“Un caballa nunca se rinde” se canta y se grita en los callejones y burladeros. Un ánimo especial, una vuelta al fútbol tras un inmenso calvario de decepciones que vio su fin al borde del pitido final con un gol de Carlos Hernández al Valladolid. El Ceuta volvía a jugar para ver si lograba volver a puntuar.
Entre ánimos y cánticos, hubo un momento de silencio, al menos de pseudosilencio (la manía irónica, casi berlanguiana, de acompañar un minuto de silencio con un réquiem, rompiendo el silencio mismo), por la memoria de Emilio Lamorena. Transmitimos nuestras condolencias desde El Faro a toda su familia.
Comenzó el choque
Comenzó el choque con un apoyo del clima: la niebla armó el petate y el sol salió conforme el árbitro pitó. El Ceuta comenzó atrevido, primero conteniendo a la Real B y luego atacando, esquivando-atacando, Jackie Chan, así fueron los primeros cinco minutos del fútbol.
Camacho fue el protagonista de los primeros ataques, primero llegando hasta línea de fondo para dar un pase atrás que no iba a encontrar banderillero que clavara en portería. Segundo, con un latigazo desde la frontal que Fraga desvió a Palomares.
El mismo Camacho, tras un ataque txuriurdin, empezó a correr y metió marchas como Hunter Thompson camino de Las Vegas. El era la velocidad, la adrenalina. Se iba por potencia de caballos. Encaró a Fraga y se lo encontró. Parada del vasco. Tercer acercamiento peligroso del rondeño, que iba con el cuchillo entre los dientes.
El partido empezaba a calentarse por el duelo Koné-Jon Balda. El marfileño aguantaba e intentaba driblar, pero eran varios los agarrones del vasco y sus correspondientes faltas. Empezaba a desesperarse el africano mientras Romero, en banda, le recordaba el trencilla que ya eran varias las del lateral realtzale.
El primer bombazo de la Real B llegó con Marchal. Metió marchas como animal, llegó a la frontal y exigió a Vallejo mientras buscaba puerta. Detuvo el de Burgos.
El Ceuta, conforme se llegaba a la media hora, se estaba sintiendo cómodo. Estaba teniendo ideas, presencia, buen juego, pero había un grandísimo pero: costaba disparar. Sin disparar no hay manera de marcar, es tan solo una presencia fantasmal en área vasca. Desesperaba la situación a José Juan Romero en el área técnica.
Anuar desperdició una gran progresión. Balón en largo de Koné, muy acertado, para Camacho. Este se la dio a Anuar y el ceutí, lejos de tirar, dudó. El gran pecado del fútbol: no ser determinante. Casi peor que ponerse las botas del revés.
Roja para Mariezkurrena
El Ceuta iba a ver cómo el encuentro se le iba a poner de cara. No en el resultado, pero si en acta. Mariezkurrena se iba a ir expulsado por una agresión sin balón a Matos. Un atacante, un jugador menos. El Ceuta debía de todos los modos posibles ser implacable. No se debía ir la oportunidad de sumar de tres.
Fue confusa la agresión. Fue a espaldas del árbitro y el linier fue el que hizo de soplón. Matos buscó al ‘10’ vasco y Mariezkurrena respondió con una agresión que no quedó muy claro que fue. Matos se dolía en la ingle, y se pudo ver cómo el de la Real le daba un pellizco. Parece que buscó darle en el centro de la virilidad, allá dónde el espíritu solar se halla en los hombres, en el refugio donde se salvaguarda el arcano de la espada. En otras palabras, en sus partes pudendas. En el cuerpo ahorcado.
Eso lo aprovechó el Ceuta para acercarse y buscar más puerta. Un disparo de Koné puso en apuros a Fraga. A pesar de ello, el gol seguía sin llegar.
Por otro lado, Toni Abad tuvo su primera acción defensiva clave como caballa. Dani Díaz, puro nervio, fibra y explosividad, metió marchas y se fue solo a la contra. El valenciano detuvo al Speedy González de Zubieta con una carga potente. Quizá, en igualdad de jugadores, esa jugada hubiera sido más peligrosa.
Pitó el árbitro y jugadores se fueron a vestuarios. Lucía el 0-0 en el luminoso.
Segundo tiempo y a remar a contracorriente
Volvió el Ceuta a la carga con Camacho. En la primera del segundo tiempo hizo la que hace siempre. Caballo desbocado a línea de fondo a buscar el gol.
En la primera de la Real B ocurrió lo imperdonable. Un córner una serie de rebotes hasta que Kazunari Kita la empujó adentro con un disparo en buena posición. El yamato adelantaba al equipo que estaba con uno menos. Otra vez a remar a contracorriente.
