A 26 kilómetros de Ceuta y sin poder volver a “mi tierra”

Desde el pasado 13 de marzo la frontera de Marruecos y Ceuta es impenetrable. A un lado está Marruecos. África. Y en el otro, España. La puerta a la Unión Europea. El destino deseado para miles de inmigrantes que sueñan con cruzarlo. Pero cuánto ha cambiado la historia. Ahora no son inmigrantes los que desean cruzarla, sino españoles o residentes que llevan media vida en nuestro país.
Pero el cierre de la frontera también lo protagonizan los ceutíes, que están atrapados en un país que no es el suyo.
Este es el caso de Abdelmalik Chaid Mohamed, que nació en Ceuta el 4 de agosto de 1959. Aunque tiene 61 años, ya es pensionista porque tuvo que jubilarse anticipadamente por prescripción médica pues padece del corazón ya que le dio una angina de pecho.
Abdelmalik viajó solo en coche desde Ceuta hasta Marruecos, concretamente a la zona de Agadir, antes de que Marruecos anunciara que cerraba la frontera del Tarajal para reunirse con unos amigos. Cuando se enteró de que habían cerrado la frontera se llevó una “mala sorpresa”.
A la semana siguiente de haber cerrado el paso decidió que no podía quedarse de brazos cruzados y puso rumbo hasta la frontera. “Me echaron para atrás, me dijeron que no podía pasar y me vine a Rincón, donde llevo desde entonces. Unos amigos me buscaron una habitación de alquiler, pero era para estar unos días, no tantos, y del dinero que llevaba encima no me queda nada, ni para comer”.
En esa situación, “malviviendo en Rincón”, a unos 26 kilómetros de Ceuta, lleva dos meses y el consulado de Tetuán “sin cogerme el teléfono”. Tampoco puede ir con su coche al consulado porque su vehículo ahora está averiado.
El estado de alarma y el confinamiento en Marruecos es “igual” de estricto que en España. “Aquí únicamente te dan un pase para salir a una tienda a comprar víveres, pero nada más, no se puede salir a ninguna parte. Te sancionan y te pueden meter en la cárcel por quebrar el confinamiento. Igual que en España, igual… se puede salir con mascarilla y guantes solo de nueve de la mañana a cinco de la tarde”, explica.

Abdelmalik, a sus 61 años, está jubilado ya porque le dio una angina de pecho

Pero Abdelmalik solo tiene un objetivo: volver a su casa en Ceuta. Por ello, un viernes hace dos semanas intentó llegar a la frontera al amanecer, sobre las 6.00 horas. “Pasé desapercibido por hasta cuatro controles policiales y llegando a Castillejos, como conozco la zona, me metí por el monte. Yo sabía que me iban a echar para atrás, pero llegué hasta el Hotel Senador en Castillejos. Me pararon en un control y me echaron para atrás. Entonces me metí por otro lado, y llegué hasta la misma frontera como si viniera de Tánger, pero por el monte”, relató.
Al llegar a la frontera, le pararon y le preguntaron que a dónde iba y el protagonista de esta historia, confesó la verdad: “Voy a Ceuta, estoy enfermo y voy a perder médico. Además, soy una persona mayor”, continuó. Los policías no daban crédito a que hubiera pasado por todos los controles y hubiera llegado hasta el Tarajal sin problemas. “Entonces me dijeron que les daba pena de mí porque era mayor, pero que allí había mucha gente como yo, en la misma situación y que tenía que buscarme la vida. Me recomendaron que me fuera, que todavía era temprano o que sino me llevaban a la cárcel y me retenían el coche”, prosiguió.

“Me dijeron que me fuera o que sino me llevaban a la cárcel y me quitaban el coche”

Sin más remedio, Abdelmalik dio media vuelta y volvió a Rincón. Pero ya no aguanta más en esa situación y teme por su salud: “Sin un duro, sin alimento, padezco del corazón, tengo diabetes, no tengo para hacerme la prueba del azúcar, ni tengo insulina, ni tengo pastillas, ni tengo nada. Lo poco que traje ya se me acabó. No voy a morir de coronavirus, sino que voy a morir de no tomar mis medicamentos”, explicó.
Su hermana, que no quiso revelar su nombre, también está preocupada por él porque “es una persona mayor, que está mal, que toma más de 15 pastillas diarias, no las tiene allí y ya está muy nervioso”, por lo que habla todos los días con él para tranquilizarle y “que no se sienta solo”.
Por ello, Abdelmalik le pide a su país y a su ciudad, “mi Ceuta”, que “por favor” le ayuden de alguna forma. “Quiero que me saquen de aquí o me den algo para poder subsistir hasta que esto acabe. Están hablando de que esto va para largo, por lo menos para julio. Todavía quedan dos meses más, mayo y junio, y sin medicación, sin alimentos ni nada. Lo que me queda aquí es morirme”, lamentó.
Este español ya no sabe qué hacer ni con quién hablar para que le den una solución. Por lo que cada día escucha la radio para ver si “la situación cambia o dicen algo diferente”. En la misma radio que ha escuchado que Marruecos ya tenía previsto cerrar la frontera antes de la pandemia derivada por el coronavirus. “Esto solo ha sido una excusa para hacerlo cuanto antes y unos se han quedado a ese lado de la frontera y otros nos hemos quedado de este lado”, explicó.

