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Marruecos: La historia que no se cuenta

Por Juan José Contreras Garrido
04/09/2026 - 04:30
marruecos-historia-no-se-cuenta-colaboracion-juan-jose-contreras-garrido-2
Imágenes cedidas

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Hay historias que se conocen por lo que ocurrió y otras por lo que, con el paso del tiempo, alguien decidió contar que había ocurrido. La historia de Marruecos y de la presencia española en el norte de África pertenece en buena medida a esta segunda categoría.

Cuando observamos un mapa del norte de África anterior al Protectorado resulta difícil reconocer en él el Marruecos que hoy conocemos. Existía un sultanato cuya autoridad efectiva disminuía conforme uno se alejaba de las ciudades y territorios sometidos al Majzén. Más allá se extendía el Bled es-Siba, el territorio de las cabilas que reconocían en distinto grado la autoridad religiosa del sultán, pero que escapaban frecuentemente a su control político, administrativo y fiscal.

Esta realidad resulta fundamental para comprender lo que después ocurrió.

España no llegó al norte de Marruecos para conquistar un Estado perfectamente organizado y administrado desde Fez. Llegó a un territorio extraordinariamente complejo, dividido en cabilas, con estructuras tribales, autoridades locales, jerifes y jefes que ejercían sobre el terreno un poder que muchas veces el propio sultán no poseía.

Y en Yebala ese poder tenía un nombre: Muley Ahmed el Raisuni.

Raisuni: mucho más que un bandido

La historiografía popular ha presentado con frecuencia a Raisuni como un bandido, secuestrador y señor feudal. Lo fue en algunos aspectos, pero reducirlo a eso impide comprender lo ocurrido en Yebala.

Raisuni era un jerife, descendiente del Profeta, y esa condición tenía una importancia extraordinaria dentro de la sociedad musulmana tradicional. Pero, sobre todo, era un hombre que había conseguido construir una amplia red de autoridad, alianzas, temores y lealtades entre las cabilas de Yebala.

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El Majzén podía nombrar gobernadores. Otra cosa muy distinta era que pudiera hacer efectiva su autoridad.

Raisuni sí podía.

Cuando España comenzó a penetrar en la zona occidental del futuro Protectorado comprendió muy pronto que cualquier actuación que ignorase al jerife estaba condenada a encontrar enormes dificultades. El entendimiento inicial entre Fernández Silvestre y Raisuni facilitó precisamente la presencia española en Larache y Alcazarquivir.

Aquello debería haber servido para comprender la estructura política y social del territorio que España se disponía a administrar.

No fue así.

El primer gran error: el jalifa

El Protectorado español tenía una peculiaridad esencial: España no debía sustituir formalmente al sultán, sino ejercer su acción protectora respetando su soberanía nominal. Para ello era necesaria en la zona española la figura de un jalifa, representante del sultán.

"Cuando España dejó de contar su historia Mientras Marruecos ha construido y difundido su propio relato, España ha renunciado demasiadas veces a explicar el suyo, dejando que otros cuenten su historia sobre Ceuta, Melilla, el Rif y el Protectorado"

Y aquí se produjo uno de los primeros grandes errores políticos.

El elegido fue Muley Mohammed Mehedi Uld Ben Ismael, perteneciente a la familia alauí y vinculado dinásticamente al sultán, pero prácticamente ajeno al norte y sin una verdadera implantación entre las cabilas de Yebala. Formalmente, la designación correspondía al sultán entre los candidatos presentados por España; en la práctica, la influencia española sobre aquella elección resultaba determinante. Muley el Mehdi fue elegido en 1913.

Frente a él estaba Raisuni.

Y no puede decirse que nadie hubiese advertido la alternativa. El propio Fernández Silvestre había propuesto anteriormente a Raisuni como jalifa de la zona española. Era, con todas sus contradicciones, el hombre que poseía prestigio, influencia y poder efectivo en buena parte de Yebala.

España optó por otra cosa.

Desde la lógica diplomática del Protectorado podía parecer razonable. Había que reforzar la autoridad del sultán y construir una administración dependiente del Majzén. Pero desde la realidad social de Yebala constituía una peligrosa equivocación: se confundió la legitimidad formal con el poder real.

