Ceuta y Marruecos: cooperar sin depender

Marruecos no va a desaparecer del futuro de Ceuta, y tampoco debería hacerlo. Es nuestro vecino, una potencia regional siempre relevante, un socio fundamental de España y de Europa y uno de los actores llamados a desempeñar un papel importante en el futuro del Mediterráneo occidental.

Pretender construir el futuro de Ceuta ignorando esa realidad sería tan equivocado como construirlo dependiendo completamente de ella, porque cooperación y dependencia no significan lo mismo.

Cooperamos cuando dos partes mantienen una relación porque ambas obtienen algo de ella. Dependemos cuando una decisión unilateral de la otra puede condicionar nuestra prosperidad.

Y precisamente porque Marruecos será siempre importante para Ceuta, Ceuta debe procurar que Marruecos nunca sea imprescindible para su prosperidad. Eso no debería interpretarse como una posición contra nuestro vecino, sino todo lo contrario.

Una Ceuta económicamente fuerte, profundamente europea, tecnológicamente avanzada y conectada internacionalmente estaría en mejores condiciones para cooperar con Marruecos que una ciudad permanentemente preocupada por las consecuencias que cualquier cambio en la frontera pueda producir sobre su economía.

La dependencia genera miedo. La autonomía permite cooperación.

Durante demasiado tiempo hemos interpretado nuestra relación con Marruecos fundamentalmente alrededor de la frontera. Quizá haya llegado el momento de empezar a imaginarla también alrededor del mar que compartimos.

El Mediterráneo no entiende demasiado de fronteras y la contaminación que aparece en una costa puede terminar en la otra. Los bancos de peces se desplazan. Las corrientes atraviesan jurisdicciones. El cambio climático no solicita permiso en una aduana.

Ahí existe un extraordinario espacio para cooperar.

Oceanografía, economía azul, investigación marina, universidades, protección ambiental, tecnologías portuarias, observación del Estrecho o conocimiento compartido del Mediterráneo pueden convertirse en ámbitos donde Ceuta, España, Europa y Marruecos encuentren intereses comunes.

¿Por qué no explorarlos?

Una Ceuta más europea no tiene por qué estar más lejos de Marruecos. Puede simplemente colocarse en mejores condiciones para cooperar con él.

Y esa cooperación tampoco tiene que limitarse al mar.

Ceuta puede convertirse en punto de encuentro empresarial entre Europa y África, facilitar relaciones económicas, atraer tecnología y conocimiento y construir conexiones con universidades e instituciones de ambas orillas. Pero debemos abanderarlo desde un principio…. la cooperación debe multiplicar nuestras oportunidades, nunca condicionar nuestra capacidad para prosperar sin ellas.

Ceuta debe poder desarrollar su economía, sus empresas, su universidad y sus proyectos estratégicos independientemente de las circunstancias políticas que atraviese en cada momento su relación con Marruecos. Después, desde esa posición, tendamos todas las manos que podamos. Cooperemos en investigación. Cooperemos en medio ambiente. Cooperemos en tecnología. Cooperemos en comercio. Cooperemos en el conocimiento del Mediterráneo. Cooperemos en el flujo fronterizo.

Y hagámoslo porque interesa a ambas partes, no porque alguna de ellas no pueda permitirse que la otra deje de hacerlo.

El futuro del Estrecho probablemente no debería construirse levantando nuevas fronteras entre sus dos orillas, sino creando intereses compartidos que hagan cada vez menos razonable utilizarlas como instrumentos de presión. Y Ceuta puede desempeñar un papel extraordinario en ese proceso precisamente por lo que es: española, europea y africana por geografía.

No necesitamos elegir entre Europa y Marruecos, sino estar sólidamente anclados en Europa para poder construir con Marruecos una relación más equilibrada.

Porque quizá la mejor relación entre vecinos no sea aquella en la que uno necesita al otro…. sino aquella en la que ninguno se necesita, pero ambos prefieren cooperar.

