
Es una ruta constante. Son menores y, en muchos casos, los utilizan para pasar hachís de Ceuta a Algeciras. Llevaban pequeñas cantidades, casi siempre enfajadas al cuerpo. Una manera de pasar desapercibidos en los controles.
La autoridad judicial ha condenado esta misma semana a un menor de edad cuando seguía esa ruta del tráfico de hachís a pequeña escala.
Portaba 1.950 gramos y fue descubierto por la Guardia Civil cuando procedía a embarcar con destino a Algeciras.
La autoridad judicial lo ha condenado por delito contra la salud pública a cumplir una medida de libertad vigilada de 9 meses, tal y como han confirmado fuentes judiciales a este periódico.
No es algo casual, tampoco anecdótico. Es el resultado de una ruta del hachís permanente en la que los chicos, en su mayoría adolescentes, se prestan a convertirse en particulares mulas del hachís.
Su interceptación sigue llenando las novedades de los agentes del Instituto Armado, a pesar de las sanciones judiciales no se cesa en una práctica en la que el menor se expone a mayores riesgos cuando carga esa droga en el interior del organismo.
La medida de libertad vigilada impuesta supone que el menor infractor está sometido durante el tiempo establecido a una vigilancia y supervisión a cargo de personal especializado con el fin de que adquiera las habilidades, capacidades y actitudes necesarias para un correcto desarrollo personal y social.
Durante el tiempo que dura esta medida, el menor también debe cumplir las obligaciones y prohibiciones que, de acuerdo con la ley, el juez puede imponerle.
Existen informes constantes remitidos a la autoridad judicial para conocer la evolución del menor y su adecuado cumplimiento de la medida que se establezca, buscando de esta manera la evolución del adolescente para alejarse de esa conductiva delictiva.