Se pretendió imponer desde Tetuán una autoridad dinástica sobre unas cabilas cuyas obediencias, prestigios y lealtades respondían a mecanismos completamente distintos.

Para Raisuni aquello significaba además una afrenta personal y política. España colocaba por encima de quien realmente dominaba buena parte del territorio a un hombre sin arraigo comparable en Yebala. La historiografía relaciona expresamente el rechazo de sus pretensiones al jalifato con su posterior enfrentamiento con España, aunque naturalmente no fue la única causa de la ruptura.

España prestaba así un nuevo servicio al sultán, pero sería España quien pagaría buena parte de sus consecuencias.

Las cabilas que no reconocían aquella autoridad debían ser sometidas y, para conseguirlo, quienes combatían y morían eran principalmente soldados españoles.

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Aquí aparece una de las grandes paradojas del Protectorado: España terminó luchando para hacer efectiva sobre el territorio una autoridad del Majzén que el propio sultán no había sido capaz de ejercer por sí mismo.

Y aquello no terminaría en Yebala.

El Rif: el problema vuelve a repetirse

Al otro lado del Protectorado, en el Rif, la situación presentaba características semejantes, aunque acabaría adquiriendo unas dimensiones muchísimo mayores.

Las cabilas rifeñas poseían también una larga tradición de autonomía respecto del poder central. El reconocimiento religioso del sultán no significaba necesariamente obediencia política efectiva.

Sobre esa realidad aparecería la figura de Mohamed ben Abd el-Krim el Jatabi.

España avanzaba nuevamente por un territorio que internacionalmente le correspondía administrar como Protectorado, pero sobre el cual el Majzén apenas había conseguido ejercer una autoridad real.

El resultado fue una guerra.

Y después llegó Annual.

En 1921 el ejército español sufrió uno de los mayores desastres de su historia contemporánea. Miles de soldados murieron durante el derrumbamiento de la Comandancia General de Melilla y Abd el-Krim consiguió articular posteriormente la República del Rif, que constituía un desafío no solamente a España, sino también a la autoridad del propio sultán.

Aquí aparece una de las mayores paradojas de la historia posterior.

El Marruecos actual puede incorporar Annual a su relato nacional como una gran victoria marroquí frente al colonialismo europeo. Pero los hombres que derrotaron al ejército español estaban combatiendo la autoridad del sultán sobre el Rif.

Precisamente estaban rechazándola.

Abd el-Krim creó una estructura política propia y llegó a proclamar la República del Rif. Aquello cuestionaba directamente la autoridad del sultán sobre el territorio.

Por eso la historia resulta bastante más incómoda de lo que permiten algunos relatos actuales.

España combatió contra los rifeños porque debía hacer efectivo el Protectorado que Francia le había atribuido mediante el tratado de 1912. Pero al hacerlo estaba contribuyendo también a imponer en aquellas regiones la autoridad del sultán.

Es decir: España combatía y perdía soldados para construir territorialmente el Marruecos que después heredaría su independencia.

Francia terminaría interviniendo cuando la expansión de Abd el-Krim amenazó también su zona del Protectorado. El desembarco de Alhucemas en 1925 acabó militarmente con la República del Rif.

El resultado final fue que territorios que durante décadas habían escapado en buena medida al control efectivo del Majzén quedaron incorporados a una estructura política centralizada.

Esa es también parte de la historia de la formación del Marruecos contemporáneo.

Cuando la historia se convierte en relato

Pero existe otro fenómeno igualmente interesante: la manera en que estos acontecimientos han llegado hasta nosotros.

Raisuni proporciona un magnífico ejemplo.

Uno de los episodios que lo hizo internacionalmente famoso fue el secuestro en 1904 de Ion Perdicaris, ciudadano estadounidense de origen griego, junto con su hijastro. El acontecimiento provocó una crisis diplomática y contribuyó decisivamente a consolidar en Occidente la imagen de Raisuni como bandido y secuestrador.

Décadas después, Hollywood hizo el resto.

En El viento y el león, Raisuni, interpretado por Sean Connery, secuestra a una atractiva mujer estadounidense y termina convertido en una especie de noble guerrero enfrentado al mundo occidental.

