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Una Navidad… en casa

Por Redacción 26/12/2011 - 00:25
Una Navidad… en casa

altLos menores ucraniamos vuelven a Ceuta a pasar las fiestas con sus familias españolas. Así viven la Pascua en la ciudad

‘Una Navidad como en casa’ podría ser el titular de este reportaje si no fuera porque la proposición ‘como’ se pierde cuando se conoce el verdadero ambiente en el que están inmersos los niños ucranianos que pasan las fiestas en la ciudad autónoma gracias a la colaboración de las familias ceutíes. Y es que este ambiente hace que estos pequeños visitantes se encuentren en un hogar, con todas las palabras: cariño, atención, cobertura de todas sus necesidades, saneamiento, salud dental o educación.
El pasado día 21 llegaron a la ciudad autónoma más de diez niños ucranianos, que han sido acogido por seis familias ceutíes. Dos de ellas abrieron ayer sus puertas a ‘El Faro’ para que este medio pudiera ver cómo se vive la Navidad en este ambiente.
El matrimonio formado por Mari Ángeles y Elías han acogido a Sacha, de 14 años; Lilya, de 12; y Nastya, de 6, quien cumplirá los 7 el próximo día 26 pero se adelantará la celebración para que tenga lugar en Ceuta –se marcharán el 21 de enero, cuando hayan completado exactamente un mes de estancia en la ciudad–.
La Navidad en casa de este matrimonio ceutí está cargada de amor, además de niños. No es para menos, ya que a los tres hijos de la pareja se le suman los otros tres pequeños ucranianos, que se han convertido ya en parte de la familia. “Ahora tengo muchos niños en la casa y a todos los quiero. ¿Por qué no se le puede dar cariño a más gente si los besos son gratis?”, se pregunta Mari Ángeles.
Los pequeños muestran su agradecimiento por el trato recibido en esta familia ceutí. Y lo hacen mediante besos. “Al principio dan pocos besos pero ahora no paran. Están muy bien con nosotros”, explica Mari Ángeles. Las palabras de la madre de la familia son corroboradas por el joven Sacha, quien dice que se encuentra “muy contento y feliz” en esta vivienda.
Si se han adaptado a la familia también lo han hecho a la gastronomía española. Por ejemplo, Sacha no quería probar el jamón y ahora lo pide a menudo, y los chicos suelen coger unos cinco kilos durante el mes que están en Ceuta.
Sacha lleva viniendo desde 2006, mientras que Lilya comenzó a venir dos años después. Nastya es la que menos tiempo ha visitado Ceuta ya que sólo lo hizo el pasado verano. La estancia de los pequeños en Ceuta es muy entretenida, ya que además de cubrir sus necesidades realizan actividades con toda la familia. “Hacemos actividades con las demás familias colaboradoras, senderismo, participamos en la carrera de San Juan, vamos al Parque, al teatro o a la biblioteca”, explica Mari Ángeles.
Como están totalmente integrados en la cultura española, han redactado ya su carta de los Reyes Magos. Sacha es ambicioso, ya que ha pedido un ordenador y un móvil.
Otra de las familias colaboradoras es la encabezada por Rosa y Héctor. Acogen a dos hermanas: Anastasia y Natalia, de 10 y 13 años, respectivamente. A la primera de ellas la acogen desde los 6 años –es la quinta Navidad con esta familia ceutí–, y en esta ocasión ha venido acompañada de su hermana.
Esta familia, como la anterior, quiere destacar lo importante que es para los niños lo que se conoce como ‘familia extensa’, es decir, que todos sus miembros se impliquen y hagan que los pequeños se integren cuanto antes. “Ellas ya son dos miembros más de la familia”, explica en declaraciones a este medio.
Además, quiere dejar claro que familias de todo tipo pueden participar en estos programas de acogida, “no tienen que ser necesariamente el matrimonio tradicional, sino el que quiera y pueda y tenga posibilidad de costearles el viaje y la estancia”, añade.
Rosa también quiere dejar claro que sus apariciones en prensa “no son simplemente para salir en medios de comunicación sino para intentar captar a otras familias para que acojan a menores, ya sean ucranianos o españoles que lo necesiten”.
Además de cubrir las necesidades de los pequeños, con estos tres meses en verano y uno en las fiestas “se pretende que los niños se desarrollen como se deben desarrollar: con una familia y con afectividad”.
Cuando la alegría familiar se incrementa por la visita de algunos miembros suele disminuir cuando se marchan. No obstante, Rosa asegura que esto es algo que está superado. “Como dice una amiga, la crueldad no es devolverlos sino no darles la oportunidad de que encuentren una realidad distinta a su entorno”, manifiesta.
Entre los niños ucranianos hay algunos que son huérfanos, otros que tienen padres pero que son “excesivamente” pobres, otros que viven en orfanatos y otros cuya custodia la tiene el estado. Los que cuentan con familia biológica mantienen contacto telefónico con ellas durante su estancia en España.
Su estancia en Ceuta también les ofrece la oportunidad de aprender español y árabe, como es el caso de Anastasia. Incluso en una ocasión una menor que venía de acogida llegó a ser contratada de traductora para el equipo de apoyo que se queda en Algeciras.
Las familias colaboradoras ceutíes han creado una organización puente con la Asociación de niños de Ucrania y Andalucía, llamada Asociación de Menores de Ceuta (Amesce), que preside la propia Rosa. Su presidenta anima a las demás familias ceutíes a participar en estos programas de acogida debido a la importancia que supone para los pequeños que se encuentran en un país con muchas necesidades. “Si aquí tenemos crisis imagínate allí –en Ucrania, un país con más de 200 orfanatos–”, dice.
Gracias a la labor de estas familias ceutíes, más de diez ucranianos, desde la mayor de 18 años, Oksana, hasta la menor, de 7, Marina, pueden vivir experiencias inolvidables y conocer el verdadero cariño de una familia, ya que “algunos vienen sin saber qué es un beso”, lamentan los colaboradores, pero una vez en España hacen realidad aquello de que la Navidad es la fiesta de la ilusión y la alegría.

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