No quiero traidores en mi tierra

No quiero traidores en mi tierra,
ni renegados que amasen su fortuna,
no quiero ver ondear a la media luna
ni que su verde estrella reverdezca.

No quiero dagas, ni machetes,
ni espadas, ni pistolas, ni puñales,
yo quiero que las balan sean claveles
para defenderte desde mi baluarte.

Son mis ojos la barca donde navegas
y mis lágrimas la corriente de tus males,
que en su vaivén te lleven a la rivera
para calmarte Ceuta mía los pesares.

Que la luna nunca llegue a ser menguante,
ni que la verde estrella tenga luz,
Yo quiero llevar gravado en mi estandarte
la insignia de mi Virgen con su cruz.

En mi alma tu dolor lo llevo escrito,
mi corazón se exalta por doquier,
aunque al necio no le hablo de mis pesares
por no sentir la falsedad que he visto en él.
Que los traidores nunca mamen de tu teta,
que exiliados con la luna a si se vean
y que el sultán que lleva al mundo a cuesta
en un mástil sea amarrado en la frontera.

Que con un aullido mire a la media luna,
que sus cinco puntas le sirvan de trinchera
y que el levante y el poniente en su bravura
entre olas el sultán desaparezca.

Que se sumerja pidiéndonos auxilio,
Que sus muertos lo arrastren hasta el Estrecho
y por fin nos quedaremos tranquilos
y nuestra Ceuta volverá a vivir de nuevo.

De delfines y otras especies

Exhibir a una cría de delfín como si fuera un trofeo está mal y punto. Es un animal protegido, la acción es indefendible y no hay discusión posible ni argumento de supervivencia que lo valide. Sin embargo, no se trata solo de este hecho puntual: la realidad es que estamos viendo un desprecio sistemático por las normas más elementales. Se atenta contra la fauna local matando tortugas o atacando a los patos del pantano, se destruye el entorno urbano y se vulneran a diario las reglas mínimas de urbanidad. Vivimos en una ciudad española y europea, regida por leyes y pautas de conducta que todos debemos acatar, pero lo que se está viviendo en la calle es una quiebra absoluta del civismo y del respeto a la ley.

Por eso resulta tan sangrante el circo mediático que se ha montado alrededor de ese vídeo. Por un lado, están quienes se suben al altar de la superioridad moral para presentar a estas personas como puros «supervivientes», tildando de asesinos o hipócritas a los vecinos al sacar a relucir la tauromaquia y la caza. Por el otro, quienes aprovechan este caso para lanzar ataques indiscriminados. Mientras se pierde el tiempo dividiendo a la opinión pública en el debate, el foco principal se borra de un plumazo.

Ese ruido político sirve únicamente para tapar la degradación real que sufrimos los ceutíes. La delincuencia no deja de crecer y la situación va a más: prostitución, robos, atracos, reyertas continuas y una sensación insostenible de impunidad. No es solo un animal en la orilla (con todo el respeto que los animales merecen); es un problema de seguridad, de orden público y de supervivencia del modelo de convivencia en nuestra propia ciudad.

Ceuta no necesita que la izquierda y la derecha la utilicen como terreno de juego para sus batallas de salón ni que nos den lecciones de moral a distancia. Aquí no se trata de trincheras ideológicas, sino de exigir el cumplimiento estricto de la ley, de recuperar el control y de que se esté con Ceuta de una vez por todas.

Un viaje que pudo haber ocurrido

Una escapada de verano a Portugal terminó ante una pequeña casa de Torres Vedras cuyo nombre obligaba a detenerse: Casa de Ceuta. Detrás de aquella fachada había una historia que llevaba directamente hasta los preparativos de la expedición portuguesa que culminó con la toma de la ciudad en 1415.

Soy melillense, aunque desde hace años vivo en Málaga, y siempre he sentido a Ceuta como una ciudad hermana.

Melilla y Ceuta tienen su propio carácter y su propia historia, pero quienes hemos nacido en una de las dos ciudades españolas del norte de África sabemos que compartimos muchas cosas: la relación con la Península, el carácter fronterizo, la convivencia entre culturas y esa particular manera de vivir mirando siempre hacia más de una orilla.

Este verano no tenía grandes planes. Portugal apareció casi de forma natural. Está cerca, culturalmente resulta familiar y todavía permite organizar una escapada sin alcanzar los precios de otros destinos europeos.