La realidad histórica había desaparecido casi por completo.

La víctima real había sido un hombre; buena parte de la trama era ficticia y el complejo personaje político de Yebala había terminado convertido en protagonista de una aventura romántica.

Pero millones de personas conocieron a Raisuni de esa manera.

Y aquí aparece una cuestión que excede incluso al propio personaje: la historia que permanece en la memoria colectiva no siempre es la que ocurrió, sino la que alguien consiguió contar mejor.

Marruecos lo ha comprendido perfectamente.

Dos formas de contar la misma historia

Durante décadas Marruecos ha construido un relato nacional coherente sobre su pasado. Es perfectamente legítimo que lo haga. Todos los Estados construyen una interpretación de su propia historia.

El problema aparece cuando España renuncia a explicar la suya.

Entonces queda solamente una versión.

Annual termina convertido exclusivamente en una victoria nacional marroquí contra el invasor extranjero. Desaparece que los rifeños combatían la autoridad del sultán. Desaparece la República del Rif. Desaparece la debilidad histórica del Majzén en amplias zonas del norte. Y desaparece, sobre todo, la incómoda paradoja de que fuera España quien terminara haciendo posible la integración efectiva de muchos de aquellos territorios bajo la autoridad que acabaría heredando el Marruecos independiente.

No se trata de reivindicar el Protectorado ni de justificar los errores cometidos por España, que fueron muchos y algunos gravísimos.

Se trata simplemente de explicar la historia completa.

Porque conocerla permite además entender mejor algunas contradicciones del presente.

Y mientras tanto, España calla

Hace poco una televisión francesa dedicó un programa a explicar la españolidad de Ceuta y Melilla.

Para muchos ceutíes resulta difícil no sentir cierta pena ante una situación semejante.

No porque una televisión extranjera haya tenido interés en nuestra historia, sino porque, precisamente en unas circunstancias en las que Ceuta y Melilla vuelven a estar sometidas a una enorme presión política y mediática, no ha existido ninguna televisión española, ni nacional ni local, que haya realizado un programa semejante o haya considerado oportuno recuperar y reeditar alguno anterior que explicase con rigor los fundamentos históricos de su españolidad.

Ha tenido que hacerlo una televisión francesa.

Y quizá ahí se encuentre una de nuestras mayores debilidades.

Marruecos lleva décadas construyendo, difundiendo y defendiendo su relato histórico. España, demasiadas veces, parece considerar que explicar el suyo resulta innecesario, incómodo o incluso políticamente inconveniente.

Pero el silencio también tiene consecuencias.

Porque cuando un país deja de explicar su propia historia, otros terminan haciéndolo por él.

Y entonces no debería sorprendernos que las nuevas generaciones conozcan perfectamente el relato marroquí sobre Annual, el Rif, el Protectorado, Ceuta o Melilla y apenas sepan explicar cuál es el español.

No necesitamos inventar otra historia.

Nos bastaría con conocer la nuestra.

La historia que no se explica termina siendo sustituida por el relato de quien sí está dispuesto a contarla.

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Comments 6

  1. Carlos Alberto San Miguel Espresati comentó:
    hace 4 días

    En primer lugar, quiero expresar mi apoyo a Ceuta y, lo más importante, a su gente. Lo digo desde Cádiz e hijo de madre ceutí.
    El artículo me parece muy correcto pero, como indican algunos lectores, puede confundir. Ceuta y Melilla nunca formaron parte del Protectorado porque eran españolas.
    Con respecto a la historia del Protectorado, estoy de acuerdo en que hay gran desconocimiento. Pero, bajo mi punto de vista, no es casual. Mi interpretación es que su explicación es bastante incómoda. Explicar tantas víctimas como produjo es difícil, muy difícil. En aquel momento y ahora.
    Lo peor de todo es que esas criaturas que cayeron no tuvieron apenas reconocimiento. Pregunte a mucha gente por Annual o el repliegue de la línea Estella. Ni les sonará.
    Y cuando va uno a los detalles, se encuentra cosas incomprensibles. A mí me ha ocurrido con nuestro tio-abuelo, Carlos Espresati de la Vega. Que ha salido gracias a labor de los historiadores de La Legión, a los cuales muestro desde aquí mi agradecimiento y reconocimiento.
    Como he manifestado anteriormente, mi apoyo a esa bella ciudad, Ceuta, que para mí es un ejemplo de convivencia.

