Dicen que a la tercera va la vencida. En Ceuta y, en concreto, en el Trampolín, quieren que sea a la segunda. Este viernes, la Ciudad ha vuelto a poner en marcha el servicio extraordinario de limpieza para intentar recuperar la zona que antes del 30 de julio era una playa, pero terminó convirtiéndose en otro CETI.
Desde primera hora de la mañana, la Ciudad se ha puesto manos a la obra a petición de la Delegación del Gobierno para retirar todos los restos que hay en los arenales.
Se ha pedido que haya seguridad, si la misma no está garantizada, los operarios se negarán a prestar servicio en esas condiciones. Es lo que sucedió ayer. A las 14.00 horas, la Ciudad retiró el dispositivo de limpieza al no poder proteger a los operarios tras el regreso a la zona de alrededor de 500 personas procedentes del asentamiento.
La orden para el reparto de comidas de Cruz Roja
No volvían para quedarse, sino para buscar enseres. Sí que algunos decidieron colocar una especie de tiendas. Eso ocurría a primera hora de la tarde, después, a Cruz Roja se le ordenó que entregara allí las comidas y la playa volvió a llenarse incongruentemente de personas, muchas marroquíes, que ni se sabía de dónde habían salido.
Cruz Roja no decide por su cuenta dónde dar esas comidas. Recibe la orden y la acata. Ayer esa orden fue que diera las comidas en el Trampolín solo horas después del gran despliegue policial organizado entre UIP y GRS.
Una exhibición de medios que parecía perseguir terminar con la imagen que visualmente más molestaba al Gobierno de la Nación. Se trató de cambiar a las personas de espacios para frenar la postal tercermundista impropia de una playa del verano de 2026.
La Ciudad, de nuevo en la zona
A primera hora de este viernes, la Ciudad ha vuelto a actuar en el Trampolín para después perimetrar la zona.
Acudirá al lugar siempre que se le requiera, porque se teme que a pesar de la limpieza habrá grupos que volverán a los arenales.
Y es que, los desalojos que están llevando a cabo las fuerzas de seguridad son calificados todos de voluntarios, es decir, depende de lo que quiera el inmigrante.
Presencia policial
La Consejería de Medio Ambiente de la Ciudad Autónoma ha confirmado esta mañana que efectivamente ha reanudado el operativo especial de limpieza en la playa del Trampolín, donde aún se encuentran algunos inmigrantes, mediante el uso de recursos manuales y maquinaria especializada para retirar la gran acumulación de residuos, enseres y cañizos.
La jornada cuenta con la presencia de efectivos policiales.
Aunque las labores tuvieron que suspenderse temporalmente el día anterior para garantizar la seguridad de los operarios, el plan se mantendrá activo de forma continua hasta lograr la recuperación ambiental de la playa y restablecer sus condiciones de salubridad y uso público.
¿Y qué pasa con los asentamientos?
La Policía Nacional mantenía apartados a grupos de inmigrantes mientras los operarios llevaban a cabo las labores de limpieza en la playa. Es una mera permanencia mientras limpian, porque la orden que de momento se ha dado es que los traslados que se llevan a cabo sean voluntarios.
Esto se traduce en que, si los inmigrantes quieren permanecer en la zona, no se les puede echar. No hay tantos como en el día en el que se desarrolló el operativo, pero sí permanecen grupos que han optado por seguir allí.
La Ciudad seguirá acudiendo, pero cada vez que lo haga tendrá que estar la Policía Nacional en el lugar.
Finalización de las labores
Pasadas las 14:00 horas de este viernes, la Ciudad Autónoma ha anunciado la finalización oficial de las labores de limpieza en la playa del Trampolín. Sin embargo, el gobierno local ha señalado que, lamentablemente, la zona costera se encuentra nuevamente ocupada tras el regreso de un gran número de personas al lugar.
Ante esta situación, la administración ha querido manifestar su agradecimiento público por el notable esfuerzo y la dedicación demostrada por los servicios de limpieza municipales. Este equipo humano ha trabajado intensamente para tratar de recuperar las condiciones de este entorno playero.
Asimismo, el reconocimiento institucional se ha extendido a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado por su labor de apoyo en la zona. Las autoridades han remarcado que todas estas tareas se han tenido que llevar a cabo en circunstancias especialmente complejas y disponiendo de recursos insuficientes para dar respuesta a un escenario de semejante magnitud.
El discurso de fondo de la crisis migratoria en Ceuta no puede interpretarse meramente desde la óptica de un fenómeno humanitario o fronterizo. Y es que en nuestros días, los flujos migratorios se han convertido en un mecanismo de presión geopolítica sobre el Reino de España y la Unión Europea (UE), aunque ya otros lo denominan chantaje geopolítico. Ceuta, es un enclave español emplazado en el Norte de África a tan solo veinte kilómetros del sur de la Península y junto a Melilla, el otro enclave autónomo en límite con el Reino de Marruecos, son determinados en su condición política jurídica internacional, como territorios patrios de España. Además, ambas localidades se encuentran dotadas de plena soberanía y por ende, con rehúso a ser reconocidas en algún estatus colonial. Al igual, que regiones que son parte exclusiva de la UE, convertidas en la única periferia comunitaria en el continente africano. Aun así, ambos territorios no se encuentran relacionados en el catálogo de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) como espacios geográficos irresueltos de descolonización. Hay que recordar que en el año 1975, Marruecos, al mismo tiempo que ocupaba la circunscripción del Sáhara Occidental, actual República Árabe Saharaui Democrática (RASD), requirió expresamente al Comité de Descolonización de la ONU, la aceptación de Ceuta y Melilla en el cuadro de territorios pendientes de descolonizar. No obstante, el organismo denegó la petición y no tomó ninguna resolución al respecto. En cambio, sí lo hizo con la zona del pueblo saharaui y con parte del área dominada, colonizada y su conjunto poblacional oprimido al quebrantamiento de sus derechos humanos. Ha de quedar claro de una vez por todas, que España practica su dominio sobre Melilla desde 1497 y sobre Ceuta desde 1580, respectivamente. Esta última, es una superficie de diecinueve kilómetros cuadrados heredado de Portugal y refrendado en el Tratado de Lisboa de 1668. Se sabe que Marruecos no contempla la soberanía española y sostiene que estas ciudades son plazas ocupadas, basándose en los criterios de la adyacencia territorial o conexión física y la integridad territorial. Asimismo, Ceuta y Melilla poseen estructura general de contención mediante