Así que un buen día me planté en el aeropuerto de Málaga con destino a Lisboa.

Pero Lisboa iba a ser únicamente la puerta de entrada. Ya conocía la capital portuguesa y esta vez quería salir de las rutas habituales. El lugar elegido fue Torres Vedras, unos 50 kilómetros al norte.

Desde el aeropuerto tomé un vehículo con conductor. Lisboa fue desapareciendo por la ventanilla y el paisaje empezó a cambiar. El continuo urbano dejó paso a espacios más abiertos, campos y viñedos. Torres Vedras me recibió con un ritmo mucho más tranquilo que el de la capital, de esos lugares que invitan a caminar sin mirar demasiado el reloj.

Portugal me recordó también enseguida que nuestros idiomas se parecen lo suficiente para confiarnos y lo bastante poco para meternos en algún lío.

Ahí está, por ejemplo, la palabra portuguesa esquisito. Para un español suena peligrosamente a “exquisito”, cuando puede significar “raro” o “extraño”. Utilizarla alegremente para felicitar a un cocinero habría sido una forma bastante peculiar de agradecerle la comida.

Lección aprendida: cuando una palabra portuguesa parece significar exactamente lo mismo que en español, conviene pensarlo dos veces.

Poco después llegaría la verdadera sorpresa.

Una Casa de Ceuta en Portugal

En pleno casco histórico de Torres Vedras, cerca del castillo, aparece una vivienda conocida como Casa de Ceuta.

El nombre me hizo detenerme.

Encontrar Ceuta allí no me pareció una simple curiosidad turística. Desde mi mirada melillense, aquel nombre remitía de inmediato a una ciudad emocionalmente cercana, aunque estuviéramos a cientos de kilómetros del Estrecho.

La vivienda es sencilla. No estamos ante una fortaleza ni ante un gran palacio medieval. Su interés está precisamente en aquello que ya no puede verse.

La investigación histórica relaciona ese emplazamiento con el antiguo Paço Régio de Torres Vedras, residencia vinculada a la monarquía portuguesa. El edificio medieval desapareció y, a comienzos del siglo XX, se levantó en aquel solar la vivienda que hoy conocemos como Casa de Ceuta.

El nombre nos lleva hasta julio de 1414.

En Torres Vedras se celebró entonces un Consejo Régio relacionado con la preparación de la expedición portuguesa que acabaría tomando Ceuta al año siguiente.

Decir que allí “se decidió conquistar Ceuta” sería una frase magnífica, pero demasiado rotunda. Las investigaciones del historiador portugués Carlos Guardado da Silva señalan que João I llevaba años manejando aquella empresa. La reunión habría servido, más bien, para darle respaldo político y avanzar en su preparación militar.

Entre los asistentes estaban los infantes Duarte, Pedro y Henrique —el futuro Enrique el Navegante—, el condestable Nuno Álvares Pereira y otros responsables de la Corona y de las órdenes militares.

Después aparece la parte casi cinematográfica.

La Crónica da Tomada de Ceuta, escrita por Gomes Eanes de Zurara varias décadas después, relata que aquella jornada habría comenzado con una misa solemne del Espíritu Santo y que los participantes juraron guardar secreto. También cuenta que Nuno Álvares Pereira habría intervenido después del rey para apoyar la empresa.

La escena resulta magnífica: el monarca, sus hijos, algunos de los hombres más importantes del reino y un juramento de silencio mientras se preparaba una operación cuyo verdadero objetivo debía mantenerse oculto.

Pero conviene separar relato y certeza. Zurara escribió décadas después y estaba vinculado a la corte portuguesa. Su crónica es una fuente histórica fundamental, pero no una transcripción literal de aquella reunión.

La buena anécdota y la historia documentada pueden convivir. Solo hay que saber cuál es cuál.

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Portugal todavía se ve en Ceuta

El desenlace sí está claro.

El 21 de agosto de 1415, Ceuta fue tomada por los portugueses.

Comenzó entonces una relación que duraría más de dos siglos. Ceuta permaneció bajo la Corona portuguesa hasta 1580, cuando comenzó la unión dinástica de las coronas ibéricas bajo los Habsburgo. Durante aquel periodo la ciudad conservó una fuerte impronta portuguesa.

En 1640, Portugal restauró su independencia, mientras Ceuta decidió permanecer fiel a Felipe IV. Finalmente, el Tratado de Lisboa de 1668 reconoció formalmente la situación de la ciudad dentro de la Monarquía española.

