La Asociación de Tropa y Marinería Española (ATME), con su presidente a la cabeza, Marco Antonio Gómez, se encuentra actualmente en Ceuta para conocer la situación en la que están trabajando los militares desplegados en la ciudad y mantener también un encuentro con diferentes autoridades.
Además, ha ofrecido una entrevista a El Faro en la que ha hablado de las órdenes de actuación que tienen actualmente los militares, sobre las agresiones que han sufrido, la ley del silencio y lo que implica que no sean considerados agentes de la autoridad.
– Durante el tiempo que lleva en Ceuta, ¿en qué situación ha encontrado a los militares desplegados en la ciudad?
– Para nuestros compañeros, en cuanto nos han visto, ha sido una alegría decir: “Por fin está aquí la asociación”, y lo primero que nos han trasladado al vernos ha sido ayuda.
Están agobiados, están desesperados. Lo que nuestros militares quieren es seguir ayudando a la ciudad de Ceuta, a los ceutíes, porque ellos viven aquí. Los militares de Ceuta son caballas, tienen a sus familias, a sus hijos, a sus padres, a sus madres, tienen todo aquí.
Entonces, lo primero que nos han transmitido es: “¿Qué podemos hacer?”. Y desde la asociación hemos venido para dar una reunión jurídica y que nuestros militares sepan claramente qué es lo que pueden hacer.
Los militares necesitamos órdenes claras. Desde el Ministerio tiene que venir algo claro, directo, contundente, para que nuestros militares, cuando vayan a actuar, sepan qué es lo que tienen que hacer. Saber si pueden identificar, si pueden detener, si pueden retener, cómo autodefenderse, que haya unas reglas de enfrentamiento en condiciones como tenemos cuando salimos a las misiones en el extranjero…
No puede ser que, estando en territorio nacional, nuestros militares estén montados en los vehículos, patrullando de plantón, sin tener unas órdenes claras de cómo actuar.
Los militares quieren trabajar y queremos tener las ideas claras. Luego ya hablaremos del día después, de lo que son las vacaciones y las horas que están haciendo incesantes. Todo eso va a ser el día después, pero lo primero es la ciudad de Ceuta, lo primero son nuestros compañeros y lo primero son nuestros militares.

– En estos momentos, ¿qué órdenes son las que tienen? Porque se ha hablado incluso de que se queden en los vehículos si ven altercados entre los propios inmigrantes.
– Ahora eso que está circulando, que han dicho que nuestros militares se queden en los vehículos, nosotros como asociación no tenemos conocimiento de ese tipo de órdenes, porque nosotros lo elevamos todo por escrito al Ministerio de Defensa.
¿Qué es lo que hacen nuestros militares ahora mismo? Pues, sinceramente, cumplen las órdenes que les dan sus cuadros de mando, evidentemente, pero son unas órdenes de montarte en el vehículo, patrullar y poco más. O sea, es de imagen, es disuasoria.
Está claro que cualquier militar que vea un delito flagrante, como cualquier ciudadano, pueda actuar; la ley le ampara y, como militar, aún más, porque nos sale de dentro de nuestro ADN el servir, el proteger y el auxiliar y ayudar a cualquier ciudadano español.
Pero, evidentemente, las órdenes no son claras en el sentido de cómo podemos actuar. ¿Qué es lo que puede hacer un militar? Si no está vestido de agente de la autoridad, no puede identificar, no puede retener.
Esto es muy sencillo, esto ya se ha hecho. En la pandemia estuvimos viendo a nuestros militares que iban con su armamento individual, cosa que ahora va uno por cada cuatro o cinco de la patrulla, e iban patrullando las calles de España y, si veían a alguien en la calle, tenían autoridad y, si no le obedecía esa persona, estaba incumpliendo la ley.
Sin embargo, ahora, una pedrada, un cóctel molotov, un intento de apuñalamiento, partirle la pierna a un militar o ponernos una trampa sale impune porque nuestros militares no están dotados de una seguridad jurídica.
La pregunta es directa: ¿a todos los militares que han sufrido agresiones les ha puesto el Ministerio de Defensa un abogado? ¿Les van a indemnizar por sus lesiones o alguien se va a preocupar por su futuro? Porque luego la lesión queda con el militar y la indefensión queda con el militar.
– Hablando de las agresiones. ¿Cómo se sienten? ¿Están desprotegidos?
– Sienten una frustración enorme y una rabia total porque nosotros somos servidores públicos. Para el militar, desde que nace como militar, su vocación es servir a su país. Somos el único colectivo de España que, con un beso a la bandera, está dispuesto a entregar su vida a cambio de absolutamente nada. Nosotros anteponemos a los ciudadanos, a nuestro país, antes que a la propia familia. Ese sacrificio no lo hace absolutamente nadie. No quiero decir que seamos ni los mejores ni los peores, pero hay que poner en valor ese tipo de sacrificio que hacemos.
Entonces, ahora mismo, nuestros militares se sienten con una impotencia total porque quieren dar el 200%, y ahí es cuando entra lo que hablamos nosotros del día después.