vallas fronterizas con barreras que por aquel entonces, quedaron provistas de concertinas, alambres equipados con cuchillas dentadas que causaban incisiones profundas, fisuras y desangramiento traumático. Un dispositivo reemplazado a partir de las demandas y querellas de entidades humanitarias, por formas tubulares invertidas en la parte superior, a modo de mecanismo disuasorio que entorpece la sujeción e impide que los individuos trepen. Dicho esto, en el entramado de la gobernanza global, el sumario fronterizo dejó de ser un escueto espacio geográfico delimitado con fines administrativos o políticos, para erigirse en un medio funcional de presión política. Así ocurre con los afanes de una urbe que observa con mirada hambrienta y de ensueño, un mínimo atisbo de entrar en tierra europea en pro de un mayor bienestar. En el Magreb, la parte más occidental del mundo árabe, su política exterior ha afianzado una visión geoestratégica notoriamente encauzada a presionar a España, especialmente y Europa, generalmente, con el asunto migratorio, atajando o estimulando, según interese, el tránsito migratorio rumbo al Viejo Continente. De este modo, Rabat se vale de este procedimiento como una palanca de acción estratégica de negociación. En este panorama incierto, los inmigrantes no son espectros con aspiraciones, ideales y metas, sino sencillamente monedas de cambio. Es más, algunos políticos consideran al pie de la letra que “la dictadura marroquí al servicio de Estados Unidos e Israel, chantajea a España y Europa, convirtiendo a su propia gente en carne de cañón arrojadiza”. Una apreciación que no se introduce de lleno en las políticas de los socios europeos, pues se valen de manera burlesca para sacar tajada de los sucesos sobrevenidos en Ceuta y así aplicar sus políticas taxativas a la inmigración. Como quiera que sea, la monarquía marroquí utiliza igualmente no sólo la vulnerabilidad social de su población, sino también hechos políticos puntuales que apoyan su discurso colonial, como la presión estratégica. Sin ir más lejos, retrocediendo en el tiempo y haciendo un alto en el camino en el año 2021, el secretario general del Frente Polisario y actual presidente de la RASD, Brahim Galli (1949-77 años), fue ingresado en la planta de Oncología del Hospital San Pedro de Logroño entre los días 18 de abril y el 1 de junio de 2021. Lo que desencadenó el enojo de la monarquía alauí que tuvo como desenlace la disminución intencionada de la inspección fronteriza en el perímetro de Ceuta. Y a la postre lo que resultó, de todos es sabido: más de diez mil individuos, de ellos jóvenes y menores de edad de clases vulnerables, franquearon a nado o a pie la barrera fronteriza. Allende de ser un hecho que sobreviene sin causa externa aparente, este tipo de crisis es examinada en numerosas coyunturas por el artificio de Rabat como un revolcón político a la actitud española sobre el Sáhara Occidental, demostrando el ingenio de exteriorizar la integridad de sus ciudadanos como contrapartida de valores diferenciales en clave estratégica. Básicamente, conseguir que España explore las ínfulas de autonomía trenzados por Marruecos y los rugidos por el lobby marroquí del Sáhara Occidental, conforme a los empeños expansionistas de la monarquía alauí y no en base de tolerar los derechos de autodeterminación del pueblo saharaui.
“El chantaje de flexibilizar o propiciar el paso descontrolado de personas a modo de chivos expiatorios en las fronteras para forzar negociaciones geopolíticas, debilita la seguridad exterior y desata crisis humanitarias sin parangón”
Luego, es permisible desenredar en lo puntualizado un par de instrumentos de presión, que inevitablemente constata un régimen que manipula el flujo migratorio, como la marginación de los derechos y bienes básicos de su población e incluso las rencillas entre partidos en Madrid, como un medio de choque, táctica obstructiva e influjo de fuerzas extrarregionales, donde cerrar o abrir el grifo migratorio, amedrenta día y noche al bloque occidental con la política de habilitar el paso de un éxodo migratorio que se haga incontenible. Primero, la válvula migratoria como negocio con la indagación de estímulos económicos para una monarquía que ha limado a la perfección una directriz de limitación a medida y según interese. Donde despliega y pliega cuando quiere, las compuertas de los flujos migratorios según sus requerimientos económicos e imperativos de la élite civil y militar que usurpa el poder en Marruecos. El caso es que Rabat reclama continuamente transferencias millonarias a la Unión, bajo el perpetuo ofrecimiento de incrementar la seguridad fronteriza. Si se apilan los campos de colaboración bilateral del bloque comunitario con la nación magrebí, que aparte de seguridad engloban modificaciones estructurales, transición ecológica y servicios sociales, en los últimos años las subvenciones directas rebasan los mil quinientos millones de euros. A ello ha de incluirse los apoyos de Estados Unidos y el régimen israelí en sus aspiraciones de agrandar su esfera de influencia. Es así, como la inspección migratoria actúa como baza de trueque que permite acorazar tratados de comercio pesqueros, en los que se incumplen los derechos del territorio ocupado, como sucede con los caladeros del Atlántico, utilizados ilegítimamente por Marruecos y buques pesqueros de la UE. Y por si no quedase aquí la cuestión, cuando la justicia europea o las decisiones de Madrid no benefician los intereses financieros del país magrebí, miles de personas son lanzadas a la frontera, por mar o tierra, como meras piezas humanas de un tablero desdibujado de ajedrez. El eje principal es servirse de los miedos recurrentes de una Europa migrante por millones, en un tiempo no muy distante y en este momento convertida en un paraíso que no quiere ser arrollado. Y segundo, he aquí una monarquía que esgrime su proceso de ocupación y colonización del Sáhara Occidental junto al componente de conflicto con la República Argelina Democrática y Popular. En este sentido, el objetivo principal del tacto de Marruecos es conquistar la validación internacional de lo ilícito, usurpando el territorio de un pueblo y mantener a su urbe bajo condiciones denigrantes en los espacios ocupados, mientras otra parte subsiste en situaciones dificultosísimas. La RASD ha sido arrasada metódicamente en sus riquezas naturales, como la pesca y los fosfatos con el consentimiento explícito de actores europeos como Francia y España, vulnerando las resoluciones de la ONU inclinadas a determinar el referéndum de autodeterminación y cumplir los entredichos de desvalijar los recursos de un territorio ocupado. Como igualmente, registrar medidas deshonestas