
Después de que fuera inaugurada por Fructuoso Miaja hace veinticinco años, la actividad se paraliza y la sede cultural cierra hoy para siempre sus puertas
Veinticinco años después de que el alcalde Fructuoso Miaja la inaugurara, la Biblioteca Pública de Ceuta cierra hoy de manera definitiva, a la espera de que se abra la nueva, la flamante de Huerta Rufino. De aquella estampa, recogida en dos de las imágenes que acompañan este texto, permanece en el cargo, «con más ganas que nunca», José Antonio Alarcón, director de la Biblioteca: «Se siente nostalgia, claro, pues han sido años de mucho trabajo, de progreso y de familiaridad porque allí hemos estado en un ambiente muy cercano todos: los trabajadores y los usuarios».
«El hecho de estar rodeada de centros educativos», cuenta Alarcón, «le dio vida al recinto si bien al principio no fue tan así pues algún colegio se hizo posterior a la propia Biblioteca. También el estar en un barrio populoso como el Polígono y situarse en torno al campo exterior de Ceuta, donde hoy vive el ochenta por ciento de la población, ha redundado en un beneficio mutuo: para la Biblioteca y para los ciudadanos».
Respecto a la zona, Alarcón reconoce que «no se eligió» pues «a veces las cosas son más sencillas de lo que parecen, el caso es que allí se estaba haciendo una especie de casa de la cultura, el edificio de hecho no se había diseñado para ser biblioteca, pero hablando con la entonces concejala de Cultura, Mari Carmen Castreño, llegamos a la conclusión de que era más interesante poder hacer una biblioteca importante, de modo que hubo que readaptar el inmueble».
«Desde el principio», rememora el director, «intentamos ser la casa de la cultura de Ceuta, claro que siempre ha habido otras instituciones en la ciudad que jugaron un papel cultural importante, pero buscamos que fuera algo más que una biblioteca tradicional donde la gente sólo va a leer». «Así, desde el principio apostamos por ofertar muchas actividades culturales, desde talleres de creación literaria hasta clases musicales pasando por ciclos de poesías. Además, conseguimos tener un fondo bibliotecario de referencia, tener bien organizado el patrimonio y difundir la cultura a todos los sectores y edades», sostiene.
Para Alarcón, la Biblioteca ha prestado un servicio «fundamental, máxime cuando observamos que antes de que fuera una realidad, la ciudad sólo tenía en los años ochenta la pequeña sede que estaba en el Centro Cultural Municipal. Supuso un avance tan importante como el que ahora vamos a dar con la nueva Biblioteca», asegura el director quien, acto seguido, añade que «muchos vecinos iban a diario a leer el periódico allí, al igual que estudiantes, lectores de libros de Historia o los muchísimos residentes del CETI que acudían para conectarse a internet».
Como ellos, también pasaron por la sede del Polígono «autores como Juan José Millás, Andres Trapiello, Luis Landero o María Dueñas», rememora Alarcón, el director que hoy verá cómo una parte de él queda devorada por el tiempo que pasa; pero siempre podríamos recurrir, tanto él como el resto de ceutíes, a Fray Luis de León: ‘como decíamos ayer’.