Carlos empata y es anulado
Fue Carlos, de nuevo, el que iba a empatar. Un centro y un cabezazo, un ‘mi mamá me mima’ de estas situaciones. Pero el árbitro no lo tenía tan claro. Tocaba revisión.
Hasta cinco minutos de revisión de VAR para mirar un supuesto fuera de juego posicional de Capa. Parecía que el conjunto arbitral estaba buscando la falta, el mínimo detalle, como inquisidores de mercachifle, para ver si podía aguar la fiesta de esperanza del Murube. Evidentemente lo anuló, tras una eterna revisión que denotaba que, ante todo, no había nada tan claro cuando casi convocan a un consejo de sabios para tomar la decisión acertada.
Romero era la imagen de la grada, la grada lo era de Romero. Brazos en jarra, incrédulo durante la revisión. Improperios tras la sentencia, palmadas a su cara recalcando su opinión acerca del arbitraje.
Primer cambio. Piernas para el ataque. Se iba Joaquín y entraba Jordi Escobar.
Segunda expulsión para la Real
El partido parecía que obligaba al Ceuta a reaccionar. Falta de Kazunari Kita, que tenía amarilla, y se iba a ir expulsado. Esta vez la roja no iba a ser el gran sol de su bandera, sino la cartulina del colegiado, que lo mandaba a darse un agua al vestuario. El árbitro, con esta decisión, expulsaba a más jugadores del estadio que el Gobierno a invasores de Ceuta.
El partido estaba de cara, 11 contra 9. El Ceuta obligado a sentir la sangre que corre por sus venas.
Carlos empata, otra vez
A balón parado una vez y, de nuevo, le tocaba al mismo, al hombre gol del Ceuta, su delantero improvisado. Una jugada similar, cabezazo y para dentro. El tercer tanto de la temporada para el capitán. Koné hacía de oro su regreso con un gran centro.
Celebraba el Ceuta, pero no mucho. No había tiempo que perder. La grada, que gritó el tanto, retaba al trencilla: “anúlalo ahora, si tienes…”.
Romero tiraba de piernas para el medio del campo. Hacía falta creatividad: Meléndez y Marino, pasos adelante. Se iban Toni Abad y Okoro.
Llegaban ocasiones muy claras del Ceuta. Un zurdazo de Koné peinaba al palo, pasó muy cerca. Luego, Matos, que llegó como loco desde la segunda línea, como un zapador en el Somme, disparó mandándolo al lateral de la red. También Camacho la tuvo con un cabezazo lleno de timidez.
Vuelve a marcar Carlos
En tiempos acelerados, de estímulos eternos, hacía falta que alguien tirara de una calma perdida. Ese era Koné, que con pausa ancestral, propia de los baulé o agni, propios de su tierra, puso un balón medidísimo para que el hombre del día, Carlos, volviera a pegar otro cabezazo que ponía por delante al Ceuta.
Lo de Carlos no tenía nombre. Otro tanto. Un hat trick de un central si contamos aquel que estuvo anulado de manera dudosa. Se vestía de Van Basten, de Josef Bican, de Hansi Krankl, de Alan Shearer o de Paolo Rossi. Carlos era todos, o, mejor, todos en algún momento fueron Carlos.
Últimos cambios para el Ceuta. Entraban Arick y Abraham Bueno, que debutaba como profesional. Se iban Anuar y Koné tras un buen partido de ambos.
El Ceuta tenía el partido a su merced y buscaba la sentencia. Con dos más, tenían que volcarse y hacer que la Real B no oliera el balón. El visitante se ponía de los nervios, se quejaba de todo e incluso Jon Ansotegui no dejaba de gritarle al cuarto árbitro. La desesperación podría comerse a los rivales del Ceuta.
El área técnica rival era un polvorín; la del Ceuta, tensión sin perder los papeles. Corría el tiempo con un descuento eterno. La duración de un minuto depende del lado del marcador en el que estés.
Jordi Escobar sentencia
El Ceuta iba a encontrar el gol del final, la sentencia. Abraham Bueno iba a robar la bola para dejar, al fin, al Ceuta en una ocasión de dos contra Fraga. El que debutaba se la dió a Escobar, que la empujó para terminar, por fin, con el calvario caballa. El tercero y pitido del árbitro
Fin a la racha sin victorias. El Ceuta daba un golpe en la mesa. La tranquilidad volvía de la mano junto a una esperanza más que necesaria para un pueblo dolido. ‘Chimpún tracatrá’, el primer ‘más tres’ del curso.