La huella portuguesa, sin embargo, sigue a la vista.

La bandera blanca y negra de Ceuta procede de la tradición de San Vicente, históricamente vinculada a Lisboa, y su escudo conserva también una clara raíz portuguesa.

Todo eso se contempla de otra manera desde Torres Vedras.

Normalmente pensamos la historia de Ceuta desde el Estrecho. Allí, en cambio, uno está a cientos de kilómetros frente a un lugar relacionado con acontecimientos que terminarían cambiando profundamente la historia de la ciudad.

Del Consejo Régio al bocadillo

Pero tampoco quería convertir las vacaciones en una clase permanente de Historia.

Viajar consiste también en pasear, entrar en un mercado y probar lo que come la gente.

En Torres Vedras son populares las bifanas y las sandes de cozido, estas últimas basadas en una idea sencilla y contundente: llevar al pan carnes y sabores del tradicional cocido portugués.

Y ahí volví a pensar en Ceuta.

El campero de corazones es uno de esos productos que para muchos ceutíes necesita pocas explicaciones, pero que puede sorprender a quien llega de fuera. Unos corazones de pollo quizá no parezcan, sobre el papel, el relleno más evidente para un bocadillo. Allí, sin embargo, se han convertido en uno de los sabores más reconocibles de la gastronomía popular.

La comparación me hizo gracia: en Torres Vedras decidieron meter un cocido dentro de un pan y en Ceuta demostraron que unos corazones de pollo podían convertirse en protagonistas de un campero.

Ceuta ha sabido recibir durante siglos influencias muy distintas y convertirlas en algo propio sin perder una identidad perfectamente reconocible. El campero es solo un pequeño ejemplo. Su relación con Málaga resulta evidente —algo especialmente cercano para mí porque es donde vivo—, pero al cruzar el Estrecho adquiere una personalidad inequívocamente ceutí.

Desde mi mirada melillense, esa capacidad resulta especialmente familiar.

Conservar y contar la memoria

La Casa de Ceuta me hizo pensar también en algo que muchas veces damos por supuesto: la historia de una ciudad no se conserva sola.

Detrás hay investigadores, profesores, historiadores, cronistas y estudiosos que pasan años entrando en archivos, revisando documentos y recuperando historias que podrían haberse perdido.

Ceuta ha contado durante generaciones con personas dedicadas a esa tarea. Resulta fácil quedarse con sus murallas, su bandera o su escudo; detrás de esos símbolos hay también muchas horas de estudio destinadas a explicar de dónde vienen y qué parte del pasado de la ciudad conservan.

La propia investigación desarrollada en Torres Vedras sobre estos acontecimientos ha reunido trabajos de historiadores portugueses y de especialistas vinculados a Ceuta y Marruecos.

Una ciudad conserva su memoria con sus monumentos, pero también gracias a quienes se hacen preguntas sobre ellos.

Y gracias a quienes cuentan las respuestas.

Ahí tiene su lugar la prensa local.

El Faro de Ceuta, acostumbrado a mirar la ciudad desde cerca, acaba conservando algo más que las noticias del día: personajes, costumbres, investigaciones y pequeñas historias fascinantes. que difícilmente encontrarían espacio en un gran medio nacional.

Encontrarse Ceuta en Portugal

Cuando salí de Málaga no estaba buscando nada de todo esto.

Solo quería conocer algo diferente de Lisboa.

Por eso la sorpresa fue mayor.

La actual Casa de Ceuta no es el palacio medieval de 1414 y no sabemos qué palabras exactas se pronunciaron en aquel consejo.

Tampoco hace falta adornarlo.

Más de seis siglos después, allí estaba yo: un melillense que vive en Málaga, de viaje por Portugal, delante de una pequeña casa que llevaba el nombre de una ciudad hermana.

Había salido pensando simplemente en conocer otro rincón de Portugal y terminé encontrando, a cientos de kilómetros, una parte inesperada de la historia de Ceuta.

Uno sabe desde dónde sale. Lo que nunca sabe del todo es lo que va a encontrarse por el camino.

El inicio de la AD Ceuta sigue inmerso en una mala racha

La Agrupación Deportiva Ceuta no ha comenzado con buen pie en su segunda temporada consecutiva en la Segunda División, la Liga Hypermotion.