“Pensé que al ser español me dejarían pasar, pero ahí no pasa ni una mosca”

Pero en su misma situación hay muchísima gente. “Aquí hay mucha gente igual. Pensé que al ser español, me dejarían pasar, pero ahí no pasa ni una mosca ni para fuera ni para dentro. La frontera está blindada totalmente por tierra y mar por Ejército y Policía que yo lo he visto. Además, por las calles de aquí de Rincón también hay policías y militares y como te pares más de la cuenta en la calle te detienen”, continuó.
El ceutí no pide que pueda volver por “capricho”, sino que el motivo principal de la urgencia de regresar a España es que tiene que recoger “como cada mes” su medicación pues “tengo problemas graves de salud, patologías de corazón y diabetes”, concluyó Abdelmalik.
Lleva dos meses en la misma situación y hasta ahora nadie pone solución a este problema, unas consecuencias que también están sufriendo los más mayores de nuestra ciudad. Esta es una historia más de todas las gestadas por el cierre del paso.

La “historia interminable” de un español que quería empezar de cero en Ceuta

Cientos de españoles y de marroquíes residentes en España llevan más de seis semanas atrapados en Marruecos desde que el país vecino decidiera cerrar la frontera del Tarajal. Lo único que quieren es regresar a sus casas en España.
Este es el caso de Omar Ben Salah Enfedal, nacido en Marruecos, con 41 años, que lleva unos 26 viviendo en nuestro país, habiendo obtenido la nacionalidad española. Además, tiene orígenes españoles porque su familia materna es de Ceuta, mientras que su familia paterna es de Tetuán, donde él nació. Por ello se siente marroquí, pero también “muy español”.
El protagonista de esta historia, aunque vivió ocho años en Ceuta, hasta hace unos meses estaba viviendo en Jaén, donde llevaba unos 15 años y se dedicaba a la recolección de aceitunas durante las campañas.
Pero este año no acudió a la campaña. Tras divorciarse, “al ser nieto de un ceutí, hijo de una ceutí y también tengo familia en Ceuta por parte de mi madre”, decidió mudarse a nuestra ciudad de nuevo y comenzar aquí una nueva vida. Alquiló un piso en Hadú e iba a comenzar a trabajar en nuestra ciudad, “aunque con lo del coronavirus todo se ha paralizado”.
Tuvo que viajar a Marruecos, concretamente a Tetuán, el día antes de que cerraran la frontera del Tarajal porque “tenía que arreglar unos papeles por temas familiares”. Cuando se enteró de que cerraron la frontera por las noticias en televisión no pudo hacer nada, porque “soy una persona alérgica a muchas cosas y además asmático y me dio un brote alérgico y no podía ni moverme, me asfixiaba”, contó.
Llamó al Consulado español en Tetuán y les explicó su caso. “Desde que me separé todo se fue al traste, encima tuve que venir aquí y me ha pillado todo lo del coronavirus aquí. No tengo ni un duro. Necesito comer, pero sobre todo necesito mis medicamentos, pero nadie me ayuda”, continuó.
La respuesta del consulado fue que “no podían hacer nada”, algo que el hombre no entiende: “Ellos están dando dinero y medicamentos a los presos españoles en la cárcel. Tienen stock de medicamentos. Yo no quiero dinero, solo un vale para comida y mis medicamentos. Nunca he pedido nada, pero en estas circustancias qué puedo hacer. Yo he estado ayudando a otras personas con mi cotización durante años”, comentó resignado.
“Lo único que me han dicho es que me espere y llevo detrás de ellos dos meses desde cuándo empezó el virus. Ya no puedo esperar más”, prosiguió.
Desesperado, Omar acudió a la Iglesia de Nuestra Señora de la Victoria porque le dijeron que allí estaban ayudando a la gente. Fue para allá, habló con el cura, le contó su caso y le dij o: “Si estás vestido bien, ¿para qué quieres comida? Deja esto para los pobres”, relató. “Todo porque llevaba unas zapatillas Puma de mi padre que eran nuevas, pero le dije que no iba por gusto, sino porque realmente me hace falta. Me dijo que era un mentiroso e insinuó que lo que quería era vender la comida que me dieran. Pero después llegó una chica africana y sí que le dio comida”, relató.
Omar lleva atrapado en Tetuán desde antes de que cerraran la frontera. Aunque está solo, por lo menos tiene un techo donde estar en la casa que era de sus padres y que ahora es de todos los hermanos. Pero “la relación no es muy buena” y ninguno le está ayudando.
La desesperación ha hecho que este hombre haya tenido que salir a la calle. “Pido comida a la gente por la calle. Soy una persona de principios y no voy a salir a robar, pero sí salgo a la calle a pedir. Uno te da y otro no te da porque todo el mundo no está trabajando en Marruecos y no te pueden ofrecer ayuda. Vivo aquí solo, no tengo dinero, ni medicamentos, ni comida ni nada. Las estoy pasando canutas. Necesito gotas para los ojos, un inhalador que lo tengo a cero y los ansiolíticos que estoy tomando porque tengo depresión y ansiedad”, contó.
Además, este hombre está preocupado por sus problemas de salud. “Soy asmático y soy propenso a coger este virus. La gente asmática nos vamos en un momento. Tengo que llevar siempre conmigo el inhalador y no tengo. Estoy vivo de milagro, ayer me estaba asfixiando y no podía hacer nada”, comentó.
Se siente abandonado por los dos países: su país natal y su país de residencia. Solo quiere que “esta historia interminable termine” y poder volver a Ceuta para tener sus medicamentos y comenzar una nueva vida. “Tengo que empezar mi vida desde cero. Todavía no me creo todo esto, parece mentira”, continuó.
Dicen que en la adversidad aflora lo mejor del ser humano y así es. La única persona que está ayudando al protagonista de esta historia es N.I., otro marroquí de nacimiento que está atrapado en Tetuán, pero que es residente en Ceuta, donde le esperan su mujer y sus hijos.
“Lo que estamos consiguiendo, lo estamos compartiendo los dos. Él está en casa de su hermana y como ahora es Ramadán me trae pan, sopa o dulces, y yo le doy lo que tenga. Si tengo una barra de pan, le doy media. La vida es así. No tengo mucho, pero lo que tengo lo comparto”, concluyó. Sin duda, un ejemplo para todos.
Ayer Omar acudió al médico gracias a que una persona le ayudó a pagar la consulta. Pero ahora necesita comprar sus medicamentos. Si alguien quiere ayudarle, este es su número de cuenta en Unicaja Banco: ES73 2103 0310 7600 1001 6346. De antemano, agradece “de corazón” a las personas que les están ayudando.

