



Es la barriada en la que decenas de inmigrantes sin papeles pisan Europa por vez primera cuando cruzan la frontera. Sus vecinos denuncian la pasividad de las administraciones y piden mejoras en la zona
Paloma López Cortina / ceuta
Frente a la Costa de la Luz y a los pies de la Cabililla, hay un barrio en Benzú que para casi todos, menos para sus habitantes, pasa desapercibido. Muchos apenas lo conocen, pero hay personas que es lo primero que ven y que pisan cuando consiguen cruzar la frontera de forma ilegal. Allí, una decena de familias llevan años reivindicando unas mejoras que se han hecho eternas en el tiempo y parece que imposibles.
Viven en Punta Cabría, un barrio pequeño, modesto y muy tranquilo que conserva la familiaridad entre sus habitantes que antiguamente caracterizaba a todos los barrios de Ceuta. Quizá su ubicación y la falta de atención de las administraciones les haya unido aún más. Desde la terraza de una de las familias que viven allí, la frontera con Beliones al fondo, marcha la diferencia del que quiere y no puede por haber nacido apenas unos metros más allá de una línea.
Desde allí, miles de inmigrantes han intentado alcanzar la orilla de la esperanza. Y esa orilla, es en muchas ocasiones, la parte trasera de las casas de Punta Cabría. “Sabemos que llegan con necesidades, pero nos asustan”, explican los vecinos que han solicitado decenas de veces iluminación en la barriada. “Con dos puntos de luz sería suficiente porque ellos no llegarían justo aquí por miedo a que les viera la Guardia Civil que muchas veces nos pregunta a nosotros que donde han ido y les decimos que si esto estuviera iluminado lo sabríamos pero como no vemos nada…”.
A menudo les falta la ropa de los tendales y otros enseres y explican que tienen que tener cuidado porque a veces se topan de frente con ellos “y nunca sabes si te van a hacer algo, la verdad”. Ya se han acostumbrado y el barrio siempre ha sido muy tranquilo y seguro, pero confiesan que “tenemos miedo porque nadie nos garantiza realmente una seguridad”.
Plaga de mosquitos
A esta queja, se une otra que es más reciente pero que tiene más trascendencia quizá para la vida cotidiana. Una plaga de mosquitos les hace la vida imposible. “No importa que sea de día o de noche, que haga frío o calor, que llueva o haga sol o que sea verano o invierno. Los mosquitos nos comen”, denuncian asegurando que han ido a la Ciudad a pedir explicaciones y desde allí “han asegurado que ellos sólo se ocupan de cucarachas y que las plagas de mosquitos no son su responsabilidad. Así que si ni en Medio Ambiente ni en Sanidad nos hacen caso, ¿a dónde vamos?”, se preguntan. Cuando hace tres años se puso una depuradora en la barriada, nadie contaba con que un tiempo después “el tubo que debería desembocar en el agua lo hace en tierra firme y no está cerrado, sino que queda descubierto provocando un foco de infección constante”, explican resignados.
A ello se une la mala situación de las tuberías de saneamiento “que también contribuye a que toda esta zona trasera de las viviendas sea una ciénaga y que se reproduzcan los mosquitos. Pero el problema ya es grave desde que hace unos días, un niño de la barriada tuvo una infección fuerte derivada de las picaduras de los mosquitos tal y como les explicó el médico y un bebé que hoy mismo cumple dos meses, fue atendido por la pediatra por unas fiebres provocadas por un virus derivado de las picaduras de mosquitos. Así lo explica la madre, con todos los informes médicos. “No importa que tengamos mosquiteras puestas y que el sueldo se nos vaya en productos para ahuyentarlos y evitar que nos piquen, no sirve de nada y así no podemos vivir”, insisten solicitando ayuda a las administraciones responsables. “Si es la empresa de agua o Medio Ambiente o Delegación… lo único que queremos es que nos ayuden”.
Ya no hablan del polvo de la cantera que se sitúa sobre el barrio pero sí del acceso a la zona, que cuando llega la época de lluvias “se convierte en un barrizal intransitable y hemos pedido muchas veces que se adecente la zona con unas baldosas o un poco de hormigón para asfaltarlo pero nadie responde a la solicitud y llega otro invierno y seguiremos con este problema”. Invitan al presidente de la Ciudad a visitar la zona porque creen “que igual tiene que venir para darse cuenta de que lo que pedimos es necesario. Ya no hablamos de mejoras para que quede más bonito, sino de mejoras necesarias y básicas para vivir. Una salud e higiene básicas y tranquilidad para todos, mayores y pequeños en Punta Cabría”. Porque existe.
