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Vivas, el último escudero del sanchismo

Si existe un dirigente del Partido Popular que ha hecho de la cercanía con Pedro Sánchez una seña de identidad política, ese es Juan Vivas. Mientras presidentes autonómicos de todos los colores han levantado la voz frente a las decisiones más controvertidas del Gobierno, el presidente ceutí ha optado sistemáticamente por el aplauso, la comprensión y la colaboración. No como una excepción puntual, sino como una línea política sostenida durante años. 

La realidad resulta difícil de maquillar. Mientras otros dirigentes advertían de los riesgos de determinadas políticas migratorias, crecía la preocupación por las cesiones al separatismo y se acumulaban los escándalos que erosionaban la credibilidad del Gobierno, Juan Vivas siempre aparecía en el mismo lugar, al lado de Pedro Sánchez. 

No es casualidad que desde numerosos sectores se le considere el presidente autonómico más cómodo para Moncloa. Tampoco es casualidad que las palabras de reconocimiento mutuo entre ambos hayan sido una constante. Allí donde otros veían motivos para la confrontación institucional, Vivas encontraba razones para el entendimiento. Allí donde otros reclamaban firmeza, él ofrecía colaboración. Allí donde otros marcaban distancias, él estrechaba vínculos. 

"Juan Vivas ya no puede presentarse como un mero gestor ajeno a las grandes controversias nacionales. Ha decidido formar parte de ellas. Ha decidido acompañar a Sánchez cuando muchos de sus propios compañeros de partido consideraban imprescindible marcar diferencias"

El problema para el presidente ceutí es que toda estrategia política tiene un precio. Y el suyo consiste en haber ligado buena parte de su trayectoria a un proyecto político que atraviesa uno de los momentos más delicados de su historia. Juan Vivas ya no puede presentarse como un mero gestor ajeno a las grandes controversias nacionales. Ha decidido formar parte de ellas. Ha decidido acompañar a Sánchez cuando muchos de sus propios compañeros de partido consideraban imprescindible marcar diferencias. 

Mientras Emiliano García-Page ha sido capaz de plantar cara desde dentro del PSOE cuando entendía que estaban en juego determinados principios, mientras Juan José Imbroda ha mantenido posiciones mucho más firmes en defensa de Melilla, Vivas ha preferido convertirse en el socio institucional más fiable del sanchismo en Ceuta. 

Esa elección política tiene consecuencias. Quien respalda de forma reiterada una estrategia termina siendo corresponsable de sus resultados. Quien legitima un proyecto durante años no puede desvincularse de él cuando llegan las dificultades. Quien ha basado gran parte de su estabilidad política en la proximidad al poder central tampoco puede sorprenderse si políticamente se le acaba identificando con ese mismo poder. 

La cuestión migratoria constituye el ejemplo más evidente. Para Feijóo y su Partido Popular resultará especialmente contradictorio reclamar cambios profundos en determinadas regiones mientras se ignora el papel desempeñado por quienes han contribuido a sostener el modelo que hizo posibles las políticas que han provocado la invasión migratoria Si realmente se pretende abrir una nueva etapa, Ceuta tendrá que afrontar también un debate, a nivel local y nacional, sobre el legado político de Juan Vivas y sobre las consecuencias de una gestión marcada por la subordinación política a las directrices de Moncloa. 

"Hoy Pedro Sánchez afronta una creciente erosión política, una contestación social cada vez más intensa y un clima de desconfianza alimentado por las polémicas y la corrupción que rodean a su Ejecutivo y a su partido. En ese escenario, Juan Vivas corre el riesgo de descubrir que el destino de quienes se aferran al poder central suele quedar unido al de aquellos a quienes decidieron respaldar"

El problema de Vivas no es únicamente haber respaldado a Pedro Sánchez bajo el escudo de la ‘lealtad institucional’. El problema reside en haber convertido esa cercanía en el eje central de su estrategia política. Haber actuado durante años como el interlocutor preferido de un Gobierno cada vez más cuestionado. Haber apostado por una relación de dependencia política cuyo desgaste resulta ya imposible de ocultar. 

Hoy Pedro Sánchez afronta una creciente erosión política, una contestación social cada vez más intensa y un clima de desconfianza alimentado por las polémicas y la corrupción que rodean a su Ejecutivo y a su partido. En ese escenario, Juan Vivas corre el riesgo de descubrir que el destino de quienes se aferran al poder central suele quedar unido al de aquellos a quienes decidieron respaldar. 

Durante años, Vivas apostó por Sánchez. Ahora tendrá que asumir el veredicto de esa apuesta. La lealtad política no es gratuita. Nadie puede pasar un lustro presentándose como el aliado más fiel de un proyecto político para después pretender que no se le identifique con sus consecuencias.

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