Amor en tiempos de coronavirus

“Huir el rostro al claro desengaño, beber veneno por licor suave, olvidar el provecho, amar el daño; creer que un cielo en un infierno cabe, dar la vida y el alma a un desengaño; esto es amor, quien lo probó lo sabe”. Lorca, al igual que Francisco Javier, sabía lo que era el amor.
Francisco Javier es un español que lleva viviendo en Castillejos (Marruecos) desde el 27 de octubre del año 2019 junto a su prometida de origen argelino, Fouzia. Desde dicha fecha están intentando casarse y pedir los correspondientes visados para ir a Madrid, donde “tenemos nuestro hogar”.
Francisco Javier reconoce que están viviendo una pesadilla y “una gran injusticia”. Antes de ir a Marruecos, el 10 de octubre, su prometida pidió asilo en el aeropuerto de Madrid, donde estuvo “diez días encerrada con vómitos y dolores de embarazo, comiendo la mala y repetida comida los días que allí estuvo encerrada”. Finalmente, la expulsaron y denegaron el asilo porque “no se creyeron que estaba amenazada de muerte por sus padres por no llevar el velo y por convertirse al cristianismo en su país. Quizás la culpa fue del traductor, que incluso le riñó en árabe durante su declaración. Además, obviaron que estaba embarazada y prometida con un español”.
Como no pudo entrar en España, Francisco Javier tuvo que dejar su trabajo y acompañarla durante todo el embarazo en Marruecos. “Por eso nos fuimos y después de intentarlo en otros tres países, estamos aquí en Marruecos, un lugar cercano a España donde no necesitamos visa para estar juntos. Estamos luchando para que no se pisoteen nuestros derechos, el derecho de Fouzia de ser acogida y protegida en España por ser una mujer maltratada y por estar amenazada de muerte; el derecho de mi futura hija de poder nacer en España; y por mi derecho de poder casarme y vivir en mi país con mi familia”, relató Francisco Javier.
Como ella no puede entrar en España, el protagonista de nuestra historia entregó todos los papeles en el Ayuntamiento de Villanueva del Pardillo (Madrid) para conseguir el matrimonio por poderes. “Nos pidieron entre otros documentos un certificado de empadronamiento de cada uno de los cónyuges en el país que viviésemos. Tenemos un certificado de empadronamiento de Fouzia viviendo aquí en Marruecos, sellado por el Ayuntamiento de Castillejos y además legalizado con sello de La Haya”, continuó.
Pues bien, ahora el Consulado de España en Tetuán les dice que “no vale” dicho papel y que tienen que aportar un certificado de la Policía de que vive legalmente en Marruecos. Por su parte, la Policía dice que con el sello de entrada al país y dicho certificado de empadronamiento “ya es suficiente y que no puede darnos dicho certificado. Están bloqueado el matrimonio y la reagrupación familiar”.
El problema es que el tiempo que pueden estar en Marruecos sin necesidad de visado comienza a agotarse. Ella debe salir el 5 de mayo y yo el 5 de junio. Si no salimos a otro país, cosa ahora más complicada porque se me acaba el dinero y además las fronteras están cerradas y no es posible, nos tendremos que quedar ilegales aquí”, explicó el español, de ahí su “urgencia y desesperación”.
“Hemos pedido al consulado que al menos nos dé un permiso, un visado de índole humanitario para entrar en Ceuta porque nuestra hija va a nacer en junio y queremos y tenemos derecho a que nazca en España por higiene y por seguridad de los hospitales españoles”.
Incluso ha pedido ayuda a Amnistía Internacional, quién le ha respondido que su trabajo en Marruecos se reduce a tortura y malos tratos. “Mi prometida, hija de un imán, cuando no llevaba velo o la encontraban leyendo la Biblia, era encerrada y le ponían picante en la lengua y en la vagina, con dolores que no le permitían hacer de vientre. Además el padre le firmó un matrimonio sin su consentimiento, con amenaza de muerte tanto suya como de su tío si lo anulaba. Cuando lo hizo finalmente, fue expulsada y amenazada de muerte. Si esto no es maltrato…”, relató Francisco Javier emocionado.
En este sentido, el español pide a su consulado que “reflexionen sobre si realmente estamos haciendo todo lo que podemos para ayudar a las personas”, ya que considera que “nos estamos deshumanizando y esta pandemia es solo un aviso”. “O ponemos todos amor en lo que nos rodea o la naturaleza o Dios nos devolverá lo que demos, nos guste o no”, continuó.
“Sé que yo puedo volver a España, pero ahora con el coronavirus si vuelvo a España ya no podré volver con ella a Marruecos. Quiero estar con mi mujer en el final del embarazo, es mi obligación moral. Somos una familia y no queremos separarnos en un momento tan importante como es el nacimiento de nuestra hija”, concluyó.

