El vecino de Ceuta detenido tras el altercado ocurrido en la tarde de este domingo en el puerto, que terminó con el vehículo de la diputada Julia Ferreras destrozado, ha quedado en libertad y pendiente de instrucción, según han confirmado fuentes judiciales a El Faro.
Hoy también ha acudido al juzgado Ferreras, en donde ha reclamado que se identifique a todos los implicados en el suceso en el que, como ha confesado, pasó miedo. Junto a ella estaban el activista Rafael Borrego y la abogada Sofía Cánovas.
Aunque desde Ceuta Ya! se indicaba incluso esta misma mañana que eran dos las personas detenidas, al juzgado solo ha sido trasladado uno de ellos, el joven con la bandera de España al cuello a quien los agentes del CNP se llevaron detenido del espacio portuario en donde había tenido lugar una auténtica tangana.
El coche de Ferreras quedó destrozado tanto por la parte delantera como trasera.
La protesta que terminó con cargas policiales
La protesta de ceutíes que habían acudido al lugar quedó marcada por las cargas policiales que se produjeron cuando acudían a recibir a los miembros de Negu Gorriak/Derecho a Techo.
Fue en ese momento cuando comenzaron los insultos, enfrentamientos y cuando, al paso del coche de Ferreras, tuvieron lugar los episodios más graves.
Palabras del ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, a favor de Ferreras
En el vídeo grabado desde el interior del coche se recoge cómo fue toda esa secuencia y el miedo que pasaron los ocupantes del vehículo mientras les arrojaban piedras y huevos.
El propio ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, ha condenado esta agresión, indicando que casos violentos deben responderse con el estado de derecho.
Ha ofrecido su apoyo a la propia Ferreras y a las dos personas que estaban junto a ella.
Lo ocurrido ayer en nuestra ciudad es indefendible. Atacar un vehículo con piedras y huevos, rodearlo, impedir su salida y mantener la agresión pese a que sus ocupantes trataban de explicar que se había producido una confusión constituye un acto de violencia que no admite justificación. Julia Ferreras, diputada de la Asamblea por Ceuta Ya!, ha relatado que llegó a temer por su vida y que tuvo que ser auxiliada por la Policía. El vehículo en el que viajaba junto a Rafael Borrego y Sofía Acevedo terminó gravemente dañado y dos personas fueron detenidas, según las informaciones publicadas.
Conviene decirlo desde el principio y sin matices: la violencia es indefendible, la ejerza quien la ejerza y la sufra quien la sufra.
Una sociedad verdaderamente libre no se construye seleccionando qué agresiones merecen nuestra condena y cuáles podemos comprender, relativizar o incluso celebrar. Se construye precisamente desde la convicción de que determinados límites no pueden depender de nuestra ideología, de nuestras simpatías políticas ni de quién se encuentre al otro lado. La cuestión, por tanto, es bastante más profunda que lo ocurrido ayer en el puerto.
Porque, si aceptamos el principio de la no violencia, debemos aceptar también que la violencia no se reduce a una piedra contra un coche. Existen formas de intimidación, humillación, hostigamiento y violencia verbal o psicológica que, aunque no dejen un cristal roto, también pueden contribuir a deteriorar la convivencia y a convertir al adversario político en un enemigo al que hay que expulsar, silenciar o señalar. Y es aquí donde resulta inevitable mirar hacia atrás.
El pasado 1 de agosto, durante la visita a Ceuta de Alvise Pérez, Vito Quiles y miembros de Núcleo Nacional, nuestra ciudad volvió a vivir una jornada de enorme tensión. Hubo contramanifestaciones, gritos, insultos y un importante dispositivo policial. Alvise Pérez tuvo que ser escoltado hasta el puerto ante la presión de los manifestantes, mientras Vito Quiles abandonaba la concentración en medio de un ambiente de máxima tensión.
No pretendo convertir esteen una defensa de Vito Quiles, sería aberrante. Tampoco considero necesario compartir sus posiciones, sus métodos o su manera de ejercer el activismo político para reconocer algo elemental: una persona no pierde sus derechos porque sus ideas nos resulten profundamente desagradables.
Y es precisamente por eso por lo que merece ser recordada una publicación realizada entonces por Julia Ferreras. La diputada escribió: “HoylehemosgritadoalosfascistasquequeremosunaCeutaunidayno dividida, que su odio no es bienvenido en nuestra ciudad, que su discurso racista que solo pretende sacar tajada de una de las situaciones más difíciles que hemos vivido no tiene cabida entre nosotras. Hoy solo siento orgullo”.
Es legítimo preguntarse qué significa exactamente ese orgullo. ¿Orgullo por defender públicamente una idea de convivencia? Perfectamente legítimo. ¿Orgullo por ejercer el derecho de manifestación y expresar el rechazo a determinados discursos? También.
Pero si hablamos de no violencia, debemos preguntarnos dónde situamos la frontera cuando una protesta deja de ser expresión democrática y empieza a convertirse en intimidación, persecución o acoso. Y esta reflexión cobra todavía mayor importancia al analizar lo ocurrido ayer.
El colectivo navarro Negu Gorriak/Derecho a Techo había anunciado su desplazamiento a Ceuta desde Pamplona. Según su propio comunicado, pretendía llevar ayuda humanitaria y desarrollar acciones de observación, pero también hablaba expresamente de “desobediencia” y “resistencia” frente a lo que el colectivo considera actuaciones violentas de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad y del Ejército.
La llegada del grupo generó una protesta previamente convocada en el puerto. Los manifestantes expresaron su rechazo a su presencia y algunos utilizaron consignas extremadamente graves.
Posteriormente se produjeron los altercados y el ataque al vehículo de Ferreras.