Pero es algo que no nos debe sorprender porque la pasada temporada también empezamos perdiendo los primeros partidos, en Zorrilla ante el Real Valladolid, en casa, en el Alfonso Murube frente al Sporting de Gijón y en el Sardinero contra el Racing de Santander, actualmente en Primera División.

Este año el inicio ha sido algo peor con cinco derrotas en Andorra, Mallorca y Burgos el pasado viernes a domicilio y ante Las Palmas y el Celta Fortuna en el Alfonso Murube.

Estoy seguro que la situación va a cambiar y el equipo de José Juan Romero saldrá de los puestos bajos de la clasificación en las próximas jornadas. Aunque está temporada una anormal situación está perjudicando la marcha del equipo y los entrenamientos diarios, como está siendo la invasión de más de ochenta mil inmigrantes procedentes de Marruecos y del África Subsahariana.

Aunque el equipo y el cuerpo técnico están aislados en sus sesiones preparatorias, la mente y la cabeza están en la invasión de los inmigrantes.

No debería ser excusa para las cuatro derrotas pero todo afecta al ánimo de los futbolistas y los miembros del cuerpo técnico y la junta directiva encabezada por el presidente Luhay Hamido.

La semana pasada en un programa de radio nacional Luhay Hamido aseguró que alrededor de quince posibles fichajes han renunciado a venir a jugar en nuestra ciudad, unos con todo cerrado y otros con las negociaciones bien avanzadas. La situación con los inmigrantes hace que sobre todo los familiares de estos posibles fichajes hayan decidido por miedo o inseguridad no firmar por el Ceuta.

Pero con la enorme y fiel afición que tenemos la situación se va a voltear y el equipo comenzará a sumar puntos y lograremos de nuevo mantener la categoría.

Ahora llegan dos partidos consecutivos en el estadio Alfonso Murube frente al Real Valladolid y el filial de la Real Sociedad donde los de José Juan Romero deberían romper esta mala racha de inicio de temporada y sumar los primeros puntos. En Burgos se pudo ver bastante mejoría en el juego e incluso llegó a ponerse por delante pero al final sufrió una derrota por tres goles a uno, un resultado demasiado duro por lo visto sobre el terreno de juego por ambos equipos.

Los poderes de un Juez

Hay poderes que se enseñan en las facultades de Derecho. La potestad jurisdiccional, la independencia, la sumisión a la ley, la capacidad de interpretar normas y proteger derechos. Son los poderes visibles, los que figuran en los manuales y en los artículos de la Constitución. Pero existe otro poder, más discreto, más silencioso, más difícil de detectar: el poder del tiempo. La justicia no solo habla por lo que dice. Habla, sobre todo, por cuándo lo dice.

En un sistema judicial donde los plazos para dictar sentencia son, en la mayoría de los casos, orientativos y no vinculantes, el calendario se convierte en un instrumento con efectos políticos, sociales y mediáticos que nadie menciona, pero que todos perciben. Un juez puede dictar una sentencia en julio o en septiembre, en plena campaña o después de ella, en medio de un debate nacional o cuando el país está mirando hacia otro lado. Y esa elección —legal, legítima, discreta— puede alterar el clima político sin necesidad de que nadie lo pretenda. Ese es uno de los poderes de un juez. Un poder que no aparece en los códigos, pero que pesa.

El Tribunal Supremo tardó años en resolver el recurso sobre las devoluciones en caliente. Años de informes, recursos, escritos, acumulaciones y silencios. Pero la sentencia apareció en los primeros días de julio, justo cuando Ceuta y Melilla viven su máxima presión migratoria anual.

Julio no es un mes cualquiera en la frontera sur. Es el mes en que el mar se vuelve más amable, en que las rutas se intensifican, en que las fuerzas de seguridad trabajan al límite. Es el mes en que cada decisión institucional tiene un eco inmediato. No había urgencia procesal. No había plazo legal. No había riesgo de caducidad. El Supremo podía haber esperado a septiembre, cuando la frontera respira. Podía haber esperado a octubre, cuando el debate político se enfría. Podía haber esperado a noviembre, cuando las instituciones recuperan su ritmo. Pero eligió julio.

¿Casualidad? Tal vez. Pero la coincidencia temporal es demasiado perfecta como para no levantar preguntas. Una sentencia que anula los “rechazos en frontera” y desautoriza las devoluciones en caliente, dictada en plena temporada de entradas masivas, tiene un impacto político directo, aunque nadie lo haya buscado. Y un efecto llamada evidente. Ese impacto es un poder. Un poder silencioso, pero poder al fin.