“¿Cuántos meses más vamos a tener que esperar para poder volver a España?”

Las historias de familias a las que por una u otra razón ha separado el coronavirus son más de las que nos gustarían. Tanto de españoles como de marroquíes con residencia en España a los que su país no deja volver a su casa para pasar la cuarentena en familia.
Historias como la de Cristina Cayuela Herrera, una española de 31 años que vive en Tarragona, donde le espera su familia. Viajó sola en avión a Marruecos el pasado 7 de marzo hasta Nador, donde estaba su esposo. La idea era pasar unos diez días allí y después volver juntos a España.
El 13 de marzo cuando Marruecos decició cerrar todas sus fronteras terrestres y aéreas con España estaba en la ciudad de Errachidia. “Lo descubrí en las noticias y en el teléfono porque empezaron a llegarme mensajes de mi familia y amigos diciéndome todos lo mismo”, explicó a El Faro.
La joven ha movido cielo y tierra para poder regresar a España, pues Cristina está embarazada de siete meses y su embarazo es de riesgo. “Llamé a la Embajada en España y me dijeron que debería contactar con el Consulado español en Marruecos más cercano, pero no me han dado ninguna solución”, prosiguió.
Además, se siente abandonada por su país porque “cuando salió un avión el 3 de abril, llamé al Consulado español para irme en ese avión porque solo era para españoles, pero me dijeron que me buscara la vida”, comentó emocionada.
La española lleva atrapada en Marruecos un mes y dos semanas. “Vivo con una familia marroquí. No tengo dinero ni comida. Esta familia me da comida, pero necesito volver a España y estar con mi familia. Además, tenía médico el 26 de marzo. Esta situación va a terminar conmigo, no duermo casi nada por las noches, no como, estoy fatal. El medicamento para sobrellevar mi embarazo se me ha terminado”, continuó.
“Quiero volver a España con mi familia y quiero dar a luz a mi hijo en España. Es muy duro lo que estoy pasando y muy injusto. ¿Cuántos meses más vamos a tener que esperar?”, concluyó.
En la misma situación se encuentra Siham Daby, una marroquí de 42 años residente en España desde el año 1994. En Alicante, su marido tiene una empresa de recogida y almacenamiento de aceite usado desde hace más de 20 años, mientras que ella es ama de casa y madre de tres niños.
Viajó a Marruecos el día 1 de marzo desde Alicante a Madrid en autobús y desde la capital española hasta Casablanca en avión. El mismo día que Marruecos cerró las fronteras, Siham estaba preparando sus maletas para coger su vuelo de vuelta de madrugada desde Casablanca a Madrid. “Pero por desgracia, a las ocho anunciaron que el vuelo había sido anulado debido al cierre repentino de las fronteras. Me quedé sin aliento, no podía creerlo. Nada más entrar en el aeropuerto veía cómo la gente estaba asustada y llorando”, recordó.
Al día siguiente, se enteró de que la frontera de Ceuta estaba abierta temporalmente, y con la ayuda de un familiar fue hasta allí para “llevarme otra decepción: solamente dejaban pasar a los españoles de origen y otra vez me tuve que volver a Casablanca sin aliento, sin ganas de comer ni de nada y desde entonces estoy llamando a los consulados, a las embajadas y al Ministerio de Exterior. Me dicen que es posible que me ayuden y por desgracia hasta hoy nada”, continuó.
“Parece que hay otro vuelo la semana que viene, pero no me han llamado. Irán a bordo los españoles de origen y si hay sitio será para los nacionales, o sea, los que tienen nacionalidad y tienen enfermedad. Otro mes más y mis hijos solos”, concluyó.