Ceuta en la garganta: La lenta amputación de la España viva

«Hay personas que no pueden ver la patria sino en un mapa; yo no puedo verla sino en el rostro de mis hermanos, en su dolor y en su carne.»
Miguel de Unamuno

Hay cosas de las que resulta imposible escribir desde el frío despacho de la razón de Estado, ni con el cálculo numérico del estratega de salón, sino desde la propia entraña. Desde esa trágica conciencia de que la patria no es una simple frontera pintada en la cartografía, sino un cuerpo humano completo. Un cuerpo que respira, que sufre y que sangra. «Me duele España», clamaba Miguel de Unamuno desde lo más hondo de su ser; y aquel no era un lamento literario ni una pose intelectual, sino el grito de agonía de quien se sabe carne de esa misma tierra. Hoy, ese dolor no es una abstracción: tiene un nombre y una geografía concreta. España duele en Ceuta. Duele en sus calles angustiadas y en sus vecinos desamparados, no como se duele una lejana propiedad administrativa, sino como duele la mano que empieza a perder el riego de la vida.
Si uno fuera ceutí en estos momentos, el aire mismo resultaría irrespirable. Para comprender la magnitud de lo que allí acontece no hace falta ser un analista geopolítico ni un adivino agorero; basta con ponerse en el pellejo de quien ve cómo su propio hogar se desmorona sin que nadie acuda en su auxilio. Piense el lector por un instante lo que significa levantarse cada mañana en una ciudad pequeña y estrecha y encontrarse con miles de personas deambulando sin rumbo ni control por sus barrios. Piense en la angustia de las familias en El Tarajal, en la barriada de El Príncipe, en Lomas Colmenar o en Margarita, viendo cómo la normalidad salta por los aires y la sombra del allanamiento se proyecta sobre sus comercios y sus propias casas.
En las calles de Ceuta hoy reina el miedo. No es un temor infundado ni un prejuicio inventado por la distancia; es la cruda realidad de madres y jóvenes que se ven obligadas a organizarse en grupos para salir a la calle, temiendo por su integridad física ante la actitud crecientemente hostil de quienes han ocupado la ciudad al margen de la ley. La vida cotidiana se ha convertido en una carrera de obstáculos por la supervivencia. Ya se denuncian asaltos y ocupaciones sin que la autoridad reaccione con la contundencia debida. ¿Acaso alguien tendría la osadía de criticar al ceutí que, acorralado por esta inseguridad social, sanitaria y económica, sienta que el suelo se hunde bajo sus pies? ¿Quién podría reprocharle a un padre de familia que por defender su presente y su futuro valore vender lo poco que tiene para huir a la península y poner a salvo a los suyos?

El sarcasmo del poder y el insulto al herido

Lo verdaderamente trágico, lo que enardece las entrañas de cualquier ciudadano biennacido, no es solo el embate que llega de fuera, sino la humillante respuesta que se recibe desde dentro. Frente al incendio que quema las entrañas de Ceuta, el Gobierno presidido por Pedro Sánchez ha reaccionado con una combinación intolerable de parsimonia y paternalismo. Pedir a los ceutíes que “arrimen el hombro» y estén dispuestos a esperar al menos cuatro meses más sin ofrecer una sola garantía firme de solución total no es una medida de gestión: es un sarcasmo, una burla trágica a la desesperación de un pueblo abandonado a su suerte.
Pero la afrenta no se detiene en la dilación. En un ejercicio de cinismo difícilmente superable, desde las tribunas del poder no solo se niega el auxilio inmediato, sino que se les «echa la bronca» a los agredidos, sermoneándoles con que «la violencia no es la solución». ¿De qué violencia hablan a los vecinos que ven violada su intimidad y amenazada su paz? ¿Con qué autoridad moral se atreven a reñir al ciudadano aterrorizado mientras las propias Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado son emboscadas y apedreadas en la frontera? Es una perversión del lenguaje y de la moral: se condena con palabras melifluas la lógica indignación de las víctimas mientras se atan de pies y manos a los guardias y policías que sangran bajo las piedras, obligándoles a resistir en primera línea sin los medios ni el respaldo legal indispensable para defender la soberanía del suelo que pisan.

El organismo sin defensas y los señores del zumo

Un cuerpo humano cuyo sistema inmunitario se niega a combatir la infección es un cuerpo condenado a la muerte. De la misma manera, un Estado que no moviliza sus defensas cuando uno de sus miembros es vulnerado está cometiendo una traición biológica contra sí mismo. La españolidad de Ceuta no es un capricho ni una herencia colonial de la que haya que pedir perdón. Es el fruto legítimo de la voluntad de sus propios habitantes, que ya en 1640 decidieron libremente mantener su lealtad a la Corona española y jurar fidelidad a Felipe IV. Resulta escandaloso observar cómo el Ejecutivo muestra una cobarde debilidad ante las pretensiones de un Reino de Marruecos que no nació hasta 1956, cuando la huella española en Ceuta acumulaba ya siglos de arraigo indiscutible.
Ante esta pasividad premeditada, la pregunta que quema la garganta de cualquier observador despierto es ineludible: ¿qué se busca en realidad con esta inacción? ¿Se pretende acaso ahogar a los ceutíes en la orfandad hasta que se vean obligados a malvender sus raíces y emigrar a la península? Pareciera que la meta callada fuera vaciar la ciudad de sus herederos históricos para que, lenta pero inexorablemente, aquellos señores que en público fingen moderación y solo toman zumo de naranja dejen de ser migrantes transitorios y pasen a convertirse en los nuevos sultanes de la ciudad.