como la surgida en el año 2022, al secundar el proyecto de autonomía marroquí para el territorio saharaui. Comportamiento no casual, sino producto del apercibimiento o advertencia gubernamental abordada con la aludida crisis migratoria de 2021. Un frente de batalla que incluye el antagonismo secular con Argelia por la supremacía territorial. Por su trascendencia, hay que tener en cuenta que Argel, principal distribuidor de gas natural de España y socio tradicional de la RASD, es el rival principal de Marruecos en el Magreb. Lo cierto es que cuando España bucea consolidar o restituir conexiones comerciales, energéticas y estratégicas con Argelia para proteger su suministro de gas, la monarquía marroquí entiende estas operaciones como un desafío a su posición dominante en la zona. De esta manera tan perspicaz, desde Rabat, cada mínima aproximación hispano-argelino encarna una reactivación de las tensiones en los límites fronterizos de Ceuta y Melilla y en los derroteros del Atlántico en dirección a las Islas Canarias. Queda claro, que Rabat utiliza, aplica y asigna agudamente el amago de la manipulación deliberada migratoria, como contrabalanza para desalentar que Madrid amenice sus acuerdos energéticos, o bien defienda la imparcialidad de cara al entresijo magrebí. Incorporemos a lo antes contrastado el ventajismo solapado en pragmatismo, con ocasión de los pronunciamientos discrepantes de España en espacios de reunión como cumbres, congresos, simposios o conferencias, con relación al genocidio contra el Estado de Palestina. Como a su vez, los adjetivados a que Estados Unidos acate el derecho internacional, o el no integrarse a las postulaciones de agresión contra la República Democrática de Irán, que equivalieron a insultos y reproches por parte de Donald Trump (1946-80 años). Al pie de la letra y con pelos y señales, el presidente estadounidense refirió: “España es un aliado terrible en la OTAN. No participa, no paga. No quiero tener nada que ver con España. Corten todo el comercio con España, por favor, incluidas las visitas. No queremos tener nada que ver con ellos. Son mala gente, porque, como saben, todos los demás están pagando y trabajando (…). Hay un par de países más, pero especialmente España”. En este contexto, tanto Washington como Tel Avic, auspiciados sagazmente por Rabat, hacen lo posible por minar la capacidad de proyección de Madrid. Obviamente, originar núcleos de conflicto limítrofe, cerca al Gobierno de España a centralizar su capital político en la resolución de crisis internas e incidencias bilaterales con Rabat y menos en la estrategia global. Este porte de Washington es de igual forma un contrafuerte a los sectores de la ultraderecha con posturas firmes, que tanto en Europa como en América Latina, personifica a sus propios intereses. Llegados a este punto, las decisiones estratégicas y los acuerdos legítimos de Estados soberanos como España o Argelia, se contemplan supeditados frecuentemente por las pretensiones de Rabat, como una política de situaciones irreversibles que no resulta en vano y que cuenta con un sólido amparo de su mejor socio estratégico como es Estados Unidos bajo la administración de Trump. A la luz de este paisaje sombrío hay que agregar el protagonismo sionista israelí en cuantiosos resortes de la nación magrebí. Principalmente, en el campo militar y de seguridad concerniente a la ciencia aplicada de seguimiento y espionaje, control poblacional y adiestramiento de los cuerpos policiales y del ejército. A resultas de los Acuerdos de Abraham (15/IX/2020), Israel estableció canales de comunicación diplomáticos, tecnológicos y de asistencia militar en defensa y ciberseguridad con Marruecos. Véase el muro marroquí en el Sáhara Occidental de más de dos mil setecientos kilómetros construido en los años ochenta, que divide al territorio y separa la zona ocupada de la zona libre controlada por el Frente Polisario.
En definitiva, es una zona militar con búnkeres, vallas y campos de minas para sortear el retorno de los refugiados saharauis al territorio, contando hasta la fecha con el puntal tecnológico sionista. El alineamiento y respaldo incontestable del gobierno norteamericano aferrado desde la segunda investidura de Trump, junto con el sostén del proxy israelí, han proporcionado al régimen alauí una energía potenciada en el territorio. Estos pilares le otorgan a Marruecos relegar, o si acaso, no tomar en cuenta, las resoluciones de la ONU sobre el Sáhara Occidental y las fuentes formales del derecho internacional. En otras palabras: Marruecos, explotando su posición estratégica como punta de lanza en el Norte de África, inflige sus ansias expansionistas subrepticias, contraviniendo los anhelos de autodeterminación del pueblo saharaui. Y simultáneamente, exprime la autonomía política de sus más cercanos europeos. A esta sinergia de correspondencias entre posturas (Marruecos, Estados Unidos e Israel), ha de añadirse a la ultraderecha que de manera vertical y atestada de doblez, empuña los deseos de miles de inmigrantes como método de socavamiento geopolítico. Toda vez, que este sector de corte extremista, en su elocuencia interna fulmina la inmigración irregular. Hasta el punto, de salir airoso del desconcierto fronterizo. Y lo hace intuyendo que erosiona el Gobierno de coalición, apuntando sus objeciones sobre la persona del mismo presidente, nutriendo su agenda electoral hasta sustentarla en la seguridad fronteriza. Y en su razón de ser y triquiñuela oportunista, esta ultraderecha que de nacionalista esconde lo mismo que de respeto a lo que denomina juego democrático, lo que acomete es reforzar el nodo de contactos y acuerdos con Washington y Tel Avic. Podría decirse que concurre una evaluación precisa conjugada de modo transversal por intereses internacionales afines. Por lo tanto, al atenuarse la línea de negociación de España en el Norte de África, Marruecos fortalece su papel como aliado estratégico en seguridad, inteligencia y contención en la región mediterránea, inducido por la tecnología armamentista israelí junto con el financiamiento y los sistemas de defensa norteamericano. A pesar de que la argumentación interna de los sectores ultranacionalistas censuran firmemente en los distintos medios la inmigración irregular, la utilización partidista que definen de la vulnerabilidad fronteriza descorcha una visible e hipócrita paradoja utilitarista. A día de hoy, la continuidad del laberinto migratorio en los enclaves de Ceuta y Melilla es dispuesto por algunas fuerzas políticas como una artimaña de deterioro metódico contra el Gobierno de coalición, dejando a este espectro político encaminar su arremetida discursiva en la figura del presidente