Una fiesta de cumpleaños con hachís de regalo que termina en condena

Tres valencianos, que fueron detenidos por la Policía Nacional con hachís cuando cruzaban la frontera del Tarajal el pasado 31 de enero, han sido condenados a un año de prisión. Su coartada de que iban a celebrar un cumpleaños y se habían puesto de acuerdo para compartir la droga como autoconsumo no ha tenido peso, ya que la titular del Juzgado de lo Penal número 1 ha dictado sentencia condenatoria al considerar que estos tres amigos, residentes en una caravana en Marruecos, habían cometido un delito contra la salud pública.

En el caso de la llamada S.G.E. y el identificado como J.J.M.M., se ha suspendido la condena por un periodo de dos años, no así para el tercero de los implicados, V.B.A., al que se le obliga a entrar en prisión al tener antecedentes penales, según consta en la sentencia a cuyo contenido ha tenido acceso El Faro de Ceuta.

Los tres valencianos fueron detenidos por la Policía con diversas cantidades de hachís adosadas a sus cuerpos. En total 390 gramos, que llevaban escondidos en los testículos (uno), en la zona de las axilas (la única mujer del grupo) y en forma de pequeña piedra en el bolsillo (otro).
El Ministerio Fiscal interesó que se impusiera una pena de 1 año y 4 meses para cada uno de los acusados que ni siquiera acudieron a la vista oral celebrada en marzo, antes de que se decretara el Estado de Alarma y se cerrara la frontera.
Fiscalía pidió pena de cárcel para los tres, dejando constancia en su informe que había quedado demostrado que todos habían participado en el delito, actuando de manera conjunta. Por la cantidad de droga no puede ser considerada como autoconsumo. El Tribunal Supremo establece ese margen en 50 gramos, mientras que el criterio de la Audiencia es algo más elevado -hasta 200- en los casos en los que el portador ha manifestado un trayecto de tiempo a la Península. En el caso de marras fueron 390 gramos los aprehendido, eliminándose por tanto esa posibilidad.
En la sentencia se toma como un hecho probado que los acusados portaban hachís y que fueron detenidos precisamente porque ya la Policía sospechaba por sus continuas entradas por la frontera. Ese día les sorprendieron con la droga. Los testimonios de los agentes que prestaron declaración fueron consideradas “firmes, coherentes y complementarios entre sí”, sin que se sospeche de ningún motivo para dudar de su veracidad.

«Estamos indignados con el consulado español, nos tienen abandonados»

En estos días tan complicados por la crisis sanitaria, social y económica que ha provocado el coronavirus, muchos son los testimonios de marroquíes que se han quedado fuera de su país y piden regresar a Marruecos, algo que desde el Gobierno del vecino país ya han avanzado que están preparando y que se llevará a cabo «muy pronto».

Sin embargo, no son los únicos a los que el cierre de fronteras les dejó ‘atrapados’. También hay ejemplos en sentido contrario, de españoles que se quedaron en Marruecos, sin poderse mover de allí y, por tanto, no poder regresar a España. Si bien cada caso es diferente, y nada comparable, también hay españoles en territorio marroquí que buscan la manera de salir y regresar con sus familias, pero no lo consiguen.

Javier Rubio y Adrián Gómez son dos nuevos ejemplos de ello. Muy críticos con lo que están pasando, especialmente contra el Gobierno de España, han contado al medio Chamal Post el calvario por el que están pasando.

«Estamos indignados con nuestro consulado, nos tienen abandonados, no nos hacen ni caso, ni nos ayuda», expresa Javier ante las cámaras de Chamal Post. «Necesitamos que nos den una solución, por lo menos que nos echen una mano en comida u otros recursos», añade. Están muy cabreados con la gestión que el Gobierno español está haciendo, especialmente a la hora de ‘cuidar’ de sus ciudadanos que no están en España.