El efecto dominó: la ceguera del futuro

Quien crea que la tragedia termina en la valla ceutí padece una ceguera suicida. En la dinámica de la fuerza, el cordero que se deja esquilar sin protestar termina convirtiéndose en el plato principal. Si la estrategia de la postración y el silencio fructifica en Ceuta, no hace falta poseer el don de la profecía para adivinar el capítulo siguiente. La próxima ficha en caer será Melilla, aislada y asfixiada en su propia frontera. Y tras Melilla, la mirada codiciosa del vecino del sur se posará sobre las Islas Canarias y sus codiciadas aguas territoriales, ricas en recursos y de un valor estratégico insustituible.
Mientras esta amenaza de amputación progresiva se cierne sobre el mapa de la patria, ¿qué hace el resto de la nación? ¿Seguirá la península adormecida, distraída con debates de vuelo corto y sintonizando listas de canciones de moda en sus dispositivos digitales mientras el cuerpo patrio se desmiembra? Convertir la política en un pasatiempo frívolo mientras la integridad física del país se deshilacha es la prueba más dolorosa de una sociedad que ha perdido el sentido primario de su propia conservación.
La patria no es un contrato mercantil que se pueda rescindir cuando molesta a la diplomacia partidista; es una conmoción del alma y un compromiso de vida. Es el hogar maternal que cuida, ampara y defiende a sus hijos sin distinción de geografía. Si Ceuta cae en la desesperación, si normalizamos la herida y aceptamos que sus articulaciones se rompan para no incomodar al gabinete o al vecino invasor, el cuerpo entero de España quedará mutilado, enfermo de ausencia y tullido para siempre.
A este Gobierno que pretende imponer el silencio a golpe de relato, que pide cuatro meses de resignación a los caídos y que intenta disimular su cobardía culpando a la desesperación de los agredidos, hay que recordarle la lección eterna del rector de Salamanca en su hora más amarga. Podrán valerse de la aritmética del poder, del rodillo parlamentario y del aparato mediático para sofocar la protesta momentánea. Podrán aplazar la agonía y pretender que la realidad no existe. Pero ante la historia, ante el derecho y ante la memoria de un pueblo que se niega a ser mutilado, la sentencia es inapelable: Venceréis, pero no convenceréis. Porque para convencer hay que persuadir con la razón y el amparo del derecho, y en la cobarde entrega de Ceuta, el Gobierno ha renunciado a la razón, a la patria y al honor.

Hoy todos somos Ceuta

Hay lugares a los que pertenecemos porque nacimos en ellos, y hay lugares a los que decidimos pertenecer aunque nunca hayamos vivido allí.
Hoy es 2 de septiembre. Hoy es el Día de Ceuta.

Quizá este año felicitar a los ceutíes no consista solamente en desearles un feliz día. Quizá consista en decirles algo que llevan demasiado tiempo necesitando escuchar: no estáis solos.

Han sido semanas difíciles.

Semanas en las que una ciudad de apenas veinte kilómetros cuadrados ha ocupado portadas, informativos, debates políticos y conversaciones en toda España.

Hemos hablado mucho de Ceuta. De su frontera y de su seguridad. De inmigración y de responsabilidades políticas. De cifras… sobre todo de cifras.
Pero hoy me gustaría olvidarme por un momento de todas ellas. Porque Ceuta no es una cifra. Tampoco es solamente una frontera. Ceuta es la señora que esta mañana levantará la persiana de su comercio. El policía que terminará su turno y regresará a casa. El camarero que servirá un café y la familia que se sentará alrededor de una mesa.

El vecino cristiano que saludará al musulmán. El musulmán que compartirá calle con el hebreo. El hebreo que compartirá ciudad con el hindú. Y todos ellos compartirán algo mucho más importante que cualquier diferencia: su casa. Ceuta.

A veces desde la península cometemos el error de mirar las ciudades fronterizas como lugares lejanos, como si los kilómetros de mar fueran también kilómetros de pertenencia.

No lo son. Hay distancias que se miden en kilómetros, y otras que se miden en indiferencia. Hoy, España tiene la oportunidad de acortar la segunda.
Porque mientras Ceuta celebra su día, desde ciudades y pueblos de toda España habrá personas que, aun estando lejos, mirarán hacia ella para hacerle llegar su apoyo.