Conviene, sin embargo, detenerse también en lo ocurrido durante las horas previas y en el papel desempeñado por quienes finalmente terminaron dentro de aquel vehículo. Rafael Borrego llevaba desde antes de la llegada del colectivo navarro publicando en sus redes sociales su particular interpretación de la realidad ceutí. En una de esas publicaciones describía una supuesta división entre un “centro rico”, “cristiano”, y una periferia asociada a la pobreza y a la población musulmana, y cuestionaba que los medios dieran voz a los ceutíes que se sienten “desesperados y al límite”, calificando de relato de odio las opiniones que no compartía. Durante la mañana había documentado además una manifestación de cientos de ceutíes hacia el Tarajal y, horas después, se encontraba en las inmediaciones del puerto grabando a los concentrados; según imágenes difundidas por él mismo y testimonios recogidos posteriormente por la prensa, llegó a mantener un enfrentamiento verbal con algunos de ellos.
Es en ese contexto cuando Julia Ferreras acude a recoger a Borrego después de que este se pusiera en contacto con ella al encontrarse en la zona del puerto. No hay nada ilegítimo, por supuesto, en que una persona recoja a otra, ni ese gesto puede utilizarse para justificar en lo más mínimo la posterior agresión al vehículo. Pero sí conviene recordar algo que parece haberse perdido en la discusión: Julia Ferreras no dejó de ser diputada de la Asamblea de Ceuta en ningún momento de aquella tarde. Lo era cuando acudió al puerto; lo era cuando decidió recoger a Rafael Borrego; y lo seguía siendo cuando, ya dentro de su vehículo, tuvo que identificarse ante quienes lo estaban atacando. La condición de representante pública no aparece y desaparece en función de la persona a la que acompañe o de las circunstancias en las que se encuentre. Precisamente por ello, cuando ella misma reclama desde el interior del coche que es “diputada de la Asamblea de Ceuta”, está ejerciendo una condición que también ostentaba minutos antes, cuando decidió acudir a recoger a un activista cuyas publicaciones y actuaciones previas eran ya conocidas.
Y esta circunstancia plantea una cuestión distinta, que no tiene nada que ver con justificar lo ocurrido después: ¿dónde situamos la responsabilidad política de nuestros representantes cuando deciden implicarse personalmente en determinados escenarios y junto a determinadas personas? Una diputada tiene, naturalmente, plena libertad para relacionarse con quien considere oportuno y para defender las causas que estime legítimas. Pero también ocupa una posición pública que trasciende sus decisiones estrictamente privadas. Por eso resulta legítimo exigirle la misma coherencia que exigimos a cualquier otro actor de esta crisis: que condene la violencia sin excepciones, que rechace la intimidación venga de donde venga y que no convierta la defensa de unas determinadas ideas en una licencia para relativizar las conductas que puedan resultar incómodas cuando proceden de su propio entorno.
Todo esto exige distinguir responsabilidades. Que un colectivo anuncie desobediencia no justifica que nadie le agreda. Que unos ciudadanos protesten contra su llegada tampoco justifica que lancen piedras. Que alguien viaje en ese contexto tampoco convierte automáticamente en legítima cualquier actuación de quien le acompañe.
Los principios democráticos tienen precisamente la función de impedir que cada grupo establezca sus propias reglas. Por eso resulta razonable preguntarse también por qué el anuncio de acciones de “desobediencia” y “resistencia” no generó, antes de la llegada del colectivo, el mismo debate público sobre los límites de la protesta que ahora se produce después de los disturbios.
Si defendemos que la violencia y la intimidación son incompatibles con la convivencia, debemos aplicar ese criterio con independencia de quién las protagonice y de la causa que invoque. Y aquí aparece, a mi juicio, el verdadero peligro.
Una sociedad empieza a deteriorarse cuando cada grupo construye su propia definición de violencia. Cuando el insulto propio se convierte en libertad de expresión y el del contrario en discurso de odio. Cuando perseguir a alguien es una movilización ciudadana si lo hacemos nosotros, pero acoso si lo hacen contra nosotros. Cuando la desobediencia se presenta como una virtud cuando coincide con nuestros principios y como una amenaza cuando procede del adversario. Ese juego es extraordinariamente peligroso.
Porque ayer algunos manifestantes confundieron a las personas que viajaban en un vehículo con los activistas a los que estaban esperando y terminaron atacando a quienes no eran su objetivo. Ferreras trataba de explicar desde el interior del coche que era diputada de la Asamblea y que se habían equivocado. Según el relato recogido por ElFarodeCeuta, los impactos continuaron hasta que la Policía logró intervenir. La escena debería hacernos reflexionar a todos.
¿En qué momento dejamos de ver personas y empezamos a ver etiquetas? Ya no era Julia. Ya no era Rafa. Ya no era Sofía. Eran, simplemente, aquello que algunos habían decidido que representaban. Y cuando una sociedad alcanza ese punto, el riesgo aumenta exponencialmente. La deshumanización del adversario es siempre el primer paso para justificar aquello que, en otras circunstancias, consideraríamos intolerable.
Ceuta tiene derecho a estar preocupada. Tiene derecho a exigir respuestas. Tiene derecho a manifestarse. Tiene derecho a cuestionar las políticas migratorias, a reclamar mayor seguridad y a exigir responsabilidades a quienes gobiernan. Del mismo modo, quienes llegan a nuestra ciudad tienen derecho a expresar sus posiciones dentro de los límites establecidos por la ley.
Lo que no podemos hacer es convertir la indignación en una patente de corso. Ni para unos ni para otros.
No podemos justificar una piedra porque quien la lanza comparte nuestras preocupaciones. No podemos justificar la intimidación porque quien la sufre representa aquello que rechazamos. No podemos considerar que una multitud tiene razón simplemente porque comparte nuestra causa.
La violencia no deja de ser violencia cuando cambia de camiseta. Y aquí es donde creo que debemos exigir algo más a nuestros representantes, a nuestros activistas, a nuestros periodistas y también a nosotros mismos: coherencia.