Por ejemplo, Adrián expresa el problema que supone la única solución que les ha llegado. «La semana que viene sale un avión (de Marruecos a España) y lo tengo que pagar, son 200 euros». A eso, explica, se le añaden los 70 euros del trayecto del autobús. «Y no tengo ningún recurso ni ayuda», añade, denunciando que él lleva un mes en Marruecos, tenía un billete ya comprado de vuelta, pero que fue anulado y que la compañía aérea no le ha devuelto.

Las críticas de estos dos españoles a Chamal Post se entran principalmente en el Gobierno español, al que acusan de «aprovecharse de las circunstancias» al pagar el triple en el billete de lo que sería su coste normal. «Es una barbaridad, estamos tirados completamente».

También muestran su preocupación e indignación por la poca falta de información y ayudas que le da el consulado español. «Nos dicen que mandemos un email y no dan respuesta, estamos abandonados», expresan con resignación. Poco menos que «te dicen que te busques la vida», asegura Javier, que añade que «lo mejor es encadenarse en el consulado» ya que «es la manera que te van a hacer caso».

Adrián, al tener pasaporte francés con residencia en España, también lo intenta llamando al consulado de Francia en Marruecos. Allí le dicen que se ponga en contacto con el de España. Y en el de España que llame al de Francia. «La burla es doble», concluye.

En estado de alarma, confinados y en pleno Ramadán lejos de casa

Desde el pasado 13 de marzo la frontera de Marruecos y Ceuta es un desierto. El trasiego habitual de personas que venían a trabajar o a comprar a la ciudad, y viceversa, ha cesado. Nadie puede cruzarla.
Pero el cierre de la frontera también ha dejado a muchas familias divididas. Marruecos no se lo está poniendo nada fácil a sus propios compatriotas residentes desde hace años en España para volver y parece que después de unos cuarenta días la cosa no cambia.
Amal El Oubati nació en Marruecos hace 39 años y lleva más de doce años residiendo a este lado de la frontera, en España, pero desde el pasado 12 de marzo está en el lado marroquí.
Aunque tiene la tarjeta de residencia de larga duración y la nacionalidad concedida desde hace cuatro meses, no pudo ir al registro civil a recogerla “debido a esta situación. Después de tantos años” y de tener tres hijos españoles con su marido español, se considera “casi española”. Además, aunque ahora reside en Guadalajara, vivió muchos años en Ceuta, donde nacieron sus hijos y su marido, por lo que le tiene un cariño especial a la ciudad y “cada vez que bajamos a Marruecos nos quedamos unos días ahí para visitar a la familia que tenemos en Ceuta”.
Esta vez viajó a Marruecos el día 12 de marzo en avión desde Madrid a Tánger para visitar a su familia materna a la que llevaba mucho tiempo sin ver. “Era todo normal en Barajas y en el aeropuerto de Tánger. El avión iba lleno de viajeros marroquíes y españoles lo que significa que no hubo ni aviso ni nada en ninguno de los dos aeropuertos de que iban a cerrar la frontera”, relató.
Ese mismo día por la tarde estaba en casa de una prima en Tetuán cuando anunciaron el bloqueo de las fronteras marítimas y aéreas entre los dos países. “Empezaron a llamarme mis amigas, mi familia y mi marido para decírmelo y no me lo creía”, continuó. Hasta que vio el mensaje de la aerolínea de que cancelaban su vuelo de vuelta para el 17.
“Al día siguiente me fui para la frontera de Ceuta y no me dejaron entrar porque me dijeron que no podía porque tengo el pasaporte verde. Les enseñé el justificante de que tengo la nacionalidad ya concedida y solo me faltan los trámites en el registro y que tengo la cita, pero nada”, prosiguió recordando esa situación.
Entonces Amal decidió irse directamente a la Embajada española en Tetuán. “No hicieron nada, ni siquiera me dejaron entrar los vigilantes. La Policía me dijo que no hay solución de momento y que mucha gente estaba en mi situación. Solamente que tenía que esperar”, contó la joven.
No obstante, durante esa semana Amal volvió cada día a la frontera. “Pensé en comprar un billete a otro país y de allí irme a Madrid, pero cada vez que lo intentaba me cancelaban el billete hasta que cerraron toda Europa”, comentó.
Incluso el día 18 de marzo se fue al aeropuerto de Tánger para reclamar y buscar otro vuelo y estaba cerrado. “De allí cogí el tren a Casablanca porque aquí tengo la casa de mi padre y también con la idea de intentar encontrar un vuelo porque en Tánger me dijeron que era el único que va a quedar abierto”, señaló.
“Al día siguiente me llevó mi hermana al aeropuerto y me dijeron que sí había dos vuelos: uno a Bruselas y otro a Canadá, pero no podía ir porque son vuelos excepcionales para gente atrapada aquí y que sus países mandaron para llevarles. Salí con una decepción, llorando como loca, he hecho todo lo posible para volver a mi casa y no puedo. Nunca pensé que me iba a pasar esto”, comentó emocionada.
“No he encontrado ninguna ayuda ni de la embajada del país donde vivo ni del mío. He estado todo esto tiempo en casa de mi padre gracias a Dios. Pero esto me ha afectado mucho psicológicamente y solamente he tenido la ayuda de mi familia”, relató Amal.
Pero lo que realmente le quita el sueño son sus hijos. “Estoy pasándolo fatal, no duermo ni como todo el rato pensando en mis hijos que está su padre con ellos, pero él está enfermo y es asmático. Cada vez que sale a comprar me da miedo de que pille el virus y si le pasa algo: ¿quién va a estar con mis hijos? Además, el problema ahora es que él tiene que volver a trabajar el 4 de mayo”, continuó.
Lo que más le ha decepcionado es que llamó para apuntarse al vuelo que salió el día 3 de abril desde Casablanca hasta Madrid y mandó todos sus datos, pero nunca le respondieron. “He visto que solamente han viajado los españoles de origen y sentí una discriminación muy grande. Mis hijos son españoles: ¿no tienen derecho a que su madre vuelva?”, concluyó.