Personas que probablemente nunca hayan pisado sus calles. Que quizá nunca hayan contemplado África desde sus miradores. Que nunca hayan paseado junto a sus Murallas Reales ni hayan visto amanecer entre dos mares. Y sin embargo, hoy también estarán un poco allí. Por Ceuta.
Hay algo profundamente hermoso en eso.

Porque una nación no se demuestra únicamente en un mapa. Se demuestra cuando un ciudadano siente como propio lo que le ocurre a otro que vive a cientos de kilómetros. Cuando el problema de una ciudad deja de ser “su problema” para convertirse en el nuestro.

Cuando desde Huesca, Valencia, Jaén, Cartagena o cualquier otro rincón de España alguien mira hacia el sur y dice: Estamos con vosotros.
El Día de Ceuta hunde sus raíces en una historia de hace más de seis siglos.

En aquellos días de 1415, Pedro de Meneses fue nombrado primer gobernador de la ciudad. Cuenta la tradición que cuando hubo que decidir quién permanecería para defenderla, tomó un sencillo aleo, un bastón de madera, y aseguró que aquello le bastaba. Aquel humilde bastón acabaría convirtiéndose en símbolo de algo mucho más grande que él: la voluntad de Ceuta de permanecer en pie.

Han pasado más de seiscientos años. Han cambiado los gobiernos. Han cambiado las fronteras. Han cambiado los mapas y las generaciones.
Pero hay algo que ninguna ciudad debería necesitar defender nunca: su derecho a no sentirse olvidada.

Por eso hoy quiero hablar de algo muy sencillo. De pertenencia. De esa extraña capacidad que tenemos los seres humanos de sentir cariño por lugares en los que quizá nunca hemos vivido. Y de recordar que detrás de cada titular de estas semanas había una ciudad intentando seguir siendo exactamente eso: una ciudad.

No una crisis. No una frontera. No un problema. Una casa.

La casa de miles de españoles que durante estas semanas han tenido miedo, se han enfadado, han pedido ayuda y han reclamado algo tan elemental como poder recuperar su tranquilidad. Hoy es el Día de Ceuta.

Quizá el mejor homenaje que podemos hacerles desde el resto de España no sea hablar por ellos.

Sea escucharlos, acompañarlos y recordarles que el mar que nos separa también puede ser el mismo mar que nos une.

Hoy habrá banderas. Habrá actos institucionales y habrá discursos.

Pero ojalá, cuando termine el día, quede algo bastante más importante que todo eso: la certeza de que cuando una parte de este país necesita que la miremos, miramos.

Que cuando necesita que la escuchemos, escuchamos. Y que cuando necesita saber si seguimos sintiéndola como parte de nosotros, la respuesta no admite dudas.

Sí. Hoy, 2 de septiembre, desde cualquier rincón de España: Feliz Día de Ceuta.

Después de todo lo vivido durante estas semanas, permitidme decir también algo más: Hoy, todos somos Ceuta.

DAUBMA y CECAM ante los delitos ambientales y el abandono institucional de la fauna marina y doméstica en Ceuta

Las asociaciones DAUBMA y CECAM responden con firmeza a quienes, tras la noticia publicada en El Faro de Ceuta sobre el asesinato del llamado ‘Bebé Delfín’ y su supuesta manipulación por parte de invasores, cuestionan dónde están las organizaciones animalistas y ecologistas.

Estamos donde debemos estar: trabajando, denunciando y enfrentándonos a una inacción institucional que ya es insostenible.

Ni la fauna marina, ni la fauna silvestre, ni las mascotas de Ceuta están protegidas como exige la ley. Y ante esa realidad, DAUBMA no ha mirado hacia otro lado ni un solo día.

La defensa de la fauna ceutí no se improvisa.

DAUBMA y CECAM han trasladado a los representantes políticos ceutíes en el Senado y el Congreso la gravedad de los delitos ambientales que se están produciendo:

  • Muertes de delfines, tortugas marinas y otras especies silvestres con indicios claros de artes prohibidas.
  • Falta de vigilancia marítima y ausencia de protocolos eficaces.
  • Incumplimientos reiterados de la Ley de Bienestar Animal, que también protege a mascotas y animales domésticos.

Se han registrado escritos formales en ambas cámaras, exigiendo actuaciones legislativas y de control. No ha sido una nota de prensa: ha sido trabajo institucional serio.

Hace más de tres meses, DAUBMA y CECAM entregaron en la Delegación del Gobierno un dossier exhaustivo que documenta:

  • Muertes de delfines y tortugas en aguas de Ceuta con signos compatibles con redes de deriva, prohibidas en la UE.
  • Casos de fauna silvestre afectada por negligencia y falta de control.