del Gobierno. Lejos de formular respuestas estructurales, este entorno de desprotección limítrofe es aprovechado para habilitar y cebar una agenda electoral rigurosamente ajustada en la seguridad. Esta actuación pone de relieve cómo el nacionalismo de este sector flaquea ante menesteres de alineación global. El propósito latente reside en amarrar un soporte de cooperación y aprobación con los núcleos de decisión en Washington y donde Tel Avic se deja ver con más ímpetu. Así se conforma una concreción estratégica identificada por la correlación indirecta de alicientes internacionales que irradia el marco estrictamente doméstico. Evidentemente, al decaer la visión negociadora y la soberanía de España en el Norte de África, Marruecos endurece su peso geopolítico como la contraparte imprescindible en materia de seguridad, inteligencia y contención en el Mediterráneo Occidental. Esta condición de gendarme regional se ve reforzado por el traspaso de tecnología militar y sistemas de defensa israelíes, seguidos del financiamiento y abastecimiento armamentístico americano. La inercia estratégica de discordias territoriales, como es el caso de incitar divisiones sobre Ceuta y Melilla o el Sáhara Occidental, confirma cómo la colaboración entre los gobiernos de Estados Unidos, Israel y Marruecos, hacen valer las tensiones históricas para forzar a los países soberanos que no se alinean con sus designios. Actualmente, las crisis migratorias asiduas cuyo carácter desproporcionado comporta una visible voluntariedad de coacción política, operan como la matriz irregular que incrementa la tríada entre Washington, Tel Avic y Rabat. Este acoplamiento no solo disloca las dinámicas territoriales en el Magreb, además de circunscribir la superficie del Sahel que conlleva la interposición de la República Francesa, sino que se fragua como un desafío pluridimensional de grave amenaza para la arquitectura de seguridad del continente europeo.
“Ha de quedar claro de una vez por todas, que España practica su dominio sobre Melilla desde 1497 y sobre Ceuta desde 1580, esta última heredado de Portugal y refrendado en el Tratado de Lisboa de 1668 y ambos determinados en su condición política jurídica internacional, como territorios patrios de España”
Esta terna concertada es una seria advertencia a la integridad y cohesión interna de los estados europeos. Las imposiciones retratadas a lo largo de esta disertación buscan agrietar los ajustes comunitarios europeos en política exterior, descentrando a esas sociedades entre avalar sin reservas las políticas de Washington y Tel Avic o unirse a ultranza en la defensa de los derechos humanos. Defensa, valga la redundancia, que con ocasión de las vicisitudes irrumpidas en Ceuta, se transgredió y tuvo como alcance el fallecimiento de seres humanos que decidieron adquirir un punto de partida basculante hacia otras regiones geográficas que denotara un salto de vida considerable. Ello, con la convicción de que habían alcanzado el primer escalón que los transfiriera al edén europeo. Hoy, quienes han visto catapultadas sus vidas y son manejados como piezas de un ajedrez geopolítico, se suman a los miles y miles que cada año alargan la cantidad de personas con proyectos malogrados. En consecuencia, los inmigrantes no son solo almas con una historia a las que hay que dar voz. También son y a su pesar, peones en un gran juego diplomático. E incluso, monedas de cambio para intereses económicos y armas arrojadizas en las guerras de poder, donde inevitablemente existe un tejemaneje político y electoral tonificado con una aplicación geopolítica e híbrida. La polarización ideológica donde los partidos utilizan el miedo, los prejuicios o la exageración de datos para acaparar a la sociedad, agita el debate migratorio y con ello culpar al adversario o movilizar bases descontentas, para finalmente condenar a la población extranjera de inconvenientes estructurales complejos, como el desempleo, la inseguridad o la crisis del estado de bienestar. Y en lugar de atender los retos sociales o humanitarios con rigor, gobiernos y partidos políticos usan a los migrantes como una herramienta de presión diplomática o confrontación partidista para obtener rédito electoral o económico. El arma arrojadiza contra la integridad territorial como la acontecida en la Ciudad Autónoma de Ceuta, desenmascara el modus operandi de los flujos migratorios masivos y de sujetos vulnerables como medida de presión política o diplomática entre Estados. Y el chantaje de flexibilizar o propiciar el paso descontrolado de personas a modo de chivos expiatorios en las fronteras para forzar negociaciones geopolíticas, debilita la seguridad exterior y desata crisis humanitarias sin parangón. En los tiempos que corren no es ni mucho menos una utopía, sino una realidad, que este enfoque politizado instrumentaliza la deshumanización para que las personas migrantes queden reducidas a meras cifras, peones o rehenes de intereses ajenos y vulnera el derecho internacional y los derechos fundamentales.
Más de 100 personas muertas en el mar por una aglomeración en la frontera sur de Europa, en la Ciudad Autónoma de Ceuta, están siendo protagonistas hoy en nuestro país y, en el mundo. Una tragedia que, según algunos, “invisibilizamos, deshumanizamos y borramos” los ceutíes por reclamar, o mejor dicho suplicar, una vida normal. Más de 100 muertes el día 30 de julio para tacharnos a los ceutíes de xenófobos. ¿Y las anteriores? No recuerdo haber escuchado este discurso con tanta intensidad ni relevancia a estos tertulianos, periodistas y opinólogos desde la Península. ¿Saben por qué? Porque no las conocen, porque nunca han importado.
Disculpen, aún no me he presentado: soy profesora en la Universidad de Granada (Campus Ceuta) y me dedico al patrimonio cultural y natural de mi ciudad; también tengo líneas de investigación sobre perspectiva de género; igualmente soy nadadora en aguas abiertas y, junto con mi madre, ayudo a la recuperación de las tortugas marinas con el CECAM (Centro de Estudios y Conservación de Animales Marinos de Ceuta). Destaco esto de mí por varias cuestiones: ¿han visto ustedes alguna vez una persona inmigrante muerta mientras nadaban? Yo sí. Y duele. Duele hasta partirse el alma, porque el lugar en el que disfruto nadando resultar ser el cementerio más grande de Europa. ¿Les han despertado alguna vez gritos de desesperación de personas ahogándose mientras intentan alcanzar la costa? A mí y a mis vecinos sí. Y lloramos cada pérdida como si fuera nuestra. No, no invisibilizamos, no deshumanizamos ni borramos ninguna de estas muertes; al revés, es nuestro día a día, nuestra pena, desde que nacimos en este pedacito de tierra de 16km2.
