Portada Bendito aroma andaluz

Bendito aroma andaluz

11/10/2013 - 20:54
Bendito aroma andaluz

Interpretada por el Centro Dramático de Ceuta, ‘¿Vamos a reñir…? No… Vamos a reír’ arrancó anoche la sonrisa de los espectadores que llenaron el Teatro del Revellín

 

Que Ceuta tiene un deje andaluz en su forma y en su fondo; en su historia y en su presente; en su sol y en su gracia es indudable, tan cierto como señalar a los hermanos Joaquín y Serafín Álvarez Quintero los verdaderos culpables de que muchas de las tradiciones aún perduren más allá de la memoria común y de las páginas de los periódicos.
El aroma andaluz, es decir, el sabor del gracejo y la cultura de una comunidad y su pueblo como seña de identidad por los tiempos de los tiempos. Y tal vez la permanencia de esta esencia fue lo más destacable en la obra que el Centro Dramático de Ceuta representó anoche ante un Teatro Auditorio del Revellín que colgó el cartel de no hay billetes.
No es tarea sencilla resaltar un aspecto pues la función, presentada bajo el nombre ¿Ganas de reñir…? No… Ganas de reír, fue hermosa de principio a fin, desde que se levantara el telón hasta que atronó el último aplauso del respetable. Porque a través de los seis sainetes seleccionados por el grupo de teatro que dirige Manuel Merlo se pudieron vivir y sentir las emociones del teatro costumbrista andaluz, tan señero antes y ahora.
¿A qué venía yo?, Hablando se entiende la gente, Los chorros del oro, Ganas de reñir, Sangre gorda y El cuartito de hora, tales fueron los sainetes elegidos y que fueron interpretados por un reparto animado, convincente y profundo que dieron sentido al género sainete, una manera de hacer teatro muy andaluza, de carácter humorístico creado para amenizar los intermedios de obras largas o como colofón o fin de fiesta de éstas.
En realidad, la puesta en escena de la obra fue sencilla: hubo poca reflexión pero también un ingenio abundante e intenso; lenguaje vivo y ágil como se demostraron en cada uno de los diálogos interpretados; y pretensiones cumplidas de teatro popular, pintoresco y voluntariamente ligero y nada problemático que pasó por el Revellín impregnando con su aroma andaluza cada una de las butacas del teatro, para alegría de los presentes.

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