He pasado más de veinte años de mi vida vinculado al sindicalismo, primero fue URBASER y luego TRACE, muchos de ellos como presidente del comité de empresa. Esa trayectoria me permite hablar con conocimiento, serenidad y sentido de la responsabilidad y precisamente por eso, considero necesario alzar la voz ante la situación sindical que atraviesa actualmente la empresa.
Durante años, la representación sindical en Servilimpce estuvo formada por tres organizaciones: UGT, CCOO y CSIF. Existían discrepancias, debates intensos y distintas formas de entender la acción sindical, pero había un principio que nunca se cuestionaba, cuando se trataba de defender los derechos de la plantilla frente a la empresa, se actuaba con unidad, esa cohesión fue clave para lograr avances y frenar decisiones perjudiciales para los trabajadores/as.
Hoy el escenario es muy distinto. En la actualidad conviven hasta ocho sindicatos diferentes, algunos con un respaldo muy limitado en número de trabajadores/as, esta proliferación no ha traído más fuerza ni mejores resultados, sino una preocupante división interna que debilita la capacidad de negociación colectiva.
Resulta especialmente preocupante que parte de esta nueva representación sindical centre su actividad más en la confrontación interna que en la defensa real de los intereses comunes, la filtración constante de información a la prensa, grabaciones sin consentimientos, los conflictos personales entre compañeros/as y la utilización del sindicalismo como herramienta de desgaste o venganza, no solo deterioran el clima laboral, sino que dañan gravemente la credibilidad del movimiento sindical.
El sindicalismo no puede reducirse a la búsqueda de afiliaciones, votos o beneficios individuales, los derechos sindicales existen para facilitar la defensa de la plantilla, no para convertir a sus representantes en figuras alejadas de la realidad diaria del trabajador/a, la amenaza o el enfrentamiento permanente con mandos y responsables, lejos de fortalecer la posición de los empleados, termina perjudicándolos.
La consecuencia de esta situación es clara, una plantilla fragmentada, desunida y más expuesta a decisiones empresariales que, en otro contexto, encontrarían una respuesta firme y conjunta. La experiencia demuestra que cuando los sindicatos se dividen, quien sale reforzada es la empresa, no los trabajadores/as.
Estas reflexiones no nacen del resentimiento ni de la nostalgia, sino de la preocupación por el futuro laboral de muchas familias. El sindicalismo debe recuperar su esencia, responsabilidad, coherencia y unidad en la defensa de los trabajadores porque Servilimpce necesita menos siglas enfrentadas y más compromiso colectivo.
Porque cuando el sindicalismo pierde su rumbo, quienes pagan las consecuencias son siempre los mismos. Los trabajadores.
Tomen nota señores.
Juan A. Gutiérrez Torres
Ex sindicalista por poco tiempo.
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