
Familias desalojadas. Dos viviendas de un edificio de la calle Sidi Abdelkader tuvieron que ser desalojadas anoche ante un posible derrumbe. El inmueble fue apuntalado tras el primer seísmo del día 25 de enero y reapuntalado tras el de ayer, pero los vecinos demandan otras soluciones.
Zucaina y Karima no durmieron ayer en casa. Estas vecinas de la calle Sidi Abdelkader tuvieron que dejar sus viviendas del centro de la ciudad ante el miedo que sentían por un posible derrumbe de su edificio.
La primera de ellas, Zucaina, fue directamente requerida por las fuerzas de seguridad de la Ciudad a abandonar el inmueble junto a su familia. La segunda, Karima, lo hizo por su propio pie al temer por su integridad física por los daños que se observan en el bloque.
Según Isidoro González, consejero de Seguridad Ciudadana de Melilla, dos de las cuatro casas de la construcción fueron desalojadas ayer, lo que implicó que doce melillenses tuvieron que dormir lejos de sus camas.
Zucaina, estudiante en la UNED, nos confirma que la indefensión de las familias aquí residentes se remonta al primer gran temblor, que sacudió Melilla el pasado 25 de enero.
Desde aquel día, como relataron estas vecinas, han hecho caso omiso a sus peticiones de ayuda ante lo que vislumbraban que podía acabar suponiendo una catástrofe. Como comentaron a El Faro, su propietario ha obviado sus demandas de socorro, marcándoles la dirección de la puerta si no andaban satisfechas con la situación.
“Como tiritas”
Zucaina comentó que los Bomberos le aconsejaron dormir fuera anoche, que iban a intentar arreglarlo todo. “No me explico qué quieren hacer, si esto se viene abajo. ¿Van a poner unos cuantos puntales más? Eso no hace nada, es como poner una tirita a la herida”, comentó la joven melillense.
Karima, su vecina de abajo, aún está más descontenta con su situación. “Al menos a ellos los desalojan. Yo me voy a ir porque no puedo aguantar aquí, con este miedo. Esto es inhumano. Si pasara cualquier otra cosa, ni tan siquiera podríamos bajar por las escaleras”, explicó frustrada a este periódico.
Comentaron ambas que la solución dada por la Policía era acudir a Bienestar Social. Según Zucaina, esta opción no es la mejor, ya que “la oficina está colapsada, pides cita ahora y te la dan para dentro de tres meses, que igual ni queda edificio”.
Se preguntó también hacia dónde va todo el dinero que paga de impuestos, pues considera “muy bien se gaste el dinero de Madrid en rotondas, pero hay muchos vecinos que lo estamos pasando muy mal y queremos ayuda”.