Ahora esta pequeña tierra está sufriendo. Mi ciudad llora, como ha llorado siempre, porque al dolor lacerante de las circunstancias se suma el no reconocer nuestra propia ciudad. Como académica no puedo dejar de intentar analizar la situación desde distintas disciplinas que se imparten en mi Universidad: desde una perspectiva matemática, una ciudad de estas dimensiones, ¿tiene espacio y medios suficientes para albergar a tal cantidad de población, duplicada en menos de 48 horas?; en las Facultades de Medicina y de Enfermería ¿no tienen derecho a preocuparse porque han llegado 70.000 personas de las que desconocen su historial clínico? Nuestros estudiantes de Derecho pueden pensar: ¿por qué los ceutíes sí tienen derechos y obligaciones, pero las personas migrantes, aparentemente, solo derechos?; pueden acampar en las playas y montes y encender una hoguera, rajar farolas para cargar sus móviles y coger luz pública, utilizar gel en las duchas de las playas contaminando directamente el mar o pelearse en público con total impunidad. ADE puede realizar un estudio de las pérdidas económicas de aquellos negocios que han tenido que echar la persiana, sea por miedo o simplemente porque la gente no está yendo a sus establecimientos; seguramente los del Grado en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte valoran poder correr por un monte sin basura o nadar en un mar limpio, libre de orines y heces humanas. ¿Saben cómo están los fondos marinos? Cubiertos de plástico y basura, lo que ha conllevado que tortugas marinas se ahoguen y mueran sin tener la posibilidad de ser rescatadas, como hasta ahora se venía haciendo; asimismo, las colonias de gaviotas (entre ellas la gaviota de Audouin- especie en peligro de extinción-) han desaparecido de los acantilados donde anidan porque están ocupados. Los colegas de Ciencias Ambientales también deberían estar muy pero que muy preocupados porque costó mucho tiempo y esfuerzo repoblar nuestras costas de la protegida lapa estrellada (Patella ferrugine) y ahora están desapareciendo al ser consumidas (retirarlas es, por cierto, también un delito). E incluso los teólogos podrían tomar cartas en este asunto y traer a colación a figuras como san Pablo o san Agustín, cuyos mensajes pueden resumirse en una popular expresión: “La caridad empieza por uno mismo”, es decir, si tú no estás bien, no puedes cuidar. Y finalizo ya, ¿qué ocurre con la Psicología? Hemos asistido en los últimos años a un auténtico auge de temas relacionados con la salud mental: ¿qué pasa con las personas mayores, con aquellas en riesgo de exclusión social, con las que necesitan atenciones especiales que sienten miedo de salir a la calle y no pueden realizar sus necesarias actividades cotidianas?
Estoy segura de que mis alumnos y alumnas, educadores sociales, están sufriendo por ellas; ¿qué sucede con nuestras fuerzas de seguridad que están desgarrándose por mantener el orden y la estabilidad en las calles?; ¿quién piensa en los niños y niñas que no pueden disfrutar de sus playas y parques?; ahí aludo a la Facultad de Ciencias de la Educación tan presente en Ceuta. ¿Y los trabajadores que merecían un mes de descanso para volver en septiembre con fuerzas y afrontar un duro año más? No puedo olvidarme de las mujeres, que hemos llegado a contar más de 130 hombres desconocidos en el umbral de nuestras puertas. Creo que es lícito –en verdad, inevitable– sentir miedo e inseguridad. Recordarán también los del Grado de Historia que el derecho de pasear solas y sin miedo por la calle, costó mucho conseguirlo.
¿Se nos puede seguir pidiendo a los ceutíes ser solidarios? Sí, siempre lo hemos sido, pero creo que esta vez el precio a pagar es demasiado alto. TODAS y TODOS tenemos vidas, con sus problemas, con sus dificultades y afrontar esta situación, sin medios, sin apoyo, sin ayuda, sin solidaridad hacia los ceutíes, es exigirnos demasiado. Hemos visto escenas que jamás nadie debería ver, estamos teniendo sentimientos –tristeza, frustración, miedo, angustia– que se están perpetuando demasiado: el trauma ya está. Esto no se nos va a olvidar. Y con todo, no dudo de que algunos sí que han podido llegar para buscar una vida mejor, pero ¿lo han conseguido? ¿Esto es tener una vida mejor? ¿Paralizar y empeorar la vida de otras personas para mejorar la propia es lícito?
Sé que el asunto es muy complejo, pero también creo que deberíamos darle una vuelta al concepto de solidaridad, porque una cosa es ser solidario y otra muy distinta es esparcir la miseria.