La llamada Ley de Nietos —la interpretación del Código Civil sobre la nacionalidad de descendientes de españoles— estuvo tres años en manos del Tribunal Supremo. Tres años sin doctrina. Tres años sin claridad. Tres años sin respuesta. Y, sin embargo, la sentencia apareció justo cuando el debate político sobre la memoria democrática y la nacionalidad estaba en su punto más caliente. Otra vez, sin plazo legal. Otra vez, sin urgencia procesal. Otra vez, con un impacto político evidente. La justicia no interviene en política. Pero sus tiempos sí pueden influir en ella. Y eso, también, es un poder.

El caso más inquietante es el de la Audiencia Nacional. La jueza María Tardón, con un pasado político conocido —fue concejala de Seguridad del PP en Madrid— abrió una causa sobre la entrada irregular de inmigrantes en apenas 48–72 horas, un plazo extraordinariamente rápido para la Audiencia Nacional. Dictó una orden insólita, prohibiendo a la Policía informar al Ministerio del Interior, pese a que el asunto afecta directamente a la seguridad nacional. Y el informe se filtró justo el día antes de la convocatoria del PP frente a los Ayuntamientos por el “Día de Ceuta”, el 2 de septiembre.

No hay pruebas de coordinación política. No las hay, y nadie debe afirmarlo sin evidencias. Pero la secuencia temporal es, como mínimo, extraordinariamente llamativa. Cuando una causa se abre con una rapidez inusual, cuando se dictan medidas excepcionales, y cuando la información aparece en el momento políticamente más rentable para un partido, la apariencia de imparcialidad se resiente. Porque en democracia, la justicia no solo debe ser imparcial. Debe parecerlo.

Los jueces no controlan el Parlamento. No controlan el Gobierno. No controlan los partidos. Pero sí controlan algo que, en política, es oro puro: el tiempo. Pueden dictar una sentencia en el momento más sensible del año o en el más irrelevante. Pueden acelerar una causa o dejarla reposar. Pueden abrir diligencias en 48 horas o en seis semanas. Y esa capacidad —legal, legítima, discreta— puede alterar el clima político sin necesidad de que nadie lo pretenda.

No se trata de acusar. Se trata de señalar un hecho evidente: Cuando las sentencias aparecen en momentos políticamente sensibles, la justicia corre el riesgo de parecer parte del calendario político. La ciudadanía no pide privilegios. Pide algo mucho más sencillo: que las decisiones judiciales no parezcan sincronizadas con los intereses de ningún partido.

Ese es el poder de un juez. Un poder que no está en los códigos, pero que existe. Un poder que no se enseña en las facultades, pero que influye. Un poder que no se reconoce en las leyes, pero que pesa. Y por eso conviene recordarlo. La justicia no solo debe ser independiente. Debe parecerlo. Siempre.

Gran estreno del Sporting B (0-1)

Le tocó volver a la competición al Sporting Atlético B, de Ceuta, que, un año más, afrontará una nueva e ilusionante, pero sobre todo exigente, temporada en Liga Nacional Juvenil. Un camino que empezó hoy sábado contra uno de esos equipos llamados a hacer grandes cosas en la competición como es el San Roque Balompié sevillano.

Precisamente hasta la capital andaluza se desplazaron los ceutíes en este primer envite, a las órdenes de un Ramón Caudevilla que, además, se estrenaba como técnico del equipo caballa en competición oficial.

Un partido táctico e igualado que se llevaron los caballas

Y no pudo tener un estreno más deseado. El plan de partido salió a las mil maravillas y el Sporting Atlético B se llevó el triunfo de vuelta a Ceuta tras imponerse por 0-1 a su rival. “Un partido muy táctico y muy igualado con buenas ocasiones para ambos lados”, recordó el presidente del Sporting Atlético, Mustafa Maateis.

Hubo que esperar hasta después del descanso para poder presenciar el primer gol del encuentro. Fue en ese momento cuando los de Ceuta dieron un paso al frente. “En la segunda parte fuimos mejores”, añadió Maateis.

Mientras el equipo local se encontraba volcado arriba en busca del primero, quien abrió la lata fue el Sporting Atlético B, que ejecutó una acción al contraataque a la perfección. Touhami fue quien finalizó la jugada cuando el marcador rozaba el minuto 70 de partido.