No podemos pedir serenidad únicamente cuando estamos siendo atacados. No podemos reivindicar la tolerancia únicamente cuando necesitamos que toleren nuestras ideas. No podemos exigir que se respeten nuestros derechos mientras relativizamos los derechos de quienes pensamos que están equivocados.
Los principios que solo aplicamos cuando nos benefician dejan de ser principios: se convierten en herramientas.
Utilizarla violencia como herramienta política, incluso de manera indirecta mediante la intimidación, la humillación o la deshumanización del adversario, es un juego cuyas consecuencias nadie puede controlar eternamente.
Por eso, lo ocurrido en el puerto debe ser condenado sin ambages. Pero también debería servir para algo más que para señalar a los responsables de la agresión. Debería obligarnos a mirar hacia dentro y preguntarnos qué estamos normalizando, qué estamos justificando y qué límites estamos dispuestos a defender incluso cuando hacerlo significa defender a alguien con quien discrepamos profundamente.
Porque una Ceuta unida no puede ser aquella en la que todos pensamos lo mismo. Debe ser aquella en la que, precisamente porque pensamos diferente, somos capaces de convivir sin convertir nuestras diferencias en una guerra permanente.
Y quizá esa sea la única posición verdaderamente coherente: Violencia, nunca.
Ni cuando la ejerce el adversario. Ni cuando la ejerce alguien que consideramos próximo. Ni cuando creemos que nuestra causa es justa. La ejerza quien la ejerza.
Porque si aceptamos excepciones, tarde o temprano dejaremos de saber dónde estaba el límite.
Me preocupa que Ceuta se acostumbre a la violencia. Que una agresión se despache diciendo que la gente está harta y que el sufrimiento de unos termine utilizándose para justificar el daño a otros. El malestar de los vecinos merece respuestas urgentes. Precisamente por eso, quienes tienen responsabilidades públicas deben evitar que ese malestar se convierta en una excusa para perseguir a personas o impedir medidas que pueden aliviar la situación.
El ataque del 20 de septiembre al coche de Julia Ferreras, diputada de Ceuta Ya!, debería hacernos reaccionar. Un grupo de personas lanzó piedras y huevos y golpeó el vehículo mientras ella y sus acompañantes estaban dentro. La intervención policial permitió que salieran del lugar. Ferreras y el abogado Rafael Borrego presentaron denuncia. Rodear un coche y destrozar sus cristales pone en peligro a sus ocupantes, sean quienes sean. (elDiario.es, 20 de septiembre)
Antes habían ocurrido los ataques a los asentamientos del entorno del Trampolín y Benítez. Las crónicas de finales de agosto recogieron destrozos, quema de refugios y enseres, y mantas y colchones arrojados al mar. También se bloqueó el acceso de vehículos de Cruz Roja que llevaban alimentos. Hay que detenerse en lo que significa: destruir lo poco que tiene alguien que duerme en una playa e impedir que reciba comida. (RTVE, 27 de agosto)
A ello se suman las denuncias de agresiones y hostigamiento contra ceutíes musulmanes, señalados como extranjeros en su propia ciudad. El País ha recogido testimonios de vecinos a los que insultaron y exigieron identificarse al confundirlos con recién llegados. Nadie debería tener que demostrar su pertenencia a Ceuta ante un grupo de particulares. Y ninguna persona migrante pierde su dignidad ni su derecho a estar a salvo por carecer de documentación. (El País, 9 de septiembre)
Los periodistas también han denunciado golpes, insultos y amenazas durante las movilizaciones. Informadores de medios muy distintos han sufrido ese acoso. Cuando se intimida a quien graba o pregunta, se dificulta que la sociedad conozca lo que sucede. Una ciudad que necesita ser escuchada se perjudica a sí misma cuando algunos intentan imponer por la fuerza qué puede contarse de ella. (El País, 8 de septiembre)
La crítica al presidente del Gobierno, al delegado y al Gobierno de la Ciudad es necesaria. Pedir explicaciones y responsabilidades forma parte de la vida democrática. Los insultos no resuelven ninguna de las carencias que padecemos. Y quienes aprovechan una manifestación para rodear, perseguir o amedrentar a alguien están abusando de la fuerza del grupo. La responsabilidad de los organizadores debe incluir el rechazo inequívoco de esas conductas.
Desde el principio de esta crisis se ha alimentado el discurso del odio con términos como «invasión» e «invasores». Presentar a personas como un enemigo al que combatir prepara el terreno para que cualquier insulto, persecución o agresión encuentre una excusa. Así se acaba intentando vender la violencia como defensa de Ceuta y la ayuda humanitaria como una traición. Esa deshumanización facilita que se deje de ver a la víctima y se justifique el daño que recibe. Quienes difunden ese lenguaje tienen una responsabilidad política y social que no desaparece con una condena posterior. (Europa Press en 20minutos, 8 de agosto) (El Faro de Ceuta, 26 de agosto)
A mi juicio, a la ultraderecha en Ceuta se le está cayendo la careta. Su discurso de exclusión ofrece una salida peligrosa al descontento: buscar personas a las que culpar por su origen y convertir la solidaridad en motivo de sospecha. Me preocupa que esa forma de entender la ciudad gane terreno y que acabemos aceptando distintos grados de protección según el nombre, la apariencia o las ideas de cada cual.