Yassine, también ‘atrapado’

Yassine El Moudden, un marroquí de 34 años que está casado con una española con la que tiene un bebé de tres meses, también comparte la misma sensación de abandono. Trabaja en una empresa de hormigón en Almería y vive en España desde hace 27 años.
Fue a Rabat el pasado 19 de febrero por motivos laborales. Allí estaba cuando anunciaron el cierre de las fronteras. “Supe del cierre a través de las redes sociales de la embajada y porque me lo envió un amigo. Ese día era sábado y no pude hacer nada. Nadie creía que la situación de alarma era de tal magnitud puesto que el número de contagios anunciados en Marruecos era mínimo”, explicó.


Pasados unos días vio que la situación se iba a alargar. “Entonces, busqué y busqué a dónde debía dirigirme. Del vuelo del 3 de abril no tuve conocimiento. En todo este tiempo he enviado emails al Consulado de Rabat, Tetuán y Tánger sin ninguna respuesta”, continuó.
Actualmente está alojado en un apartamento que le proporciona la empresa. Pero el viaje se está alargando más de lo previsto, y “lo peor es que no tenemos información de cuándo y cómo podremos abandonar el país. Esto se ha convertido en un infierno sin respuestas”, prosiguió.
Yassine, que tiene a su mujer y su hija de 3 meses “solas” en España, siente que “no somos ni de aquí ni de allí puesto que cada país responsabiliza y culpa de esta situación al otro. “España dice que somos bienvenidos pero que Marruecos no nos deja salir. Marruecos dice que no niega la salida a ningún nacional con vínculos en otros países”.
Por ello, el marroquí pidió a ambos países que se pongan de acuerdo “para que podamos regresar con nuestras familias”. En estado de alarma, confinados y en pleno periodo de Ramadán lejos de casa, así se encuentran estos dos marroquíes. Para ambos es la primera vez que lo celebran lejos de casa.

El cierre de la frontera con Marruecos, un factor de protección para Ceuta

Nunca antes se había visualizado la frontera del Tarajal como la gran protectora de Ceuta. Marcada por las avalanchas, la temeridad, el riesgo… su imagen se veía acoplada a términos de inseguridad, a las típicas frases de ‘mejor cerrarla’. El coronavirus ha provocado muchos cambios, también en este espacio fronterizo hasta el punto de transformarlo en una especie de salvador para Ceuta. Su cierre se ha erigido en una garantía de aislamiento para frenar la propagación del virus. ¿Pero por cuánto tiempo?

El Gobierno local no pone fecha, pero reconoce que quiere que siga cerrada. En la actualidad la situación de Ceuta le hace tener una de las mejores tasas dadas en el conjunto de España por comunidades. “Se está llevando a cabo una estrategia adecuada para combatir la propagación del virus con seguimientos personalizados”, ha apuntado el presidente Juan Vivas, que no deja de reconocer que, de añadido, el cierre de la frontera ha sido determinante.

“Queremos que se prolongue más ese cierre”, ha avanzado. “Pedimos más tiempo” aunque no ha recalcado cuánto. Lo que sí ha indicado es que cerrarla más será determinante para proteger la ciudad como, también, para evitar la saturación de los recursos sanitarios de los que dispone el Hospital Universitario. “El factor de protección lo tenemos por el cierre de la frontera. Es lógico suponer que si hay una propagación de la epidemia en Marruecos” estos afectados vendrían a Ceuta y esto “nos crearía problemas en la capacidad de respuesta del HUCE. Esas son las razones que justifican que es una medida prudente” tener cerrada la frontera, ha aclarado Vivas.

La versión de Residentes Ceuta

¿Hasta cuándo? De momento España ha dicho hasta el 15 de mayo y Marruecos calla. No hay una versión oficial de cuánto tiempo quieren tenerla cerrada y las informaciones ofrecidas por ‘El Español’ que apuntaban ese plazo hasta otoño no son confirmadas ni por la Delegación del Gobierno ni por la Ciudad y son, de hecho, negadas tajantemente por la asociación Residentes Ceuta que dice haber consultado con un alto funcionario de Marruecos.