Hace cincuenta años, en las aulas del INEF de Madrid, José María Cagigal me enseñaba que el deporte no tenía valor por la victoria, sino por lo que construye en la persona que lo practica: disciplina, respeto por el otro, capacidad de perder con dignidad y de ganar sin humillar. Quienes tuvimos la fortuna de sentarnos frente a él sabemos que esa lección nunca fue solo técnica. Era, ante todo, una forma de entender al ser humano. Vivimos hoy una sociedad que ha convertido casi cualquier diferencia —política, ideológica, cultural— en un campo de batalla donde el objetivo ya no es convencer, sino aniquilar, simbólicamente, al contrario. Se discute menos y se descalifica más. Se argumenta menos y se etiqueta más. El adversario ideológico ha dejado de ser, para buena parte del debate público, un interlocutor legítimo con quien compartir un mismo espacio de convivencia, para convertirse en una caricatura, un enemigo, casi una categoría infrahumana a la que ya no hace falta escuchar, porque «esos» —siempre esos, y demasiadas veces, con nombre y rostro— no merecen ser oídos. Cagigal, que dedicó buena parte de su obra a estudiar precisamente la agresión y la rivalidad humanas a través del deporte, tenía una respuesta a este fenómeno mucho antes de que existieran las redes sociales que hoy lo amplifican. Su teoría distinguía entre el «deporte espectáculo», que puede devorar todo a su paso, exagerando, simplificando y necesitando villanos para generar audiencia, y el «deporte praxis», la actividad noble donde la persona —con su esfuerzo, su superación, su encuentro con el otro— sigue siendo lo central. Advirtió, con una lucidez que hoy asombra, que, si dejamos que el primero contamine al segundo, terminaremos por perder lo esencial: el sentido humano del enfrentamiento. Esto es exactamente lo que le ha pasado a nuestra vida pública. Hemos dejado que la política, el debate de ideas, incluso la conversación cotidiana, se organicen según la lógica del espectáculo: polarización que genera clics, indignación que genera algoritmo, bando contra bando que genera audiencia. Y, como en el deporte degenerado que Cagigal denunciaba, el resultado es que la persona —su dignidad, su derecho a equivocarse, a matizar, a cambiar de opinión— queda aplastada bajo el peso del marcador y de la grada. La enseñanza más valiosa de Cagigal para nuestro tiempo es, quizás, esta: se puede confrontar con toda el alma sin dejar de reconocer al otro como persona. Su humanismo no era pasividad ni blandura —él mismo defendió sus ideas hasta el punto de perder su cargo por ello—, sino una exigencia ética previa a cualquier enfrentamiento: nadie tiene derecho a deshumanizar a quien piensa distinto, del mismo modo que ningún deportista tiene derecho a humillar a quien vence, ni el vencido a odiar a quien lo supera. Aplicar hoy sus enseñanzas exigiría, al menos, tres gestos concretos. Primero, recuperar la distinción entre discrepar e odiar: se puede sostener con firmeza una idea sin necesidad de despreciar a quien sostiene la contraria. Segundo, aceptar que el otro juega con reglas compartidas —los hechos, la ley, el respeto mínimo— y que sin ese marco común no hay competición legítima, solo violencia disfrazada de debate. Y tercero, recordar siempre que detrás de cada etiqueta política hay una biografía, una familia, unos miedos y unas esperanzas que no caben en un titular ni en una descalificación de cuarenta caracteres. Cagigal solía repetir que el deporte era un espejo de la sociedad: lo que ocurre en el campo revela, amplificado, lo que somos como comunidad. Si eso es cierto, el estado actual de nuestro debate público —crispado, tribal, incapaz de conceder nada al adversario— debería preocuparnos tanto como le preocupó a él la deriva del deporte espectáculo. Y si el diagnóstico de Cagigal sigue siendo válido, también debería serlo su remedio: devolver a la persona —a cualquier persona, incluida la que piensa distinto— el lugar central que nunca debió perder. Cuatro décadas después de su muerte, la lección de aquel profesor sigue intacta: se puede competir, discrepar, incluso enfrentarse con firmeza, sin dejar nunca de ver, al otro lado, a un ser humano. Basado en la obra y biografía de José María Cagigal Gutiérrez (1928-1983), fundador del INEF de Madrid y principal teórico del humanismo deportivo en España
La expresión «Lágrimas negras» describe un llanto muy profundo, oscuro y doloroso que nace de la pena extrema, el desamor o la desesperación. Hace referencia a unas lágrimas que no son transparentes o simples, sino de un color lúgubre debido a la tristeza inmensa que las provoca.
Hoy, Ceuta llora lágrimas negras que brotan de unos ojos sin pupilas, opacos, apagados, como si las lágrimas los hubieran ahogado en la penumbra de una mañana que no amanece.
Ceuta, la Ceuta de la vida, de las gaviotas que despiertan al mar, de los volaores saltando para intentar llegar a otro azul desconocido.
El tiempo se detiene en tres semanas sin saber cuándo avanzará este reloj de arena sumido en la incertidumbre de las horas pesadas como plomos.
Las fronteras se tiñen de sangre cuando miles de personas son utilizadas como la munición de una dictadura genocida a la que se le pone el nombre de “ nación fiable, de tiranía amiga, de país hermano”. Las palabras tramposas, los antónimos devorando a los sinónimos, las mentiras producidas a causa del pánico descontrolado de los que nos gobiernan.
Y oímos a los ministros desfilar como los héroes, los escuchamos atónitos con sus promesas que cambian como un vendaval desatado.
Ceuta y la península se encuentran a millones de kilómetros y los gritos de auxilio se vuelven sordos, imperceptibles, indiferentes. Dibujamos en las costas un SOS en un naufragio sin rumbo que no otea esperanza.
Crecen las alimañas: los mapas fascistas que nos indican la ruta adecuada, los sofistas del consistorio, los energúmenos organizados para la caza.
Y en este caos nos negamos a la diáspora, nos resistimos a dejar las raíces en las que han crecido tantas generaciones que construyeron la convivencia, la tolerancia, la cultura y la solidarados de los que decidimos quedarnos y sentir la acogedora vecindad.
No podrán dividirnos: aquí no hay bandos de buenos y malos, no existen ceutíes de primera ni de segunda, no hay lugar para los que nos envenenan con la rabia, con la ira desatada más contagiosa que cualquier pandemia.
Hay que ponerse manos a la obra, dar ejemplo de lo que somos, apretar todas nuestras fuerzas para no hundirnos en la derrota que vaticinan.
Si las instituciones no van codo con codo, si el presidente de la ciudad busca culpables y no decisiones conjuntas, si la ministra de sanidad nos vende un humo que contamina a propios y extraños, si Europa no nos defiende, si el grito de guerra se limita a » hijo de puta o traidor, estamos firmando nuestra sentencia de muerte. El “divide y vencerás” no puede ser nuestro lema.
Las cosas sí se pueden hacer peor. El Gobierno de la Nación lo está demostrando a diario. Lo lleva haciendo desde el pasado 30 de julio. Es todo un absurdo, un espectáculo grotesco en el que el último de los capítulos ha estado protagonizado por el desalojo de la playa del Trampolín.
Desde primera hora de la mañana pusieron en marcha un dispositivo digno de la mayor de las operaciones policiales, a pesar de ‘venderlo’ como una acción humanitaria. “Se van si ellos quieren”.
Esa era la máxima, como si ocupar una playa, utilizarla como inodoro de miles de personas y causar un daño medioambiental fuera algo que está a la orden del día.
Son capaces de celebrar públicamente, con una comparecencia anunciada solo con 20 minutos de antelación, el final del asentamiento en el Trampolín, visibilizando además que este es el ejemplo que da España como país, pero callan que solo horas después han permitido que ese espacio vuelva a ser punto de concentración de inmigrantes.