En las imágenes del ataque en el puerto aparecen una bandera española y una enseña con la cruz de Borgoña. Llevarlas no demuestra por sí solo la pertenencia a una organización, pero tampoco atenúa lo sucedido. La bandera de España pertenece también a los ceutíes musulmanes y a quienes están siendo señalados. Ninguna bandera ni ninguna cruz convierte una agresión en patriotismo. (Fotografías de elDiario.es)
Hay, además, una contradicción que necesita una respuesta pública. Se exige al Gobierno que saque a los inmigrantes de calles y playas mientras se promueve el rechazo a espacios donde alojarlos. El 5 de septiembre, El País documentó movilizaciones contra las instalaciones del puerto y recogió de un representante vecinal esta frase: «No los queremos aquí, punto». La crónica también relató insultos a los trabajadores que levantaban las carpas. (El País, 5 de septiembre)
¿Cómo vamos a despejar las calles si rechazamos los lugares donde alojar a quienes están en ellas? Alentar el rechazo a cualquier ubicación, sin plantear una alternativa viable, dificulta el trabajo de quienes intentan organizar la acogida. Cada plaza que falta significa que alguien seguirá durmiendo al raso y que los barrios continuarán soportando una situación que todos queremos resolver.
Los vecinos tienen derecho a conocer los proyectos y a exigir seguridad, limpieza y condiciones adecuadas. Las objeciones técnicas deben estudiarse con seriedad. Si un emplazamiento presenta riesgos, habrá que corregirlos o buscar otro. Pero esa discusión necesita propuestas concretas y plazos. Rechazar todos los lugares disponibles acaba trasladando el problema a la acera de otro barrio, sin resolverlo para nadie.
La acogida provisional es una necesidad inmediata mientras las autoridades tramitan la situación de cada persona. Un alojamiento digno permite organizar la atención y reducir la permanencia en asentamientos improvisados. El Gobierno central debe aportar recursos, explicar sus decisiones y responder por sus errores. La Ciudad debe colaborar dentro de sus responsabilidades. La población necesita saber qué se está haciendo y cuándo habrá resultados.
El Gobierno de Ceuta ha condenado el ataque a Julia Ferreras y le ha trasladado su apoyo. Esa condena es necesaria y debe tener continuidad. Las instituciones han de proteger a las víctimas, facilitar que se investiguen las agresiones y evitar mensajes que señalen a colectivos enteros. La responsabilidad política también se mide por la capacidad de rebajar la tensión cuando resulta más fácil aprovecharla. (EFE, 21 de septiembre)
Mi solidaridad con Julia Ferreras, sus acompañantes y todas las personas agredidas o amenazadas. Quiero que las familias ceutíes recuperen la tranquilidad y que ninguna persona tenga que dormir en una playa o temer una persecución. Exigir soluciones obliga también a facilitar que se construyan. Ceuta merece recuperar sus calles con seguridad y conservar algo que costaría mucho más reparar: la confianza entre sus vecinos.
CCOO Ceuta ha remitido un escrito a la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, solicitando una exención temporal e inmediata del requisito de empadronamiento en Madrid para la obtención y renovación de laTarjeta de Transporte Público Personal (TTP-personal) a las personas empadronadas en Ceuta.
«Esta reclamación sindical surge tras la entrada en vigor, el pasado 15 de junio de 2026, de las nuevas instrucciones fijadas por el Consorcio Regional de Transportes Públicos Regulares de Madrid. Dicha regulación subordina la expedición o duplicado de la TTP-personal a la acreditación de la residencia en la Comunidad de Madrid mediante certificado de empadronamiento, exceptuando únicamente a municipios de comunidades colindantes mediante convenios específicos, como Castilla-La Mancha y Castilla y León, o por motivos tecnológicos en el caso de las familias numerosas».
Un «dilema socioeconómico inasumible»
CCOO Ceuta ha advertido, en nota de prensa, del «grave perjuicio económico y social» que esta medida ocasiona a los cientos de personas empadronadas en Ceuta que, «por razones de trabajo, estudios, sanitarios o de otro tipo, residen temporalmente en Madrid».
«La aplicación estricta del requisito impone a estas personas un dilema injusto:
• Si mantienen su empadronamiento en Ceuta para conservar el descuento legal de residente en el transporte aéreo y marítimo, la Comunidad de Madrid les deniega la TTP-personal.
• Si se empadronan en Madrid para acceder a la tarjeta bonificada de transporte público, pierden de forma automática la bonificación de residente para viajar a la nuestra Ciudad Autónoma, encareciendo notablemente los desplazamientos para visitar a sus familias y mantener su arraigo con nuestra tierra».
Al respecto, Ángel Lara, secretario general de CCOO Ceuta, ha subrayado que «la grave situación que atraviesa nuestra ciudad ahonda en la necesidad de mantener el empadronamiento en Ceuta de nuestras conciudadanas y conciudadanos, al objeto de facilitar el encuentro con sus familiares».
Peticiones concretas a la Presidencia madrileña
CCOO Ceuta, en defensa de los derechos de las personas trabajadoras ceutíes y de sus familias, ha solicitado formalmente a Díaz Ayuso que «exima, de forma temporal e inmediata, a las personas empadronadas en la ciudad autónoma de Ceuta de la «obligación de empadronarse en Madrid para solicitar o renovar la Tarjeta de Transporte Público Personal».
Asimismo, el sindicato pide «mantener esta medida excepcional vigente hasta que la Comunidad de Madrid y la Ciudad Autónoma de Ceuta negocien y firmen un Convenio específico en materia de transporte».
El sindicato confía en que el Ejecutivo madrileño «estudie, valore y atienda esta petición a la mayor brevedad posible, apelando a los principios de equidad y solidaridad territorial».
El menor detenido tras arrojar ladrillos a una vecina de Ceuta tras sorprenderle en plena realización de una obra ilegal en el Príncipeha quedado en libertad con cargos este lunes, después de que se prorrogara su detención, practicada el fin de semana.
Se ha impuesto una orden de alejamiento respecto de la víctima, y queda investigado por delito de lesiones con medio peligroso, al haber atacado a la denunciante con los ladrillos que estaba colocando para levantar una pared.
El menor tendrá juicio en el Juzgado de Menores por estos hechos y mientras tanto no puede tener contacto con la víctima ni aproximarse a ella.
El vídeo que recogió toda la agresión
Una grabación difundida en redes sociales dejó buena cuenta de la violencia empleada para arrojar ladrillos contra la denunciante, que tenía a su hijo pequeño en brazos.