Un merecido premio a un partido «muy competido»

Ya a partir de ahí el Sporting Atlético B supo conservar la ventaja para sumar los tres primeros puntos de la temporada en Liga Nacional Juvenil. Contento quedó Ramón Caudevilla, que felicitó a sus chicos, y contento quedó Mustafa Maateis con el partido, pero sobre todo la actitud de los jóvenes caballas. “Muy bien los chavales. Muy bien plantados en un partido competido por los dos lados”, expresó.

Todo un golpe de autoridad para arrancar con una victoria a domicilio. La próxima semana los caballas se estrenarán en casa en este temporada 2026-27 en un nuevo encuentro de la Liga Nacional Juvenil. El Sam-Cam Dos Hermanas será su rival, ante el que los caballas buscarán una nueva alegría.

«Malika, Malika»: inmigrantes despiden a una trabajadora entre abrazos y lágrimas en Loma Colmenar

La tarde de este sábado dejó una de esas escenas que no pasan desapercibidas. A las puertas del embolsamiento de Loma Colmenar, habilitado como espacio de acogida para inmigrantes, un numeroso grupo de jóvenes se colocó alrededor de Malika, una de las trabajadoras del lugar, para pedirle que no se marchara.

Eran alrededor de las 20:00 horas cuando la emoción se hizo visible en el rostro de la trabajadora. Rodeada por varios de los chicos a los que ha acompañado durante estos días, Malika escuchaba cómo le gritaban: “No fuera Malika”, los chicos querían decir “Malika, quédate”, pero la barrera del idioma es evidente.

Este grito de cariño ha nacido del vínculo que ambas partes han ido creando durante días de convivencia.

Alboroto emocional

La escena llamó también la atención de los vecinos de la zona, que se asomaron para contemplar lo que estaba ocurriendo. Incluso agentes de la Policía Nacional y militares se acercaron al lugar para comprobar que todo estaba en orden ante el alboroto que se estaba generando.

Sin embargo, esta vez el motivo de la concentración era muy diferente: la emoción y el cariño hacia una trabajadora que había decidido poner punto final a su etapa allí.

«Me he acostumbrado a ellos»

Malika reconoce que estos días han supuesto mucho más que una experiencia laboral. Cada una de las personas acogidas tiene detrás una historia diferente y, desde su trabajo como coordinadora, ha podido conocer parte de ellas.

“Con cada uno se vive una experiencia diferente”, explica. Una experiencia de la que también asegura haber aprendido, “y se aprende también”.

Malika tenías las lágrimas saltadas al verse rodeada de numerosos jóvenes que coreaban su nombre y la abrazaban.

“Se me saltan las lágrimas porque me he acostumbrado a ellos. Saber la situación de cada uno…”, cuenta sin apenas poder continuar por la emoción evidente.

Detrás de esas palabras están las historias humanas que ha conocido y los momentos compartidos durante su trabajo con cientos de jóvenes.

Sin Malika, nada será igual

La despedida tampoco ha sido sencilla para quienes permanecen dentro del embolsamiento. Algunos de ellos incluso le han trasladado que estarían dispuestos a quitarse las pulseras que identifican su estancia en el recinto para marcharse si ella se iba. Una reacción que Malika recibe con emoción, pero que no desea para ellos.

“Todos han salido diciéndome que ellos se quitan las pulseras si yo me voy. Pero no es lo que quiero para ellos. Prefiero que se queden porque es lo mejor para ellos”, relata.

Agradecimiento

Malika ha decidido abandonar su puesto voluntariamente. “Porque quiero”, explica, dejando claro que su decisión es una elección personal y que no existe un motivo concreto detrás de su marcha.

Durante estos días, además, asegura que su relación con las personas acogidas ha sido muy positiva. “A mí, por ejemplo, jamás me han dado ningún problema”, señaló.

Una despedida que dejará huella

Ahora queda una despedida que, a juzgar por la reacción de quienes la rodeaban este sábado, dejará huella en ambos bandos: en Malika y en los chicos que convivieron con ella.

Malika se lleva consigo el aprendizaje de haber conocido sus historias y ellos parecen querer devolverle, a su manera, el cariño recibido.

«Muy agradecida»

“Estoy muy agradecida por lo vivido con ellos, por la experiencia que he adquirido con ellos”, concluyó.

