“Estos perros no podían seguir mucho tiempo sueltos, porque nos podríamos encontrar con problemas como atropellos, camadas, ataques de alguna persona que los volviese definitivamente miedosos”, explican.
Por ello, el pasado sábado dos voluntarios de la Protectora los recogieron tras interactuar un tiempo con ellos. “Ahora estos dos perros no sufrirán ataques, no peligrará sus vidas por atropellos, no se mojaran en invierno, pero muy importante, no criarán entre ellos llenando el campo de perros que, si los padres tienen miedo al humano, imitan el comportamiento y se vuelven muy difíciles de coger”.
En un tiempo ambos aprenderán a pasear con los voluntarios que van los sábados y que son vitales para la socialización de los perros, para poco después estar totalmente a disposición de adopción. La Protectora se insiste en la importancia de que los ciudadanos no duden intentar coger a un perro que encuentren por los montes y los suban a sus instalaciones. Este verano ha habido varias entradas de animales encontrados en las zonas rurales, principalmente cachorros, en los que “héroes anónimos no han dudado en meterse en zonas peligrosas para cogerlos y llevarlos a la protectora”.
De quedarse en el campo, lo que hoy son dos perros, en seis meses pueden ser ocho, en un año y medio 30, y así hasta alcanzar cifras muy altas.
La Protectora quiere agradecer el esfuerzo de aquellas personas que encuentran perros por las calles o montes, “Mientras podamos seguir trabajando, quien se encuentre un perro puede estar seguro que contará con la Protectora para acogerlo”.
Por otra parte, la ciudad dispone de un servicio de recogida de lunes a viernes por las mañanas, que funcionan a través del 112. Son profesionales con experiencia, por lo que es recomendable que se encarguen de esta tarea, “pero si queremos cogerlos nosotros por ser festivo, o por la tarde, hay que tener en cuenta que los perros del campo, por lo general, suelen ser asustones. El primer paso es el interactuar con ellos con paciencia. Darles comida algunos días, dejarlos que nos huelan y que vean que no somos una amenaza, e ir avanzando poco a poco. Un intento precipitado a la hora de querer cogerlos puede hacer que el perro se asuste y pierda totalmente la confianza, y podemos perderlos para siempre”.
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