Sí, ese es el ejemplo que da España, el ejemplo de un país de pandereta incapaz de proteger una frontera sur de Europa e incapaz de, casi un mes después, haber ejecutado un plan con la urgencia debida para recuperar la normalidad.
Encomiendan a la Ciudad que cumpla con las ordenanzas en el Trampolín, cual niños chicos protestones en busca de alguna errática actuación precisamente en la administración que nada de culpa tiene, pero son incapaces de aportar una seguridad básica para que hoy ese espacio luciera, al menos, sin tanta cantidad de residuos y como un punto mínimamente digno.
No contentos con ello, se organiza el reparto de comida de Cruz Roja en un espacio que supuestamente ya no debería ser asentamiento, un espacio que la propia Delegación del Gobierno ha exigido que se perimetre.
Como puntilla, son capaces de causar la indignación en barriadas a las que literalmente han mentido y paran una obra en Loma Margarita para colocar a toda prisa un recurso temporal obviándose el gasto que se ha efectuado en adecuar el lugar como espacio castrense en el marco de las actuaciones encuadradas en la base única.
Suena todo a chiste, a burdo engaño. El Gobierno de España no ha hecho más que marear la perdiz, trasladar a inmigrantes de un lado a otro con la excusa de cerrar espacios indignos que, incongruentemente, siguen operativos. No se entiende nada. Ni estos movimientos de ficha ni la disparidad de criterios entre ministros.
Si atendemos las proclamas de los titulares de Interior, Defensa y Asuntos Exteriores, todos los que entraron iban a ser expulsados de inmediato. De hecho, durante días se tuvo mareadas a las fuerzas de seguridad con un supuesto operativo que nunca se ejecutó. Pasan los días, en nada se cumplirá el mes, y lejos de haber mejoras lo que se evidencia son enfrentamientos y complicaciones.
Choca esa idea de las expulsiones con la búsqueda de espacios de acogida que se seleccionan a golpe de impacto, lo que ha ocasionado varias quejas entre vecinos de distintas barriadas. Peor aún, esas improvisaciones llevan a medidas tan criticadas como la ocupación de la Hípica, tirando por la borda la inversión llevada a cabo para mejorarla y que ahora quedará sin servicio, y negando un servicio utilizado por muchas familias de Ceuta que deberían, al menos, haber sido tratadas con respeto.
Todo se está haciendo mal. No se informa, no existe una política adecuada de transparencia, nada se aclara. Por no saber, ni siquiera se tienen los datos de las personas que entraron en la ciudad. Solo eso es gravísimo, pero al Gobierno de la Nación parece importarle bien poco el sentir de una ciudadanía que tiene todo el derecho a que no le tomen el pelo.
Seguimos para bingo en esta crónica de despropósitos, ausencias y claro descontrol. Como pollos sin cabeza ni se puede gobernar un país, ni recuperar la normalidad de una ciudad que pagó un chantaje, el de Marruecos a España.
El Ministerio de Defensa ha aprobado el traslado de estos efectivos, pertenecientes al Mando de Canarias, con el objetivo de que se incorporen a las capacidades del Ejército de Tierra que ya se encuentran desplegadas en Ceuta.
El Estado Mayor de la Defensa (EMAD) ha informado este jueves de la llegada de estos nuevos efectivos a través de un mensaje publicado en la red social X. “Más de 150 militares del Mando de Canarias se suman a las capacidades del Ejército de Tierra ya desplegadas en Ceuta”, ha señalado el organismo.
Nuevos efectivos para reforzar el despliegue
La autorización del Gobierno, a través del departamento dirigido por la ministra Margarita Robles, permitirá que nuevas unidades del Ejército de Tierra procedentes del Mando de Canarias se incorporen al dispositivo que actualmente presta servicio en la ciudad autónoma.
Estos militares se sumarán así al contingente desplegado actualmente en Ceuta, reforzando las capacidades disponibles de las Fuerzas Armadas en el marco de la situación generada por la crisis migratoria.
El traslado se produce después de la movilización de efectivos militares para apoyar la respuesta ante las circunstancias que atraviesa la ciudad desde finales de julio.
Desde el Estado Mayor de la Defensa han señalado que las Fuerzas Armadas continúan prestando apoyo a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado en diferentes puntos de Ceuta.
🪖Más de 150 militares del Mando de Canarias se suman a las capacidades del @EjercitoTierra ya desplegadas en #Ceuta.
🪖Las Fuerzas Armadas 🇪🇸 continúan brindando apoyo a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado en distintos puntos de la ciudad autónoma.#MOPS@MCANA_ETpic.twitter.com/OiESB6Z0EL
El despliegue militar tiene como finalidad reforzar las capacidades del Ejército de Tierra y mantener el apoyo que las Fuerzas Armadas están proporcionando a los cuerpos policiales en distintos puntos de la ciudad autónoma.
Según ha informado el EMAD, los militares continúan brindando apoyo a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado dentro del dispositivo establecido en Ceuta.
Con la incorporación de más de 150 efectivos del Mando de Canarias, el contingente militar desplegado en la ciudad contará con nuevas capacidades para continuar desarrollando las labores de apoyo previstas en el marco de la situación actual.
El Ministerio de Defensa mantiene así el refuerzo de la presencia de las Fuerzas Armadas en Ceuta, mientras continúa el dispositivo activado ante la crisis migratoria registrada desde el pasado 30 de julio.
Ante las informaciones publicadas en las últimas horas sobre supuestas amenazas a trabajadores sanitarios, Ingesa ha defendido que respeta plenamente el derecho de los profesionales, sus representantes sindicales y las organizaciones colegiales a trasladar sus opiniones, preocupaciones o discrepancias.
El organismo ha señalado además que el diálogo con la plantilla y sus representantes forma parte esencial del funcionamiento del Área Sanitaria.
Ingesa garantiza que no habrá represalias
El presidente de Ingesa, Javier Padilla, ha asegurado que ningún profesional será objeto de represalias por expresar públicamente su opinión o mantener contacto con los medios de comunicación.
«Puedo garantizar que no habrá represalias contra ningún profesional por hablar con medios de comunicación o expresar públicamente su opinión», ha señalado Padilla.