    Responder
  2. Juan José Contreras Garrido comentó:
    hace 5 días

    Sra./Srta. María:

    Lamento que esa sea la conclusión que ha extraído del artículo, pero permítame aclararle tres puntos que quizá hayan pasado inadvertidos en su lectura.

    Primero. Ceuta aparece únicamente al final del artículo, y precisamente para lamentar que ninguna televisión española, nacional o local, haya considerado oportuno realizar un programa divulgativo que explique con rigor los fundamentos históricos de la españolidad de Ceuta y Melilla frente a las pretensiones territoriales de Marruecos. Me niego, por cierto, a denominarlas «reivindicaciones», porque reivindicar presupone la existencia de un derecho previo, y eso es precisamente lo que habría que demostrar.

    Segundo. El artículo explica que tanto en Yebala, con Raisuni, como posteriormente en el Rif, con Abd el-Krim, España combatió durante años para hacer efectivo un Protectorado ejercido formalmente bajo la soberanía del sultán, cuya autoridad política real sobre buena parte de aquellos territorios era entonces muy limitada. Esa es precisamente una de las paradojas históricas que plantea el artículo: que fueron soldados españoles quienes pagaron con su sangre, entre otras cosas, la implantación efectiva de una autoridad del Majzén que este no había conseguido ejercer por sí mismo.
    Tercero. Annual no fue una victoria del Estado marroquí sobre España. Fue una derrota española frente a las fuerzas rifeñas de Abd el-Krim, que posteriormente constituyeron la República del Rif y desafiaron también la autoridad del propio sultán. Por eso resulta históricamente discutible presentar hoy Annual, sin más matices, como una victoria de Marruecos frente a España.
    Dicho esto, únicamente me queda una duda respecto a su comentario. Afirma usted que se trata de un artículo de «corta y pega». A pesar de lo mucho que procuro leer, no recuerdo haber encontrado ningún texto del que haya podido cortar y pegar estas afirmaciones. Le agradecería, por tanto, que me indicara concretamente de dónde las he copiado. Si formula una acusación tan precisa, supongo que podrá señalar también la fuente.

    Y, si efectivamente existe, seré el primer interesado en conocerla.

    Responder
  3. Caballa de adopción comentó:
    hace 5 días

    La historia de Ceuta, en mayor o menor medida ya la conocemos. El que Marruecos no tiene derecho alguno sobre Ceuta y Melilla, también lo tenemos claro. Lo que no tenemos tan claro, es el porqué no se defiende con firmeza, la españolidad de Ceuta y Melilla desde las instituciones españolas e internacionales y siempre se responde con tibieza a las provocaciones continuas del país vecino - que no amigo ni socio fiable - para que les quede muy claro, de una vez por todas, que Ceuta y Melilla no se tocan. Si los días 30 y 31 del pasado mes de Agosto, que entraron 80.000 invasores (no sabemos si fueron bastantes más ) y no hubieran regresado 70.000 (no sabemos si fueron bastantes menos), qué hubiera pasado con Ceuta? Quedaría en nuestras conciencias aquello de "SI QUIEREN AYUDA QUE LA PIDAN". Menuda panda de traidores.

    Responder
    • Kebdana comentó:
      hace 5 días

      En julio

      Responder
  4. Maria comentó:
    hace 5 días

    Mezclar las guerras en el Norte de Marruecos y el protectorado, o sea las colonias, con la historia de Ceuta es mezclar churras con merinas y menos oportuno y clarificador en un artículo de corta y pega.

    Responder
    • Kebdana comentó:
      hace 5 días

      Gracias por ahorrarme mi tediosa explicación no exenta de errores propios de un ciudadano que no es experto en nada y menos en historia de España, aunque con la diferencia del articulista en la defensa de la unidad de Ceuta, que más se necesita en estos momentos frente al discurso de la extrema derecha y de la injerencia del Estado marroquí.
      👍

      Responder

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