El dossier está registrado. La respuesta institucional, a día de hoy, es silencio.

Las asociaciones han actuado con rigor jurídico:

Intento de denuncia ante SEPRONA, que se negó a tramitarla, pese a la evidencia aportada.

  • Denuncia en el Juzgado de Guardia, con material técnico y gráfico.
  • El juzgado competente ha comunicado su archivo provisional, a la espera de informes del SEPRONA, que siguen sin llegar.
  • Presentación de escritos y denuncias en la Sede Electrónica de la Ciudad de Ceuta, para impedir que estos hechos desaparezcan del circuito administrativo.

Cuando algunos preguntan “¿Dónde están las asociaciones?”, deberían preguntarse también dónde están los informes oficiales que nunca llegan.

DAUBMA y CECAM han mantenido:

  • Documentación sistemática de cada varamiento con indicios de violencia o artes prohibidas.
  • Coordinación con servicios de emergencia, Guardia Civil, SEMAR y empresa de recogida de cadáveres y de recogida de gatos Ferales y perros Asilvestrados.
  • Seguimiento de casos de fauna silvestre y mascotas afectadas por negligencias y vulneraciones de la Ley de Bienestar Animal.
  • Publicaciones y comunicados para informar a la ciudadanía, aunque algunos prefieran ignorar el trabajo silencioso y técnico que sostiene cada denuncia.

No estamos de brazos cruzados: estamos haciendo el trabajo que otros no hacen. DAUBMA y CECAM reiteran:

  • No existe inacción.
  • No existe abandono.
  • No existe silencio.

Lo que sí existe es una falta de respuesta institucional ante delitos ambientales graves, ante la muerte de fauna marina protegida, ante el abandono de animales silvestres y ante incumplimientos de la Ley de Bienestar Animal que afectan también a mascotas.

A quienes preguntan “¿Dónde están las asociaciones?”, les respondemos con hechos: estamos en los registros, en los juzgados, en las instituciones, en la documentación técnica y en la denuncia constante.

La protección de la fauna marina, silvestre y doméstica no se hace con titulares: se hace con trabajo, con rigor y con valentía. Y ese trabajo se está haciendo, aunque a algunos les incomode que se diga en voz alta.

Volver al cole cuando la ciudad no ha vuelto a la normalidad

La vuelta al colegio suele ser cada septiembre un ejercicio de adaptación para niños, adolescentes y familias. Recuperar horarios, madrugar, reencontrarse con compañeros, asumir obligaciones académicas y separarse durante unas horas de los padres requiere un periodo de ajuste.

Pero este año, en Ceuta, no volvemos exactamente de las vacaciones. Volvemos después de semanas marcadas por una situación extraordinaria que ha afectado a los servicios públicos, la convivencia y la vida cotidiana de muchas familias.

Y los niños no viven al margen de lo que sucede a su alrededor.

Aunque pensemos que no entienden determinadas situaciones, son excelentes observadores. Perciben las conversaciones de los adultos, las noticias, las imágenes que circulan por los teléfonos, los cambios en las rutinas y, sobre todo, aquello que deja de formar parte de su día a día.

Durante estas semanas, muchas familias han visto limitadas actividades tan habituales como ir a la playa, jugar en un parque, pasear o desplazarse con normalidad por la ciudad. Para un adulto puede ser un inconveniente temporal, pero para un niño la pérdida prolongada de sus espacios de juego, movimiento y relación tiene otra dimensión.

El juego, el ejercicio físico y el contacto con otros niños son fundamentales para el desarrollo emocional, cognitivo y social. Por ello, pueden aparecer irritabilidad, dificultades para dormir, mayor dependencia de los padres, miedo, problemas de concentración o cambios de conducta.

Esto no significa que todos los niños desarrollen un problema psicológico. Una reacción emocional ante una situación excepcional no equivale a un trastorno. Los niños tienen una gran capacidad de adaptación cuando cuentan con adultos que les proporcionan seguridad y estabilidad.

Cada edad necesita una respuesta diferente

En Infantil, los niños necesitan principalmente seguridad. No requieren explicaciones políticas o institucionales, sino mensajes sencillos: “Hay una situación especial en la ciudad y los adultos están trabajando para solucionarla. Tú estás cuidado”. Pueden aparecer más rabietas, llanto o dificultades para separarse de los padres. Recuperar las rutinas será fundamental.

En Primaria, es importante preguntar antes de explicar: “¿Qué has oído?”, “¿Qué piensas que está pasando?” o “¿Hay algo que te preocupe?”. Así podremos corregir posibles informaciones erróneas sin transmitirles más preocupación de la necesaria.