Los puntos básicos que requieren mejoras
“NOS COMEN LOS MOSQUITOS”
Cuando se inauguró la depuradora de Benzú toda la barriada lo celebró. Se atajarían los problemas de saneamiento y la zona mejoraría noblemente a nivel medio ambiental. De eso hace ya tres años y nadie podría haber imaginado que en algunas zonas como en Punta Cabría, los problemas serían incluso mayores. Los vecinos denuncian que literalmente “les comen” los mosquitos. “Nos pegan u nos mordiscos… no importa que sea verano o que sea invierno. Que haga frío o calor, poniente o levante, el sueldo lo gastamos en matamosquitos, tenemos mosquiteras… pero parece que no vale de nada”, explican. El problema viene cuando la calidad higiénicosanitaria no se cumple. “Dos de nuestros hijos se pusieron muy malos. Los médicos nos dijeron que se debía a eso, a infecciones que derivaron de las picaduras de mosquito. ¿Dónde vivimos? En el tercer mundo? parece que sí… y las autoridades no nos hacen caso y dicen que en Sanidad sólo se ocupan de las plagas de cucarachas, que los mosquitos no entran en sus competencias”. En la imagen, el tubo de la depuradora que queda al descubierto, que junto a la red de tuberías deficitarias, provoca el problema en la zona.
“VIVIMOS EN UN BARRIZAL”
En verano, el problema es llevadero. Pero cuando llega la época de lluvias, este problema “es insoportable”. Los vecinos llevan años pidiendo que asfalten la zona de acceso al barrio. “Un poco de hormigón y ya está resuelto”, solicitan enumerando las caídas que cada año se producen porque todo se llena de barro y al ser una cuesta andar por la zona “es prácticamente imposible”. Explican que los niños salen de casa limpios y ya se llenan de barro a la puerta antes de llegar al colegio y que es muy peligroso. Una de las vecinas, recuerda que hace un tiempo le dijo al presidente, Juan Vivas, que no les hacía falta nuevo material. “Nos es suficiente con las baldosas que retiran de las calles del centro cuando están prácticamente nuevas y que nos las traigan aquí, además no hace falta mucho, es un tramo muy pequeño”. Incluso para bajar los coches es peligroso “y qué decir de la limpieza, que vivimos en un barrizal y no cuesta tanto solucionar este problema que con la lluvia ya no sólo podemos caer nosotros, sino que bajan riadas de agua y barro y pueden inundarse las viviendas”, lamentan. Seguirán esperando “porque no nos queda otro remedio. Pedir y esperar, pero no sirve de nada. Al menos hasta ahora. Ni luz, el saneamiento mal y ni siquiera asfaltado, pero pagamos los impuestos como cualquier otro ciudadano de la ciudad autónoma”, recriminan.
CON LA LUZ DE LA LUNA…CUANDO SE VE
No hay luz en las calles. Ésta es otra de las peticiones más antiguas de la barriada. Los vecinos aseguran que con dos puntos es suficiente: una farola a la entrada y otra en la parte final, porque ahí no sólo nos serviría a los vecinos para tener visibilidad por la noche, sino que evitaría que los inmigrantes llegaran a este punto por temor a que al estar iluminado, les puedan ver los agentes y nadarían hasta salir más adelante”. Han solicitado la iluminación pública muchas veces y lo máximo que consiguieron fue el compromiso de Gregorio García Castañeda de ubicar unos focos en la zona. “Tampoco se ha cumplido, así que ya estamos desesperados. Los días se hacen más cortos y volvemos a la oscuridad en la zona”.
“ESTAMOS OLVIDADOS”
En las calles que recorren el barrio, los encuentros entre vecinos terminan muchas veces con conversaciones acerca de la pasividad de unas administraciones “que de lo que no pasan nunca es de cobrarnos los servicios que a veces ni quiera tenemos…muchas veces nos preguntamos que a qué servicios se refieren si no tenemos una higiene básica en el saneamiento ni luz para poder caminar por la noche”, lamentan. Los vecinos no entienden esa pasividad porque no dejan de pedir las cosas. “Hacen oídos sordos y parece que no les importamos. Como si fuéramos animales. Somos personas. Necesitamos cosas básicas. No es tan complicado de entender, pero parece que sí”, se quejan. En la imagen, tres vecinas a la puerta de casa de una de ellas, enumeran las ocasiones en que han pedido unas mejoras que nunca llegan.