Residentes Ceuta ha realizado diversas gestiones para aclarar las afirmaciones contenidas en dicho artículo, ya que han alarmado a una gran parte de la población ceutí y melillense, así como que contribuyen a un mayor desánimo dado el estado de confinamiento que padecen todos los ciudadanos, sin olvidar los últimos meses de lentitud y dureza en la aduana de Bab Sebta”, indica en una nota de prensa, con la que niega que se haya aportado fecha alguna.

Marruecos prohíbe los viajes nocturnos durante todo el mes sagrado

Tras conocerse que este sábado comenzará el mes sagrado de los musulmanes, Ramadán, en Marruecos, Ceuta y Melilla, el reino alauita ha decretado la primera medida en el contexto de la emergencia sanitaria vigente en el país. Así, el Ministerio del Interior marroquí ha anunciado que, desde el primer día de ayuno, se prohibirán los viajes nocturnos entre las 19:00 horas de la tarde y las 05:00 horas de la mañana.

En un comunicado de prensa, el departamento enfatiza a este respecto que a los ciudadanos se les prohíbe estrictamente moverse fuera de sus hogares o estar en la carretera pública durante este horario, ya sea a pie o a bordo de diferentes vehículos de transporte, con la excepción de personas que trabajan o practican en sectores y actividades vitales y esenciales.

Durante el período de prohibición de viajes nocturnos, se suspenderán los permisos de viaje excepcionales emitidos por las autoridades locales y los permisos de viaje de trabajo emitidos por los sectores público y privado, según el comunicado.

Si bien celebran el espíritu de responsabilidad y el fuerte apoyo de los ciudadanos con respecto a las diversas medidas preventivas que permanecen vigentes durante todo el día, las autoridades públicas enfatizan que las autoridades locales y los servicios de seguridad garantizarán la aplicación de las medidas y el control estricto sobre cualquier persona en la vía pública fuera de las restricciones anunciadas en el comunicado de prensa, bajo pena de procedimientos legales en virtud de las disposiciones del decreto legislativo sobre el estado de salud de emergencia y los procedimientos de su declaración, en particular el artículo 4, agrega el ministerio.

Un anuncio que se ha conocido este miércoles por la noche

El Ministerio de Asuntos Religiosos de Marruecos ha confirmado que el Ramadán 2020 comenzará este sábado 25 de abril. Hay que tener en cuenta que la comunidad musulmana en la Península Ibérica se rige por las fechas indicadas por Arabia Saudí para el inicio del Ramadán, que será un día antes, el viernes 24 de abril, mientras que en Ceuta y en Melilla se hace en base a las fijadas por Marruecos.

Marruecos mantendría los pasos de Ceuta y Melilla cerrados hasta otoño

Según publica el diario El Español en su edición de hoy, Marruecos habría decidido mantener cerrados los pasos fronterizos de Ceuta y Melilla hasta el mes de septiembre. Esto afectaría a la tradicional Operación Paso del Estrecho (OPE) que se desarrolla cada verano cuando los marroquíes residentes en Europa cruzan el continente para pasar sus vacaciones de verano con la familia en el reino alauita.
El diario digital, en un artículo firmado por Sonia Moreno, afirma que las autoridades marroquíes aprovecharían la situación de crisis sanitaria por la pandemia de coronavirus, para dejar las fronteras con las dos Ciudades Autónomas clausuradas con la intención de ahogar definitivamente el comercio atípico y el porteo, del que viven un elevado número de familias en las localidades cercanas a Ceuta y Melilla. Con esta medida se pretendería que estos marroquíes regresaran a sus regiones de origen, dejando este tipo de actividad económica para dedicarse a otras. Como es lógico, esta medida también afectaría económicamente a las dos ciudades españolas, no solo por la actividad comercial en sí misma, sino también por las personas que se han quedado ‘atrapadas’ en la ciudad tras el cierre de la frontera, y que están siendo atendidas con fondos locales, en el caso de Ceuta, con sendos pabellones deportivos, acondicionados eventualmente y destinados al alojamiento y atención de transfronterizos, menores y adultos.
En lo que se refiere a la forma en que afectará a la OPE, destacan que en caso de manterse cerrados los pasos, se vería afectado el tráfico marítimo con ambas ciudades, ya que los inmigrantes que regresan a Marruecos en verano, no podrían embarcar con destino a Ceuta y Melilla y deberían usar las rutas Algeciras-Tanger o Almería-Nador.
En esta información se añade que la decisión ha sido tomada por el presidente marroquí, Saadeddine El Othmani, y los ministros de Sanidad e Interior, y ya habría sido puesta en conocimiento de las autoridades españolas por vía diplomática.