Destrozó los cristales de la ventana, causándole importantes daños en el rostro de los que tuvo que ser atendida en el hospital.
Al regreso del centro sanitario, se encontró con su casa completamente destrozada y ladrillos en su interior.
La víctima protegió a su hijo pequeño
La mujer había protegido al pequeño en sus brazos para evitar que esos ladrillos impactaran en su cuerpo, ya que el resultado hubiera sido demoledor. A este periódico relató que vio la muerte y expuso que quería justicia.
“Lo protegí, lo podía haber matado”, explicaba relatando la forma en la que dio protección a su hijo. A tenor de las lesiones que marcan su rostro, no queda duda de cuál podía haber sido el devenir del chiquillo. La mujer recibió ese golpe en el rostro y otro en la espalda.
Ahora, tras el dictado de esta resolución judicial, habrá que esperar la celebración de la vista oral.
En este asunto en el que el menor ha sido grabado causando esos destrozos, se debe determinar qué adulto lo mandó a perpetrar una acción con consecuencias gravísimas.
El presidente de la Ciudad Autónoma de Ceuta, Juan Vivas, ha rechazado reunirse este lunes con el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, según indican fuentes gubernamentales, que le reprochan que no tenga tiempo para recibirle pero sí para mantener un encuentro con el líder de su partido, el presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo.
Marlaska visita este lunes el Centro de Acogida Temporal de Extranjeros y distintas unidades de la Policía y la Guardia Civil, así como las dependencias de la Oficina de Asilo y Refugio en una nueva visita a Ceuta en plena crisis por la entrada masiva de finales de julio.
Los problemas de agenda de Vivas
El ministro intentó reunirse con Vivas aprovechando su estancia en Ceuta, pero este lo ha rechazado alegando problemas de agenda –según indican desde el Gobierno central a Europa Press— en la que figura un encuentro con Feijóo y con el líder del PP europeo, el alemán Manfred Weber, también de visita en la ciudad autónoma. Feijóo, Weber y Vivas han dado una rueda de prensa conjunta este lunes.
El malestar de Marlaska
En el Ejecutivo muestran su malestar por que Vivas rechace un encuentro con un integrante del Consejo de Ministros y anteponga una reunión de partido, en un nuevo episodio del choque entre el Gobierno de Pedro Sánchez y el dirigente ‘popular’.
Vivas replicó tildando las palabras de Sánchez de «salida de tono» y reprochándole que trate de descargar la responsabilidad de la situación en la administración ceutí. Además insistió en que las competencias de identificación de los inmigrantes irregulares corresponde al Ministerio del Interior.
Lo que está pasando en Ceuta es la crónica de un auténtico desastre. A estas alturas, 52 días después de la entrada masiva de miles de personas, existe un vacío de seguridad tan impresionante que es capaz de cargarse de un plumazo toda una operación de traslado de inmigrantes.
Sucedió ayer. El operativo preparado para vaciar la playa de Benítez próxima a la desaladora terminó evidenciando la quiebra de seguridad que existe actualmente cuando somos incapaces de conocer cuántas personas se encuentran escondidas en Ceuta.
Y ese desconocimiento, esa falta de datos, lleva a que un puñado de guardias civiles que pensaban poder controlar un movimiento de personas coordinado terminó viéndose desbordado por una masa que ni se sabe de dónde había salido.
Lo que se había planteado como un traslado normalizado -como otros recientes llevados a cabo- terminó siendo un caos absoluto, con inmigrantes descendiendo a la carrera de los montes más próximos y otros que se habían adelantado a quienes debieron ir en cabeza para liberar el espacio de seguridad próximo a la desaladora.
Que no se hubiera previsto esta posibilidad dice mucho de hasta qué niveles estamos llegando de desconocimiento sobre todas las consecuencias de las avalanchas de finales de julio. Cómo se va a poner orden, cómo se va a manejar una operativa para devolver a Marruecos a todos los que llegaron, si ni siquiera se tiene controlada una población que sigue siendo, 52 días después, fantasma.
Es gravísimo moverse en este tipo de escenarios. Grave y peligroso. El debate se ha torcido tanto que ya la política ha vuelto a hacer de las suyas, buscando enfrentamientos, titulares y afrentas que en nada sirven para que Ceuta empiece a recuperar cierto orden. Que una operación que se había pensado normalizada termine de esta forma debería haber provocado una valoración del mando único más alejada de la que dio a través de su perfil en redes sociales. Lo sucedido es gravísimo porque la ignorancia de lo que tenemos es lo peor.
La frase va a quedar para enmarcar como síntesis del sanchismo en Ceuta: «eso a Vivas». Él y sus acólitos, lenguaraces donde los haya, se van cubriendo de gloria con el paso de los días cada vez que hablan de Ceuta: bien sea por sus mentiras, chulería o traiciones.
Es curioso como ha contagiado de tales cualidades a sus correligionarios: próceres de la política, del periodismo o simples tertulianos, da igual. Sólo hay que oír a sus ministriles, a los periodistas amarillistas del “club los 61” o los “paco álvarez” capaces de ponerse una camisetas con el “gracias marruecos”; todos ellos dispuestos a reescribir la historia de nuestra tierra ante nuestros propios ojos.
Claro que también están las “bien intencionadas” de la causa humanitaria y migratoria que no se dan por enteradas de qué va esto. Causa humanitaria la de mí ciudad, que los tenemos que aguantar a la fuerza y han cambiado nuestra forma de vida violentando nuestra frontera. Ya veríamos si la Montero, puestos los invasores en la acera de su chalet de 615.000 € en Galapagar -como están aquí en muchas barriadas- diría eso de «no son invasores, son pobres chavales en chanclas comiendo bocadillos».
