Catherine Zeta-Jones comenzó su trayectoria interpretativa hace varias décadas, y por ello quizá da al espectador veterano de que se trata de una actriz mayor de lo que realmente es (57 años, en un mundo cinematográfico en el que se va tendiendo lentamente a combatir la lacra del edadismo femenino). Que Michael Douglas, su pareja tanto tiempo sea 25 años mayor que ella también ha contribuido a que se la ubique a ella de manera errónea dentro de una horquilla de edad mayor. A lo largo de su carrera, ha recibido múltiples reconocimientos por sus logros profesionales, entre ellos un Óscar por su interpretación en el musical Chicago y el premio Tony por su papel en el musical de teatro A Little Night Music. Ahora se pone al frente de este proyecto con clara influencia tarantiniana, del que además de actriz principal es productora (la vía más efectiva para que te contraten si tu teléfono ya no suena tanto es hacerlo tú misma); la temporada, 8episodios de unos 45 minutos cada uno, viene a alimentarse sin rubor de los “homenajes” de Quentin Tarantino en su gloriosa doble entrega de Kill Bill, con calcada estética videoclipera y sin rubor ni en ponerle el título que tiene, y con toques de ese mismo entretenimiento visual y palomitero, pero sólo toques y sólo a ratos, cuando las cosas no salen igual de bien, sí se hace más sencillo sustituir el término “homenaje” por el de “copia”…
Nos apunta la sinopsis oficial de esta serie que “Jackie Price ha vivido una vida de lujos y riqueza durante los últimos 20 años tras escapar de un peligroso pasado como traficante internacional de cocaína. Pero justo cuando la vida empieza a resultarle un poco aburrida, descubre que Los Siete Demonios, un grupo de los sicarios más temibles del mundo, han sido contratados para matarla”.
Con un marcadamente excéntrico sentido del humor, se trata de una serie atrevida, no puede ser de otra forma, fresca, y que muestra a una protagonista en su madurez mental y esplendor físico, porque no se corta en sumergirse en cuerpo y alma en las escenas (muy numerosas) de acción.
Músicas pegadizas bien escogidas para que sean parte viva de las secuencias y las dinamicen también forman parte, como cabía esperar, de este pastel de nata con envoltorio dorado y lazo ostentoso. Posee un montaje llamativo y ritmo para no perder el tiempo con zarandajas, pero así las cosas, acaba transmitiendo un poco la sensación de pastiche divertido, con evidente carencia de originalidad, de un solo uso; no quedará en la memoria, pero tiene, eso sí, un algo que posee el género para querer acabar la temporada, e incluso para sentarse a ver una segunda en un futuro cercano.
Así pues, la Zeta-Jones sigue profesionalmente viva, demuestra que no ha caducado, y amenaza con seguir dando guerra.
Juan Carrasco de las Heras: corleonne76@yahoo.es.
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