puedes trabajar de sol a sombra y poner tus conocimientos jurídicos al servicio de un Grupo Parlamentario. Pero basta con que cambien las trincheras internas para descubrir que tu verdadera cualificación profesional era, al parecer, pertenecer a un bando.
El problema es que yo estaba allí.
Yo me voy con mi trabajo. Y también con todo lo que vi y pregunté.
Porque cuando llegué al Grupo Parlamentario levanté la alfombra.
Mi error fue pensar que, si había mierda debajo, querían que la limpiara.
Ahora entiendo que quizá lo que molestó fue que levantara la alfombra.
Estoy profundamente orgullosa de mis apellidos. Pero estoy todavía más orgullosa de mi formación, de mi trabajo y de las preguntas que hice cuando habría sido mucho más cómodo callarme.
Es triste que, cuando faltan argumentos para desacreditar el trabajo de una persona, haya que rebuscar en su árbol genealógico para intentar explicar sus méritos.
Se equivocan conmigo.
Porque mi familia nunca me enseñó que un apellido sirviera para abrir puertas. Me enseñó que tenía que ser capaz de abrirlas sola. Me enseñó el valor del esfuerzo, de la ética y, sobre todo, de poder volver a casa cada noche sabiendo que no había tenido que agachar la cabeza ante nadie.
Después estudié Derecho y entendí que aquello que me habían enseñado en casa se llama integridad.
Y la justicia no está en los discursos. Está en lo que hacemos cuando nadie nos mira. En preguntar cuando sería más cómodo callar. En decir que no cuando todo alrededor invita a decir que sí. Y en mantenerte en pie cuando descubres que hacer lo correcto puede costarte el puesto.
Soy de Ceuta. Me fui para formarme y volví porque quería aportar a mi ciudad. Y pienso seguir haciéndolo.
«Hay puestos que se pierden por preguntar demasiado»
Porque podrán cesarme. Podrán intentar manchar mi trabajo. Podrán utilizar mi familia para intentar hacerme más pequeña.
Pero jamás conseguirán que me avergüence de mi apellido.
Gracias a mi familia por enseñarme que un apellido no es un lugar donde esconderse, sino una responsabilidad sobre cómo comportarse cuando las cosas se ponen difíciles.
Y gracias por enseñarme algo que hoy tengo más claro que nunca:
Hay puestos que se pierden por preguntar demasiado.
Hay puertas que se cierran por no deber favores.
Y hay enemigos que son simplemente el precio de no haberse vendido.
Si ese es el precio, lo pago.
Porque los puestos pasan. Los cargos pasan. El poder pasa.
Pero al final, cuando todo eso desaparece, a cada uno solo le queda una cosa: poder mirar atrás y saber quién fue cuando tuvo que elegir.