Editorial

Un programa para despertar el respeto ambiental

Pocas veces una agenda municipal refleja tan bien el estado de ánimo de una comunidad como lo hace la Semana del Medio Ambiente que arranca este lunes en Ceuta. Y el arranque no puede ser más significativo: si el 1 de junio se celebra, como está previsto, la reunión del Consejo Sectorial de Medio Ambiente en el recién remodelado edificio de La Sirena, que a partir de ahora acogerá de forma permanente a las entidades medioambientales de la ciudad, la semana no comenzará con un acto de cara a la galería, sino con algo bastante más valioso: una mesa de trabajo. Un espacio donde las entidades medioambientales de la ciudad se sientan, proponen y acuerdan. Eso, en tiempos en que la participación ciudadana suele quedarse en el eslogan, merece ser destacado.

Lo que viene después confirma que no se trata de una semana improvisada. La Consejería de Medio Ambiente ha conseguido articular un programa en el que confluyen la Autoridad Portuaria, Obimasa, la Fundación Museo del Mar, SEO Ceuta, Ecoembes, el Centro Burbujas, Coastwatch Europe y la Asociación de Huertos y Espacios Urbanos, entre otros. Esa suma de instituciones, organismos y asociaciones, públicas y privadas, locales e internacionales, no se produce sola. Requiere coordinación, generosidad institucional y, sobre todo, un objetivo compartido.

En ese sentido, la Semana del Medio Ambiente de este año es un buen ejemplo de lo que Ceuta puede hacer cuando decide sumar en lugar de fragmentar.

El programa en sí no defrauda. Rutas por el Monte Hacho, observación de aves y cetáceos en La Sirena, jornadas de huertos urbanos, inmersiones guiadas para identificar especies marinas, talleres para escolares, la tradicional Feria del Medio Ambiente junto al puerto, y como colofón, el foro internacional de Coastwatch Europe, que celebra en Ceuta su encuentro más relevante hasta la fecha dentro de esta red europea de ciencia ciudadana. Una ciudad de nuestro tamaño acogiendo ese foro no es un detalle menor.

Y sin embargo, en medio de toda esta programación, hay un símbolo que no debería perderse de vista. El pino bicentenario de Calamocarro -doscientos años de historia vegetal en una ciudad que no siempre ha sabido cuidar lo que tiene- sigue ahí. Ese árbol no necesita ningún cartel ni ningún acto oficial para justificar su importancia. Basta con estar frente a él. Basta con saber que ha sobrevivido a todo lo que Ceuta ha vivido en dos siglos.

Si esta Semana del Medio Ambiente tiene que dejar una imagen, que sea esa: la de una ciudad que aprende a mirar lo que ya tiene, que lo protege, que se preocupa, y que entiende que el verdadero compromiso con el entorno no se mide tanto en actos celebrados, sino en árboles que siguen en pie y para Ceuta, la recuperación del ‘Viejo Sabio’ sería una auténtica y sentida celebración.

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