La democracia española es joven y deforme. Su propio origen (la transición desde la dictadura), y la complejidad del contexto histórico posterior, explican suficientemente un fenómeno que sólo es discutible en sus grados o intensidad, pero en ningún caso en su concepción: la sociedad española no está imbuida de la cultura democrática. El sistema se ha reducido a una singular competición que se celebra cada cuatro años (como los Juegos Olímpicos), en la que se dilucida exclusivamente “quién gana”.
La inmensa mayoría de los ciudadanos no terminan de asumir la trascendencia de su voto, más allá de su simple dimensión aritmética. No comprenden que su decisión contribuye a conformar la legitimidad del poder. Es la palabra clave que explica el funcionamiento del sistema. Todo cuanto hacen y dicen los gobernantes, desde el poder, está socialmente legitimado por la ciudadanía a través del voto.
Autor: Juan Luis Aróstegui
El mercado del trabajo en España
Recientemente se han publicado los datos de la Encuesta de Población Activa correspondientes al primer trimestre de 2015. Los resultados han sido calificados por el Presidente del Gobierno como “buenos, sin ambages y objeciones”. Sin embargo, este optimismo casi enfermizo de nuestro presidente contrasta con la evolución de las magnitudes laborales, fundamentalmente en tres aspectos: descenso de la población activa; moderada destrucción de empleo y persistencia de un elevado nivel de desempleo de 5,4 millones de trabajadores, lo que nos sitúa a la cabeza de la Unión Europea, teniendo por delante sólo a Grecia.
Calidad del aire y nuevo Gobierno
La democracia empequeñecida o la quiebra de la democracia tal y como lo menciona el último artículo de J.L. Aróstegui es una realidad cada vez más evidente.
Unidos, ganamos
Ceuta necesita que Caballas obtenga un buen resultado electoral. Es la única manera de corregir una orientación errónea que no se puede prolongar por mucho más tiempo. La coyuntura actual demanda un voto reflexivo e inteligente. El próximo domingo, no sólo se celebran unas simples elecciones municipales. En Ceuta, todo tiene una dimensión adicional.
Tratado hispano-marroquí de 1767
Escribo este artículo por alusiones, para corresponder a la generosidad que ha tenido conmigo Francisco Olivencia, brillante ex parlamentario nacional, ilustre Abogado ceutí y magnífico colaborador de El Faro de Ceuta , que el pasado 24 de mayo me citaba en su artículo titulado “Una página de nuestra Historia”, publicado en la página 6, en cuyo penúltimo párrafo decía al comentar una anécdota del Tratado hispano-marroquí de 1767: “Creo que esta curiosa página de nuestra historia (…) es poco conocida en las dos ciudades por ella concernidas, aunque recuerdo que, al menos, ese gran estudioso que se llama Antonio Guerra la rozó en uno de los interesantes artículos que publica en El Faro”. Y, como es de bien nacido ser agradecido, pues deseo transmitir al Sr. Olivencia mi reconocimiento y profunda gratitud por el hecho de que por segunda vez ya me haya aludido favorablemente en sus artículos de El Faro.
Lágrimas
El pasado domingo se celebraron las esperadas elecciones locales. El resultado debe ser objeto de análisis y valoración. Tiempo habrá de ello. Sólo un primer apunte.
Ruido en el cielo
Ceuta pasa por ser una de las ciudades más ruidosas del país. No lo digo yo sólo. Han sido también los Tribunales los que, incluso, han dictado alguna sentencia al respecto. En términos de indicadores de sostenibilidad, es lo que se conoce como contaminación acústica. Lo que los medios han publicado es que casi un tercio de los ceutíes soporta niveles de ruido nocturno excesivo, que a veces se tornan imposibles en algunas zonas.
La Antigua República del Rif
Como se sabe, el Rif es una región montañosa del Norte de Marruecos que comprende los territorios limítrofes con Ceuta y Melilla, desde la Yebala hasta Kebdana (Nador). Sus habitantes originarios fueron los bereberes, primeros pobladores autóctonos del territorio.
A la deriva
Interpretar correctamente un resultado electoral es harto complicado. Es imposible conocer las razones que mueven a cada persona a depositar su confianza en una fuerza política. Precisamente por ello todos los análisis pueden ser tan certeros como equivocados. Sólo se pueden hacer aproximaciones conceptuales imposibles de cuantificar. Lo que sí se puede hacer, con mayor rigor, es sacar conclusiones sobre las consecuencias del mapa político que configuran los votos en cada proceso electoral. Sentada esta premisa, y por tanto asumiendo de antemano los errores, intentaremos hacer una valoración de los sucedido el pasado día veinticuatro.
Algunos no quieren enterarse
Mientras comíamos, bebíamos y nos divertíamos de forma alegre y sana, algunos viandantes que pasaban por el lugar no daban crédito a lo que veían, ni acababan de enterarse exactamente de lo que pasaba. Porque las personas en general, y los ceutíes en particular, tenemos tendencia al cotilleo y a querer saber qué es lo que hace el vecino, con quien sale o qué modelo se pone. Evidentemente, nunca interesa saber el último libro que se está leyendo. Pura frivolidad.