En Secundaria, la preocupación puede mezclarse con frustración por la pérdida de autonomía. Además, las redes sociales aumentan la exposición a imágenes y opiniones enfrentadas. Con los adolescentes debemos fomentar el pensamiento crítico, ayudarles a diferenciar hechos de opiniones y evitar que se conviertan en espectadores permanentes de una crisis.

Volver a las rutinas también es cuidar la salud mental

Recuperar horarios regulares de sueño, alimentación, estudio, juego y ocio proporciona previsibilidad y seguridad. El sueño es especialmente importante: dormir poco puede aumentar la irritabilidad, la impulsividad y las dificultades de concentración.

También debemos recuperar progresivamente el ejercicio físico y el juego al aire libre, siempre dentro de las circunstancias de seguridad existentes. Jugar también es una forma de salud mental.

Los padres pueden ayudar escuchando antes de tranquilizar, hablando con naturalidad sin trasladar sus propios miedos, limitando la sobreexposición a las noticias y observando cambios persistentes.

Debemos consultar cuando aparezcan dificultades intensas o mantenidas, como problemas de sueño, miedo excesivo, aislamiento, descenso significativo del rendimiento, somatizaciones, rechazo continuado al colegio o cambios llamativos en la conducta.

Los centros educativos también tendrán un papel esencial. El colegio debe ser, en la medida de lo posible, un espacio de estabilidad, aprendizaje y convivencia. Los docentes pueden facilitar la recuperación de rutinas y estar atentos a posibles cambios emocionales o conflictos entre alumnos.

Y, sobre todo, no debemos pedir a nuestros niños y adolescentes que sean adultos. No tienen que solucionar la situación de Ceuta ni cargar con las preocupaciones de los mayores.

Su responsabilidad debe seguir siendo crecer: aprender, jugar, hacer amigos, equivocarse y construir su futuro.

Ceuta está viviendo una situación excepcional. Precisamente por eso debemos proteger los espacios de normalidad de nuestros hijos.

Que vuelvan al colegio. Que vuelvan a jugar. Que vuelvan a relacionarse. Que vuelvan a sentirse niños.

Y los adultos hagamos nuestra parte para que puedan hacerlo.

Pedir ayuda profesional cuando sea necesario no significa que algo vaya mal ni que hayamos fracasado como padres. Psicólogos, neuropsicólogos, logopedas y otros profesionales especializados forman parte de la red de apoyo de niños y adolescentes.

Porque cuidar su salud mental también es cuidar el futuro de Ceuta.

Rocío Rengifo Chincoa

Neuropsicóloga infantojuvenil.

UGT-SP SANIDAD expresa su máximo reconocimiento a todas y todos los profesionales

Desde UGT-SP SANIDAD expresamos nuestro reconocimiento al trabajo desarrollado por los equipos de cocina, lavandería, mantenimiento, auxiliares administrativos, servicios de gestión, personal sanitario, limpieza y vigilancia que constituyen un pilar esencial para garantizar el bienestar de la ciudadanía.

Asimismo, queremos destacar la labor de quienes desempeñan funciones en el Trampolín. Un ámbito especialmente exigente y que requiere una entrega que merece ser reconocida públicamente.

Nuestro agradecimiento especial a Julián Manuel Domínguez, Hakim Abdeselam, Francisco García Lanza y Alejandro Artero, sin perjuicio de todas aquellas personas que, aún no mencionadas, contribuyen con igual compromiso y profesionalidad.

A todos los ciudadanos que están dando ejemplo de solidaridad y civismo, trasladamos nuestro reconocimiento y gratitud por su conducta ejemplar, y exigimos una pronta salida de esta incomprensible y horrenda situación

María Luisa Fernández Rodríguez, Secretaria del Sector de Salud de UGT-SP Ceuta

El corazón roto

Con la invasión y ataque a la frontera de Ceuta con la entrada de más de ochenta mil inmigrantes se rompió el corazón de la ciudad y lo que es más grave el corazón de los más de ochenta mil ceutíes que vivimos en la ciudad.
¿A quien le importa? Todos somos testigos del caos que se vive en la ciudad, caos sanitario, de educación, de seguridad, de limpieza y para que seguir, lo vivimos aquí los ceutíes desde hace más de un mes y no se aplican soluciones urgentes para que nuestros hijos, nietos, padres y en general todos los ciudadanos podamos vivir en libertad, sin miedo, sin ansiedad y con unas mínimas garantías de poder recobrar la tranquilidad y la convivencia de la que siempre nos hemos sentido orgullosos.
Sí, nos han roto el corazón y no sabemos porque ni quien es el responsable por acción u omisión
CEUTA no puede ser un CETI gigantesco, queremos vivir en paz y armonía y con unas calles seguras donde nuestros hijos puedan vivir en paz.
Estos miles de inmigrantes tienen que retornar a su país de origen y nuestro Gobierno está obligado a modificar, por los medios que estime oportuno, las Leyes que impiden este retorno.
Los ceutíes no podemos más, no aguantamos más.
Gracias a los millones de españoles que dia a dia nos muestran su apoyo y solidaridad.