Se advierte desde hace tiempo que están intentando cambiar el relato como han cambiado otros muchos, así que lo importante es estar al quite, porque han perdido la vergüenza ante la que se les viene encima. Y la que se les viene es algo tan sencillo como dejar de obtener los réditos que el poder les ofrece: prebendas, reconocimientos, escaños, colocaciones en los medios, gratificaciones… siempre habrá gentecilla dispuesta a todo con tal de seguir pegada al poder y de él pagada.
«En estos días un alcalde-presidente de una pequeña ciudad se ha metido en el corazón de muchísimos ciudadanos, robándole protagonismo y razones a todo un presidente del Gobierno de España»
En estos días un Alcalde-Presidente, de una pequeña ciudad, se ha “metido” en el corazón de muchísimos ciudadanos robándole protagonismo y razones a todo un presidente del gobierno de España, y esto es más de lo que el sobrao Sánchez puede soportar; al mismo tiempo que desmonta otras falacias de ministros y adictos al régimen. Esto no lo van a perdonar. Así que ha comenzado la cacería de Vivas y ya iremos viendo como lo irán poniendo de hoja de perejil: verde, picado, troceado y desmenuzado.
En cuanto a Sánchez creo que poco o nada tendrá que hacer aquí, y me temo que el psoe local tampoco por un tiempo, por lo que volverá al restringido entorno familiar y exigua peña de otros tiempos. Tiene guasa que, hoy por hoy, el posible salvavidas de un partido que se desmorona localmente sea quien se revela contra una ejecutiva torticera que apoya a un presidente de gobierno y su “fiel delegado” (que se va a ir más pronto que tarde) de los que todo parece indicar han traicionado a Ceuta y sus gentes, por lo que ellos (la ejecutiva) también andarán cerca de la deslealtad para con la ciudad.
A nuestro diputado local lo coge la fontanera y cambiando el coronel Balas de la benemérita por diputado diría aquello de «si León está muerto, mejor»; y ahora, si quieren, lo revisten de la semántica política de «destruir su reputación profesional o conseguir su destitución fulminante», equivalente a matarlo civil o laboralmente que digo yo y que es a lo que intentan con jueces, periodistas y políticos no afines al régimen. Ojito Melchor, que irán a por ti… también cabe la posibilidad que te nombren candidato a dirigir el partido, que están faltos de socialistas de pro, aquellos de los que se decía en mi época eran «socialistas de verdad, íntegros, ejemplares y profundamente comprometidos».
Cuando escribo esta colaboración asisto atónito y sorprendido a dos reportajes en televisión: (1) atónito al ver el traslado de cientos de invasores de la playa Benitez a las carpas del puerto, dejando a un lado a la Ciudad y a la Autoridad Portuaria -todo un riesgo que lo fían a la suerte y al esfuerzo policial-, después se quejan de palos en las ruedas y falta de cooperación de la Ciudad; (2) sorprendido al ver la visita programada por los asesores monclovitas a un pueblo de Huelva, la llamada “Operación Bonares” al estilo de “Bienvenido míster Marshal” de Berlanga (1953), obra maestra de la sátira cinematográfica española. Hoy, como entonces, las expresiones ciudadanas sobrepasan la fina línea que separa admiración y ridículo, trato alentado por los políticos del lugar, de la capital y el propio Sánchez, como servidumbre al poder político: «¡Qué alto eres!, ¡Qué guapo eres!, ¡Qué fuerte estás! o ¡Hay que ver lo fuerte que eres!» Para mí que sólo faltó que el alcalde de Bonares, desde el balcón y al estilo don Pablo de la película, dijera aquello de: «como alcalde vuestro que soy, os debo una explicación, y esa explicación que os debo, os la voy a pagar, porque yo, como alcalde vuestro que soy, os debo una explicación...»; don Pablo refleja a la perfección la incompetencia y el absurdo de las autoridades locales de la época en una sumisión e ingenuidad ante la autoridad, lo que casi 80 años más tarde sigue siendo igual para nuestra desgracia ante un Sánchez en versión actualizada de míster Marshal.
Me consuela pensar que en Ceuta no será igual y que cuando alguien pregunte ¿qué pasó con el socialismo? le contestaremos… “eso a Sánchez”.
Ceuta fue, para los historiadores árabes medievales, una ciudad africana integrada plenamente en al-Andalus. No la describen como una posesión africana ajena, sino como parte del territorio hispano-visigodo que los musulmanes conquistaron al cruzar el Estrecho. Ibn Jaldún lo dice sin rodeos: «Yulyān, señor de Sabta, era de los godos de al-Andalus» (Kitāb al-ʿIbar). Si el gobernador de Ceuta era “de los godos de al-Andalus”, entonces Ceuta formaba parte de al-Andalus antes incluso de la conquista islámica. Al-Masʿūdī confirma la misma idea cuando describe Ceuta como «ciudad de los rûm y después de los godos» (Murūj al-dhahab), es decir, integrada en la órbita política hispana. Ibn al-Qutiyya, descendiente de la nobleza visigoda, remata el cuadro: «El dominio de los godos llegaba hasta las ciudades del Estrecho» (Ta’rīkh iftitāḥ al-Andalus). Para estos autores, Ceuta no es una frontera africana: es la puerta africana de al-Andalus.
Y para estos mismos historiadores, al-Andalus no es un nombre geográfico, sino histórico: procede de al-Fandalus, la tierra de los vándalos, pueblo asentado en el sur de España en el siglo V. Ibn Jaldún lo afirma de forma explícita: «Al-Andalus deriva de al-Fandalus, nombre de los vándalos»
PARTE DOS: El arma energética española frente a Marruecos
La vulnerabilidad energética de Marruecos frente a España es real, pero debe describirse con precisión. España no puede “apagar Marruecos” de forma inmediata: el gas natural representa alrededor del 11% de la generación eléctrica marroquí¹, mientras que el carbón mantiene un peso muy superior. El poder español reside en otro punto: controla la principal vía de infraestructura que permite actualmente a Marruecos acceder al mercado internacional del gas.
