Desde hace varios años, todos los medios de comunicación del mundo no han cesado de salir en antena o en los periódicos con el aviso o advertencia del cambio climático, pero muy pocos o ninguno han sabido explicar con claridad las consecuencias que pueden derivar, lo que en definitiva es un cambio de temperatura y como se produce este. El 90 por ciento de la información nos describe la catástrofe basándose en que, con el aumento de la temperatura los glaciares se derretirán con el correspondiente aumento del nivel del mar, la desaparición del hábitat de los osos polares, etcétera. Efectivamente se estima que la subida del nivel del mar. puede superar el metro en el próximo siglo y la temperatura aumentar 4,8 grados para el año 2100.
El origen del cambio climático se debe al incremento de gases de efecto invernadero en la atmósfera, considerándose como el principal elemento contaminante, el dióxido de carbono (CO2), responsable del 55 por ciento del calentamiento global del planeta. El dióxido de carbono y otros gases de la atmósfera actúan como el cristal de un invernadero, dejando pasar los rayos del sol, que radian calor, pero a la vez, no lo dejan salir de vuelta al espacio, quedando prisionero, lo que conlleva el aumento de la temperatura.
En 1896, el gran químico sueco Svante Arrhenius acuñó el concepto “efecto invernadero” y predijo que la quema de combustibles fósiles incrementaría la cantidad del dióxido de carbono en la atmósfera y tendría como resultado el aumento progresivo de la temperatura en el planeta. Un estudio sobre los cambios climáticos advierte que para los próximos cien años desaparecerá el 50 por ciento de los glaciares de la tierra.
El promedio mundial de emisiones de dióxido de carbono por habitante año, es de 4 toneladas. El índice de emisiones en España se sitúa en 6,5 toneladas. Mucho, pero nada comparable con los estadounidenses que se sitúa en 21. Se considera que las emisiones deberían reducirse a 2 toneladas por habitante año, si se pretende frenar el cambio climático. Con este cambio, especímenes tanto animales como vegetales, unos, verán reducidos sus campos de habitabilidad y al contrario otros, de zonas más templadas, los verán ampliados. Serán muchos los especímenes que limitados sus campos de acción por el clima, amplíen sus fronteras y con ellos las enfermedades que puedan transmitir.
Informes de la India y Colombia detectan la llegada a 2.200 metros de altitud, de mosquitos transmisores de la fiebre dengue. Nunca solían superar los 1.000 metros, dado el freno que suponía las bajas temperaturas.
El calentamiento progresivo del planeta, podría causar la propagación de enfermedades tropicales, tales como la malaria, a países que actualmente están libres de ella.
Según la preocupante advertencia de la OMS (Organización Mundial de la Salud), enfermedades como la esquistosomiasis, la fiebre dengue, la leishmaniasis, enfermedades del sueño, etcétera, pueden ser nuevos vecinos en países que nunca la han padecido. Además se corre el riesgo de transmisión de dolencias, que prácticamente erradicadas en occidente, como la tuberculosis y la lepra que asolan a millones de personas del tercer mundo, puedan penetrar en España en los próximos años. Ceuta desgraciadamente hará el papel de puente en esta apocalipsis.
Carlos Bueno, veterinario y biólogo de la organización ecologista Greenpeace, no lo pone en duda. Este cambio climático, creará condiciones favorables para los insectos que propagan las enfermedades, permitiendo que se críen en mayor número y que vivan más tiempo. En el caso de España, el riesgo es mayor dado su benigno clima y por estar situada en una peligrosa franja entre el frio y el calor.
Probablemente al finalizar el primer cuarto de este siglo, podremos ver si el mundo ha actuado con la suficiente rapidez y hemos sido capaces de poner a tiempo el freno a este gravísimo problema, cada vez más incontrolado y amenazante. El progresivo calentamiento del clima en el planeta, es el resultado de una cadena de errores que hemos cometido. El efecto invernadero, la destrucción de la capa protectora de ozono, la tala masiva de árboles tropicales, la pérdida de suelo fértil a escala mundial, la brutal desaparición de especies silvestres y el aumento de la miseria entre los pobres de la tierra.
Si permitimos que estas actividades tan destructivas, sigan el ritmo de los últimos años, la verdad es que el futuro no se nos presenta nada halagüeño.
El calentamiento global es ya inevitable, ha sido tanta la contaminación acumulada, que lo hace irreversible a corto plazo. Lo máximo que podemos hacer es reducirlo, pero para ello hay que tomar medidas y esas medida deben ser globales. De nada sirve que algunos países ahorren energías y se dediquen a plantar árboles, si el resto no lo hacen. El mundo moderno vive el presente y se preocupa bien poco o nada por el futuro. Los países desarrollados no van a reducir su ritmo de producción ni sus fábricas van a dejar de emanar dióxido de carbono a la atmósfera, porque unos científicos “chalaos” les de por decir, que en los próximos años el nivel del mar aumentará un metro y la temperatura 5 grados. Nuestros herederos, recibirán un legado poco halagüeño. Para las próximas generaciones, el mundo actual que les ofrecemos, será tan calamitoso que, muy posiblemente nos maldecirán, solo espero que ellos sean menos egoístas y antepongan la seguridad al enriquecimiento.

