Pie de foto. Fotos y vídeo: Óscar Román
La Agrupación Deportiva Ceuta rompió con una sequía que parecía nunca acabarse: cinco encuentros sin puntuar y el único equipo del fútbol profesional español que no sumaba en el casillero de resultados.
El combinado blanquinegro jugó de tú a tú contra el Real Valladolid, sin embargo, llegó el gol de Latasa y los fantasmas volvieron a aparecer. La sexta derrota se olía en las gradas del Estadio Alfonso Murube.
A pesar del clima desfavorable, los de José Juan Romero remaron a contracorriente y apretaron los dientes para conseguir marcar algún gol en la portería de Aceves. Jordi Escobar, Kuki Zalazar o el joven Gabriel Okoro fueron algunos de los futbolistas que lo intentaron.
No sería hasta el minuto 100, cuando Carlos Hernández, el capitán y el forjado en mil batallas, acabaría anotando el gol de la locura en el Estadio Alfonso Murube. Toni Abad centró desde el costado derecho, Jordi Escobar peinó y Carlos acabó rematando con la mismísima alma para poner las tablas en el marcador.
En el minuto 100.
Lo grita todo 𝐂𝐞𝐮𝐭𝐚.😢 Las lágrimas de José Juan Romero tras lograr su primer punto en #LALIGAHYPERMOTION.#LaCasaDelFútbol pic.twitter.com/9KsXLBMzKx
— Movistar Plus Deportes (@MPlusDeportes) September 20, 2026
Como encuentro de Inazuma Eleven: tiempo de descuento, gol deseado y final del partido. Así lo fue. Los jugadores se quitaron un peso de encima, pero para Romero fue quitarse toneladas y malas noches en las que no ha podido dormir. Dolores de cabeza ocasionados por todo: por una situación que condiciona a la ciudad y por un equipo que lucha, pero que no logra puntuar sobre el terreno de juego.
El técnico de Gerena no pudo contenerse: llorando a lágrima viva, golpeando con lo que se encontrase y abrazando a cualquier persona que portase el escudo de la Agrupación Deportiva Ceuta.
Exhausto, cansado e incontrolablemente emocional. Así se vio Romero cuando terminó el encuentro. Sufriendo como un caballa más y, a la vez, celebrando un empate que cambia toda una dinámica.
El pitido final no solo significó el empate. Confirmó que el Ceuta sigue vivo y que cinco derrotas consecutivas no son suficientes para tumbar a un equipo que está repleto de calidad grupal y humana.