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El cine en un concierto cabe

20/10/2014 - 05:24
El cine en un concierto cabe

Extraordinario recital de la Film Symphony Orchestra que, bajo la maestría de Martínez–Orts, puso en pie al público con bandas sonoras de grandes pelis

Si el cielo de Lope y de los enamorados en un infierno cabe, el celuloide en un concierto entra y ahí se funde en un universo nuevo, hermoso, capaz de provocar un sinfín de emociones. Es el planeta que nace de la fusión música–cine. Y en el mismo habitan todos esos personajes que forman parte de la memoria colectiva desde que alguna vez los descubrimos, los abrazamos a través de la gran pantalla: Forrest Gump, Marty McFly, Scarlett O’Hara y tantos otros que, como los mencionados, recobraron ayer vida durante el recital que la Film Symphony Orchestra ofreció en un Teatro Auditorio del Revellín que, ¡aleluya!, al fin colgó el cartel de no hay billetes.
Bajo la excelsa batuta de Constantino Martínez–Orts –intenso, sabio, colosal–, la numerosa banda hizo posible lo imposible: la ficción hecha realidad. Porque a través de las bandas sonoras de ‘sus’ películas, interpretadas con fina elegancia e intensidad súbita, según qué era lo que exigía el guión y la pieza precisaba, ante los ojos, abiertos o cerrados, de los espectadores, se fueron sucediendo, como si de las verdaderas secuencias se tratara, escenas, apareciendo diálogos, llegando caras de personajes y momentos míticos de la historia del cine.
Así, cuando sonó la banda sonora de ‘Lo que el viento se llevó’, Suite, de Max Steiner, a más de un espectador le pareció ver y sentir la galantería de Clark Gable, o en el instante en que Desfile de Áurigas, pieza de ‘Ben Hur’, creada por Miklos Rozsa, atronó en el auditorio, el aura del Imperio Romano pareció volver a hacer acto de presencia, tanto tiempo después.
Es la magia del cine, el séptimo arte porque es total, y es el encanto de la música, el motor del espíritu. Con sangre y adrenalina, las bandas sonoras, a través de la FSO, toman una nueva dimensión, de la que no fueron ayer ajenos los espectadores, muy enchufados e identificados con el espectáculo desde el comienzo hasta el final, un epílogo que se extendió más de lo que el programa indicaba: “De propina”, dijo Martínez­–Orts, “y en señal de agradecimiento por la respuesta, vamos a tocar una pieza más”. Pero no fue una sino tres: la primera y anunciada, la banda sonora de ‘Star Wars’,  la emblemática de ‘Superman’, y una tercera, extraordinario colofón, la de ‘Los Simpson’, divertida pieza que prueba que la más exquisita cultura tiene mucho componente de diversión además de enseñanza.
El público se puso entonces por última ocasión en pie, aplaudió durante minutos en gratitud al espectáculo brindado por la FSO y se marchó entre un rumor generalizado en los corrillos: ‘qué buen concierto: magnífico’.

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