Una frase directa y sencilla para cerrar una etapa que, al menos para quienes este sábado le pedían que no se fuera rodeándola de cariño, ha significado mucho más que un trabajo.

Desastre ecológico tras la entrada masiva: pesca ilegal y riesgo para la Patella Ferruginea

Es un problema estructural que ahora se ha agravado. La falta de control que siempre ha existido para proteger el medio ambiente de Ceuta sube varios peldaños con la generación de asentamientos como el del Trampolín en donde se está arrasando con todo.

Las pescas que se llevan a cabo carecen de vigilancia. Ya han circulado vídeos matando a pedradas a un pulpo, todavía se recuerda la muerte de la cría de delfín y se puede ver a cualquier hora del día como buscan lapas, la famosa Patella Ferruginea, especie protegida, entre las rocas.

La asociación Septem Nostra publicaba este sábado una colaboración en El Faro, en la que aludía a los graves incidentes que se están produciendo en el territorio ceutí por el establecimiento de inmigrantes en zonas que dejan de estar controladas y protegidas.

El daño medioambiental es severo, aunque en ello parece que nadie repara porque lleva toda la vida, entregado al olvido, como sucede con el cuidado patrimonial.

Lapas y protección que debe existir

Los inmigrantes que viven el Trampolín arrasan con todo, cogen lapas, una especie protegida que ha derivado en duras sanciones por parte de la Guardia Civil. Pero sucede que aquí no pasa nada, porque nadie hace controles y vigilancia para que puntos que deben estar protegidos no terminen completamente arrasados.

La propia Septem Nostra ha denunciado el impacto medioambiental que se está produciendo por la entrada masiva de estas personas, lo que ya dejó imágenes impactantes en todo el Tarajal, dejando la playa llena de plásticos y ropa.

A esto se suma la ocupación del borde costero, como ocurre en el Trampolín y también Benítez, en donde las casetas llegan hasta la parte más próxima al mar.

Contaminación de los arenales, montes, daños de especies protegidas…

En su colaboración semanal con El Faro, Septem Nostra explicaba cómo se está incurriendo en “contaminación de los arenales, de los montes y cómo se están alterando espacios protegidos y detectando afecciones a especies protegidas, como la patella ferruginea; así como la manipulación de mamíferos marinos, igualmente declarados vulnerables, como el caso de la cría de delfín”.

La entidad ecologista ha pedido una reunión a Medio Ambiente para abordar todo lo que está pasando, exigiendo que haya control. Ahora, con los asentamientos, los problemas se agravan, pero cabe reconocer que todo lo que tiene que ver con la cuestión ambiental en Ceuta está marcado por el abandono y la total ausencia de ordenación.

La Ciudad y el Área de Costas deben estar implicadas y actuar con determinación

Dentro de sus competencias, la Ciudad Autónoma tiene que enumerar todas estas incidencias para intervenir antes de que sea demasiado tarde, al igual que el Área de Costas, totalmente desaparecida en esta crisis cuando tiene una responsabilidad clara.

El desastre es mayúsculo porque se pesca lo que se quiere y se provocan daños irreparables. Ya antes existía un descontrol, pero ahora se pone de relieve.

A cualquier hora del día se puede apreciar a quienes viven en los asentamientos cogiendo lapas y especies, sin que nadie siquiera les advierte que eso está prohibido.

Un santuario mundial en Ceuta a riesgo de muerte

Que en comunicados o redes sociales la Guardia Civil advierte de la protección de la Patella Ferruginea de nada sirve, si luego no hay controles permanentes en este punto de la ciudad. De hecho, Ceuta es uno de los últimos santuarios mundiales que está en riesgo grave.

Se está hablando de un delito contra la fauna y biodiversidad marina que puede conllevar penas de prisión y multas elevadísimas. Eso si se hacen controles y se actúa evitando que todo quede arrasado.

El Ceuta B no puede con un Egabrense lanzado (1-3)

El estreno de la competición en Huelva ante un San Roque de Lepe de lo más competitivo convenció, aunque ahora le tocó a la AD Ceuta B refrendar esas buenas sensaciones en su vuelta a casa, al estadio Martínez Pirri.

Allí fue donde les esperó, a su salida al campo, un buen número de aficionados caballas en las gradas que, pese a las temperaturas elevadas, no dudaron en aprovechar la zona de sombra para resguardarse de un sol intenso y acompañar a los jóvenes caballas.

