La cuesta de acceso a la barriada de San Antonio, ese camino estrecho y de curvas cerradas que conecta con el llano del mirador de San Antonio, se ha convertido cada noche en un auténtico circuito ilegal. Motos a toda velocidad, coches en caravana y jóvenes que bajan del mirador tras haber consumido todo tipo de drogas, convierten esta vía en una trampa mortal para cualquier vecino que simplemente intente volver a su casa.
No se trata de exageraciones. Es una realidad que sufren quienes viven en la zona y que, noche tras noche, sienten cómo el miedo sustituye a la tranquilidad que debería reinar en cualquier barrio. El riesgo no es solo para los conductores que van a toda velocidad, sino también para los vecinos y demás conductores que circulan por esa zona que tienen que enfrentarse a este caos.
Lo más grave es que el remedio es sencillo y está en manos de las autoridades: controles policiales de alcoholemia, etc., como se hacían antaño. También podían instalar radares fijos para sancionar a quienes convierten una carretera vecinal en un rally. Las multas y la retirada de puntos del canet de conducir no solo serían una medida disuasoria, sino también una señal de que el Estado no abandona a los ciudadanos que cumplen con la ley.
Los vecinos no piden milagros, piden presencia policial y medidas eficaces. Piden que su barrio no se convierta cada noche en tierra de nadie. Piden seguridad para poder dormir tranquilos y libertad para volver a casa sin miedo.
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