Opinión

Ceuta no se defiende desde el insulto y la violencia

Esta mañana, al delegado del Gobierno en Ceuta y secretario general de mi partido, le han llamado “hijo de puta” a gritos. El insulto lo ha proferido el mismo que segundos después protagonizó un ataque a un joven ceutí, por el mero hecho de creerlo de Marruecos y que resultó ser un miembro de la prensa local.

Esta gente también ha cruzado a la fuerza la frontera. Todos esos que ahora se aglutinan para amedrentar, gritar, violentar e insultar, también han aprovechado las puertas abiertas por algunos para a la carrera colarse en Ceuta, cruzar la frontera de la convivencia democrática y atacarnos.

Mientras oía el insulto al Delegado, pensé en su madre. Pensé en lo que debe sentir una madre cuando escucha que insultan así a su hijo. Pensé en su hermano, en su mujer. Pensé también en la rabia que produce comprobar hasta dónde estamos dejando que llegue la situación cuando quien tenemos delante deja de ser una persona y pasa a ser simplemente el enemigo, alguien al que se puede señalar, despreciar y, finalmente, deshumanizar.

Esos que gritan tanto, no son los más valientes. Son los más incapaces. Incapaces de controlar sus emociones, incapaces de sentir empatía, incapaces de serenarse. En realidad, son los más cobardes porque el insulto es la máscara que utiliza el cobarde para esconder su miedo. Miedo a debatir, miedo a que le contradigan, miedo a enfrentarse a los argumentos del otro sin esconderse detrás de la violencia verbal.

El delegado del Gobierno en Ceuta no nació en un despacho. Es un hombre de Ceuta que, hasta hace apenas unos meses, tenía una vida mucho más cómoda y previsible, con su plaza de maestro como funcionario. Podía haber seguido tranquilamente con su vida. Sin embargo, decidió asumir una responsabilidad pública y ponerse al servicio de su ciudad, también, en este momento tan complejo. Y eso merece, todo mi respeto y reconocimiento.

Quienes insultan así deberían saber que no están defendiendo Ceuta. La están empequeñeciendo. No representan el orgullo de una ciudad; representan la peor versión de una política y unas personas que confunde la firmeza con la agresividad y la defensa de unas ideas con el derecho a pisotear a quien piensa diferente.

Una ciudad se defiende, además de trabajando por ella, cuidando a las personas que la representan, incluso cuando no compartimos sus ideas. Se defiende protegiendo la convivencia, también la convivencia política. Se defiende entendiendo que el adversario político sigue siendo un vecino, alguien que tiene una familia, una madre, unos amigos, una historia y una dignidad que no desaparecen porque haya decidido militar en otro partido.

Y hay algo con lo que quiero terminar mi reflexión y lo dirijo hacia mis compañeros de Partido. ¡Ni una mirada gacha! Ser socialistas nunca fue fácil. A lo largo de la historia, la derecha más reaccionaria, siempre nos ha acusado de las mayores atrocidades. Ahora toca la de ser traidores. Ya nos lo han dicho antes muchas otras veces, y en Ceuta siempre se ha respondido de la misma forma: con inversión, con tratamiento singular y con respeto institucional. ¡Así que no hay nada de lo que avergonzarse!

A los que tienen las responsabilidades orgánicas que se pongan las pilas porque la situación es muy seria.

Y a quienes formamos las bases a defender al secretario general frente al insulto y las descalificaciones personales, que es también nuestra obligación.  

No se trata de justificar cada decisión, ni de renunciar a la crítica, ni de colocar al partido por encima de los intereses de la ciudad. Se trata de algo mucho más sencillo: cuando se ataca personalmente a un compañero que ha asumido una responsabilidad pública, no podemos mirar hacia otro lado.

Este partido lleva muchos años trabajando por Ceuta, reclamando inversiones, consiguiendo recursos y defendiendo las necesidades de los ceutíes. Se podrá discutir si todo se ha hecho bien, si se podía haber hecho más o si determinadas decisiones fueron acertadas. Pero es innegable nuestra dedicación y desvelo por nuestra tierra.

Termino.

Defender a los nuestros cuando son injustamente atacados no nos hace menos defensores de Ceuta. Atacar a los nuestros desde dentro, sí inhabilita para defender Ceuta.

Dignidad y palabra. Que no os quiten esas dos cosas.

Y a los que llegados hasta aquí penséis “lo que hay que leer”, sabed que no escribo para vosotros.

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