Saltaron al campo junto a los jugadores del CD Egabrense, que acompañaron en el sentimiento a Ceuta desde el principio. Posaron con una bandera de la ciudad autónoma antes de empezar y esperaron pacientemente hasta que los futbolistas del Ceuta B decidieron empezar el partido en señal de respeto.

Tal y como hicieron los mayores, los chicos de Polaco también quisieron aprovechar el altavoz que se les concede para protestar por la situación de la ciudad. El Egabrense, por su parte, mostró su apoyo en todo momento.

 

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Un inicio arrollador del Egabrense

Menos durante el partido. Una vez se dio por iniciado el encuentro, ahí ya no hubo amigos. Lo que comenzó entonces fue una intensa batalla por los puntos en el grupo décimo de Tercera RFEF.

Mordió mucho el Egabrense al comienzo. Impuso su dominio, instalándose en campo rival ante la inoperancia del Ceuta B. Hizo mover la bola con fluidez y, prácticamente en la primera que tuvo, la mandó a la red. Golazo sensacional de Rafa Capilla en el minuto 8. Nada pudo hacer Rodin. Un zapatazo inapelable.

No provocó reacción alguna, eso sí, por parte del Ceuta B, que no terminaba de sentirse cómodo en el partido. Le costó entrar en la rueda aunque, con el paso de los minutos, fue aclimatándose cada vez más hasta el punto de que se hizo con el control absoluto del partido.

Un centro del siempre ágil Sergio Veces desde la banda derecha arrancó los primeros aplausos, mientras que pasado el 20 Goodluck conectó un remate cercano que se marchó por encima del larguero.

Una reacción sin premio

Poco se vio entonces del Egabrense, que parecía haber cedido la iniciativa tras un comienzo de partido espectacular. Los aficionados, desde la grada, seguían el partido con cada vez más entusiasmo, a medida que entraban los suyos en el partido. Rodin, en su caso, no demasiado. Bien pudo plantar una sombrilla y sentarse un rato o ir a por un refrigerio al quiosco más cercano. Se le presentó una tarde plácida al portero, mientras el balón dejó de llegar a campo propio.

En la otra, no paró de martillear el Ceuta B. La más clara llegó al borde del descanso. Un tiro del 10 que repelió el portero visitante abajo. Se quedó cerca aunque, sin demasiado tiempo para lamentarse, pronto le tocó a los caballas enfilar el camino hacia vestuarios para preparar el plan de remontada a ejecutar tras el descanso.

A por todas tras el descanso

Salió mucho más intenso el Ceuta B a la segunda parte. Los cambios le vinieron bien a un equipo que ganó en muchos sentidos. También en juego y ocasiones. Uno de los que entró, Nico Pereira, tuvo una de las más destacadas con un tiro por encima del larguero.

El extremo asturiano volvió a tenerla después pero no acertó a aprovechar la dejada de Goodluck y su violento disparo no encontró portería. Algo menos activo en ataque estuvo el Egabrense. Apenas tuvo presencia de cara a la portería contraria, como si se habría centrado en proteger la ventaja como oro en paño.

Se mantuvo firme atrás y abortó toda una lluvia de centros. Prácticamente esa quedó como la única forma en la que la Ceuta B, pese a llevar el control, fue incapaz de meter el susto en el cuerpo de los cordobeses. Balones a la olla, cargados de fe pero sin puntería alguna.

Mucho control, pero nada de acierto. Todo lo contrario a lo que demostró el Egabrense que, con dos chispazos, prácticamente sentenció el partido. El primero de Javi Ariza, en el minuto 80, llegó en un centro desde la banda mal defendido. El segundo, de Álex Bonilla, prácticamente cayó por su propio peso. Una carrera al espacio que culminó con un mano a mano contra Rodin que finalizó cómodamente metiendo el interior del pie.

La primera victoria deberá esperar

Goodluck maquilló el marcador a falta de cinco para la conclusión. Una recta final en la que incluso le dio tiempo a Rodin a intervenir para evitar el que hubiera sido el cuarto. Aún así, no se movió más el marcador. 1-3 para el CD Egabrense que encadena su segunda victoria y va completamente lanzado. El Ceuta B, para celebrar la suya, deberá esperar. Le tocará intentarlo el próximo fin de semana contra el Chiclana CF.

La primera victoria para el Ceuta B en liga deberá, por tanto, esperar. Le tocará intentarlo el próximo fin de semana contra el Chiclana CF.