El presidente de Ingesa ha añadido que una actuación de este tipo sería “improcedente e ilegal” y ha considerado que además resultaría incompatible con una organización en la que profesionales con diferentes sensibilidades participan libremente en distintos medios de comunicación.
Al mismo tiempo, el organismo ha advertido de que se defenderá frente a cualquier bulo o información manifiestamente falsa.
Ingesa ha puesto como ejemplo el caso de una profesional que difundió una afirmación que, según el organismo, era falsa. Tras comunicarle que dicha información no se correspondía con la realidad, la profesional procedió a retirarla, según explica Ingesa.
El organismo también ha señalado que defenderá la intimidad y los derechos de los pacientes, especialmente ante la difusión de fotografías de personas ingresadas en las que aparece su rostro visible sin contar con su autorización.
Reconocimiento al esfuerzo de los profesionales
Ingesa ha aprovechado su comunicado para trasladar su “reconocimiento y agradecimiento” a los profesionales sanitarios y no sanitarios que están trabajando durante la situación extraordinaria que atraviesa Ceuta.
El organismo destaca el esfuerzo realizado para garantizar la atención a las personas asistidas y mantener la actividad sanitaria dirigida al conjunto de la población ceutí.
La presión asistencial registrada durante las últimas semanas ha requerido, según Ingesa, una respuesta extraordinaria por parte de los distintos servicios.
En este sentido, el organismo ha destacado la labor de médicos, Enfermería, TCAE, técnicos, celadores, personal administrativo, servicios generales, 061, SUAP, Atención Primaria y Hospital Universitario.
Ingesa asegura que continuará reforzando los dispositivos mientras sea necesario y trabajando junto a sus profesionales con un objetivo común: garantizar la mejor atención sanitaria posible en Ceuta.
La Unión Progresista de Fiscales (UPF) ha reclamado este jueves un refuerzo urgente de medios y efectivos para la Fiscalía de Ceuta ante la “situación extraordinaria” derivada de la crisis migratoria que atraviesa la ciudad autónoma. La asociación considera que la situación actual “desborda la capacidad ordinaria” de la Fiscalía ceutí, que cuenta con solo ocho fiscales efectivos.
Entre las medidas propuestas se encuentran la puesta en marcha de un intérprete permanente, la triplicación del servicio de guardia y la posibilidad de que fiscales de otros puntos de España puedan desplazarse voluntariamente a Ceuta para prestar apoyo temporal.
Según ha publicado Europa Press, la UPF ha explicado que los fiscales destinados en la ciudad están afrontando una carga de trabajo excepcional, que incluye guardias reforzadas y actuaciones relacionadas con menores, trata de seres humanos, violencia sobre la mujer y otras situaciones de especial vulnerabilidad.
Hasta 200 entrevistas de menores en una sola jornada
Uno de los aspectos que más preocupa a la asociación es el volumen de trabajo relacionado con los procedimientos de determinación de edad. Según ha señalado la UPF, algunos días llegan a realizarse alrededor de 200 entrevistas a personas que manifiestan ser menores de edad.
Esta situación ha obligado a duplicar el servicio de guardia de la Fiscalía de Ceuta, aunque los fiscales consideran que las circunstancias actuales hacen necesario “avanzar hacia su triplicación”.
La asociación considera que el volumen de actuaciones no puede ser asumido de manera indefinida por los ocho fiscales destinados actualmente en la ciudad y reclama medidas que permitan reforzar la capacidad de respuesta del Ministerio Fiscal.
Un intérprete permanente para la Fiscalía de Ceuta
Entre las peticiones dirigidas al Ministerio de Justicia se encuentra la creación de un servicio permanente y propio de interpretación para la Fiscalía de Ceuta.
La UPF considera esta medida una de las necesidades más urgentes, ya que actualmente el servicio depende de la disponibilidad del intérprete destinado a las actuaciones judiciales.
Los fiscales subrayan que la interpretación resulta “imprescindible” para poder afrontar las numerosas entrevistas que se realizan en determinadas jornadas. “No estamos hablando de una comodidad organizativa, sino de una herramienta elemental para poder garantizar derechos”, ha defendido la asociación.
A esta dificultad se suma que la bolsa de fiscales sustitutos ha quedado desierta, según ha denunciado la UPF. Por ello, reclama que se articulen los mecanismos jurídicos, organizativos y económicos necesarios para que fiscales de otros territorios que quieran colaborar voluntariamente puedan desplazarse temporalmente a Ceuta.
“Una crisis que afecta al Estado no puede ser soportada exclusivamente por los ocho fiscales que se encuentran destinados allí. Ceuta es responsabilidad de todos”, ha reivindicado la asociación.
La emergencia no puede rebajar las garantías de los menores
La UPF también ha querido poner en valor el trabajo que están desarrollando los fiscales y funcionarios de Ceuta, así como el esfuerzo extraordinario realizado en el ámbito de Violencia sobre la Mujer.
La asociación ha advertido, no obstante, de que el compromiso de los profesionales no puede convertirse en una justificación para mantener indefinidamente el sobresfuerzo. Por ello, considera que, una vez superada la crisis, su actuación debería recibir un reconocimiento institucional expreso por parte de la Fiscalía General del Estado.
Al mismo tiempo, los fiscales han insistido en que la dimensión de la emergencia no permite reducir las garantías de los menores, de potenciales víctimas de trata o violencia sexual ni de las personas que puedan necesitar protección internacional.
La asociación considera que una situación de emergencia puede obligar a adaptar el funcionamiento de las instituciones, pero “nunca puede modificar el estatuto jurídico de las personas”.
“No necesitamos héroes para sostener el Estado de Derecho”
Ante este escenario, la UPF ha pedido a la Fiscalía General del Estado que continúe monitorizando de forma permanente las necesidades de Ceuta y mantenga una interlocución directa.
También ha reclamado al Ministerio de Justicia que atienda con la máxima celeridad las peticiones que le sean trasladadas desde el Ministerio Fiscal.
La asociación ha cerrado su comunicado reivindicando una respuesta institucional acorde con la dimensión de la situación. “Ante situaciones extraordinarias debemos ensanchar las costuras del Estado, no reducir los derechos”, ha señalado.
Y ha concluido: “No necesitamos héroes para sostener el Estado de Derecho, necesitamos que el Estado de Derecho sostenga a quienes están en primera línea defendiéndolo”.