Es necesario parar a Marruecos

¿Porque escribo esta colaboración? Porque amo a España, amo a Ceuta, y amo a los Ceutíes, y lo primero que voy a hacer es rebatir el argumento de Marruecos sobre la no españolidad de Ceuta.

Es un error frecuente afirmar que Ceuta pertenece a España únicamente desde su cesión por Portugal en 1668, porque su vinculación es mucho más antigua. En época romana, Ceuta formaba parte de la Mauretania Tingitana, provincia que fue adscrita administrativamente a la Diócesis de Hispania como Hispania Transfretana en el año 298 d. C., tras la reforma territorial del emperador Diocleciano. Esto significa que Ceuta fue jurídicamente “hispana” más de un milenio antes de su integración moderna. Incluso en el siglo VIII, bajo el gobierno de don Julián, la ciudad seguía vinculada al legado hispano tardorromano y visigodo, y cae como el resto de Hispania tras la invasion de la península por los musulmanes de Táriq La continuidad histórica de Ceuta con España es, por tanto, profunda y anterior a la etapa portuguesa.

Parte primera; 1. Reconocimiento del Partido Nacional del Rif

La situación en Ceuta exige que España abandone la pasividad y actúe con determinación. Marruecos ha convertido la presión migratoria, la desestabilización fronteriza y la manipulación diplomática en herramientas habituales contra nuestro país. Ante este escenario, España debe abrir nuevos canales de interlocución en el norte de África, y el Partido Nacional Rifeño (PNR) es un actor sólido y fiable para hacerlo, pues sus pretensiones de independencia coinciden con nuestrra seguridad de establecer un colchón con el régimen marroquí.

Es cierto que hace un siglo hubo una guerra en el Rif. Pero también hace más de cien años Estados Unidos nos arrebató Cuba, Puerto Rico y Filipinas tras la voladura del acorazado Maine, un episodio lleno de trampas y manipulación. Y hoy nadie usa aquello como arma política contra Washington. Los conflictos históricos no impiden relaciones estratégicas cuando los intereses nacionales lo exigen. Con el Rif ocurre exactamente lo mismo.

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«Es un error frecuente afirmar que Ceuta pertenece a España únicamente desde su cesión por Portugal en 1668, porque su vinculación es mucho más antigua. En época romana, Ceuta formaba parte de la Mauretania Tingitana, provincia que fue adscrita administrativamente a la Diócesis de Hispania como Hispania Transfretana en el año 298 d.C.»

El PNR reconoce sin matices la soberanía española sobre Ceuta, Melilla, los peñones y las islas menores, excluyéndolos de cualquier reclamación. Su proyecto de Estado independiente se limita a las siete provincias septentrionales del Rif: Alhucemas, Nador, Driuch, Chauen, Larache, Tánger y Fahs-Anyera, basándose en la legitimidad histórica de la República del Rif (1921–1926) y en la identidad amazigh/bereber diferenciada del resto de Marruecos.

Mientras Rabat utiliza a la población rifeña como arma humana contra España, el PNR denuncia estas prácticas y propone cooperación directa para impedir que los rifeños sean instrumentalizados. España necesita aliados que no dependan del makhzen, y el PNR es el único movimiento que se enfrenta abiertamente a la maquinaria estatal marroquí.

El PNR es además un partido laico, lo que garantiza la protección de los cristianos y de cualquier minoría religiosa. Su modelo de laicidad propone un Estado donde la religión no controla la vida política y donde la libertad de culto está asegurada. En un entorno marcado por el islam político, esta propuesta es una alternativa moderna y estable.

El Rif es la mayor zona productora de hachís del mundo, y España sufre directamente las consecuencias. El PNR plantea un plan de erradicación del narcotráfico mediante desarrollo económico y cooperación policial. Es una oportunidad que España no puede seguir ignorando.

España mantiene con el Rif una relación histórica profunda y una comunidad rifeña integrada en nuestro país. El despliegue internacional del PNR demuestra que no es un movimiento marginal, sino un actor emergente con capacidad real.

