Marruecos ha advertido de que no acepta ser utilizado como “peón político preelectoral” ni convertirse en “el chivo expiatorio” de los ajustes de cuentas políticos en España, según una declaración difundida este jueves por el Ministerio marroquí de Relaciones Exteriores.
Rabat se ha pronunciado sobre el estado de las relaciones con España y ha lamentado que “algunos círculos políticos y mediáticos españoles persistan en explotar al Reino con fines políticos internos”.
En este sentido, el comunicado considera especialmente preocupante que partidos políticos con una larga trayectoria y experiencia de gobierno hayan entrado en una dinámica en la que, según Marruecos, “la escalada irracional y populista prevalece sobre el sentido común”.
Marruecos recuerda que ha elegido soberanamente construir junto a España una relación basada en “la buena vecindad geográfica, el entendimiento político, la asociación económica y la cooperación en materia de seguridad”. Esta orientación, señala, alcanzó su máxima expresión en la Declaración Conjunta del 7 de abril de 2022, después del encuentro entre el rey Mohamed VI y el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez.
Según Rabat, aquella declaración abrió una nueva etapa basada en “el respeto mutuo, la confianza recíproca, el diálogo permanente y la aspiración a una asociación beneficiosa para ambas partes”.

Cuestiona las acusaciones por la crisis en Ceuta
El comunicado marroquí plantea varias preguntas sobre la gestión posterior a los acontecimientos de julio. “¿Por qué se mantiene la acusación contra Marruecos cuando ningún dato, hecho o informe establece implicación alguna de las autoridades marroquíes?”, pregunta el Reino.
También cuestiona “¿por qué no se devuelve a los migrantes irregulares, cuando el Gobierno marroquí se ha comprometido oficialmente a readmitirlos?”. A esta cuestión añade otra relacionada con los menores no acompañados: “¿Por qué se mantiene a los menores no acompañados alejados de sus familias, cuando Marruecos ha solicitado insistentemente su retorno?”.
Rabat sostiene que “la respuesta a estas preguntas no debe buscarse en Marruecos, sino entre los actores españoles implicados”.
Defiende los resultados de la cooperación
Marruecos sostiene que este enfoque ha permitido a los dos países potenciar sus elementos de unión y acotar sus discrepancias para abordarlas con serenidad y respeto. El comunicado destaca especialmente los resultados obtenidos en materia económica y de seguridad.
Marruecos recuerda que España es el primer socio económico de Marruecos, mientras que Marruecos es el segundo socio comercial de España fuera de la Unión Europea. También pone en valor la cooperación en materia de seguridad y afirma que durante este periodo “se han salvado vidas y desmantelado redes terroristas y criminales”, en ocasiones a costa de daños humanos y materiales sufridos por las fuerzas marroquíes.
Respecto a la inmigración, Rabat asegura que “la cooperación migratoria siempre ha sido coordinada y eficaz”. No obstante, considera que los acontecimientos del pasado mes de julio requieren “un examen en profundidad” para esclarecer sus circunstancias, identificar posibles injerencias, denunciar manipulaciones y garantizar que situaciones similares no vuelvan a producirse.

Rechaza ser utilizado como recurso electoral
Marruecos también critica lo que considera una instrumentalización del país vecino por parte de determinados sectores españoles y lamenta que “instituciones legislativas y judiciales respetables” puedan incurrir en iniciativas que, según afirma, alimentan el desacuerdo.
El comunicado sostiene que estas actuaciones forman parte de “una estrategia del miedo perjudicial para todos”, en la que, según Marruecos, “el discernimiento cede ante el simplismo y el análisis objetivo ante la acusación”.
Finalmente, el Reino alauita insiste en su rechazo a convertirse en un elemento de la política interna española: “El Reino de Marruecos se niega a convertirse en un recurso electoral. Tampoco acepta ser el chivo expiatorio de ajustes de cuentas políticos”.
Rabat concluye que “la vecindad geográfica es una realidad inmutable” y considera que corresponde a los responsables políticos, mediante “valentía y altura de miras”, convertir esa realidad en un activo para el futuro. En caso contrario, advierte, “la ceguera estratégica” puede transformar ese capital en una fuente de “desconfianza crónica y tensiones recurrentes”.