Desde 2022, el gasoducto Magreb–Europa transporta hacia Marruecos gas natural licuado comprado en los mercados internacionales y regasificado previamente en EspañaZ. En 2023 Rabat recibió 9.471 GWh; en 2024, 9.703 GWh; y en 2025, 10.375 GWh, más del 90% de la capacidad técnica anual del gasoducto, situada en torno a 11.500 GWh3. Sin esa vía, Marruecos pierde su acceso operativo al GNL mundial.
Ese gas alimenta las dos centrales de ciclo combinado realmente operativas del país:
Tahaddart, 30 km al sur de Tánger, que sostiene el norte industrial (Tánger, Tetuán, Alhucemas).
Aïn Béni Mathar, en la provincia de Jerada, que sostiene la región oriental (Oujda, Jerada, Berkane).
Ambas centrales quedaron fuera de servicio tras el corte del suministro argelino en 2021 y fueron reactivadas en 2022 gracias al nuevo esquema de suministro a través de España⁴. Son las plantas más flexibles del sistema marroquí y las que permiten absorber picos de demanda y estabilizar la red. Si España interrumpe el suministro, Tahaddart y Aïn Béni Mathar se apagarían de inmediato, dejando sin respaldo térmico a las dos regiones más sensibles del país.
La vulnerabilidad, por tanto, no consiste en que España pueda dejar sin electricidad a Marruecos de un día para otro. Consiste en que una interrupción prolongada del suministro reduciría el combustible disponible para su generación flexible, obligaría a Rabat a recurrir a combustibles más caros y menos eficientes, y aumentaría la presión sobre un sistema eléctrico que ya depende estructuralmente de las importaciones.
Ese efecto sería especialmente relevante porque Marruecos importa aproximadamente el 90% de toda su energía⁵. La pérdida de la vía española no eliminaría su capacidad de generar electricidad, pero sí encarecería el suministro, reduciría su margen operativo y afectaría directamente a sectores que dependen de energía estable: automoción, fosfatos, textil, manufactura, logística y transporte. La elasticidad energética en países con alta dependencia indica que un aumento del 20–40% en el coste energético puede reducir el PIB entre un 3% y un 7%⁶. En Marruecos, esa caída se amplificaría por la necesidad de recurrir a combustibles alternativos y por la presión sobre industrias clave.
Las consecuencias sectoriales serían inmediatas. Renault Tánger y Stellantis Kénitra sufrirían paralizaciones y pérdida de contratos. El grupo OCP vería afectada la producción de fosfatos. Miles de talleres textiles en Casablanca, Tánger y Mohammedia quedarían detenidos. Tánger Med operaría en modo degradado. Los trenes ONCF y la alta velocidad Al Boraq sufrirían interrupciones; los tranvías de Rabat y Casablanca se detendrían; los aeropuertos funcionarían con restricciones. Hospitales, plantas de agua y telecomunicaciones entrarían en tensión, con generadores diésel insuficientes para sostener operaciones prolongadas.
Las consecuencias sociales serían profundas. Los apagones parciales y la caída de voltaje afectarían a millones de hogares. El coste de vida aumentaría, especialmente en alimentos refrigerados, transporte y combustibles. Las regiones más sensibles —Rif, Jerada, Casablanca, Mohammedia, Kénitra— podrían experimentar protestas y tensiones sociales. Y la presión migratoria hacia España aumentaría de forma inmediata, porque Marruecos ha utilizado históricamente los flujos migratorios como herramienta de presión política⁷. Por ello, antes de cualquier medida energética, España debería reforzar sus fronteras y su capacidad de control migratorio para evitar que Rabat utilice esta vía como mecanismo de chantaje. La preparación previa es esencial para evitar un efecto desestabilizador en Ceuta, Melilla y el litoral andaluz.
Marruecos podría buscar alternativas —comprar GNL en otros mercados, aumentar temporalmente el uso de carbón o derivados del petróleo, acelerar nuevas infraestructuras— pero ninguna de ellas sustituye la vía española en el corto plazo. Requieren terminales propias, almacenamiento, redes de gasoductos y contratos internacionales que no pueden improvisarse en semanas⁸.
Por eso, el verdadero alcance del arma energética española no consiste en “apagar Marruecos”, sino en encarecer y complicar su acceso al gas, reducir su margen de seguridad, presionar su economía y obligarlo a reorganizar su sistema energético bajo estrés. La dependencia es cuantificable: 10.375 GWh enviados en 2025 frente a una capacidad técnica de 11.500 GWh, y un país que importa el 90% de su energía.
La verdadera arma no es el apagón. Es la capacidad de imponer un coste.
Notas
Mix eléctrico marroquí 2025:
España: seis plantas de regasificación operativas; Marruecos:
Estadísticas energéticas españolas y Enagás (2023–2025).
Reactivación de Tahaddart y Aïn Béni Mathar tras el cierre del GME argelino (ONEE, 2022).
Departamento de Comercio de UU.: dependencia energética del 90%.
Modelos de elasticidad energética del FMI y Banco
Precedentes de presión migratoria: crisis de Ceuta
Plazos de construcción de terminales de GNL: 3–5 años (IEA).
Ceuta es una pequeña península que se asoma con curiosidad al Mediterráneo. Desde el principio de los tiempos ha llamado la atención a todas las civilizaciones que se han acercado a los confines del mundo conocido. Su proximidad al continente europeo y el control que ejerce del Estrecho de Gibraltar son las principales razones de su intensa ocupación humana. Las huellas de la presencia de todos los pueblos que han protagonizado la historia del extremo de Occidente han quedado impresas en el abrupto territorio de Ceuta. Muchas de ellas han sido borradas por los que tomaron el testigo del dominio de esta estratégica tierra. No obstante, algunas de estas pisadas fueron tan fuertes que han podido ser documentadas por la investigación arqueológica. Son leves testimonios de una historia intensa y dinámica, cuyos detalles nunca llegaremos a conocer del todo. Los retazos que han perdurado hablan de un lugar sagrado, mágico y mítico.