Ha llegado el momento de que España reconozca al PNR como interlocutor legítimo. No es ideología: es estrategia, seguridad nacional y defensa de nuestros intereses. Marruecos ha demostrado que no es un socio fiable. El Rif sí puede serlo.

ANA VÁZQUEZ Y EL SPRAY PIMIENTA

La diputada por el PP Ana Vázquez me recordó a Tejero con eso de «todo el mundo al suelo».

Burla burlando, sacó un spray tóxico durante la sesión de control al Gobierno en una intervención relacionada con la crisis de Ceuta. La presidenta del Congreso le pidió abandonar el hemiciclo por portar un «arma» y le exigió salir a depositarlo.

Después de risas, aplausos y chistes de la bancada popular, la diputada pimienta salió de la cámara a regañadientes con cierta burla y socarronería.

Olvidaría doña Ana, después de más de veinte años en el Congreso, que ese spray es considerado como arma por el reglamento de la Cámara.

Mientras Feijóo se quedó mudo y perplejo en el escaño como marcaba el guión del sainete, a la interfecta se le escapó el asunto de las manos.

Un pobre trabajador del PP manipuló el envase y lo accionó hasta tres veces, mientras “intentaba limpiarlo” antes de entregarlo a la Policía, “dos veces en un baño y una tercera en otro”, algo raro pues solo quería limpiar un envase vacío según jaleaba Ana Vázquez en las televisiones.

Doce personas tuvieron que recibir atención por parte de los servicios médicos de la Cámara. La mayoría de los atendidos presentaron picores intensos en la nariz y los ojos, así como irritación de garganta. El caso más grave fue el de una mujer perteneciente a una delegación oficial de Mauritania. Sufrió efectos más agudos, experimentando fuertes crisis de tos, problemas respiratorios y vómitos. El gas se dispersó a través de los conductos de ventilación tras ser accionado «accidentalmente» en un baño por un asesor del Partido Popular, lo que obligó a la Policía Nacional a clausurar y precintar varios aseos, cocinas, una cafetería y algunos despachos.

Así y todo, mientras los afectados tosían, estornudaban, lloraban a lágrima viva por la pimienta en las pupilas, la diputada, erre que erre, seguía manteniendo que el arma no estaba cargada.

Esperemos que, si vuelve al Congreso, no se lleve piedras, cuchillos, monte un mercadillo, se fume un porro, le pegue un tirón al bolso de una compañera de escaño o le robe la cadena de oro a Ester Muñoz, portavoz del PP en el Congreso de los Diputados.

También podría quemar contenedores, invitar a diez mil afiliados del PP a entrar en masa al Congreso o hacerse una chabola en la tribuna de oradores.
Serían explicaciones muy gráficas para que al pueblo español le quedara claro lo que pasa en Ceuta.

Ana Vázquez será nombrada a mejor profesora del año por su pedagogía activa y por el manejo de un instrumental docente que, no por primitivo, no deja de tener su valor académico.

Esperemos que Abascal no le tire una pedrada a Armengol en aras de superar a la Diputada Pimienta.

Las malas lenguas dicen que han hecho desaparecer al asesor.

En el carnaval de Cádiz hay una chirigota que habla de Barbie Gaza y Barbie pimienta.

Ceuta llora

Sí, Ceuta llora, lloran sus niños, sus ancianos, los padres y madres, lloran sus cimientos, sus calles, sus montes y sus playas, todos los ciudadanos, la situación después de dos meses es insoportable, la vida de todos se hace imposible sin libertad, sin sanidad, sin seguridad, con un sentimiento profundo de abandono.

Y por fin una señal de esperanza, los Reyes de España visitan nuestra ciudad, visitan una ciudad española por los cuatro costados que atraviesa una situación crítica, lo que vemos en televisión no tiene nada que ver con la realidad, esto hay que vivirlo, miedo, angustia, ansiedad, ¿dónde quedan los derechos de los ceutíes?, derechos fundamentales de los que estamos siendo privados y no se da, después de dos meses, una solución a esta caótica situación que viven a diario ochenta y tres mil españoles ¿que están esperando?, cuando hay voluntad se adoptan las medidas necesarias para solucionar esta grave crisis que sufrimos en Ceuta .

Quienes deben de ser atendidos y defendidos prioritariamente son los ceutíes, que no pueden desarrollar su vida y sus actividades con normalidad. GRACIAS a los Reyes por su visita y apoyo ante esta gravísima etapa que estamos viviendo, ojalá sirva de ejemplo a todos y de una vez la ciudad recobre la paz y la armonía que siempre hemos vivido.