Para que un militar pueda rendir, pueda entregar todo lo que tiene, que es su propia vida a cambio de absolutamente nada, lo mínimo y lo poco digno que estamos pidiendo es una alimentación digna, no la bolsa que hemos visto con ese bocadillo de mortadela que sacamos a la luz; un descanso digno, una cama, no una cama de lona, que eso lo podemos entender en las 48 o 72 primeras horas del salto masivo y de la misión que se ha encomendado a las Fuerzas Armadas; pero después de cuarenta y tantos días, ¿dónde están unas camas decentes para los militares? ¿Seguimos durmiendo en el suelo?

– Volviendo al día 30 de julio, se ha hablado mucho de que, aunque estaban prevenidos, tardaron horas en salir a la calle porque no recibieron esa orden, ¿qué opinión tienen sobre eso?
– Los militares somos muy claros y siempre lo hemos dicho en la asociación desde el minuto uno. Nosotros obedecemos órdenes y el ejército está preparado siempre.
Esto es Ceuta, una ciudad española. ¿Alguien me puede decir a mí que los militares, con la cantidad de militares y de material que tenemos aquí y de disponibilidad, no somos capaces de desplegar? Nadie lo entiende, pero nosotros, los militares, no podemos opinar al respecto. Lo que podemos decir es que nosotros estamos preparados para desplegarnos en cualquier momento.
Se da la orden, la gente viene al cuartel, se equipa, se prepara y sale a la calle con todo su equipo y van a darlo todo, pero la orden tiene que llegar. Por eso estamos hablando de órdenes concisas, órdenes concretas y órdenes claras, que nuestros militares salgan con toda la legalidad jurídica, con todo el respaldo legal del Ministerio de Defensa y podamos actuar.
Entonces, ¿por qué salieron más tarde o más temprano? Eso se lo tienen que preguntar a otra persona, que es la que tendrá que contestar sobre cuándo se dio la orden de que nuestros militares actuaran, porque los militares estamos siempre preparados para actuar en cualquier momento y ante cualquier circunstancia.
– También se habla de la ley del silencio que impera dentro de los cuarteles, ¿qué papel juega asociaciones como ATME en estos casos?
– Nosotros también somos muy claros. Yo le digo a todos mis compañeros que no tengan miedo. O sea, yo no tengo miedo para dar la cara por mis compañeros, ¿por qué ellos tienen que tener miedo? Porque esto es legal, hay una ley de derechos y deberes. Entonces, la ley del silencio no beneficia absolutamente a nadie y mucho menos a los militares, porque lo que hoy calla uno, si mañana me pasa a mí, ¿qué querré decir?
Estamos hablando de cosas que lo que tenemos que hacer es ponernos y tener empatía de las personas que lo van a padecer. Yo soy militar de carrera en la escala de Tropa y Marinería, yo no tengo problema de atemporalidad. Entonces, ¿me olvido de la atemporalidad o me tengo que preocupar por mis compañeros de 45 años que van a terminar en la calle con una mano delante y la otra detrás? Pues no, yo soy un compañero, soy leal y me preocupo por ellos, aunque yo sea permanente.
Eso es lo que mis compañeros tienen que entender: el miedo no conduce a nada. Si no, pues entonces seguiríamos en la época de las legiones romanas, donde nos tirarían a los leones, nos tirarían a los tigres porque, bueno, ¿para qué vamos a cambiar el Ejército? Vamos a seguir como las legiones romanas y aquí morimos todos. No, hombre, no, hay que avanzar.
Estamos en pleno año 2026, siglo XXI. ¿Alguien se puede pensar que no tengamos que avanzar? ¿Hay algún colectivo que no salga a la calle y le digan a los jueces, bomberos, policías: “No, usted no salga a la calle a manifestarse, a concentrarse”? Tenemos todos los derechos en el mundo.
Entonces, esa ley del silencio, no legal ni escrita, evidentemente, daña a las Fuerzas Armadas. Yo le digo a mis compañeros y a los propios jefes de unidad que no tengan miedo, que me llamen, que me cuenten lo que hay, sea jefe de unidad o sea soldado marinero, que yo estoy dispuesto a sacarlo a la luz y preguntar por escrito a Defensa, porque con la verdad no hay que tener miedo a nadie. Solamente hay que tener miedo a ocultarlo, a los curantismos, a volver a los tiempos pasados, a meterlo todo dentro del cuartel y lavar la ropa sucia dentro.
No, hay que abrir la ventana y que entre la luz y los taquígrafos.
– ¿Qué mensaje le gustaría transmitir tanto a los familiares como a los militares que están desplegados en Ceuta en estos momentos?
– Pues muy sencillo: no están solos. Las Fuerzas Armadas están con ellos, nosotros estamos con ellos.
Hemos venido aquí a apoyar a todos nuestros militares, a sus familiares, porque, repito, los militares de Ceuta son caballas. Los militares de Ceuta tienen a sus familias aquí. Nosotros hemos venido a ayudarles y pedimos que acudan masivamente a esa concentración que vamos a realizar en la Plaza de los Reyes a las ocho de la tarde, porque, si no, no cambiaremos el futuro de nadie y esto empieza por cambiar.
Y si no nos unimos, si no estamos todos juntos, familia y militares, nuestro futuro no cambiará.


















