El mar ha sido la clave de la economía de Ceuta y el factor determinante en la identidad de los ceutíes. Hemos sido, por encima de todo, gentes del mar, comerciantes y defensores de un lugar estratégico. Si algo abunda en el paisaje de Ceuta, además de su estilizada silueta, son las murallas y los miradores. Estos sistemas fortificados se remontan a mediados del siglo II d.C. y fueron restaurados y ampliados durante toda la historia de Ceuta. Ha costado mucho esfuerzo y muchas vidas llegar a ser la ciudad próspera y abierta que somos. Ahora, en este momento, Ceuta vuelve a estar en peligro y los ceutíes están respondiendo con valentía ante un ataque en forma de guerra híbrida que se ha servido de la miseria y la desesperación de miles de marroquíes. Los ceutíes, como proclamaban a viva voz en la interminable sucesión de manifestaciones y concentraciones, no se rinden. Luchan por su tierra, por los que aquí están enterrados y por el futuro de sus niños y jóvenes.
Nadie piensa en rendirse. ¿Quién quisiera renunciar a vivir en este lugar de espectaculares amaneceres y atardeceres, al mar que le rodea y le aporta una deslumbrante luz y tonalidad azul? ¿Quién no lucharía por Ceuta, aunque fuera por respeto a los que dieron la vida por este lugar? Los ceutíes deseamos recuperar nuestra vida y nuestra tierra para volver a pasear sin temor por sus calles, sus montes y sus playas. Queremos que no pisoteen nuestros acantilados plagados de especies de flora y avifauna protegida, que no recolecten con impunidad nuestra población de patella ferruginea, que no ocupen nuestro litora, ni dejen nuestros bosques plagados de basura. Deseamos que dejen de hacerle daño al espíritu de Ceuta, que no alteren la convivencia entre los ceutíes y que no destrocen nuestro patrimonio natural y cultural.
En artículos anteriores hemos llamado la atención sobre los impactos ambientales asociados a la invasión/crisis migratoria que sufrimos a finales del pasado mes de julio y cuyas consecuencias no dejan de incrementarse con el paso de los días, semanas y meses. Ya hemos perdido la esperanza de que esta situación se resuelva en un plazo breve. El horizonte lo ha colocado el gobierno central en diciembre, sin que tengamos garantías de que para esa fecha esté todo resuelto. Mientras tanto, seguimos acumulando datos de las afecciones de esta crisis en nuestros bienes naturales y culturales. Hemos visto imágenes de la transformación de lienzo oriental de la muralla califal en una improvisada peluquería, el entorno del acueducto romano de Arcos Quebrados en un refugio de inmigrantes, llamas en el foso del fuerte del Príncipe Alfonso y suciedad por el entorno de elementos patrimoniales tan singulares como las murallas mariníes. Éstos son hechos fácilmente visibles, pero desconocemos que ha podido pasar con inmuebles protegidos alejados del centro urbano, como los fortines dispersos por el Monte Hacho o en las torres de Sierra Bullones. Es necesario y urgente evaluar su estado y hacer un diagnóstico sobre posibles impactos relacionados con la crisis migratoria. Al igual que se ha realizado en el caso del medioambiente, se requiere solicitar la ayuda técnica y económica del estado central para identificar los daños a nuestro patrimonio y subsanarlos.
Hayan sido o no ocupados estos bienes culturales por los inmigrantes que se esconden en los montes de Ceuta, ahora más que nunca urge proteger y restaurar nuestro legado patrimonial. Ellos son el testimonio tangible de nuestra historia, siempre unida a la orilla europea del Estrecho de Gibraltar, y del carácter irredento de los ceutíes ante los que han querido anexionarla por la fuerza. Esta personalidad colectiva fuerte y combativa ha convivido con la hospitalidad y solidaridad de sus gentes. Ésta es una tierra de profundas emociones espirituales, así como cuna de sabios, poetas y artistas. Pocos pueblos aman a su tierra como lo hacen los ceutíes y están dispuestos a elevar su voz para defenderla. Las páginas de la historia de Ceuta están plagadas de actos heroicos y entrega a su pueblo.
Ahora, más que nunca, tenemos que permanecer unidos los ceutíes abanderando la defensa de los ideales democráticos de igualdad, libertad y justicia. No podemos resignarnos a que nos conviertan en un campo de refugiados. Deben prevalecer los derechos humanos, pero no a costa de los derechos de los propios ceutíes. Las soluciones no son fáciles, pero para encontrarlas y aplicarlas están los gobernantes y el Estado. Si las leyes no sirven para defender Ceuta, ya están perdiendo tiempo para reformarlas. Si las defensas fronterizas son ineficaces, actúen de manera inmediata para reforzarlas. Si se están incumpliendo las leyes ambientales, urbanísticas y de otra índole, ya pueden sancionar a los infractores. Si no lo hacemos, el futuro de Ceuta estará en peligro, la vida de los ceutíes seguirá alterada y nuestro patrimonio natural y cultural arrasado.
Los ceutíes tenemos que conjurarnos a no rendirnos y recuperar el espíritu de los jóvenes atenienses cuando alcanzaban la edad para convertirse en ciudadanos de pleno derecho: “nunca deshonraremos a ésta, nuestra Ciudad, con acto alguno de deshonestidad o cobardía, ni nunca abandonaremos a nuestros camaradas que aguantan en las filas. Combatiremos por los ideales y asuntos sagrados de la Ciudad, a solas o con el apoyo de todos”.
Es el momento de dar lo mejor de todos y cada uno de nosotros desde la posición que ocupamos en la sociedad ceutí. Sin miedo y con el coraje que nos aporta el amor a Ceuta y la historia que nos antecede.